La pequeña esperanza

Peguy, uno de los poetas preferidos de mis lecturas juveniles, tiene un  poema que me llama ahora desde el empolvado anaquel de mi vieja biblioteca en estos días de incertidumbre y miedo de la humanidad. Y en esta primera semana de Adviento, esa época litúrigica que se adecua más a la vida, vuelvo a leer bajo los fríos árboles dorados del proclive otoño.

Compara a la fe con una esposa fiel o con un soldado, a la caridad con  una madre ardiente y con un hospital, pero llama a la esperanza, “la hermana pequeña” que duerme cada noche en su cama de niña.

Hay que despertarla.

Ha de ser hoy también en los tiempos que corren nuestra virtud preferida.

 

LA PEQUEÑA ESPERANZA

Yo soy, dice Dios, Maestro de las Tres Virtudes.

La Fe es una esposa fiel.
La Caridad es una madre ardiente.
Pero la esperanza es una niña muy pequeña.

Yo soy, dice Dios, el Maestro de las Virtudes.

La Fe es la que se mantiene firme por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que se da por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es la que se levanta todas las mañanas.

Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es la que se estira por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que se extiende por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es la que todas las mañanas nos da los buenos días.
Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es un soldado, es un capitán que defiende una fortaleza.
Una ciudad del rey,
En las fronteras de Gascuña, en las fronteras de Lorena.
La Caridad es un médico, una hermanita de los pobres,
Que cuida a los enfermos, que cuida a los heridos,
A los pobres del rey,
En las fronteras de Gascuña, en las fronteras de Lorena.
Pero mi pequeña esperanza es
la que saluda al pobre y al huérfano.
Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

La Fe es una iglesia, una catedral enraizada en el suelo de Francia.
La Caridad es un hospital, un sanatorio que recoge todas las desgracias del mundo.
Pero sin esperanza, todo eso no sería más que un cementerio.

Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.

Yo soy, dice Dios, el Señor de las Virtudes.
La Fe es la que vela por los siglos de los siglos.
La Caridad es la que vela por los siglos de los siglos.
Pero mi pequeña esperanza es la que se acuesta todas las noches
y se levanta todas las mañanas
y duerme realmente tranquila.

Yo soy, dice Dios, el Señor de esa Virtud.

Mi pequeña esperanza
es la que se duerme todas las noches,
en su cama de niña, después de rezar sus oraciones,
y la que todas las mañanas se despierta
y se levanta y reza sus oraciones con una mirada nueva.

Yo soy, dice Dios, Señor de las Tres Virtudes.

La Fe es un gran árbol, un roble arraigado en el corazón de Francia.
Y bajo las alas de ese árbol, la Caridad,
mi hija la Caridad ampara todos los infortunios del mundo.
Y mi pequeña esperanza no es nada más
que esa pequeña promesa de brote
que se anuncia justo al principio de abril.

(Charles Péguy,

El misterio de los Santos inocentes)

4 Responses to “La pequeña esperanza”

  1. En estos “días de incertidumbre y miedo de la humanidad”, en donde percibimos, que la moral individual tiene una lógica social, que “arraigada”, es la que nos hace “proceder” de acuerdo, a lo que somos como personas, el dilema es entre el egoismo, en todos sus matices, cuando hablamos de poder, control, arbitrariedades, prepotencias, odios, hostilidades, xenofobias etcétera.
    .

    Creo, que la ¡esperanza! , es que aún, existe la posibilidad, de que en medio del concreto o en tierra, que parece estéril, y antes del invierno germine vida, que ame la paz y la justicia y florezca en otoño, como
    la flor amarilla, de la foto que has puesto.

    En estos poemas de Peguy que tu como yo, hemos leido aunque bajo árboles o bibliotecas distintas, aparece esa niñita de nada, que hoy para mí, es el corazón que ama y comparte, es el corazón Solidario, de las personas, que rompe el egoismo y todos sus males y nada más…

    .
    Carmina

  2. Pocos, aun en la turbulenta Francia (Leon Bloy, Claudel, Bernanos, Mounier…), han alcanzado la firmeza de la fe y la elegancia de la fibra poética de Charles Peguy.
    Podemos creer aun que la esperanza duerme tranquila?

  3. Sí, porque es niña y, aunque todos los demás fallen, ella siempre cada mañana sonríe nada más despertarse.

  4. Y cada día mira el mundo que se ha hecho nuevo.
    Ya no sirve escudriñar el día anterior, igual que el camino andado no advierte de cómo será el trecho nuevo.
    Normalmente buscamos lo que en otra ocasión nos hizo felices, o valiosos, o queridos… pero, no lo hallaremos, porque ya no pertenece al día nuevo y nos toca adivinar qué parte de la realidad se nos muestra hoy.
    La esperanza es la luz de la mirada que se atreve a mirar de nuevo.

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