Ratzinger y la Virgen de Fátima

Nuestra_Seniora_de_FatimaBenedicto XVI comienza  mañana su visita a Fátima. Casi nadie sabe que en un momento de la vida de Juan Pablo II el cardenal Ratzinger se vio obligado a llamar la atención al entonces papa Wojtyla por sus excesos devocionales hacia las revelaciones marianas privadas, que un católico no está obligado a creer.

Aquella Virgen de Fátima que se apareció seis veces en Cova de Iría a los tres pastorcillos, de los que sobrevivía Lucía, había transmitido tres mensajes: la conversión de Rusia, la muerte, aún jóvenes, de Francisco y Jacinta, y una tercera profecía que entonces se decía que anunciaba una próxima catástrofe mundial y que el Papa conocía, pero no quería aún comunicar al mundo.

En opinión de los escrituristas, sólo la revelación que acaba con el Nuevo Testamento es válida para la Iglesia, y estas revelaciones par­ticulares, aunque cada cual puede creer lo que quiera, no son materia de fe obligatoria para el cristiano. Sabamos que incluso el propio cardenal Ratzinger advirtió al Papa de este particular, desaconsejándole autori­zar con tanta fuerza una revelación particular[1] . Por eso extrañó la fia­bilidad que Juan Pablo dio a Fátima desde el primer momento, unas apariciones que, como tantas otras, siempre denuncian los males del co­munismo y nunca los del  liberalismo  o las injusticias del capitalismo salvaje[2] .

El hecho es que el 13 de mayo de 1982, primer aniversario del atentado, Juan Pablo II, visiblemente emocionado, dobla su rodilla a los pies de la Virgen de Fátima y explica a la multitud que, al recobrar el conocimiento tras el atentado, «mi pen­samiento se dirigió inmediatamente a este santuario para dar gracias a la Madre celeste por haberme salvado del peligro». Y añadió: «He visto un reclamo de atención hacia el mensaje que partió de aquí hace sesenta y cinco años.» En ulteriores declaraciones no dudará en aceptar que lo ocurrido en el Este europeo coincide con la profecía de la Virgen en el Mensaje de Fátima. Consagra el mundo con todos los obispos de la Iglesia al Corazón Inmaculado de María, como había pedido la Virgen, y se entrevistó veinte minutos en secreto con Lucía, además de colocar la bala que le atravesó en la corona de la venerada imagen y enviar su fajín perforado por dicha bala al santuario de Jasna Gora, en Polonia, Juan Pablo II dijo sin rodeos: «Fue una mano maternal la que guió la tra­yectoria de la bala, y el Papa, transido de dolor, trasladado rápidamente a la Policlínica Gemelli, se detuvo en el umbral de la muerte.»

Finalmente el 13 de mayo de 2000 Juan Pablo II daría a conocer el famoso y tan celosamente guardado tercer secreto de Fátima. Éste revela que “un obispo vestido de blanco”, que reza por todos los fieles, “cae en tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego”. El cardenal Sodano, secretario de Estado del Vaticano, se apresura a identificar a ese obispo con el Papa: “El obispo vestido de blanco que ora por todos es el Papa. También él, caminando con fatiga hacia cruz cayó a tierra como muerto, bajo los disparos de arma de fuego. Tras el atentando del 13 de mayo de 1981 a Su Santidad le pareció claro que una mano maternal había guiado la trayectoria de la bala, permitiendo al papa agonizante deternerse a las puertas de las muerte”[3].

Los estudiosos que han analizado los anteriores secretos de Fátima encuentran detrás del lenguaje y el contenido de estos la cultura  catequética de los años treinta y cuarenta. Por ejemplo, la visión veterotestamentaria de un Dios que castiga con guerras, la creencia en el purgatorio, cuya existencia la Virgen admite cuando los pastorcillos le preguntan por una amiga que ha fallecido, ydo esto en el contexto de las guerras mundiales y las dictaduras de Salazar en Portugal y Franco en España. [4]

Los dos primeros secretos son dados a conocer en 1941. El tercero es entregado al Papa en 1944 con una condición sobre su apertura escrita en el sobre: “No puede ser revelado antes de 1960”. Por entonces, el papa reinante, Pío XII, nada dijo y lo entregó al Santo Oficio. Juan XXIII lo leyó en presencia de varios cardenales y monseñores de curia y escribió una nota según la cual “dejaba para otros el pronunciarse sobre el asunto”[5]. Aunque varios colaboradores insistieron al papa Roncalli en que revelara el secreto, este decía una y otra vez: “No me hables de ello”. Parece que no veía muy concorde la religiosidad tradicional de Fátima con el espíritu renovador del  Vaticano II. El propio Juan XXIII había dicho en el discurso de apertura del Concilio: “Nos parece necesario manifestar nuestro completo descuerdo con estos profetas de desgracias que anuncian siempre catástrofes, como si el mundo estuviea siempre cerca de su fin”.

Es más, Pablo VI se niega a hablar en privado con sor Lucía durante su visita a Fátima y cuando la religiosa se arrodilla delante de él, le dice que no, que se dirija a su obispo.[6]

El 26 de junio de 2000 el Vaticano da a conocer el texto íntegro del tercer secreto de Fátima. Un obispo vestido de blanco asciende con otros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas a una montaña, en cuya cima hay una gran cruz: “Antes de llegar a ella, atravesó una gran ciudad medio en ruinas un poco tembloroso, con paso vacilante, apesadumbrado de dolor y pena, rezando por las almas de los cadáveres que encontraba en el camino. Llegado a la cima del monte, postrado de rodillas a los pies de la gran cruz, fue muerto por un grupo de soladodos que le dispararon varios tiros de arma de fuego y flechas; y del mismo modo murieron, unos tras otros, los obispos, sacerdotes, riogiosos y religiosas, y personas laicas, hombres y mujers de varias clases y posiciones”.

En seguida los observadores de todo el mundo encuentran una diferencia substancial. El texto origial del secreto dice “fue muerto” y no “cae como muerto”. Una diferencia que Il corriere della sera[7]señala como “sustancial”.

Juan Pablo II pidió al cardenal Ratzinger que presentara este texto dentro de un documento de la Congregación de la Doctrina de la fe, El mensaje de Fátima, que califica a Fátima como “la más profética de las apariciones modernas”, aunque aclara el sentido bíblico de la profecía: no predecir el futuro, sino “explicar la volunta de Dios sobre el presente”, e insiste que lo que queda válido es la llamada a la oración, la penitencia y la conversión. El documento explica la doctrina católica sobre las las revelaciones privadas[8] y sugiere a  Juan Pablo II como protagonista del tercer secreto. Pero una de dos o la “Virgen” se equivoca en su profecía, pues el personaje de blanco no muere, o se refiere a otro.

Algunos no dudan en lanzar otras hipótesis: el obispo de blanco es el asesinado arzobispo de El Salvador monseñor Romero, que usaba sotana blanca, y sus compañeros de martirio todos los mártires clérigos, religiosos y seglares de Centroamérica.

Otros apuntan a Juan Pablo I,  según declaraciones de su propio hermano Eduardo también relacionado con Fatíma, puesto que sor Lucía le había dicho: “Usted pronto será elegido papa, pero morirá pocos días depués de subir al trono de Pedro”. Por lo visto Luciani se ponía pálido nada más oír hablar de Fátima[9]. En todo caso el tema de las revelaciones privadas es demasiado vidrioso para acertar en la interpretación adecuada y dare un crédito literal a las mismas.


[1] Declaraciones del arzobispo de Tarragona, Ramón Torrella, al semanario Vida Nueva, núm. 2.001, Madrid, 15 de julio de 1995: «Otro día estábamos Ratzinger, el enton­ces secretario monseñor Hamer, un experto y un servidor. Y allí fue al revés: la Doctrina de Fe le ‘apretó los tornillos’ al Papa para que no diese pie a que se pudiera interpretar que ha­bía alguna revelación en Fátima. Yo me limité a decirle: ‘Mire, Santo Padre, yo lo que digo es que usted no puede nombrar ni una sola vez Rusia. Si usted en Fátima nombra la pala­bra Rusia, al día siguiente interrumpen las relaciones ecuménicas del patriarcado de Moscú con Roma.»

[2] Estudios serios sobre el fenómeno de Fátima han encontrado notables contradic­ciones en las predicciones proféticas de Lucía: por ejemplo, en el anuncio de la fecha, que ella daba como inminente, de la terminación de la segunda guerra mundial. Cfr.  Carlos María Stahelin, Apariciones, Madrid. 1954.

[3] Las visiones de la Virgen, según los videntes, son seis y los primers secretos fueron dos, que han sido publicados con algunas variantes: El primero  revelaba que dos de los pastorcillos, Jacinta y Francisco. morirían pronto. El segundo consta de tres partes: un visión muy literal del infierno y condicionada por la moral de la época (los pecados de impureza, según Jacianta, son “los que arrojan más almas al infierno”). La segunda parte se refería al fin de la guerra. Pero si no se cesaba de ofender a Dios, bajo el reinado de Pío XI iba a comenzar otra peor. Una noche iluminada por una luz desconocida iba a predecir  “el castigo de los crímenes del mundo por la guerra, el hambre y las persecuciones sontra la Iglesia y con tra el Santo Padre”. La Virgen Añadía: “Para impedir eso, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Corazón Inmaculado y la comunión reparadora en olos primerso sábados. Si se escuchan mis periciones, Rusia se convertirá y tendrá paz”. Si no se hacía así, vendrían grandes guerras y persecuciones, martirios, “el Santo Padre tendrá que sufrir”. (Aquí viene la tercerca parte del secreto o “tercer secreto”) . Y finalmente, “mi Corazón Inmaculado triunfará, Rusia será consagrada y se convertirá, y un tiempo de paz sará dado al mundo”. Barthas, La Virgen de Fátima, Madrid, 1981, págs 597-599).

[4] Escribe el dominico Frei Bento: “El problema es que en Fátima todo está montado sobre la ira de Dios. […]Es la religión de un Dios castigador, presentado por Nuestra Señora a los niños, y que es una religión propia de la época. Un Dios en el que se ha inspirado Saramago para su “Evangelio”, Un Dios que acaba con los personas en el infierno. Algo terrorífico. Cuando, en el Evangelio cristiano, muy al contrario, lo que aparece es el triunfo de la revelación del Dios del amor, del Dios de la pura Gracia, que no sabe hablar sino de gracia de Dios” ( Mário de Oliveira, Fátima, nunca mais, Porto, 1999.)

[5] A. Tornielli, Fatima, il segreto svelato,Milano, 2000, págs 55 y ss.

[6] Ibidem, págs. 58-94.

[7] 27-6-2000.

[8] Cita a E. Dhanis, “Sguardo su Fatima e bilancio de une discusione”, en La Cilvita Cattolica, 104, 1953 II, 329-406.Pero nada dice de de su visiòn crítica sobre Fátima.

[9] Eduardo Luciani al semanario Il Sabatto. (Cfr. J. López Sáez, El día de la cuenta: Juan Pablo II a examen, Madrid, 2002, pág 216.

5 Responses to “Ratzinger y la Virgen de Fátima”

  1. No había reparado en que las profecías de Fátima pudieran haber actuado como revulsivo, inspirando a José Saramago el demoledor libro de “El Evangelio según Jesucristo”.
    Alguna razón tiene que haber para que, dentro de tanta lucidez, aparezca ese durísimo reproche a Dios por su impotencia.
    Saramago sucumbe al dolor del mundo y no permite, como a Job, que Dios le hable.

  2. Jesús nos legó su espíritu para recordar sus enseñanzas, pero parece que los cristianos Ipapas incluídos) preferimos «inventar» parábolas más maternales.

  3. Lamento que el anterior comentarista vea peyorativo lo de “maternal”, como un “invento” respecto a las enseñanzas de Jesús. Se vé que no recuerda lo de la gallina que acoge a sus polluelos, ni la levadura fermentando la masa, ni la mujer que barre y se encuentra el dracma, ni las entrañas de Dios (padre y madre) que relata el AT.

    El problema de las apariciones está perfectamente señalado en el artículo, se trata de devociones privadas. L. Boff hablaba de los sacramentos de la vida, con la pipa del abuelo, etc. Y es que efectivamente en esa devoción privada hay muchos elementos que pueden ser “mediación o sacramento” de Dios, el problema es que el Papa no debería haberlo señalado desde su rol de Papa, sino en su condición de creyente y debería haber dejado claro que sus sentimientos y emociones, le pertenecen sólo a él como un fiel más de la iglesia.

  4. amigos dios revela muchas cosas y la virgen tambien pero como somos tan egoistas no entendemos su lenguaje, transformamos las cosas segun nuestros intereses terrenales. la madre de dios no puede ser mentirosa, la mentira es de nosotros. es maternal y es buena por que es la madre de dios, nunca debemos compararla con nosotros.

  5. es bueno creer en la virgen maria

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