Cara y cruz de una doble canonización

Juan Pabl II y Juan XXIII

Está visto que Francisco quiere ser el Papa de todos. La anunciada doble canonización, la de Juan Pablo II y Juan XXIII, el próximo abril supone el respaldo a dos maneras de enfocar el Pontificado y gobernar la Iglesia, cara y cruz de la misma durante el convulso siglo XX, con un denominador común: la santidad.

Dos hombres de origen, historia, carácter y política eclesial muy diferentes entre sí pero animados ambos por un apasionado amor a Jesucristo y entrega absoluta a la Iglesia.

Y dos canonizaciones también significativas: La del ‘Papa bueno’ incomprensiblemente demorada, y la del ‘Papa magno’, apresurada. La del ‘Papa del Concilio’, de algún modo provocada, y unida a la de Juan Pablo por voluntad personal del Papa Francisco, para contrarrestar ostensiblemente el significado eclesial del revisionismo del Papa polaco. Y sin duda, ambas deseadas por amplios sectores del Pueblo de Dios, que no piensan exactamente igual. Canonizar significa reconocer virtudes heroicas. Pero se puede ser santo y pensar diferente.

Juan XXIII

Roncalli, hijo de agricultores de Sotto il Monte, un buen sacerdote, sencillo y culto, había llegado a la sede de Pedro, con el propósito de ser más pastor que sumo sacerdote o Pontífice, y era visto por su ancianidad como “un papa de transición”.

Antes había salvado a miles de judíos como nuncio en Estambul. Sus gestos conmovieron al mundo. Su sonrisa se multiplicó hacia los no creyentes, los hermanos separados, las confesiones no cristianas, los países de detrás del telón de acero, los barrios obreros de Roma. “Soy uno de vosotros”, decía de un modo natural, porque en realidad lo era.

Y aquel hombre gordo y cariñoso, aparentemente elemental, había llegado con una idea desde ante de ser Papa: convocar un Concilio. “La Esposa de Cristo debe recurrir hoy, mucho más que a las armas de la severidad, al remedio de la caridad”. Nunca hasta entonces se había presentado la Iglesia tan cercana, en su actitud de comprensión y diálogo.

Y así fueron los frutos del Vaticano II: reforma litúrgica, nueva imagen de Iglesia como comunidad de creyentes, colegialidad episcopal, reconocimiento del pluralismo teológico, diálogo cultural, intraeclesial, e interreligioso, libertad religiosa, solidaridad con las esperanzas y las angustias de los pobres y de cuantos sufren, etc.

Poco antes de morir su encíclica Pacem in terris supuso un cambio en la Doctrina Social de la Iglesia al reconocer los derechos humanos como inalienables, la presencia de las mujeres en la vida pública y la toma de conciencia de su dignidad.

Juan Pablo II

El niño polaco nacido en Wodawice en cambio estuvo desde el principio marcado por la tragedia: la orfandad, las invasiones rusa y alemana, el trabajo en la cantera, una formación teológica conservadora, una vida sacerdotal y episcopal en lucha con la ocupación nazi y un ascenso joven y meteórico a un Pontificado que duró casi 27 años.

Su primer gesto lo resume todo: Karol Wojtyla, cuando salió al balcón de la logia de San Pedro, a diferencia de sus antecesores puso sus manos firmemente sobre el pretil de la balconada, como el que es consciente de su liderazgo. La Iglesia, en la visión de Juan Pablo II requería mano dura, unión, reafirmación en la ortodoxia. Cristocéntrico y antropológico al mismo tiempo en sus encíclicas, ve al hombre como aherrojado por la tecnología, lo que exigiría un suplemento de moral.

La Verdad viene de arriba y es refrendada por el magisterio papal. Rechaza la libertad religiosa individual que propició la Reforma y la Ilustración, ataca el relativismo moral, que ve como característico de las democracias occidentales y todo disenso en el interior de la Iglesia.

En lo social su contribución es grande a la dignidad del trabajo ycontra los abusos extremos tanto del comunismo como del capitalismo. Pero no oculta cierta sospecha ante la democracia como expresión de la propia libertad de las personas concretas. Desemboca en centralismo teológico. Mientras que el disenso por la izquierda o de la Teología de la Liberación es castigado o cortado de raíz, la contestación por la derecha, como la del cismático Lefebvre, es tratada con llamativa condescendencia.

Tal impulso unificador tuvo otro fruto en el Catecismo de la Iglesia Católica. Del mismo modo subrayará en el ministerio de Pedro el centralismo romano sobre la colegialidad episcopal. En este marco debe inscribirse también el auge que experimentaron los llamados “nuevos movimientos”, mientras que los religiosos de frontera y las comunidades de base eran desautorizados y marginados.

Ecumenista de deseos y autor de brillantes gestos públicos con líderes cristianos de otras confesiones, su firmeza doctrinal impide el avance que él mismo hubiera deseado. El Papa Wojtyla se instituye así en pastor para los de dentro y líder mediático para los de fuera en sus viajes, sobre todo cuando defiende los derechos humanos, rechaza la injusticia, la guerra y el hambre.

Pero la gran aporía se produce cuando su mano tendida al mundo es secuestrada por la propia maquinaria interna que ha puesto en marcha -con abandono a su aire de la Curia-, que impide el diálogo con la cultura contemporánea. De aquí que su mensaje, audible para las masas, ininteligible para un amplio sector apareciera como fundamentalista para los líderes de opinión e intelectuales del momento.

Juan Pablo II quedó también por su faceta política. Sobre todo por su contribución a la caída del deteriorado comunismo del Este y en particular en advenimiento de la democracia en su país. Nadie en todo caso le podrá negar, pese a su protagonismo, que se volcó en la Iglesia con alma y cuerpo, con una ejemplar entrega al trabajo apostólico conforme a su lema: “Totus tuus”. Su popularidad hizo exclamar a la multitud: “Santo súbito”.

¿Qué quiere pues Francisco con esta doble canonización? Ante una Iglesia dividida por años de involución, unirla en lo que enlaza indiscutiblemente a ambas figuras: el amor a Jesucristo y el servicio a los hermanos, que van más allá de toda ideología.

 Publicado en el mundo.es

16 Responses to “Cara y cruz de una doble canonización”

  1. Fenomenal, Pedro. Dos retratos perfectamente dibujados en pocos trazos y, sin duda, un gesto más que muestra claramente por dónde va y qué pretende Francisco.

  2. Ayer cuando lei sobre la doble canonizacion de Juan XXIII y Juan Pablo II, me hice esta pregunta: “se puede ser santo y ser polos opuestos?” Mi pregunta esta contestada sin dejar cabos sueltos.
    Gracias por el privilegio de ser mi amigo en esta red social. Sus escritos ilustran, ilumian y sacan de dudas en todo lo referente a la Iglesia. Saludos desde Canada.

  3. Buen análisis. Certero en el contenido, suave en la forma. Sí, Francisco parece venir a sintetizar lo mejor de esos dos Papas, ambos magnos, por sus peculiaridades tan personales, por la aportación que han dejado en la Iglesia

  4. Hola, amigos. Yo creo que a un buen periodista se le podría exigir un poco más de espíritu crítico. Se conforma con ser el cronista oficial de la fanfarria más externa y superficial de los hechos. Sin análisis, sin contraste, sin hondura, sin crítica. Como autocensurado, reprimido, asustado, medroso. Francamente decepcionante.
    Para mí, en cambio, canonizar a Juan Pablo II es hacer el escarnio y la burla de la santidad cristiana. La imagen de Juan Pablo II que presenta Lamet es la de los clichés periodísticos repetidos hasta la saciedad y explotados por todas las agencias de noticias, revistas, afiches, propaganda, peregrinaciones, venta de medallas, efigies, estampas. Todo mediático, todo comercial, todo televisivo, todo oropel y fanfarria.
    Detrás de todo ese gran teatro del papa polaco había todo un cúmulo de intereses de todo tipo, comenzando por los económicos de la Curia Vaticana que llevó al papado de Wojtyla a convertirse en una verdadera cueva de reaccionarismo, corrupción y vileza. Cuando Benedicto XVI hablaba de lobos y Bertone de culebras y serpientes, ¿era puro cuento? Pues no han desaparecido. La jugada del papa Francisco es completamente decepcionante: Juan XXIII y Juan Pablo II no son dos caras de una misma moneda sino más bien dos personajes diametralmente opuestos.
    Yo me he referido a muchos aspectos negativos en la vida de Juan Pablo II como papa, pero me basta recordar el más grave de todos, a mi juicio, que lo invalida no solo como santo sino como beato. Su actitud frente al gravísimo problema de la pederastia en el clero. Desde cardenales, arzobispos y obispos, hasta simples sacerdotes y religiosos. Nunca, por lo menos en tiempos recientes, se había conocido ese ambiente de corrupción clerical. ¿Por qué? Juan Pablo II fue amigo, encubridor y cómplice de encumbrados pederastas, con lo cual la plaga se extendió como nunca se había visto.
    Y de la cuestión económica, ni hablemos, porque el papa polaco fue colaborador de toda una mafia dentro y fuera del Vaticano.
    No son detalles o, como dice un colaborador, “todos los santos tienen un pasado”: son aspectos tan importantes que hacen oprobiosa, ofensiva y sarcástica la pretensión de elevar a Juan Pablo II a los altares.

  5. Francisco Rostón: Gracias por disentir. Esta es una síntesis obligada por el espacio. Precisamente he dedicado a este papa más de 700 páginas de una biografía exhaustiva, crítica pero respetuosa (“Hombre y papa”, ed. Espasa, Madrid 2005), que tuvo ediciones antes y después de su muerte. Ahí está todo y más de lo que cuentas. Puedes disentir, pero no insultar, como haces en el primer párrafo. La próxima vez que insultes no publicaré tu comentario. Gracias.
    Esteban: Juan Pablo II envió una carta y coche a Ecône por si Lefebvre se arrepentía en el último momento de consagrar obispos cismáticos, delicadezas que jamás tuvo con Boff, Häring, Gutierrez, etc, que fueron maltratados en el tribunal del Santo Oficio. Claro, no fueron excomulgados porque no provocaron ningún cisma, pero sí castigados y destituidos de sus cátedras.
    La canonización de Juan Pablo II ya estaba en marcha antes de llegar Francisco al pontificado y da la impresión de que realiza una tarea posibilista. En todo caso, la vida personal de Wojtyla que he estudiado en profundidad es la de un santo.

  6. Pedro, me parece muy equilibrado este artículo en que se compara el pontificado de estos dos futuros santos. No obstante, me ha llamado mucho la atención la siguiente afirmación referida a Juan Pablo II:

    “Mientras que el disenso por la izquierda o de la Teología de la Liberación es castigado o cortado de raíz, la contestación por la derecha, como la del cismático Lefebvre, es tratada con llamativa condescendencia”

    En época de Juan Pablo II, la Congregación para la Doctrina de la Fe emitió dos Instrucciones (1984 y 1986) sobre los errores doctrinales de la Teología de la Liberación, pero Juan Pablo II nunca llegó a excomulgar a los teólogos de la liberación: Gutiérrez, Boff, Sobrino, etc., cosa que sí hizo con Lefebvre.

    El 30 de junio de 1988 el Arzobispo Lefebvre consagró ilícitamente a cuatro obispos. Al día siguiente, 1 de julio de 1988, la Congregación para los Obispos emitía un decreto declarando formalmente la excomunión tanto de Lefebvre como de los cuatro obispos recién consagrados. Esta excomunión se mantuvo hasta el pontificado de Benedicto XVI, que las levantó en 2009.

  7. No se como se puede llamar “condescendencia”, cuando se excomulgó al cismático Lefebvre. Por otro lado Juan XXIII es un papa muy querido, no solo por la izquierda y los teólogos disidentes, anque se apropiaran de su nombre para una organización. Casualmente a los únicos que les provoca cosquilleo Juan XXIII es a los seguidores del obispo Lefebvre, que les provoca igual repulsa Juan Pablo II

  8. Simplemente apuntar esto. Si santidad es la cualidad que por la gracia de Dios hace a una persona digna de ser mirada con respeto, y sentir que el Santo se ha mostrado a través de ella porque ha encarnado en su persona y a lo largo de su existencia y se manifiesta en pensamientos, palabras y obras, de manera que si no directamente es imitable –de la imitación de los santos trataba las lecturas que en mi infancia/juventud me inculcaban– por lo menos resulta admirable y útil como mediación a quienes nos sentimos muy lejos de algún tipo de santidad; si esto fuera así, y no estuviera demasiado equivocado, entonces mientras Juan XXIII me atrae y le puedo llamar “papa bueno”, Juan Pablo II habrá sido todo lo grande que se diga, pero en lugar de atraerme, me produce rechazo.
    Ya siento decir esto, pero es lo que es.

  9. “Claro, no fueron excomulgados porque no provocaron ningún cisma, pero sí castigados y destituidos de sus cátedras”

    El canon 1364 del vigente Código de Derecho Canónico, establece la pena de excomunión latae sententiae para el cisma, pero también para los delitos canónicos de herejía y apostasía.

    Hay que tener en cuenta que la herejía es un delito relativamente fácil de incurrir ya que es negar, o simplemente poner en duda, de manera pertinaz, cualquier verdad de fe (cfr. canon 751).

  10. Hola, amigos. Primero, rogarìa que respetaran mi apellido que es Tostón. Luego rogaría que me mostraran dónde está el insulto en el primer párrafo, porque (lo siento) pero no lo veo. Es curioso cuando algo nos molesta, recurrimos a la amenaza: “la próxima vez que insultes, no publicaré tu comentario”. Me parece bien, pero respetando el diccionario y la justicia. Nosotros que presumimos de ser muy liberales y abiertos, somos intransigentes con las crìticas. Si no publica mi comentario, no me ofende. Tranquilo: usted manda.

  11. En aras de la brevedad, no repetiré cuanto escribe Francisco Tortón de la Calle. Coincido plenamente con él incluida su crítica al autor del post.

  12. Mi colega de blog en 21rs, Jesús María Urío Ruiz de Vergara, ha hecho un lúcido comentario al tema de la canonización:
    http://blogs.21rs.es/areopago/2013/10/01/soy-un-pesado-insisto-otra-vez-en-la-que-yo-llamo-santidad-administrativa/
    Le he hecho a mi vez el siguiente comentario;
    Comparto, Jesús María, enteramente tu comentario. La dura polémica suscitada por el mío prueba la tesis de fondo, que nuestra Iglesia está dividida de forma cainita, con muchos años de inercia del wojtylismo (como prueban algunas webs) y que Francisco, si quiere unir y ser papa de todos no puede hacerse radicalmente de un equipo, si no reconciliar. Yo he vivido en propia carne el fundamentalismo de esa época, pero comprendo que Francisco, pese a su gran libertad, quiera unir sensibilidades. Gracias por tu lúcido blog. –

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    Tostón: Perdón por el lapsus al escribir tu apellido.

  13. Haring y Gutierrez nunca recibieron amonestaciones de la Congregación, que yo recuerde. Creo que si vas a poner de ejemplos a teologos perseguidos o destituídos, ni Boff o Haring son buenos ejemplos, porque hubo “tolerancia” hacia ellos. De hecho Boff se salió porque se juntó con una mujer divorciada

  14. Recuerdas mal, Esteban. Leete por ejemplo las memorias de Häring en las que comparaba el trato recibido por la Doctrina de la Fe con los tribunales nazis. No voy a contar aquí los problemas de Jon Sobrino, Küng excomulgado etc de sobra sabidos, que sin embargo nunca han abandonado la Iglesia ni han sido condenados como herejes o cismáticos.
    Lo importante es que Francisco está intentado subrayar lo positivo y lo que nos une y ayudando a reconciliar la escisión en que seguimos viendo. Gracias por tus opiniones, Esteban

  15. Estoy muy de acuerdo con que Francisco quiera unir a la Iglesia, comparto totalmente esa idea. Pero no puedo comprender la canonización de un individuo que ciertamente fue muy carismático pero fue encubridor de estafadores y pederastas y eso en alguna medida lo hace cómplice. Que su conciencia sea juzgada por Dios pero los hechos objetivos están allí. A esta altura nadie los niega aunque algunos busquen justificaciones y el que sea santo se puede decir que es escandaloso. Que busquen otra persona retrógrada para canonizar así todos estamos contentos, pero que no haya cometido estos hechos tan tremendos

  16. De acuerdo con que el Papa ha de ser de todos, pero hay que hacer cierta limpieza. No sé como se puede consentir que desde círculos ultramontanos cercanos a los Legionarios de Cristo (El yerno del Padre Maciel trabajó en esa web), el cuñado del Presidente de Canal 13, un laico que se cree en posesión de la verdad divina, se dedique a reinterpretar al Papa Francisco un día sí y otro también y utilice titulares tan ambiguos como este “A un Papa le puedes asesinar, pero no tergiversar… que es lo que está ocurriendo con Francisco” http://www.hispanidad.com/Editorial/a-un-papa-le-puedes-asesinar-pero-no-tergiversar-que-es-lo-que-est-oc-20130923-158727.html

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