Fernando: ¡Mantén vivo tu sueño!

Fernando Äbalos en sus tiempos de director de 21RS

Fernando Ábalos en sus tiempos de director de 21RS

Tenía algo de tímido y de osado, como el que no rompe un plato después de haberlo roto todos. Era todo lo contrario a los que, según mi amigo Juan Masiá, se meten en el furo con bañador puesto. El furo es ese baño caliente vertical donde los japoneses se suelen introducir para relajarse antes de la comida. O con otras palabras, un religioso que había despertado por dentro. No era un hombre protegido por la norma como empalizada o chaleco antibalas, sino hijo de la libertad de los hijos de Dios.

Quizás fueron sus años de misionero en el Japón precisamente los que le abrieron el alma al Universo. Recuerdo que admiraba al gran Arrupe, que también despertó en Japón el día fatídico de la bomba atómica. La bomba de Fernando Ábalos fue transformar la centenaria revista Reinado Social en 21RS, cumpliendo un sueño que teníamos varios periodistas posconciliares hacia los años setenta, como Manolo Unciti y un servidor. Entonces la idea era un semanario no pío, católico de fondo, comprometido con la fe, la realidad y la justicia social. Lo definíamos como la Gaudium et Spes de cada semana.

Fernando logró cuajar ese proyecto cada mes en la actual 21RS. Y lo hizo sencilla pero eficazmente, atravesando tiempos difíciles para la información en la Iglesia, vigilado por los cuatro ojos de Rouco y el Nuncio. ¡Cómo disfrutaría con el aire limpio y libre del papa Francisco! Descansa en paz de tus muchos desvelos, querido Fernando, y desde tu acción de gracias celeste, esa eucaristía sin fin, acuérdate de los profesionales y hermanos que mantienen vivo, no sin dificultades tu sueño.

 

 

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Mansedumbre y cortesía

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Me conmueve esta terracota que adquirí hace tiempo en Asís. El frailecillo que camina sobre un asno va a predicar más que con su palabra con su mansedumbre, que tiene su origen en la profunda paz del alma unida a Dios: “La paz que anunciáis con la boca, tenedla en más alto grado en vuestros corazones. No seáis para nadie motivo de ira ni de escándalo, sino que vuestra mansedumbre impulse a todos hacia la paz, la benignidad y la concordia” (TC 58). Esa quietud interior de  Francisco tiene una amplitud sin límites: aceptar el “hoy” tal como se presente, alabando a Dios “por el nublado y el sereno y por todo tiempo” (Cántico de las Criaturas); abrazar las contrariedades, viéndolas en el plan de la divina providencia. Una mansedumbre que se manifestaba también en cortesía: Como hombre de oración pensaba que “la cortesía es una de las propiedades de Dios quien, por cortesía, da su sol y su lluvia a justos e injustos, y es hermana de la caridad” (Florecillas 36). (más…)

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Un chiste de Forges para Patino

Un buen homenaje a dos hombres de Iglesia a los que los españoles debemos mucho.

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Pablo: ¿se cayó del caballo o se volvió loco?

El cuadro de Murillo representa la caída del caballo de Pablo camino de Damasco. Lo que le haría pasar de perseguidor de los cristianos a su mayor apóstol entre los gentiles.

 

Pablo de Tarso, el personaje más polémico y documentado del Nuevo Testamento, fue tan conflictivo en vida como a través de la Historia, suscitando una intensa controversia hasta nuestros días: desde la herejía del dualista de Marción en el siglo II, a recientes estudios que pretenden demostrar que Pablo no dejó de ser judío y nunca fue cristiano, pasando por la teoría de la justificación por la fe de Lutero en el siglo XV, que dio origen a la Reforma, y la rocambolesca tesis de que fue el culpable remoto del exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Toda la cultura del hombre de la calle suele reducirse a que es “aquel que se cayó del caballo para convertirse de perseguidor de los cristianos en su mayor apóstol entre los gentiles”, junto a la enigmática impresión que dejan algunas de sus cartas. Se diría que Pablo resulta demasiado “subido” y teológico para un lector medio, o que produce la impresión de radical, orgulloso, antifeminista y hasta antipático y regañón para el que no profundiza en su personalidad. Dado el estado actual de las investigaciones, ¿qué hay de realidad y de mito en el perfil humano y religioso de este personaje considerado como el verdadero fundador en la práctica del cristianismo? (más…)

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El jesuita que hizo la transición eclesial

PatinoHoy hubiera cumplido noventa años. Justo ayer nos ha dejado José María Martín Patino, el jesuita artífice de la Transición eclesial junto al que fue su alter ego y amigo del alma el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. A la cabecera de su cama me dijo hace un par de días sin ocultar la emoción: “Fue el hombre de mi vida, un gran cardenal y un excelente amigo”. En Martín Patino depositó el entonces presidente de los obispos la confianza, de tal manera que los periodistas le llamábamos la “mano izquierda de Tarancón”.

Todavía ayer, en medio de terribles dolores, mostraba José María su reciedumbre de castellano sobrio y seguro de sus convicciones. La vida le había curtido desde niño. (más…)

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A tientas de un gran día

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Esta cuaresma vuelvo a meditar sobre el misterio del tiempo con este poema de presencia y ausencia, de ya sí, pero todavía no, de gozo por el regalo de la vida y sorpresa de no ver del todo.

A TIENTAS DE UN GRAN DÍA

No hay día que no estrene cada día

como un niño que abriera su regalo

que abraza la belleza

de la creación entera.

 

No hay día que no busque tu presencia

en el fulgor de gentes y paisajes

que cruzan a mi lado como un río

despeñado hacia el mar irremediable.

 

Ni día que no abisme mi mirada

en el cráter del miedo de otros ojos,

o que ría con la risa que hace leve

este mundo de paso y de nostalgia.

 

Son días que cuento como meses

y meses que andan como años

a zancadas de tiempo y primaveras

para florecer definitivamente.

 

Pero a tientas aún del único gran día.

 

Pedro Miguel Lamet

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Cuaresma, una celosía de la Pascua

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En mi imaginario de infancia la Cuaresma está velada por ceniza, paños morados y la idea de penitencia. A diferencia del Adviento que estaba impregnado de esperanza y caminos hacia la alegría de la Navidad, parecía que el centro de este tiempo tenía que ser casi obligadamente el pecado.
Era como una losa para mi frágil sensibilidad de niño enfermo. Yo había sentido el dolor en mi pierna. De niño tuve una coxalgia, enigmática palabra con la que se me ocultaba mi verdadera dolencia: una tuberculosis, término maldito entonces que llevaba en mi caso el calificativo de “ósea”, pues me afectaba directamente a la cadera. Como no existían aún antibióticos, me escayolaron desde la cintura para abajo, lo que suponía llevarla durante un año ser conducido en un carrito y guardar reposo (Luego fue sustituida por un aparto). Semanalmente me conducían a una clínica donde me extraían pus con una jeringuilla de la cadera.
Tuve una infancia sin poder jugar ni brincar como los demás niño y protagonizada por un intenso e inolvidable dolor.
La vida entonces era para mi ya cuaresma física y calvario impuesto. (más…)

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El alma del pescador

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En el rostro de este pescador perdido en el tiempo, gracias a los pinceles de un pintor, se ha quedado congelado todo un mundo de matices: el trajín de las redes y el horizonte del mar, el miedo a la galerna y la noche entera faenando sin pescar nada. Sus ojillos siguen desde el cuadro escrutando el futuro y tienen vivo el primer amor y la primera muerte, el cabrioleo plateado de los peces recién capturados y muchas jornadas de brisa sobre su curtido rostro.
Vamos de paso. Solo el arte, que es una forma de amor, puede abrazar el alma escondida de este pescador anónimo de 1890, cuyo retrato se conserva en el museo de Oporto, eternamente vivo para quien sea capaz mirarlo.

Así debe ser la mirada de Dios sobre cada una de nuestras pequeñas vidas.

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Un rincón de la “tierra sin mal”

 

Sao Miguel

São Miguel das Missões. Luz y sonido. Río Grande del Sur. Brasil (Foto: PML)

Como una llamarada en medio de la noche, como una flor exótica y barroca en tierras de América, hoy Brasil, se eleva este templo de San Miguel, patrimonio de la humanidad. Como un milagro en torno a estas iglesias de piedra que parecen trasplantadas de la España del siglo XVII floreció un sistema de vida, unas comunidades autogestionadas, las famosos reducciones jesuíticas, únicas en la historia, donde la educación, el trabajo, el arte, la música, la imprenta elevaron el espíritu de los guaraníes demostrando que era posible su viejo ideal de encontrar una “tierra sin mal”.
Hoy sus ruinas son visitadas por los turistas y a pocos metros se palpa la miseria y la desigualdad de los sucesores de aquellos indios artesanos e ilustrados. Sus selvas han sido taladas, su cultura borrada, su ideal domesticado por la falsa utopía el del consumismo de la publicidad y la televisión. Ante el pesimismo que nos invade surge una añoranza a la vuelta a la naturaleza, la solidaridad, el trabajo digno en paz, y la poesía y el arte como respiración de la trascendencia. Si fue posible una vez, ¿por qué no ahora?

 

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El sabor eterno del tiempo

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Tiene algo de nostalgia despedir un año, aunque esto de las fechas sea una convención del calendario. Porque en realidad cada día, cada minuto, cada segundo estamos de despedida de algo: personas, paisajes, casas, vivencias, y en nuestro propio cuerpo vamos coleccionando cambios que atestiguan el paso del tiempo.

¿Por qué somos temporales? ¿No sería mucho mejor ser eternos? En realidad somos temporales y eternos a la vez, si despertamos a nuestra auténtica identidad. Y después de todo, ¿este sentirse temporal no es también fuente de gozo? ¿No hay un sabor a infinito en todo lo finito?

(más…)

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