El cisne negro

cisne negroSe ha dicho del cine que es una conjunción de todas las artes: literatura, música,  pintura, escultura, danza, fotografía. Puede serlo en la medida que merezca el título de arte, gracias a la inspiración creativa y a la dificultad que implica su elaboración industrial y colectiva. Pero, ¿puede ser además la conjunción de varios géneros? En algunos casos lo ha sido, como lo es El  cisne negro, una de esas  películas de las que podemos afirmar sin rodeos que estamos ante una obra de arte.

Darren Aronofsky, aficionado a personajes turbios  –Pi el orden del caos (1998), con su atmósfera desesperante y Requiem por un sueño (2001) con su submundo de la droga- maneja con igual pericia en el film que nos ocupa el cine de terror y el thriller psicológico, pasando por el  drama humano y el musical con una simbiosis perfecta de imagen, música y palabra.

Nina es una frágil y virginal bailarina de ballet clásico, protegida por su madre, que también lo fue en su día, y que vive en un mundo ideal de niña perfecta rodeada de peluches en su inviolado mundo inocente. Pero trabaja duro para alcanzar un sueño, llegar a la cumbre dentro del prestigioso ballet de Nueva York en el Lincoln Center. El director artístico de la compañía,  Thomas Leory, decide reemplazar a la primera y veterana estrella, Beth Mcintyre, para su próximo montaje de “El lago de los cisnes” por la joven Nina, aunque no deja de valorar también a Lily, una  recién llegada. El famoso ballet de Tchaikovski sin embargo incluye dos versiones del cisne: el blanco, símbolo de la inocencia y la gracia, y el negro, que cataliza la agresión, el mal y la sensualidad. Nina parece perfecta para interpretar el cisne blanco, y Lily para el negro. En la competencia entre ambas Nina va descubriendo poco a poco su lado oscuro, en un proceso donde el miedo y la belleza, la inspiración y la angustia se entrecruzan en una ambigüedad que bien podrían desembocar en éxito o tragedia. Se autoflagela, se ata fuertemente los pies, se inicia en la sexualidad solitaria para romper la crisálida en la que vive encerrada, convencida de que sin dolor nunca alcanzará la perfección estética, hasta superar en esta investigación los límites de la objetividad.

Con cierto paralelismo con su anterior película –El luchador (The Wrestler, 2008), El cisne negro es una sublime representación plástica de la lucha entre el  yan y el yin, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, que se produce  tanto en el interior como en el exterior de todo ser humano, con una obvia constatación: el cabal conocimiento humano no se alcanza sin la asunción de nuestro lado perverso. Y la perfección en el arte puede situar al que la pretende al borde mismo de la autodestrucción.  El director neoyorkino, lejos de la mítica historia edulcorada de ballet  típica de Las zapatillas rojas, logra zambullirse en la subjetividad torturada de Nina, que tiene su contrapunto en la danza que la transporta, como trasunto de la lucha por la vida y el logro de la perfecta belleza.

Lo consigue gracias a una maravillosa actriz, Natalie Portman, que nos había seducido todavía niña  en 1994, con El profesional de Luc Besson y sobre todo con Beutiful girls de Ted Demme en 1996, como una de las adolescentes más sensibles y cautivadoras  de la pantalla. Aquí, joven madura, interpreta el gran papel de su vida. Aunque había estudiado ballet de niña, a sus veintinueve años se ha dedicado casi dos  a formarse intensamente en esta dura disciplina artística; ha adelgazado hasta quedarse en los 42 kilos y se ha entregado con alma y cuerpo a una interpretación llena de matices. Es cierto que en las secuencias más difíciles del ballet es reemplazada, como es lógico, por una  doble bailarina profesional mediante el sistema informático de postproducción por el que puede sustituirse el rostro a un cuerpo. Pero el resultado obtenido por la Portman sólo puede lograrse con una intensa dedicación y conocimiento de los resortes del ballet clásico y un alma de extraordinaria porosidad estética.

De este modo Nina vuela, se transfigura en volandas de la música que la transforma, mientras Aronofsky la filma sin convencionalismos, rompiendo las estéticas consabidas y consiguiendo que el cine orqueste con su planificación, angulación, iluminación, color, montaje y escenografía la música de Tchaikovski, gracias a la utilización de la cámara en mano. Resiste a la tentación de “filmar el ballet” para despedazarlo, porque el ballet pasa a ser la vida y la vida el ballet transmutado en cadencia cinematográfica y espejo de la psicología turbada de Nina.

Evita el esteticismo gracias a un inquietante guión que atrapa al espectador por su suspense psicológico, por su ambigüedad, por su pavor casi numinoso,  al dejarle ignorar qué es realidad y qué  obsesión y sueño en ese poroceso. Cine por tanto también musical en su acepción más profunda,  en su ritmo de planificación y montaje; y constatación, como en cualquier obra maestra, que se precie de tal, de que no hay bien ni belleza, ni captación de todo el ser humano sin profundizar en el los abismos del mal y la oscuridad de la conciencia. Ganadora de un globo por la interpretación de la protagonista y nominada a cinco oscars al mejor director, actriz, fotografía y edición, creo no exagerar si afirmo que puede ser considerada una de las mejores películas del año.

Pedro Miguel Lamet

T.O: Black swan.-P: Medavoy, Arnold W. Messer, Brian Oliver y Scott Franklin. Fox Searchlight Pictures, USA, 2010.-D: Darren Aronofsky.-G: Mark Heyman, Andres Heinz y John McLaughlin; basado en un argumento de Andres Heinz.-F: . Matthew Libatique.-Mon: Andrew Weisblum.-M: Clint Mansell.-V : Amy Westcott.-I: Natalie Portman (Nina), Vincent Cassel (Thomas Leroy), Mila Kunis (Lily), Barbara Hershey (Erica), Winona Ryder (Beth)Dis: Avalon.-Dur: 112 minutos.-Dist: Hispano Foxfim.-Estreno en España: 18-02-2011

5 Responses to “El cisne negro”

  1. Una pelicula recomendada con un gran sentido de las artes, la Danza con un mesaje en el cual se descube el yan y el yin, el bien y el mal, la luz y las tinieblas, que se produce tanto en el interior como en el exterior de todo ser humano, como lo menciona.
    Creo que todos hemos experimentado este sentimiento, donde somos dos en un solo cuerpo.
    Una Gran pelicula para ver

  2. Reconozco que vi la película el viernes y no logro quitármela de la cabeza. Estoy de acuerdo en que es un peliculón, pese a que tuve que retirar los ojos de la pantalla en varias ocasiones ante la dureza de las escenas (no soy de las que tragan fácilmente con ciertas cosas, tengo limitaciones…). Sin embargo, no dejo de pensar en esa dualidad: por un lado me atrapó la estética del ballet, los movimientos de las bailarinas, sus cuerpos, la historia tan bien contada, el enganche psicológico del espectador con la paranoia de la protagonista… Y, por otro, se me removieron las tripas, sentí cierto rechazo ante la evidencia de lo visceral contado con tanta crudeza, me enfrentaba a algo que me sobresaltaba, que tomaba un rumbo inesperado, que me anunciaba un desenlace desconcertante y desgarrador. Toda la película con esa sensación de angustia, de saber que todo se precipitaba hacia la fatalidad. Natalie Portman me ha seducido de nuevo. Espectacular. La escena apoteósica de su “despliegue” en el baile final me parece que merece la pena en sí misma.

  3. Carolina, ser dos, como tu refieres, es esta disyuntiva humana, de los “contrarios” que co-existen en lo humano,.

    He visto la película, ¡Me ha cautivado!, Darren Aronovsky, hace algo extraordinario, al sumergirnos en la vida y la psique personal de Nina , su relación afectiva con su madre, que le asfixia, dominándola, en todos los aspectos de su vida como persona, quizás por sus propios miedos que se extrapolan, en la hija bailarina como ella.
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    Al no haber tenido, la posibilidad Nina, de romper la crisálida y volar, con sus propias alas y no con las de su madre, su mundo no tenia, ni siquiera un resquicio, de respeto a su privacidad e intimidad, pero yo creo que mas allá de que a simple vista nos pareciera una joven con razgos esquizoides, nos plasma, al “rebelarse” que esta en esa búsqueda, del yo, que parece haber perdido.
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    Nina nos parece dulce, fragil, la melancolía de su rostro y su tristeza poyectan, in lugar a dudas lo “enferma” que yace su alma.
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    Ya que el estrés que le produce, la hacen sentir que no pueda lograr la interpretación, que le pide el coreógrafo, que la ha elegido, por su potencial creativo y la situación ciertamente la desborda.
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    Darren Aronovsky, con su talento especial, nos sumerge con creatividad, en este personal enfoque, de la lucha interior, del artista, que es mirado, a través de una lente, en la cual queda una pregunta, al final, ¿la perfección se consigue unicamente a través del dolor?

    Carmina

  4. “Mata a un espectador por comer palomitas durante la proyección de ‘Cisne Negro”
    La policía letona detiene a un hombre al que acusan de disparar a un espectador por “hacer ruído” mientras comía palomitas en el cine”

    (“Publico”, 22-2-011)

    Para poder entrar en los infiernos del inconsciente y no enloquecer, sufrir, destruir y destruyéndose, primero es necesario haber conocido la potencia salvífica de la luz. Sin su linterna, es imposible encontrar la salida cuando no se puede más y caminar en la oscuridad al borde del abismo sin despeñarse.
    El peligro no está en el viaje sino en carecer de guía, de luz y de brújula.

  5. Gracias Carmina, he leido tu comentario hasta hoy, por lo que me dices la pelicula tiene un mensaje muy profundo.

    Yo soy fotografa, bailarina pero especialmente soy mamá.

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