El ángel guaraní

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Entre las obras que se encuentran en el museo de la reducción jesuítica de San Miguel, hoy localizada en Brasil, me impresionó esta cabeza de un artista anónimo guaraní.

Probablemente rescatado de un incendio, este rostro de ángel humano transmite un encanto especial, toda una forma de contemplar el mundo.
Los ojos indígenas oblicuos miran con paz y algo de melancolía, como desde una serena distancia hacia el mundo que le rodea. El artista guaraní, a diferencia de los modelos barrocos que le importan de Europa -por lo general con la mirada dirigida en éxtasis hacia el cielo-, hace que su ángel mire a la tierra, a los seres humanos como a sus semejantes y a su entorno con una mirada entre melancólica y soñadora.
Por otra parte la media sonrisa contenida evoca al mismo tiempo el gusto de estar bien dentro de sí mismo y cierto sentido del humor con que relativiza el mundo exterior, como si estuviera diciendo: “Estoy dentro y fuera de este mundo, a vuestro lado y en un lugar íntimo donde nadie me puede perturbar. Desde mi paz os quiero, a la vez que me río un poco de vosotros.

¿Por qué olvidáis que vivir es amar sabiéndoos de paso?”

One Response to “El ángel guaraní”

  1. Magnífico el detalle minucioso de las ondulaciones del cabello, las cejas color azabache y la tez indígena.
    Me gusta también la forma de mirar de Pedro Miguel, que sabe detenerse y apreciar estos pequeños detalles

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