Alma de profeta

20100626183809-jose-maria-diez-alegriaUn grupo de amigos, sobre todo gente del Pozo, jesuitas y ex jesuitas dimos ayer el último adiós a José María Díez Alegría. Fue un acto sencillo, como la despedida que se le suele dar a cualquiera de los ancianos de la Compañía que fallecen en aquella casa de Alcalá de Henares. Y en eso estuvo su encanto, porque a pesar de que jurídicamente no pertenecía a la orden, murió como lo que realmente había sido toda la vida, un jesuita más.

En el post de ayer tracé su perfil. Hoy prefiero dar la palabra al enviado especial de La Nueva España, mi amigo Javier Morán. Porque ¿para qué escribir una crónica del funeral si ya está excelentemente escrita? Después reproduzco mi artículo “Alma de profeta”, una síntesis de su pensamiento que me ha pedido el otro diario gijonés, El comercio.

Diez Alegría, la esperanza no enterrada

Alcalá de Henares,

Javier MORÁN, enviado especial de LA NUEVA ESPAÑA

Ni la tierra ni el fuego terminarán con el cuerpo del jesuita gijonés José María Díez-Alegría Gutiérrez, teólogo social y de la esperanza, que falleció en la madrugada del pasado viernes, a los 98 años, y cuyas últimas voluntades incluían que su cadáver fuera donado a la investigación científica. La Compañía de Jesús, orden religiosa a la que perteneció y en cuyo seno ha vivido después de que la Santa Sede exigiera su expulsión, en 1972, celebró ayer su funeral sin entierro en la espartana capilla del colegio y residencia San Ignacio, en Alcalá de Henares, donde el veterano sacerdote residía desde 2007.

No ser canónicamente miembro de la Compañía, pero vivir como si lo fuera, era lo que el propio Díez-Alegría denominaba «ser un jesuita sin papeles», aunque no por ello carecía de espíritu crítico hacia la Iglesia, pero siempre con esperanza. «Ésa fue una de las grandes palabras de la vida de José María, y la esperanza ha sido fecunda en él», expresó ayer el superior de la residencia alcalaína, Enrique Climent, en la homilía del funeral.

«Aseguraba que todos tenemos sitio en el corazón del Padre y se veía a sí mismo como hermano y amigo fiel de Jesús», agregó el superior jesuita, que también destacó en Díez-Alegría la combinación de «trabajo intelectual» -licenciado en Teología, doctor en Filosofía y Derecho, y profesor de Doctrina Social de la Iglesia en la prestigiosa Universidad Gregoriana de Roma-, con su «solidaridad cercana», concretamente en el Pozo del Tío Raimundo, el lugar más deprimido de Madrid, donde el gijonés trabajó junto al también jesuita José María de Llanos. «Construir una sociedad nueva, humana y fraterna» fue su empeño, aseguró Climent.

Había asimismo en Díez-Alegría una «humanidad entrañable», lo que explica que los jesuitas con los que convivía lo acogieran sin reserva. Fue «asturiano de pro, y ejerciente», y dotado de «un gran sentido del humor». Una de sus frases más frecuentes era: «No quiero llegar a los cien años, no vaya a ser que empiecen a enseñarme como una mona de feria», comentó Climent, y añadió otra: «Dicen que soy de izquierdas, y la verdad es que, viendo mal, veo mejor por el ojo izquierdo; y oyendo mal, lo hago mejor por el izquierdo. Se ve que Dios me ayuda a reírme de mi mismo».

Climent relató también una escena sorprendente del obispo de Alcalá, Antonio Reig Plá, en apariencia uno de los más duros y severos miembros del Episcopado español. «El obispo visitó esta casa y le llevé a la habitación de José María; Reig tomó sus manos y le saltaron las lágrimas cuando él le dijo: “Espero encontrarme pronto en la casa del Padre”; o “Quiero morir como Juan Pablo I, por la noche y sin enterarme”». Los últimos días de vida de Alegría fueron, no obstante, duros: la respiración se le extinguía y necesitó oxígeno y una vía para ser alimentado. «Pero aun así estaba fuerte físicamente; fue un asturiano fuerte hasta el final», sentenció Climent.

Además de física, su fuerza había sido moral. En 1970 quiso publicar «Yo creo en la esperanza», que de antemano asustó al Vaticano. El Papa Pablo VI indicó al superior general de los jesuitas, Pedro Arrupe, que situara a Díez-Alegría ante una disyuntiva: o abandonaba la publicación del libro, o abandonaba la Compañía de Jesús. Pero aquel texto era una purga de su propia alma y el tenaz jesuita asturiano siguió adelante con una publicación que resultó un éxito de ventas e influencia.

«Me impresionó “Yo creo en la esperanza”, y más cuando lo leí con una persona muy cercana a mí que falleció, pero a quien le fue muy útil en esos últimos momentos», comentó ayer Paquita Sauquillo, abogada, ex diputada y ex dirigente del PSOE, y presidenta de Movimiento por la Paz. Sauquillo, a quien la vida ha azotado con varias tragedias familiares, evocó su «relación de hace muchos años con José María, desde que le conocí en los setenta; me ha impresionado como teólogo y como persona que entendía los problemas del mundo y les daba un espíritu nuevo». Para Paquita Sauquillo, «es una figura histórica, que ha abierto muchos caminos y horizontes, aunque ha tenido detractores».

El jesuita Pedro Miguel Lamet, poeta, escritor y biógrafo de Díez-Alegría, juzgó ayer que «él ha roto códigos y ha sido un profeta del siglo que vivimos: sobre la actualidad del egoísmo económico de las grandes finanzas, él ya había denunciado claramente la propiedad privada; sobre la sexualidad y la actualidad de la pederastia, él ya dijo que el celibato podía ser una fábrica de locos; y sobre el actual repliegue del catolicismo, él veía que la Iglesia había sido infiel a Jesús y al Evangelio».

Tras verse forzado a abandonar la Compañía, Arrupe le dio autorización para continuar de por vida residiendo con los jesuitas. Aquel castigo que recibía Díez-Alegría era indicio de que el posconcilio iba agotándose y que el pontífice Montini, muy inteligente, pero ya confuso, cada vez percibía más que «el humo de Satanás» estaba penetrando en la Iglesia por diversas rendijas. La rendijas que proponía el jesuita gijonés consistían en que la propiedad privada no era de ninguna forma un derecho dado por Dios a los hombres mediante ley natural; o que el análisis marxista iluminaba al cristianismo; o que Jesús no debía ser mitificado, sino tenido por compañero; o que el papado debía renunciar a la opulencia vaticana; o que el celibato era un carisma que podía descubrir el sacerdote, pero nunca una imposición.

El funeral de Díez Alegría fue celebrado por doce jesuitas y contó con un centenar de asistentes: viejos amigos del Pozo y de la progresista Asociación de Teólogos Juan XXIII; familiares descendientes de sus hermanos, los generales Luis y Manuel, y miembros muy veteranos de la Compañía de Jesús. Uno de ellos era Antonio Arroyo, profesor jubilado de Finanzas en la Universidad de Comillas-Icade y vinculado a Asturias. «Mis abuelos se casaron en Covadonga cuando todavía no existía la basílica». Arroyo sintetizó en tres ideas a Díez-Alegría: «Primero, solución salomónica, pues murió fuera de la Compañía y, sin embargo, ha muerto en una casa de la Compañía y acompañado por los jesuitas; segundo, crítico, insobornable y oscuro como profesor; y tercero, paradójico, que obliga a portarse paradójicamente con él a los que le escuchábamos, y yo fui alumno suyo en Chamartin».

Climent cerró el funeral de ayer: «José María era investigador y crítico, pero devoto; recemos la salve». Una mujer emocionada acarició lentamente el ataúd de José María Díez-Alegría cuando era extraído de la capilla para ser recogido por los operarios de un centro no identificado. La tierra no iba a serle ni grave ni leve, ni se tragaba su esperanza.

—————————–

ALMA DE PROFETA

Pedro Miguel Lamet

El día que comencé las conversaciones con José María Díez Alegría destinadas a nutrir mi biografía titulada Un jesuita sin papeles recuerdo que me recibió con su acostumbrada sonrisa y me dijo: “Quiero decirte una cosa importante: siéntete libre para escribir lo que te apetezca”.Y es que su mensaje o pensamiento puede resumirse en esa palabra: libertad y coherencia con el Evangelio

Arranca de una postura ética ante Dios y el mundo. De su tesis doctoral sobre la Ley Natural, que completó con otro doctorado en Derecho y que le condujo a creer en la conciencia del hombre. José María estaba convencido, después que buceó en Max Scheller y la fenomenología de Husserl, de la importancia de la libertad de conciencia, la inmoralidad de la guerra y la lucha por la justicia como imperativos irrenunciables.

En contacto con el padre Llanos y el barro de  El Pozo del tío Raimundo, empieza a denunciar en diferentes conferencias tachadas de subsersivas sobre los abusos del franquismo, la situación del obrero, el silencio de la Iglesia. A partir de ese momento  cuando, de acuerdo con su amigo  Aranguren, se convierte en un jesuita peligroso,  es “promovido para ser removido” de España a su cátedra de Roma.

Pero su ecuador mental, cuando cree estar por una enfermedad al borde de la muerte, lo señala la aparición de su libro Yo creo en la esperanza, que publica como imperativo interior , haciendo objeción de conciencia contra sus superiores y arriesgándose a tener que exclaustrarse y luego salir de la Compañía de Jesús, como hizo.En esta obra  se pronuncia contra un cristianismo ontológico-cultual (es decir de misa y doctrina) y defiende un cristianismo comprometido  y profético. “Yo hago ver cómo la esencia de la religión es el amor al prójimo como sacramento del amor de Dios, el amor a prójimo como dialéctica del espíritu de justicia”. En ese sentido acepta que Marx puede ser un profeta y tener parte de razón cuando dice que “la religión es el opio del pueblo”.”Marx me ha llevado a redescubrir a Jesucristo y el sentido de su mensaje”, se atreve a afirmar-

Critica en consecuencia la concepción de propiedad privada tal como la ha defendido la Iglesia, y se apunta a una esperanza histórica que se traduce en la lucha por la justicia afirmando sin rodeos que el cristianismo tal como se ha vivido hasta ahora es una religión falsa. Ni los padres de la Iglesia, ni siquiera la tradición  escolástica, según Alegría, defienden que la propiedad privada sea un derecho natural.  · “Como dice San Juan Crisóstomo, ‘el rico o es ladrón o heredero de ladrón'” Por tanto la Iglesia, que ha traicionado a Jesús, no debe empujar a decisiones políticas, sino predicar el Evangelio y dejar libertad de elección al cristiano en estas opciones.

Otro punto que escandalizó sobremanera fue su postura en materia de  moral sexual. Su frase “el celibato puede ser una fábrica de locos” y “estoy a punto de cumplir sesenta años y no he tenido ninguna aventura amorosa. Tal vez se deba a que soy un poco estúpido en cuestiones de mujeres”, levantaron un gran escándalo es aquella España tardofranquista. Calificará la postura de muchos moralistas católicos de “totalitaria” por sus imposiciones. Defenderá un celibato opcional para los sacerdotes de rito latino. Un pensamiento que tiene resonancias especiales en estos tiempos de “pederastia”.  “Es una cosa para volverse loco,  porque la dimensión sexual es algo que está en las entretelas del ser humano” . Aunque en diversas ocasiones se manifiesta contra la sexualidad como mera explotación o goce y defiende su dignidad. Tampoco ve sentido a una fecundidad indiscriminada: “No necesitamos muchos hijos, sino verdaderos frutos y signos del amor”.

En otra cuestión de fresca actualidad fueron duras sus palabras contra el neoliberalismo económico y el economicismo puro y duro. Respecto al terrorismo decía que “es intolerable; pero para solucionarlo lo que hay que hacer es aumentar la justicia”. Y añadía: “Estamos lejos de la verdadera paz. La actual política armamentista es un escándalo”. Por su parte “La Iglesia no debe pretender conquistar el mundo, sino procurar dar un buen testimonio de Jesús y estar en diálogo con todos”.

Pero sobre todo era un gran hombre de fe. “Reafirmo que mi fe en la resurrección se refiere con toda rotundidad y con íntimo gozo a Jesús. Se refiere también con fuerza a los pobres y marginados injustamente oprimidos“. Cuando un día le pregunté si tenía miedo a la muerte, me dijo: “No. Tengo esperanza de encontrarme con Dios. Pero creo que mi vida ha tenido mucho sentido tal como es y no me preocupa la muerte, incluso como puro descanso”. ¿Y si no te encuentras a Dios?, insistí. José María respondió con una frase de un jesuita francés: “Pues me honro en haber creído en Dios, pues si no existe, debería existir”. Y es que el humor, que es una forma de amor, siempre era el alma que hizo a este asturiano universal libre y genial.

8 Responses to “Alma de profeta”

  1. ¡ QUE MARAVILLOSO HOMBRE ¡

    Gracias, por presentármelo, a traves de los escritos, en los cuales sus amigos, escriben acerca, de el.
    Carmina

  2. Grande entre los grandes (no por tamaño sino por finura) conquistó y fue admirado por todos los espíritus libres y abiertos a la justicia y a la justeza.
    Hago votos porque su memoria cunda y fructifique!

  3. Tuve la satisfacción y el placer de entrevistarlo para “Informe Semanal” en un reportaje sobre el padre Llanos. Me pareció un hombre de una inteligencia admirable, muy perjudicado ya físicamente pero con la cabeza aguda. A lo largo de mi vida periodística he entrevistado a cientos, muchos cientos, de personas. No son demasiados los que te dejan huella. Me la dejó Alegría, como en su momento Miret Magdalena.

  4. Gracias a Dios por habernos regalado un alma tan rica, como la de Ignacio, Arrupe, y otras víctimas de la “Santa Sede”, que nos enriquecen la vida para siempre. Nosotros nos los quedamos puestos hasta que nos vayamos, con todo amor y reconocimiento. Hay muchos profetas descalificados por la “superioridad”, pero nosotros los valoramos.

  5. ¿Os dais cuenta de que todo lo que dijo como extraordinario ya, para muchos oídos, no lo es?
    No es lo importante que Colón hiciera el primer viaje hacia la “India”, es una gran acontecimiento histórico, un gran descubrimiento, pero lo importante ciertamente es que, desde entonces, la tierra es ‘para todos’ redonda.

  6. Siempre me pregunte, que seria de mi cuando me fuera. Si alguien, lamentaría mi perdida. No por decir “te acompaño en el sentimiento”, frase vacía, se siente algo. Y cuando veo corazones nobles, no de aquellos que perdemos, si no de los que lamentan de verdad una perdida, comienzo a creer de nuevo en la humanidad. Buen Blog, Gracias

  7. “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”.

    Rabindranath Tagore

  8. Yo sólo conocí al padre Alegría a través de entrevistas en la televisión. Me pareció un tipo alegre y de corazón generoso, a la vez que un creador en la comprensión de Cristo. Creo que la frase de que si Dios no existe, debería de existir, y la culpa sría de Él, es de Miguel de Unamuno.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)