Los “sin techo”, según Richard Gere

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El galán transformado en pordiosero siempre despierta un cierto interés morboso en el espectador. Este es en realidad casi el único gancho comercial de Invisibles, un docudrama honesto y bien intencionado, producido por el propio actor Richard Gere, comprometido hace doce años con los sin techo de Nueva York, con varias ONG y loables causas sociales. Aquí se ha echado en brazos del realizador israelí nacionalizado estadounidense y prácticamente desconocido en nuestro país Oren Moverman, que dirige en este caso su tercer film después de The Messenger (2009) y Rampart (2011).  Con guion del propio Moverman  está basado en una historia de Oren Moverman y Jeffrey Caine y obtuvo el premio FIPRESCI de la crítica internacional en el festival de Toronto.

Su exhibición y estreno se ha convertido, también en España, en un alegato en defensa de los sin techo, temática exclusiva de Invisibles (Time of mind, título  original tomado de un álbum de Bob Dylan), que se desarrolla en la ciudad de Nueva York, donde deambulan nada menos que unos 600 mil vagabundos. Parece que muchos de ellos  se han visto acertadamente reflejados en el film.

La película en realidad tiene dos protagonistas: las calles indiferentes y heladoras de la Gran Manzana, y Richard Gere, que hace loables esfuerzos por meterse en la piel de George un homless del que apenas sabemos nada. Simplemente que bebe, no tiene un centavo, carece de un sitio para dormir y ha roto, al parecer por abandono en la infancia, con su única hija, Maggie, que trabaja en un bar y tiene un ligue afroamericano. Todo lo demás es soledad, rutina y vegetar por las calles en busca de un centro de acogida por las noches y poco más. Eso sí, se ha cuidado que el sonido-ambiente de la gran ciudad suba continuamente a primer plano de la banda sonora para subrayar una imagen documentalista, que, al parecer ha sido rodada desde de lejos,  las puertas y ventanas de edificios cercanos para que los viandantes no advirtieran la presencia de las cámaras. El equipo de rodaje asegura que la mayoría ni siquiera reconoció a Richard Gere.

Se diría que la intención de Moverman es filmar el tedio y el desvalimiento de un hombre sin pasado ni futuro, perdido en un bosque de asfalto, que no cuenta ni para la gente, demasiado apresurada de la sociedad de consumo, ni aún menos para las instituciones, trufadas de burocracia y desprecio por la persona humana.

En su planteamiento de objetividad el realizador presenta unos centros de acogida neoyorquinos que, sin ensañarse en la crítica, muestran sus grandes agujeros: absurdas leyes que exigen partidas de nacimiento a personas completamente desarraigadas, funcionarios en su mayoría indiferentes, y pésimas condiciones de habitabilidad.

La columna vertebral del film es  el divo Richard Gere, que por mucho que lo intente, y lo intenta de veras, no puede desprenderse de la frialdad distante del protagonista de Pretty Woman y tantos otros films. Tanto él, que no deja de aplicar las técnicas del Actors Studio, como la película en sí misma no llegan a suscitar ni identificación, ni compasión, ni mucho menos lágrimas. Quizás porque es uno de esos que “no puede dejar de ser guapo”.

Es cierto que Moverman, autor también del guion, no  pretende caer en el melodrama en su proyecto de ofrecer un testimonio objetivo, pero probablemente la historia hubiera sido muy diferente con otro actor que transparentara mayor fragilidad e  interioridad. Pretensión imposible, claro, si el productor es el propio Ricard Gere, que no puede evitar no lucirse aunque “de otra manera”. Planteamiento del guion es  que no conozcamos su pasado, aunque se intuya por la pinta de George, que fue “alguien” em su juventud. Pero es que tampoco ahondamos en su presente, porque la película no ofrece suficiente credibilidad psicológica, ni motivaciones, ni introspección. Quizás para mostrar que George en realidad no es nadie.

¿Y qué decir de la pretendida objetividad fílmica? Todos tenemos in mente momentos estelares, por ejemplo del neorrealismo italiano, donde la buscada espontaneidad de los planos-secuencia, por ejemplo en Ladrón de bicicletas o Milagro en Milán, tenía detrás siempre toda  una cuidada elaboración artística. El cine, como todo arte,  parcela, encuadra la realidad y obtiene su credibilidad de un determinado modo de mirar e interpretar, también cuando pretende reflejar la situación social. Y la emoción estética es el resultado de la inspiración que elige. En este sentido Invisibles no deja nunca su aire lineal,  premioso y en mi opinión forzado.

La deseada carencia de trama cuenta con algunos puntos de inflexión: el encuentro con otro “sin techo”, Dixon, que aunque desestructurado y sin parar de hablar,  ayuda a Geroge en cierto despertar, y la relación sexual  con otra mendiga, Karen, en plena calle, aspectos que parecen abrir alguna ventana a la esperanza.

A pesar de todo lo dicho, hay que alabar esta rara avis en el panorama hollywoodiense por su valentía y su denuncia de una problemática que aqueja a todas las grandes ciudades, tan prósperas para unos y denigrantes para otros. Con todo, la taquilla no ha ido mal en Estados Unidos, sin duda por el interés de ver a Gere reducido a la miseria, y la crítica le ha dispensado una excelente acogida, calificándola, como elogio, de acercarse al “cine europeo”. Casi nunca han sabido degustar el realismo europeo, por ejemplo de un Eric Rohmer. Es verdad  que tampoco se debe ir a ver este tipo de films como una diversión. Pero la historia del cine nos ha mostrado cientos de veces en que el realismo más crudo y la denuncia no están reñidos ni con la profundización ni con la creación que despierta emoción estética.

Titulo Original  Out of mind. Producción:  Cold Iron Pictures, Lightstream Pictures. Estados Unidos, 2014. Guión y Dirección: Oren Moverman, basada en una historia de Oren Moverman y Jeffrey    Caine. Fotografía: Bobby Bukowsk. Música: Sarah Bromberg. Distribuidora: Emon. Estreno: 18 de diciembre  201. Duración: 120 min. Intérpretes: Richard Gere (George), Steve Buscemi (Building Manager), Jena Malone (Maggie), Ben Vereen (Dixon), Geraldine Hughes (Maire), Jeremy Strong (Jack), Michael Kenneth Williams (Mike),

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