“El Mundo” descubre la meditación

El diario El  Mundo ha descubierto que la meditación es beneficiosa. Gran primicia. Claro que es analizada como mera concentración y relajación. “Científicamente ya hay investigaciones -asegura- que prueban sus beneficios. Un estudio de la Universidad de Yale concluyó que las personas que meditan durante muchos años desarrollan una nueva red neuronal por defecto en la que hay una mayor conciencia de uno mismo y del presente y menos ensoñación. Otro de la Universidad de Wisconcosin nombró a un monje budista, Matthieu Ricard, el hombre más feliz del planeta.”

Meditar es mucho más que relajarse y concentrarse, es  resituarnos en nuestro lugar en el universo, establecer una conexión con lo transcendente desde lo inmanente, taladrar el tiempo sentándonos en el ahora, desconectar con el ego-personaje y anticiparse la vida definitiva. Claro que hoy “meditar” para la gente es hacer algún tipo de meditación oriental, cuando la contemplación en sus diversas formas, como lectio divina, canto gregoriano, carmelitana, ignaciana, hesicasta ha existido siempre en nuestro cristianismo y en otras religiones.

¿Sabían por ejemplo que Ignacio de Loyola cultivaba una oración “supino rostro arriba” (tambado) y “por anhélitos” (por respiraciones)? ¿O que Juan de la Cruz y Teresa de Jesús experimentaron las bodas místicas? La ignorancia junto a un cierto papanatismo consiguen que parezcan descubrimientos de ahora logros de siempre. ¡Si por lo menos le sirviese para enterarse que la meditación libera al  ser humano y no es cosa sólo de curas y mojas!

One Response to ““El Mundo” descubre la meditación”

  1. Pocas cosas quedan en pié de las que salieron por boca de el señor Gonzalez Marquez. Creo que una de ellas es la de no leer la prensa por cuestiones de higiene.
    Con todos los respetos para con el periodista vocacional, el objeto de la prensa en conjunto es el de generar ruido y desencuentro.
    Ruido social y mental. Justo lo contrario a lo que se busca en la meditación (más o menos trascendental)
    Poner el sello de “científicamente testado” al ejercicio de desracionalización del ser, es como abrazar el abismo del que nos hablas en el post anterior con un helicoptero ruidoso y pesado.
    Meditación y oración son dos palabras facilmente encadenables a la palabra acción.
    Dos polos, creo, de una misma cosa.
    En tu biografía de el bellísimo Pedro Arrupe, se encuentra una fotografía en la que aparece orando y meditando en una posición y un estado que sugiere igualmente la idéa del místico extático occidental que el apacible santón de oriente.
    A mi en particular, me sirvió para poner muchas cosas, si no en su sitio, al menos a mano y a la vista.
    Viendo despues como supo emplear su tiempo y energía (y más después de la explosión) quedó bastante claro para mi que es ese estado el que buscamos para poder hacer lo que debemos en cada momento.
    La vía por la que accedemos a el se queda en pura anécdota, una vez que conseguimos (aunque sea vislumbrar) ese estado de gracia.
    La admiración (consciente o no) que llegan a causarnos los felinos, por su elegancia, por la precisión de sus movimientos y lo definido de sus motivaciones, se me antoja achacable a la cantidad de tiempo que pasan en suspensión. Completamente ajenos a todo, pero percibiendo ese “Todo” de un modo abrumador.
    Para el ser humano resulta en principio una dura tarea entregarse a ese abismo sin fondo. El fruto del arbol del conocimiento tiene una digestión larga y pesada, y no permite grandes audacias mientras lo estamos asimilando.
    Creo y quiero creer que estamos terminando la digestión (unos mejor y otros fatal) y que de algún modo estamos llegando a la Tierra que mana leche y miel. Pero también creo que en el ultimo tramo por el desierto, es cuando más se acusa la fatiga y mas facil es que la desesperación nos haga besar el suelo.
    La paz de muchos que viven en situaciones extremas (allí o aquí) depende de la paz interior y la lucidez que cultivemos los que todavía tenemos el suelo bajo nuestros piés, y de las acciones e inacciones que emprendamos guiados por ella.
    Desde luego, empieza a quedar claro que “El Mundo” (y similares) no es de este Reino.
    Siempre nos queda el retornar a la utilización práctica y responsable que antaño se daba a la prensa.
    Envolver bocadillos, hacer caminos sobre el suelo recién fregado, o ponerla en los zapatos en los días de mucho frío.
    Todo esto, dicho sea con perdón del los que a diario buscan palabras para hacer llegar a las masas al menos parte de la verdad.
    Si caminamos como Carolyne, hacia la luz, no tiene que faltar ni sobrar nadie y habrá pan y alegría para todos.
    Entre tanto, a seguir desescombrando la trastienda.

    Un abrazo y hasta pronto.

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