Por fin, Gernika en el cine

Gernika

 

 

 

 

 

 

 

Todos los bombardeos de relevancia histórica tienen sus películas: Pearl Harbor, Hiroshima, Dresde. Solo Guernika, que cuenta, eso sí, con el monumental cuadro de Picasso, carecía hasta ahora de ella. ¿Por qué? Seguramente por dos razones fundamentales: la prolongada dictadura franquista, y las limitaciones de la industria cinematográfica después, ante una superproducción que exigía un despliegue económico y tecnológico inaccesible entonces.
Por otra parte el hecho en sí mismo se ha convertido en un tótem, un símbolo universal de los desastres de la guerra. Como todo el mundo sabe, el bombardeo de Guernica (Operación Rügen) fue un ataque aéreo realizado sobre esta pequeña población española el 26 de abril de 1937, en el transcurso de la Guerra Civil Española, por parte de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, que combatían en favor del bando sublevado contra el gobierno de la Segunda República Española. Las estimaciones actuales de víctimas ha sido objeto de polémica, hoy cifran los fallecidos, en un rango que abarca de los 120 a los 300 muertos, 126 según el estudio más reciente y exhaustivo, gracias a los refugios. Lo incontestable es que en la práctica fue la devastación, la aniquilación de todo un pueblo.
Lo más curioso es que la iniciativa de Gernika, la película que comentamos, partió de unos productores malagueños que acudieron a Koldo Serra, que llevaba diez años, después de Bosque de sombras (2006) sin realizar otro film. El director vasco aceptó el desafío, con un presupuesto de diez millones de euros, que él consiguió reducir a seis en su producción final. Para ello tenía, a mi entender, dos salidas posibles: realizar una película testimonial, más a lo Ken Loach, donde profundizar en los aspectos sociopolíticos y humanos de la tragedia, o bien, el camino por el que ha optado, una superproducción internacional que pudiera venderse eficazmente en el extranjero. Para ello se hizo con un reparto espectacular, integrado tanto por importantes actores nacionales como María Valverde, Álex García, Bárbara Goenaga, Víctor Clavijo o Julián Villagrán, como por estrellas internacionales entre las que destacan los ingleses James D’Arcy y Jack Davenport, el anglo-estadounidense Burn Gorman o la sueca Ingrid García Jonsson.
Teresa es una joven vasca que trabaja en la Oficina de Prensa, en realidad de Propaganda y Censura, de la República en Bilbao, bajo las órdenes de Vasyl, un ruso que la corteja. En el arranque del relato choca con Henry Howell, el típico reportero alcoholizado estadounidense, corresponsal de guerra del The New York Times-Herald Tribune, que cubre desganado el conflicto español. Pero la joven, identificada con los ideales de la República, consigue a través de algunas visitas turísticas al País Vasco, y luego a un caserío de su familia en Gernika, interesar por la verdad de la guerra al americano, que hasta ese momento se alimentaba de tópicos y rumores. Se produce el inevitable triángulo amoroso, mientras el film narra en paralelo la preparación del bombardeo por la Legión Cóndor, comandada por el teniente coronel Wolfram von Richthofen, contra un pueblo que ni siquiera contaba con defensas antiaéreas; también, la vida cotidiana en Vizcaya y algunas pinceladas de la represión contra los disidentes, tanto del lado franquista como de los colaboradores soviéticos.
La historia tiene algo de homenaje a los periodistas que contaron de primera mano aquella histórica masacre. Sobre todo a la crónica de George Lowther Steer, uno de los grandes reporteros extranjeros presentes en la zona republicana. El inglés Steer envió desde Bilbao su crónica al londinense Times, que también acabó publicándose en el neoyorquino The New York Times. La noticia saldría además en el francés L’Humanité, el periódico que leía Pablo Picasso, que en 33 días realizaría su famoso mural. No olvidemos que en este caldo de cultivo nacen también los mitos de Capa y Hemingway,
Lejos de la estética usual de nuestras películas sobre la guerra, rodadas por lo general en un polvoriento tono ocre, Koldo Serra ha optado por un brillante y contrastado colorido que realza la belleza paisajística del País Vasco y una cámara creativa, que mira al mundo desde la altura de los ojos, los del corresponsal que asiste atónito a los acontecimientos. Dos son sus principales ingredientes: la recreación del bombardeo, para el que, según asegura el director, no se ha servido mucho de trucaje técnico (exceptuado los aviones), sino que ha filmado con fuego, explosiones y humo reales, para prestarle credibilidad; y segundo, con la historia más destacada por el guion: la trama amorosa, la que predomina lamentablemente en la película.
Esta adquiere momentos visuales bien logrados, y hasta rompedores en sus encuadres, ritmo, montaje, transiciones, sobre todo durante el bombardeo. Tampoco se puede negar que la interpretación de Jame D’Arcy y María Valverde supera los estándares de este tipo de producciones, pero sin que juntos logren conmover o bien porque carecen de química en su pareja cinematográfica, o porque el guion en sus matices no da más de si. Hay escenas claramente sobrepasadas, como cuando Teresa muestra el lugar donde se preservan las obras de arte, o el desenlace amoroso en la calle, en medio del fragor de las bombas.
No es de extrañar, si uno escucha las declaraciones del realizador: “Es un melodrama al uso, con amores y desencuentros políticos, con una estética cercana a la de las películas sobre la Segunda Guerra Mundial al estilo El desafío de las águilas o la serie Band of brothers, porque transcurre en parajes verdes, hay mar, en un espacio muy atípico como Euskadi, con católicos republicanos, curas a favor del Gobierno”.
Ello no justifica sin embargo, que los secundarios, como el ruso, el alemán, la fotógrafa, se queden en meros estereotipos sin alma, dignos de un viajo tebeo de “Hazañas bélicas”. Algo más de humanidad se puede percibir en el anecdotario bajo las bombas, que nace de relatos reales de algunos supervivientes: la mujer que abre con su llave una puerta que no conduce a parte alguna; o la señora franquista que se une en el refugio a los republicanos, mostrando que la guerra iguala a todos. Aunque evidentemente la película es sobre todo antibelicista y antifascista, está muy cuidado el aspecto de que no se convierta desde el punto de vista político en un panfleto sectario, pues hay rusos tan malos como alemanes, o respeta las diversas lenguas que hace presentes en el film: español, euskera, inglés, ruso, alemán. María Valverde por ejemplo, que luce su inglés, tomó varias clases de euskera.
En conjunto pues el balance es positivo. Se trata de una superproducción internacional digna, profesionalmente bien realizada, con suficiente ritmo, y que transmite los datos esenciales de una brutal acción bélica contra un pueblo indefenso, -donde se enraíza el famoso árbol, símbolo de la identidad del País Vasco-, una terrible historia que puede, a través de ella, ser más popularmente conocida. Es cierto que, como sucede todavía con muchos episodios de nuestra guerra, falta aún la película que ahonde en las motivaciones políticas y los sufrimientos humanos que la atravesaron con profundidad y credibilidad fílmica. Pero no es poco constatar que finalmente el bombardeo de Gernika tiene su película.

2 Responses to “Por fin, Gernika en el cine”

  1. Me alegra mucho que esta historia tragica producida por los hombres haya sido llevada al cine. Hace 16 anos frente al mural de Picasso. Pregunte porque no habia sido llevado al cine y nadie supo responder. Tengo muchas fotos de Guernica. Este episodio de la historia espanola es poco conocido internacionalmente.

    Gracias por su explicacion Pedro Miguel, que no me la perdere cuando llegue a Canada.

  2. Pienso ver la película y creo también que Guernica se merece una buena película que nos haga recordar a todos la Guerra civil.

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