El síndrome de la estatua de sal

estatua de salÚltimamente me he tropezado con mucha gente volcada en el pasado, dándole vueltas a la Guerra Civil, añorando aquellos tiempos que siempre fueron mejores, aquella juventud, aquella Iglesia que siguen viendo como paradigma no pocos obispos y curas, aquel amor, o con resentimiento por lo que me hicieron, lo que me ocurrió, cómo me trataron. Es el síndrome de la estatua de sal. Todo ello me ha hecho recordar una de las sabrosas historias de Anthony de Mello, uno de sus diálogos entre discípulo y maestro:

-¿Cómo alcanzaré la vida eterna

-Ya es la vida eterna. Entra en el presente.

-Pues ya estoy en el presente,… ¿o no?

-No.

-¿Por qué no?

-Por qué no has renunciado al pasado.

-¿Y por qué iba a renunciar a mi pasado? No todo pasado es malo…

-No hay que renunciar al pasado porque sea malo, sino porque está muerto.

Me siento rodeado de estatuas de sal en la política, la cultura, la sociedad. El pasado engendra culpa propia o ajena. El pasado provoca miedo porque ya no tiene arreglo y creemos que puede ser un precedente del futuro. Sin embargo el ahora taladra lo que somos en el Ser: eternidad, alegría, luz.

4 Responses to “El síndrome de la estatua de sal”

  1. Todos estamos barnizados de sal y, precisamente, ese barniz nos impide anclarnos en el presente para liberarnos de las culpas del pasado y de los miedos del futuro.
    Es algo que es más fácil decirlo que hacerlo!

  2. Parece ser que la sal era muy necesaria en tiempos antiguos para conservar alimentos que de otra manera se estropearían.
    El uso y abuso deformó nuestro sentido del gusto, de manera que ahora no sabemos estar sin sal.
    No sé si somos o no salerosos, tal vez por Cadiz lo seáis en demasía. Por aquí sobre la mesa tiene que haber siempre un salero, es preceptivo. Incluso Arguiñano lo recomienda, dice él que para resaltar otros sabores.
    La sal, además de mantenernos alta la presión arterial, fomenta la fijación del colesterol, con los consiguientes peligros cardiovasculares.
    El problema no es la sal que nos recubra; veáse si no qué rico está el besugo a la sal, o el baño en el mar, si ir más lejos.
    El mal es la sal que se nos mete en el cuerpo, que hace de nosotros estatuas y nos esteriliza para los restos.
    Ya lo descubrieron los antiguos, que salaban los campos enemigos para que ya nunca jamás produjeran nada de nada.
    ¡Guerra, pues, a la sal y a quienes amenazan con ella!

  3. El pasado, que muerto inmoviliza, petrificado atrapa y detiene la marcha, hacia adelante y desde la vida, que existe en el presente.

    Simbolo metafórico de aquel acontecimiento biblico en el Génesis, con la esposa de Lot, sobrino de Abraham..que miró hacia atrás, convirtiéndose en Estatua de Sal.

    También, me ha gustado este relato, diálogo filosófico entre discipulo y maestro, escrito por Antonhy de Mello, en el cual se refiere al presente, como lo eterno, sin desprecio del pasado, haya sido bueno o malo, sino hace hincapié en ese contraste de muerte y vida…

    Carmina

  4. No es resentimiento ni añoranza, ni tan siquiera estatuas de sal, es pura estrategia socio-politico-religiosa.

    Ser “católicos perseguidos” vende mucho en una sociedad que pasa de ellos, dar pena, hacerse víctimas.

    No se entiende que la TV de la iglesia exhiba sin parar documentales de la guerra, ni que los del Opus ayudados por la “quejica” “ayuda a la iglesia necesitada” organicen exposiciones de la supuesta persecución que los obispos nos quieren vender.

    No es ético seguir con la islamofobia pero bajo capa superficial de “mantener un deseo sincero de diálogo con el Islam”.

    “La vara contra las bestias salvajes” que anunció el Papa hace pocos días, delata el trasfondo de esa realidad.

    No hay amenazas reales contra la iglesia católica, pero al Vaticano le interesa mucho hacer creer lo contrario.

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