Una aportación valiente sobre la muerte

 

Mª Ángeles López Romero (Con Marta Alonso y Antonio González-Garzón), Morir nos sienta fatal. Diálogos a vida y muerte, Col. Psicología y Educación, Ed. San Pablo, Madrid 2011, 303 pp.

Nos guste o no, el tema de la muerte es el más importante de la vida. Incluso desde la increencia del más allá. Decía Heidegger que  por la toma de conciencia existencial de nuestro ser para la muerte autentificamos nuestra vida. Sin embargo, si buscamos en una librería novedades sobre la muerte, advertimos enseguida que son escasas. Sí, aparece y mucho, como no podía ser menos en la literatura de creación, porque esta intenta reflejar los problemas de los hombres y en ellos la muerte suele ser inevitable protagonista de todas las historias: los thrillers, las románticas, las dramáticas y melodramáticas, como acece en su pariente cercano, el cine.

Pero pocos se enfrentan con el tema a palo seco. María Ángeles López, redactora-jefe de la revista 21RS ha tenido la valentía de hacerlo desde su  calidad de periodista interesada por los temas humanos, como ya demostró en su anterior y primera obra, Papás blandiblups,  por el que mereció el título de «autora del año» de Ediciones San Pablo. En este segundo libro, Morir nos sienta fatal, salta el abismo desde su experiencia de madre de familia a reportera de la realidad,  del hecho incontestable de la muerte.

Lejos de convertirse ella misma en filósofa, socióloga o psicóloga de ese tránsito capital que nos incumbe, ha optado, con gran sencillez y funcionalidad, por rodearse de dos especialistas, Antonio González-Garzón, un médico militar de larga experiencia, y  Marta López Alonso, teóloga y enfermera, con los que entabla estos «Diálogos a vida y muerte», como subtitula el libro.

El resultado es una  obra de más de trescientas páginas, casi una pequeña enciclopedia sobre la muerte, centrada más en sus aspectos socio-psicológicos que filosóficos o teológicos, aunque estos se hallan también presentes.  Parte el libro de  que la muerte nos importa, incluso más que el sexo, porque, como diría Séneca, estamos «en la fila». Gran acicate para el pensamiento de la humanidad, es un asunto que hoy se rehúye más que antaño porque la medicina se está presentando en nuestro tiempo como todopoderosa, aunque al final sucumba, como siempre sucedió, ante la muerte.

Comienza el libro por analizar el delicado tema de cómo comunicar este desenlace  al paciente,  proceso en que es imprescindible saber mezclar ambas dosis: la verdad y la delicadeza, en un momento donde la esperanza se  limita a, sobre todo,  no abandonar a la persona que pasa por ese trance. Una ocasión para poder compartir amor y perdón, un momento para el que hace falta «entrenarse», tomar conciencia de la propia fragilidad, de nuestra finitud, algo que tiene sentido en cuanto  nos descubre nuestra identidad y transforma como personas. Se trata pues de convertir a la enfermedad en maestra,  oportunidad para crecer y  de ejercer la virtud de cuidar y ser cuidado.

Aborda, como de puntillas –no podía ser menos en un libro editado por una editorial confesional– la espinosa y famosa «muerte digna» con una interesante respuesta: evolucionar del concepto de dignidad al concepto de paz: «morir en paz».

Se pregunta así mismo sobre qué es realmente la muerte. Biológicamente, todo un largo  proceso más que un instante. Marta, la enfermera, asegura que ha experimentado en los otros la muerte «como liberación», un punto  en que «mi misión termina y da paso al Misterio». Y el médico Antonio habla de una «confesión laica» una especie de balance de la vida que hacen muchos enfermos no creyentes en el que suele ayudar mucho una actitud de desprendimiento.

Para mí, lo más curioso de las conclusiones de estos especialistas, que recoge María Ángeles, es que el miedo a la muerte no distingue entre creyentes e increyentes. Quizás su respuesta está condicionada a que como profesionales de la sanidad ellos han tratado con muchos cristianos sociológicos. Mi experiencia sacerdotal al respecto es que la fe, cuando es mínimamente auténtica, ayuda muchísimo a enfrentar ese trance. Desde luego en su testimonio hay algo incontestable: que el miedo a la muerte existe en todo ser humano. Pero desde otras experiencias, que hoy crecen, por ejemplo en muchas tribus indígenas, o profundizaciones desde una espiritualidad transpersonal, la muerte no se viviría tanto como drama sino como transformación asumida.

Este interesante libro aborda la muerte en su aspecto objetivo, sobre todo desde fuera, desde el entorno. Estudia por ejemplo la deshumanización de la asepsia de los actuales tanatorios, la necesidad de humanizar los hospitales, la falta de manos para el adiós, la frialdad de la incineración. Aspectos  que conducen también al auténtico sentido de los funerales y en general al «envoltorio de la muerte», que revelan una vez más hasta qué punto se muere como se ha vivido y que el duelo nos es  siempre necesario para asumir la muerte de los otros, con justa  «licencia para llorar».

En fin Morir nos sienta fatal ahonda en la necesidad de fortalecer nuestro «yo» durante toda la vida, de rodearlo de amor, que será lo que en definitivo quede de nosotros. ¿Quiénes somos nosotros? «Somos –afirma el libro– lo que hemos sido para otros». Finalmente  aborda el tema de la trascendencia. Frente al concepto de Dios-aspirina, varita mágica o tapagujeros,  vale el Dios amor, que se revela en Jesús, imagen del Dios invisible, para obtener alguna respuesta. Termina el libro con un par de hermosos capítulos sobre el recuerdo como forma de pervivencia y con  un canto a la vida, el único que da sentido a toda muerte.

Este apretado resumen no exime de la lectura de una obra singular, que desde «el fuera» de la muerte conduce al sentido de la vida. Escrita con lenguaje ágil y un ritmo periodístico, sembrado de anécdotas, hechos y datos estadísticos, puede ser un buen manual para reflexionar en familia, en la escuela o en círculos de estudios sobre un tema tabú que es  necesario abordar  como parte esencial de la vida. No busque el lector acercamientos a incursiones más o menos esotéricas sobre la vida después de la vida, la filosofía oriental o la new age o las experiencias con moribundos de Kübler-Ross y sus famosos libros y grupos de ayuda. Mª Ángeles es una periodista con los pies en la tierra que ha escrito un libro riguroso, objetivo, desde la experiencia de unos profesionales. Una aportación valiente, pedagógica y me atrevería a decir que única en su intención de exhaustividad y cercanía.

Cabe sólo hacer una pregunta, después de haber disfrutado de su lectura: ¿No ha sido la autora demasiado humilde y respetuosa con sus interlocutores al transcribirlos y digerirlos para el lector en forma de diálogo? ¿No tiene María Ángeles suficiente madera de escritora y gracia en la pluma para recrear ella misma con un texto propio ese interesante contenido? Quizá la respuesta es que la seriedad del tema y la necesidad de ser rigurosa y honesta con sus interlocutores, la han conducido a preferir este género, que, por otro parte tiene una enorme ventaja: Sólo  un libro escrito como un diálogo puede ayudarnos a seguir dialogando con otros –hijos, alumnos, comunidades– sobre un tema como la muerte que llena nuestra existencia de decisivos interrogantes, algunos sin respuesta, sobre el misterio de  la vida.

P.M.L.

(Recensión aparecida en la revista Sal Terrae, mayo, 2012)

4 Responses to “Una aportación valiente sobre la muerte”

  1. Muchas gracias por la info. El tema de la muerte es fascinante, sobre todo, cuando la ves como un paso de transformación después de esta experiencia de la vida.
    Me gusta mucho esta frase…. somos seres espirituales viviendo una experiencia humana.
    La muerte, para mí, sería como la vuelta a casa para encontrarnos con nuestra verdadera esencia y gozar de la plenitud del Amor.
    Como decía Santa Teresa, muero porque no muero.

    En nuestra cultura Europea la muerte es un trauma que nos inculcan desde niños, fría, dolorosa, y como bien describes en el artículo, cada vez más lejana de su importancia y verdad.

  2. Desde el rastrero gusano a la colgante crisálida. doble etapa de la vida temporal, el vuelo de la mariposa anuncia el misterio de la vida intemporal, la definitiva.

  3. Muchas gracias por tu estupendo resumen Pedro y tomo nota para recomendar el libro de Mari Ángeles en mi blog (www.eltiempodelaesperanza.blogspot.com).
    Estos días he vivido una experiencia muy dura en mi segundo círculo familiar, tan dura como que un joven de 35 años ha muerto solo en su coche de madrugada. El zarpazo ha azotado a sus padres y hermanos y ayer, en pleno duelo, varios adultos analizamos como comunicarles a dos niños, de 8 y 9 años, la noticia de la muerte y ofrecerles despedirse de su padre y tío. Se ha hecho dejando pasar la noche, lejos del cementerio y con mucha delicadeza. Se les ha dado información y libertad para estar o no en la misa. Finalmente, la hija del fallecido ha optado por no ir, pero el sobrino -que es sobrino mío también- ha decidido estar esta mañana en la Eucaristía del funeral. Estaba rodeado de cariño, entero y su cara reflejaba dignidad. ‘Aquí estoy’, parecía decir. Ha tomado su segunda comunión -la primera fue el sábado – y lo ha vivido con naturalidad. Ha estado rodeado de sus padres y familiares y ha seguido muy atento la vitalista y esperanzadora homilía del sacerdote, amigo suyo y de su padre.
    Creo que todo se ha presentado para que este chiquillo de 9 años y semblante responsable madure.

  4. Gracias, Luis, por este hermoso y escalofriante testimonio, que demuestra la continua actualidad del tema. Un abrazo y mi oración por esa familia.

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