Pablo: ¿se cayó del caballo o se volvió loco?

El cuadro de Murillo representa la caída del caballo de Pablo camino de Damasco. Lo que le haría pasar de perseguidor de los cristianos a su mayor apóstol entre los gentiles.

 

Pablo de Tarso, el personaje más polémico y documentado del Nuevo Testamento, fue tan conflictivo en vida como a través de la Historia, suscitando una intensa controversia hasta nuestros días: desde la herejía del dualista de Marción en el siglo II, a recientes estudios que pretenden demostrar que Pablo no dejó de ser judío y nunca fue cristiano, pasando por la teoría de la justificación por la fe de Lutero en el siglo XV, que dio origen a la Reforma, y la rocambolesca tesis de que fue el culpable remoto del exterminio nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

Toda la cultura del hombre de la calle suele reducirse a que es “aquel que se cayó del caballo para convertirse de perseguidor de los cristianos en su mayor apóstol entre los gentiles”, junto a la enigmática impresión que dejan algunas de sus cartas. Se diría que Pablo resulta demasiado “subido” y teológico para un lector medio, o que produce la impresión de radical, orgulloso, antifeminista y hasta antipático y regañón para el que no profundiza en su personalidad. Dado el estado actual de las investigaciones, ¿qué hay de realidad y de mito en el perfil humano y religioso de este personaje considerado como el verdadero fundador en la práctica del cristianismo? (más…)

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El jesuita que hizo la transición eclesial

PatinoHoy hubiera cumplido noventa años. Justo ayer nos ha dejado José María Martín Patino, el jesuita artífice de la Transición eclesial junto al que fue su alter ego y amigo del alma el cardenal Vicente Enrique y Tarancón. A la cabecera de su cama me dijo hace un par de días sin ocultar la emoción: “Fue el hombre de mi vida, un gran cardenal y un excelente amigo”. En Martín Patino depositó el entonces presidente de los obispos la confianza, de tal manera que los periodistas le llamábamos la “mano izquierda de Tarancón”.

Todavía ayer, en medio de terribles dolores, mostraba José María su reciedumbre de castellano sobrio y seguro de sus convicciones. La vida le había curtido desde niño. (más…)

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A tientas de un gran día

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Esta cuaresma vuelvo a meditar sobre el misterio del tiempo con este poema de presencia y ausencia, de ya sí, pero todavía no, de gozo por el regalo de la vida y sorpresa de no ver del todo.

A TIENTAS DE UN GRAN DÍA

No hay día que no estrene cada día

como un niño que abriera su regalo

que abraza la belleza

de la creación entera.

 

No hay día que no busque tu presencia

en el fulgor de gentes y paisajes

que cruzan a mi lado como un río

despeñado hacia el mar irremediable.

 

Ni día que no abisme mi mirada

en el cráter del miedo de otros ojos,

o que ría con la risa que hace leve

este mundo de paso y de nostalgia.

 

Son días que cuento como meses

y meses que andan como años

a zancadas de tiempo y primaveras

para florecer definitivamente.

 

Pero a tientas aún del único gran día.

 

Pedro Miguel Lamet

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Cuaresma, una celosía de la Pascua

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En mi imaginario de infancia la Cuaresma está velada por ceniza, paños morados y la idea de penitencia. A diferencia del Adviento que estaba impregnado de esperanza y caminos hacia la alegría de la Navidad, parecía que el centro de este tiempo tenía que ser casi obligadamente el pecado.
Era como una losa para mi frágil sensibilidad de niño enfermo. Yo había sentido el dolor en mi pierna. De niño tuve una coxalgia, enigmática palabra con la que se me ocultaba mi verdadera dolencia: una tuberculosis, término maldito entonces que llevaba en mi caso el calificativo de “ósea”, pues me afectaba directamente a la cadera. Como no existían aún antibióticos, me escayolaron desde la cintura para abajo, lo que suponía llevarla durante un año ser conducido en un carrito y guardar reposo (Luego fue sustituida por un aparto). Semanalmente me conducían a una clínica donde me extraían pus con una jeringuilla de la cadera.
Tuve una infancia sin poder jugar ni brincar como los demás niño y protagonizada por un intenso e inolvidable dolor.
La vida entonces era para mi ya cuaresma física y calvario impuesto. (más…)

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El alma del pescador

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En el rostro de este pescador perdido en el tiempo, gracias a los pinceles de un pintor, se ha quedado congelado todo un mundo de matices: el trajín de las redes y el horizonte del mar, el miedo a la galerna y la noche entera faenando sin pescar nada. Sus ojillos siguen desde el cuadro escrutando el futuro y tienen vivo el primer amor y la primera muerte, el cabrioleo plateado de los peces recién capturados y muchas jornadas de brisa sobre su curtido rostro.
Vamos de paso. Solo el arte, que es una forma de amor, puede abrazar el alma escondida de este pescador anónimo de 1890, cuyo retrato se conserva en el museo de Oporto, eternamente vivo para quien sea capaz mirarlo.

Así debe ser la mirada de Dios sobre cada una de nuestras pequeñas vidas.

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Un rincón de la “tierra sin mal”

 

Sao Miguel

São Miguel das Missões. Luz y sonido. Río Grande del Sur. Brasil (Foto: PML)

Como una llamarada en medio de la noche, como una flor exótica y barroca en tierras de América, hoy Brasil, se eleva este templo de San Miguel, patrimonio de la humanidad. Como un milagro en torno a estas iglesias de piedra que parecen trasplantadas de la España del siglo XVII floreció un sistema de vida, unas comunidades autogestionadas, las famosos reducciones jesuíticas, únicas en la historia, donde la educación, el trabajo, el arte, la música, la imprenta elevaron el espíritu de los guaraníes demostrando que era posible su viejo ideal de encontrar una “tierra sin mal”.
Hoy sus ruinas son visitadas por los turistas y a pocos metros se palpa la miseria y la desigualdad de los sucesores de aquellos indios artesanos e ilustrados. Sus selvas han sido taladas, su cultura borrada, su ideal domesticado por la falsa utopía el del consumismo de la publicidad y la televisión. Ante el pesimismo que nos invade surge una añoranza a la vuelta a la naturaleza, la solidaridad, el trabajo digno en paz, y la poesía y el arte como respiración de la trascendencia. Si fue posible una vez, ¿por qué no ahora?

 

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El sabor eterno del tiempo

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Tiene algo de nostalgia despedir un año, aunque esto de las fechas sea una convención del calendario. Porque en realidad cada día, cada minuto, cada segundo estamos de despedida de algo: personas, paisajes, casas, vivencias, y en nuestro propio cuerpo vamos coleccionando cambios que atestiguan el paso del tiempo.

¿Por qué somos temporales? ¿No sería mucho mejor ser eternos? En realidad somos temporales y eternos a la vez, si despertamos a nuestra auténtica identidad. Y después de todo, ¿este sentirse temporal no es también fuente de gozo? ¿No hay un sabor a infinito en todo lo finito?

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La mayor explosión de la historia

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Todos somos hijos de Dios, chispas de su fuego. En el momento de la Encarnación se produce la mayor explosión de la Historia y con la Navidad su histórica aparición entre nosotros en plenitud. Desde entonces, cuando nos queremos, despertamos a nuestra últma esencia, el Amor.

¡Feliz Navidad a todos!

ENCARNACIÓN

Nace en mí tu palabra, niño mío,
como arrullo de sol en mis regazos,
y se rompe la noche en mil pedazos
al fundirse de amor el viento frío.

Brilla en mí tu silencio en el vacío
que colma de calor estos ribazos
y el mundo se deshace en tus abrazos
al saber qué mar buscan nuestros ríos.

Ya no existe en la tierra desconsuelo
ni en la vida pavor insuperable
que pueda destruir esta alegría

de admirar cómo Dios se hizo palpable
y mi carne es su carne hecha un anhelo
de danzar en tu eterna algarabía.

     Pedro Miguel Lamet

 

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La sinfonía de las gaviotas

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Son como notas de un pentagrama. Componen una sinfonía íntima hecha de giros y planeos sobre el mar, la playa, el puerto, el resto de la costa. Se dirían partes de un todo, como si una gaviota no pudiera prescindir de las demás cuando vuelan, cazan, juegan o se despiden del día graznando al último sol de la tarde.
Debajo, los humanos nos creemos entes separados. Nos enfrentamos en discusiones y guerras inútiles, nos agredimos con la lengua y las manos para defender una bolsa de monedas, una opinión o una parcela de materia. Somos notas sueltas en busca de sinfonía.
El día en que aprendamos a volar y danzar juntos recuperaremos la esencial pertenencia, recordaremos que estamos hechos de la misma pasta, del mismo viento y celaje, un todo del que equivocadamente creíamos estar separados. Y entonces, como por encanto, se disolverá la tristeza en el aquí y el ahora, y caeremos en la cuenta de que siempre habíamos sido, seremos y somos parte de un único y eterno azul.

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En el cráter de un volcán

Francisco-Turquia

Si algo está demostrando el papa Francisco, tanto en sus medidas intraeclesiales como en sus intervenciones ad extra, es su absoluta carencia de miedo y su capacidad de agarrar el toro por los cuernos. En menos de una semana le ha cantado las cuarenta a Europa en su memorable discurso al Parlamento, ha afrontado personalmente y sin tapujo un caso español de pederastia, y ha aterrizado en el vértice mismo de la mayor confrontación geopolítica y religiosa que divide al mundo: la frontera del nuevo califato, la versióm más violenta del Islam.
Ya fue calificado de “alto riesgo” el viaje de su predecesor Benedicto XVI a Turquía en 2006, que a su vez seguía las huellas de Pablo VI y Juan Pablo II en su diálogo ecuménico. A la siempre delicada situación que es para un papa visitar un país con un 97 % de musulmanes en su mayoría sunitas y poco más de 30 mil católicos que no obtienen pleno reconocimiento institucional, puente estratégico entre Asia y Europa, se suma ahora su implicación en una lucha en la ciudad kurda de Kobane, en la frontera con Siria, con los yihadistas del IS, sus matanzas, provocaciones y la dramática situación de un millón de refugiados sirios. (más…)

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