Solo soy cuando dejo de ser

estrella

Un pequeño poema sobre el vacío necesario para encontrar la luz de la permanencia

EL PUNTO DE LUZ
Sólo soy cuando dejo de ser
y vuelco la existencia sobre el vano
vacío de la sombra.

Me pierdo y me descubro
en la sima abisal de la marea.
El tiempo es solo ola
la vida permanencia.

Sé que estás prendido de la estrella
allí donde la estrella ha dejado de serlo
y es el punto de luz
donde amanezco.

Pedro Miguel Lamet

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La ermita y la fortaleza

Ermita

Dos edificios, dos símbolos. Ambos suelen estar separados en las afueras de nuestros pueblos. Aquí, en Cortegana (Huelva) están juntos. El castillo, en lo más alto y bien pertrechado e inexpugnable, para impedir que entren los malos, con torres, cañones, almenas, zanjas y puentes levadizos. La ermita, pequeña con sus frágiles paredes  de cal, agazapada en un valle silencioso, sólo turbada por la algarabía de los días de la fiesta patronal, pero siempre humilde, abierta a todos incluidos los más débiles.

Dos símbolos y dos estilos. (más…)

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Cuando la Justicia falla

El veredicto  es un thriller clásico antisistema de tema jurídico, muy riguroso, que pretende ser un alegato contra la indefensión que producen los llamados “defectos de forma”, algo muy de actualidad

El thriller jurídico, subgénero exitoso del cine negro, ha marcado grandes hitos en la historia del cine, desde Testigo de cargo (1957) a El dilema (1999), pasando por Matar a un ruiseñor (1962), Anatomía de un asesinato (1959) o En el nombre del padre (1993), entre muchos. A la intriga policíaca, siempre eficaz, se suma en estos filmes la capacidad del cine para la penetración psicológica a través del primer plano, la agudeza mental de los diálogos y la tensión ética y argumental hasta que conocemos el veredicto. Precisamente así, El veredicto,  se titula la obra que comentamos, suceso de taquilla en Bélgica y premio en Montreal.

Una noche fatídica convierte en un infierno la vida feliz del ingeniero Luc Segers, (más…)

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Ser otoño

INDIAN SUMMER IN BERLIN

Cuando suena el móvil es como si el mundo se detuviera y perdiéramos el yo absorto, prendido de la conversación lejana.

Incluso subimos la voz, como si estuviéramos solos en el mundo los dos, mi móvil y yo, sin advertir si hacemos ruido, molestamos a otros o estamos pregonando al aire historias que afectan sólo a nuestra intimidad.

Hasta se esfuma el paisaje a nuestro derredor, esta explosión de rojos, ocres, amarillos del melancólico otoño con que las hojas se despiden de su ya viejo verdor de primavera y nos evocan el leve suspiro que somos, distendidos en el tiempo, entre el verano y el invierno.

Párate, desconecta y escucha en directo el rumor de los árboles; aspira los olores del otoño y quémate con el fuego de sus colores, antes de que sea tarde y las ramas se tornen desnudas y ateridas, como tu alma. Que el ruido-ambiente no te prive de sentirte vivo y exclamar con el poeta: “Soy otoño, menos cuando me besas”.

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Ahora sé que soy música

musica

Ante tanta negatividad, corrupción, tristeza programada, miedo difuso, me gustaría proclamar que somos parte de una sinfonía como notas perdidas que no han tomado conciencia de su esencia de música. La gran tarea del momento es recuperar la armonía con el Todo al que pertenecemos.

AHORA SÉ QUE SOY MÚSICA

“Ahora sé que soy música”,
dijo el río, el pájaro y el chopo,
la piedra, la naranja, el pez, el niño,
la crisálida, el pan, la luna, la ladera,
el pelo de mujer, todo el paisaje…

Mundo-armonía,
pentagrama escondido que silencian
los grandes altavoces.

Se asomaban al aire tan desnudos
que eran sombra del aire.
Y perdido en sus notas se me iba,
como lengua de agua, mi voz
en su hermosura,
mi pena en su lamento,
mi lágrima en la risa,
mi viejo Dios
en su divina parsimonia
privado de adjetivos.

Supe entonces que ser es ser silencio
porque el alma se entienda sinfonía.
Pedro Miguel Lamet

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El lampadario

Lampadario.conil

Hoy día hay lampadarios para todos los gustos. Los hay electrónicos, que se activan con una moneda, y hasta los que pueden encenderse a larga distancia, incluso por Internet. Pero a mí me gustan los lampadarios de toda la vida, donde la vela se consume ante la imagen del Cristo o la Virgen como un trasunto de la propia existencia. Se quema la cera como me voy quemando yo, disminuyéndome con el paso del tiempo, las penas y alegrías de mi peripecia humana.

Cuando enciendo la llama, es como si tomara conciencia de que soy luz en la medida en que me voy gastando en iluminar en mi entorno y llegar a ser cera derretida un día, tarde o temprano; pasar de luz temporal, a reencontrarme con la luz total de la que broté.
En estos lampadarios entre las sombras entrañables de las iglesias de pueblo, con la moneda y la candela dejo mi plegaria y mi no-ser para  ser, donde me igualo a la pobre viuda del evangelio, al publicano humilde, y al Cireneo que se arrima al dolor de los demás, y a cualquiera que vela vigilante en oración en medio de la noche. Quizás estos pensamientos movían al santo jesuita José María Rubio a exhortarnos a vivir “como lámpara encendida”.

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Mi adiós a Juan Miguel Lamet

 

Juan Miguel LametHe dedicado muchas horas este verano a la contemplación del mar. Como otros años me he retirado a escribir en solitario a un pueblo de pescadores del Algarve y luego a unas cortas vacaciones con la familia en Conil (Cádiz). El mar me devuelve la energía primera, la de mi infancia y mi vocación. Para mí sigue siendo el símbolo más perfecto de la divinidad. Lo miro sin conceptualizarlo, simplemente llenando la mirada de su plenitud.
Entonces poco a poco va desapareciendo mi yo, y mi alma se sumerge en el todo al que pertenecemos, del que venimos y al que vamos, o mejor del que ya somos. Casi todas nuestras preocupaciones parten del “yo-personaje”, el que creemos ser (una identidad exterior formada por la personalidad, las cualidades, los defectos, las aficiones, los deseos, la figura privada y pública que nos hemos formado durante la vida). Pero no somos eso. Hay algo más íntimo y profundo, un remanso interior donde estamos bien, un hontanar de luz que es nuestra verdadera y auténtica esencia.
Desprenderse del “yo pequeño” para descubrir ese “yo grande” es la tarea de cualquier camino profundo de espiritualidad. La renuncia de uno mismo que enseña Jesús no es una mutilación de mi mismo, ni la cruz una vía negativa. Cuando disminuyo ese personajillo, va amaneciendo esa paz que no tiene límite, esa conexión a la raíz, y te das cuenta de que ninguno de tus frutos o flores están desconectadas del Árbol de la Vida, del que eres sólo una rama, a veces olvidada de su savia.
Cuando me encontraba en Conil con mis hermanos, nos llegó la noticia de que nuestro primo hermano Juan Miguel Lamet, (más…)

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Meditación sobre el selfie

selfie

El selfie se ha puesto de moda. Se trata de disparar una autofoto, generalmente con la cámara delantera del móvil, para incluirse en paisaje de fondo y divulgarla por la red. Los selfies pueden resultar peligrosos si se realizan en situaciones comprometidas, como hemos comprobado en noticias recientes: un matrimonio polaco que se despeña por el cabo de Roca en Portugal, otra familia que cae al apoyarse en una balaustrada insegura en Sitges, gentes que sufren accidentes al hacerse el selfies conduciendo al subirse en un vagón de mercancías y en otras situaciones comprometidas.
La autofoto es una manifestación más del protagonismo mediático del que somos víctimas. Se trata a toda costa y nunca mejor dicho de “salir en la foto” y alcanzar popularidad sea entre los amigos de las redes sociales, sea en una grabación para youtube. (más…)

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El dilema ético del fotoperiodista

Mil veces buenas noches

 

Nil veces

 

El dilema ético del fotoperiodista en zonas de conflicto con una interpretación antológica de Juliette Binoche

Nunca como  ahora hemos asistido en directo a los más graves acontecimientos mundiales. La presencia de una cámara en cualquier tragedia o conflicto bélico se ha convertido en una obligación informativa y también en un negocio, la venta de la noticia por encima de todo. Ello comporta una serie de interrogantes éticos. ¿Puede el fotoperiodista en conciencia dar cuenta de un hecho tan grave como la autoinmolación de un hombre-bomba sólo para contarlo, sin intervenir de alguna manera, sin denunciar? ¿Está el scoop, la exclusiva, por encima de todo, incluso de la vida privada? ¿Es la información un agente real de cambio en nuestra sociedad?

Todas estas preguntas y más se formula el director noruego Erik Poppe (más…)

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A veces, cuando vuelves

 

bici-mare

 

De muchos modos y maneras Dios se nos comunica en la vida. En mi juventud, cuando tenía diecisiete años, disfrutaba a pleno pulmón de la biblicleta proque, como había sido un niño enfermo, con tuberculosis ósea en la cadera, me costó mucho volver a pedalear. Empecé a usarla a medio pedal hasta que conseguí dar la pedalada entera. Entonces mi hermano menor, Miguel Ángel corrió muy contento a contárselo a nuestra madre: ¡Pedro ya puede pedalear del todo! Y la bici se convirtió para mi en sacramento del encuentro con la naturaleza, particularmente junto al mar de Cádiz, un infinito que la abraza.

Aprendí entonces a saborear el silencio a piñón libre para poder escuchar el Mar…

 

A VECES CUANDO VUELVES

A veces, cuando vuelves,
de nuevo soy aquel
que en bicicleta
renacía del mar
el aire y el silencio,
compañero de amor,
mi Dios de cerca;

y escucho en mí otra vez
el canto agudo
del piñón, lanzando la cadena,
mientras, azul el cielo,
volaban gaviotas.

Me renacen las teclas olvidadas
de un piano de agua
y de requiebros.
Oh voz, palabra familiar,
desde la sangre antigua,
llamándome otra vez
a ser del todo
una gota en el mar
polvo del aire,
y andar con los bombachos
soñoliento
por las olas sin rumbo
que inventa el horizonte.

Pedro Miguel Lamet

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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