Déficit de sonrisas

tu-risaPercibo en nuestro mundo un déficit  de sonrisas. El humor no siempre provoca la risa, porque el humor es una manera inteligente de asomarse al balcón del mundo, de verlo desde fuera de tal manera que uno es capaz de captar su limitación, su índole finita y contingente.   Puede llegar a ser  una manera de amor.

Vale la pena reflexionar sobre las consecuencias del humor, las reacciones mediatas o inmediatas que provoca en nosotros. Una puede ser las lágrimas. ¿Y por qué no? Hay lágrimas de risa y lágrimas de amor. Otra puede ser la meditación que despierta en nosotros el lado ridículo, caricaturesco y hasta trágico de la realidad.

Pero las más habituales formas de traducirse en nosotros son la risa y la sonrisa. Ambas son excelentes formas de reaccionar ante la vida y eficaces terapias para nuestra salud mental y espiritual.

La sonrisa puede constituir una actitud continuada e incluso un modo de ver el mundo; es como la curva que endereza muchas situaciones torcidas. Dos ejemplos. Uno clásico. En el Canto IV de La Iliada, cuando Héctor, al despedirse de Andrómana para partir al combate, le devuelve el niño, que se había asustado con las armas del padre y que la madre estrecha de nuevo en su pecho, ella muestra “una sonrisa humedecida por las lágrimas”. Otro más reciente de nuestra literatura, cuando Gabriela Mistral, al describir en su libro La maestra rural, que a pesar de ser una pobre mujer herida, era alegre. Escribe  que “su sonrisa fue un modo de llorar con bondad”.

Es verdad que la sonrisa se ha usado recientemente como una forma de mercadotecnica (marketing). El famoso proverbio chino “si no sabes sonreír, no abras tienda”, o el americano, “el mundo es una cámara, sonría por favor”, no dejan de ocultar interés y egoísmo. Pero también es cierto que, si uno empieza por sonreír por fuera, acaba por sonreír dentro. Quizás lo sonrisa sea la manifestación más cotidiano del sentido del humor, un modo de hacer resplandecer en nuestro rostro ese lado jovial de la verdad.

En cambio la risa y carcajada, aunque más estridentes y “vulgares”, son muy convenientes también para nuestra liberación, si bien  no toda risa –como tampoco toda sonrisa- es sana. Por ejemplo la risa es salud y alegría, pero la burla, en cambio puede ocultar crueldad y amargura. Sin embargo la risa sana y espontánea estimula los centros vasomotores, de modo que la sangre circula más libremente, y da brillo a la mirada, ensancha el pecho, facilita la respiración y mantiene el equilibro del cuerpo o lo restaura después de un mal trago. Es una manera de abdicar de ese sentido trágico y serio que nos hace duros en los juicios, ya que ese salir de nosotros puede hacernos más humanos, indulgentes y dulces.

Ambas, risa y sonrisa, se me antojan muy necearías más que nunca hoy,  ante una sociedad pesimista que parece haberse puesto el bigote del maestro  Cicuta y cascarrabias y manifestarse como Pepito Grillo del ciudadano actual. Todo está mal y todo es malo: desde fumarse un pitillo a tirar un papel en el campo. Estamos de acuerdo con que el fumar es dañino para la salud y que la ecología es importante. Pero entre las prohibiciones de tráfico, las recomendaciones de “mamá televisión”, el miedo que nos crea la crisis económica, el efecto invernadero y la tremenda responsabilidad de dejar correr el grifo, uno está un poco agobiado, mientras, eso sí,  en sexualidad y cuestiones de corrupción casi no hay pecados.

Volvamos a sonreír ante esos señores serios, contémonos mutuamente chistes, que al fin y acabo aquí, amigos, vamos de paso y no se puede uno tomar demasiado en serio lo que no es permanente ni tiene demasiada consistencia. Recuerdo, por ejemplo, cómo veía un entierro el gran escritor de comedias de enredo Agustín Moreto:

De frailes acompañado

pasaba un entierro un día,

y uno, a quien parecía

el entierro autorizado

a un fraile, con inquietud:

“¿Quién ha muerto?”, preguntó.

Y el fraile le respondió:

“El que va en el ataúd”.

Así, que, como dice el proverbio hay que reír antes de ser dichoso, por miedo de morir sin haber reído. No sé por qué, pero sobre todo en la Iglesia donde desde la óptica de Dios sería maravilloso reír y sonreír, nunca hemos estado tan serios. Él debe estar tronchándose.

5 Responses to “Déficit de sonrisas”

  1. “si uno empieza por sonreír por fuera, acaba por sonreír dentro”

    Enorme verdad que he experimentado muchas veces y, muy especialmente, en los últimos meses. Cuando no hay manera de ser feliz, ¡a sonreír!, sí, así, por autoobligación. Se acaba sonriendo de corazón. Lo aseguro.

  2. Pedro, pensaba escribir un comentario en el post “El nuevo milagrito del Ipad”, pero con lo que me acaba de suceder, creo, es mas acorde, lo escriba en este.

    Hace dos días pregunté al Padre Masiá ¿que si ya no le gustaban mis comentarios, porque no veia el mío, en su post, solo mi nombre aparecía?, y el con la serenidad y afabilidad, que le caracterizan..

    Me indicó, paso a paso, lo que tenía que pinchar, para pasar, simplemente a la segunda página, si, efectivamente, ese rótulo tan visible, hasta para un nene de cuatro años, que dice “siguiente”….

    Carmina

  3. “¿Quién ha muerto?”, preguntó.
    Y el fraile le respondió:
    “El que va en el ataúd”.

    ¿Por qué la sociedad pesimista actúa como Pepito Grillo?
    Yo misma contesto:
    Porque los ciudadanos no tienen suficiente conciencia.

    ¿Quién es corrupto?
    Y contestan los medios:
    Sólo los sentenciados.

    ¡En sexualidad casi no hay pecados!
    -Dices peyorativamente-
    ¿Y no será pecado, el haber visto en el sexo pecado?

    Empecé el artículo sonriendo y he terminado seria, y con muchas preguntas.

  4. “Oír un solo instrumento en la sinfonía del amor es privarse del concierto. Amar es escucharlos a todos”. (Tony de Mello)
    Nos inundaron de pecado, ahora nos inundan de sexo. Despertar es recuperar el humor, sonreir entre lágrimas. El cuerpo es un instrumento de la alegría siempre que no sea de usar y tirar. “Sois templos” y salas de conciertos y plaza del pueblo y sobre todo unidad.

  5. Sí, por eso hay que abrir oídos a todas las risas y todos los llantos. Aunque, es el amor el que sugiere con quién reímos y con quién lloramos.
    ¡Un abrazo, hombre! que te escucho de cerca.

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