La distancia entre la cara y el alma

phoenix-posterInspirada reflexión expresionista sobre la identidad humana y su reconstrucción en el oscuro Berlín de la postguerra

Con Nina Hoss y Ronald Zehrfeld, la misma pareja de actores de la galardonada Bárbara (Oso de oro en la berlinale de 2012) el realizador alemán Christian Petzold vuelve a investigar en los horrores psicológicos de la posguerra, esta vez sumergiéndose en el laberinto de la identidad perdida entre los escombros del Berlin de 1945.

Nelly, una cantante judía superviviente de Auswichtz, que regresa a la ciudad con el rostro gravemente desfigurado, es sometida a una complicada operación de cirugía estética. Con ayuda de su amiga Lene, no duda en solicitar al cirujano que reconstruya su fisonomía lo más parecida posible a su apariencia original, pues su intención es también recuperar al amor de su vida, su marido: el pianista Johannes (Johnny), que cree vivo y se empeña en encontrar entre los cascotes y la miseria de la zona americana del Berlín ocupado.

Tras una intensa búsqueda por los garitos y cabarets, donde piensa que su marido puede trabajar como músico, da finalmente con él en un local llamado Phoenix (que da título al film, desde el mítico simbolismo del Ave Fenix que resurge de las cenizas), en el que su esposo no trabaja precisamente como pianista sino como mozo de la limpieza. Éste, convencido de que está muerta, no la reconoce, pero al encontrar en ella cierto parecido con su mujer, urde la trama de utilizarla para demostrar que está viva y conseguir así la pingüe herencia de Nelly. Ella acepta seguir el juego con una doble intención: comprobar personalmente que Johnny no la traicionó, como le dicta su corazón, y al mismo tiempo recuperar el amor de antaño.

El film, escrito por el director de nuevo en colaboración con el tristemente desaparecido Harun Farocki, desarrolla un intento de reconstrucción de identidades rotas por el horror nazi a través de la inmersión en un lúgubre y deteriorado apartamento donde el antiguo pianista, ciego al descubrimiento de su esposa, comienza a instruir a la “desconocida” como un paradójico Pigmalión en la forma de andar, vestir y hasta escribir de Nelly. Con un estilo heredero de los claroscuros del viejo expresionismo alemán y la ambigüedad de un suspense psicológico de extirpe hitchkoniana, Petzold consigue adentrarnos en el abismo de matices de dos identidades separadas por la tristeza, la nostalgia, la soledad y la incomunicación de la guerra. De forma que elementos folletinescos y melodramáticos llegan a cristalizar en arte, sobre todo gracias a una interpretación cuajada de sensibilidad y expresiones preverbales de Nina Hoss, extraordinaria actriz fetiche del realizador, en esta cuarta colaboración de ambos.

La historia concreta se convierte en universal al meditar sobre el rostro como careta de la identidad humana. Se da la paradoja de que el verdaderamente irreconocible es Johnny, que no ha sido quirúrgicamente intervenido, mientras que tras la nueva faz física de Nelly aparece la auténtica identidad de la mujer enamorada, el alma que su marido es incapaz de reconocer porque siempre se movió en parámetros materialistas de egoísmo frente a la prueba del dolor.

Algunos han tachado el film de reiterativo y alargado. No es esta mi opinión, pues se mueve en una espiral contemplativa desde la interioridad, la nueva cárcel voluntaria a la que se han sometido, que viene a ser como una redoma donde dos almas se confrontan y analizan. Por eso la historia había de ser ambientada con una puesta en escena donde los seres humanos se mueven entre escombros, papeles amarillentos, espacios dominados por la muerte, la oscuridad y el miedo.

Eso sí, para paladear esta película hay que entrar en el suspense psicológico de rostros, ambigüedades de seres desestructurados que están y no están, se encuentran sin reencontrarse y sobre todo de miradas preñadas de silencios que dicen mucho más que las palabras desde los ojos de Nina Hoss. El matiz de lo femenino, en una Nelly aprendiendo a ser Nelly de manos de su marido ausente, se revela en cada detalle: los zapatos del París, la moda de peinado preferido, la copia de la lista de la compra que ella misma había escrito, en una palabra el juego sublime de interpretarse a sí misma ante la complicidad de un espectador-sabedor. Puede achacársele al film cierta falta de verosimilitud. Por ejemplo, ¿cómo a pesar del cambio de cara no puede el marido reconocer a su esposa? ¿Tan fuerte es su trauma? Son licencias fílmicas lícitas para no romper la coherencia de la parábola.

Pues más que una metáfora de la reconstrucción de la Alemania postbélica, Phoenix es una reflexión sobre la verdad y la apariencia, un tema de rabiosa actualidad también para un mundo como el nuestro donde la sociedad se ve dominada por el continuo uso de caretas y la utilización manipuladora de la imagen en función del éxito y el lucro.

Se pueden encontrar huellas estilísticas de Los ojos sin rostro (Georges Franju, 1960), o La senda tenebrosa (Delmer Daves, 1947) y hasta reflejos de Vértigo (Alfred Hitchcock, 1958). Pero al final sobrenada siempre el examen de conciencia de la irracionalidad brutal de una guerra que aún no ha cicatrizado en nuestras conciencias, y una constante constatación fílmica de que las situaciones límite de la vida acaban siendo laboratorio eficaz de nuestros más profundos referentes éticos, como el de la autenticidad, el vínculo entre lo que somos y parecemos.

Titular Original Phoenix Producción Schramm Film Koerner & Weber, Arte, WestDeutscher Rundfunk (W.D.R.), 2014 Dirección Christian Petzold  . Guión Christian Petzold, Harun Farocki sobre novela de Hubert Monteilhet Fotografía Hans Fromm Música Stefan Will Distribuidora Golem Estreno 4 Junio 2015 Duración 98 min. Intérpretes Nina Hoss (Nelly Lenz), Imogen Kogge (Elisabeth), Ronald Zehrfeld (Johannes “Johnny”), Kirsten Block, Nina Kunzendorf (Lene Winter), Michael Maertens (Arzt), Eva Bay (Tänzerin)

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