En “borricate” de Dios

¡Qué seguro y orgulloso va el pequeño sobre los hombros de su padre! Ve el mundo desde arriba, con fuerza y alegría prestadas, como si no le costara ya caminar por el mundo, ni necesitara empinarse o buscar un hueco entre las piernas de las personas mayores. “Mi papá es fuerte, él me conduce hacia un buen lugar y me salvará de todos los peligros”. Por eso el niño, cuando el padre lo baja y debe caminar solo, llora. En una expresión muy popular, en el argot gaditano, se llama esta manera de ser llevado a las espaldas, ir “en borricate”. Pues bien, nosotros, aunque creamos dirigir nuestra vida y ser muy adultos y autónomos e incluso “chulitos” al volante, siempre vamos en borricate de Dios, como la oveja perdida de la parábola del Buen Pastor. ¿Por qué angustiarnos, por qué temer entonces? La vida es el arte de dejarse llevar por el Dios escondido.

¡Bella muy bella imágen! un padre que fuertemente sostiene los piecitos de su hijo y sereno camina, por una calle, un hermoso y pequeño niño, que pareciera elongación del primero, y mira todo al frente, sintiendose seguro y protegido, al ser llevado, por su padre, como dicen en su tierra, en “borricate”.
No hay más que decir, que lo, que veo…
Carmina
Por si alguien no conoce este relato, ya que viene tan a cuento.
LAS PISADAS EN LA ARENA
Una noche soñé que caminaba con Dios por la arena de una playa y en el cielo se proyectaban escenas de mi vida…
En cada escena, veía dos pares de pisadas en la arena: unas eran mias y las otras de Dios.
Cuando la última escena de mi vida surgió ante mis ojos, miré para atrás para ver las pisadas sobre la arena y noté que varias veces, a lo largo del camino de mi vida, había solamente un par de pisadas.
Noté también que eso ocurría durante las épocas más tristes de mi vida.
Realmente me sentí incómodo y le pregunté a Dios:
-Señor, tu me dijiste una vez que siempre caminarías a mi lado, pero he observado que durante los momentos más difíciles de mi vida, sólo se veían un par de pisadas. No comprendo cómo justo cuando más te necesitaba me abandonaste.
Dios le respondió:
-Hijo, yo te quiero mucho y nunca…nunca te abandonaría. En los tiempos de prueba y dolor, cuando tu sólo veías un par de pisadas en la arena, era porque te llevaba en mis brazos.
Pienso, que la misión de los padres es grandiosa, porque a través del amor, los padres protegen y cuidan a sus pequeños niños, después la tarea fundamental es hacer crecer en el hijo, su “espíritu”, a través de la fuerza interna que se manifiesta en ambos , y se llama “amor” y el amor es Dios.
en Filipenses 4,13 dice esto: “Yo lo puedo todo en Aquel que me fortalece”