Estudio según el Reino (III) Claves Cristológicas

Feliz_PascuaComo creyentes, entendemos que el mensaje de Jesús puede ser inspirador de una nueva concepción del estudio, en una clave realmente nueva y subversiva, que es la del “amaos unos a los otros como yo os he amado” (Jn 13, 34; 15, 12), y de una manera especial a los más pobres y pequeños. “He venido a llevar la Buena Noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar libertad a los presos y dar vista a los ciegos; a poner en libertada los oprimidos” (Lc 4, 18). Esta perspectiva reorientará nuestro estudio hacia una Humanidad Nueva, donde todos somos iguales, donde los protagonistas de la Historia son los tirados en la cuneta, los caídos, los débiles.Vamos a ver qué claves evangélicas podemos sacar para ver como hacer un estudio que corresponda al Reino.

            Un maestro de la ley, uno de los eruditos bien preparados de la época (que bien podría ser el universitario de turno preocupado solamente por su buen expediente y con un futuro exitoso), le preguntó a Jesús que debía hacer para alcanzar la vida eterna. Quería saber qué hacer para que su vida fuera plena. Parece que lo que pretendía era quedar a Jesús un poco en ridículo, ponerlo a prueba, según nos dice el texto, pues iba a preguntarle a Jesús lo que él, maestro de Israel, había estado estudiando toda su vida y que Jesús solo sabía desde la experiencia. Jesús le contó esta parábola:

“Un maestro de la ley fue a hablar con Jesús, y, para ponerle a prueba, le preguntó:-‘Maestro, ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna?’

Jesús le contestó: -‘¿Qué está escrito en la ley? ¿Qué lees en ella?’

El maestro de la ley respondió: -‘Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y ama a tu prójimo como a ti mismo.’

Jesús le dijo: -‘Bien contestado. Haz eso y tendrás la vida.’

Pero el maestro de la ley, queriendo justificar su pregunta, dijo a Jesús: -‘¿Y quien es mi prójimo?’

Jesús le respondió: -‘Un hombre que bajaba por el camino de Jerusalén a Jericó, fue asaltado por unos bandidos. Le quitaron hasta la ropa que llevaba puesta, le golpearon y se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, un sacerdote pasó por aquel mismo camino; pero al ver al herido, dio un rodeo y siguió adelante. Luego pasó por allí un levita, que, al verle, dio igualmente un rodeo y siguió adelante. Finalmente, un hombre de Samaría que viajaba por el mismo camino, le vio y sintió compasión de él. Se le acercó, le curó las heridas con aceite y vino, y se las vendó. Luego le subió a su propia cabalgadura, le llevó a una posada y cuidó de él. Al día siguiente, el samaritano sacó dos monedas de plata, las dio al posadero y le dijo: Cuida a este hombre. Si gastas más, te lo pagaré a mi regreso. Pues bien, ¿cuál de aquellos tres te parece que fue el prójimo del hombre asaltado por los bandidos?’

El maestro de la ley contestó: -‘El que tuvo compasión de él.’

Jesús le dijo: -‘Ve, pues, y haz tu lo mismo.’”                                                             (Lc 10, 25-37)

             Seguro que podemos ponerle nombre a cada uno de los personajes que aparecen en la parábola:

– El maestro de la ley podemos ser cualquier estudiante que parezca que sabemos mucho, que todo lo que tenemos que aprender (lo que nos manda la sociedad)  ya lo sabemos, pero nos falta la experiencia, el saber que nos da la vida, que nos llega desde la realidad.

– Aquél al que saquearon los bandidos es aquel que también hoy es despojado por la sociedad, por el propio sistema universitario, por nosotros mismos. Es el naufrago de la sociedad, el asaltado por la universidad: el recién llegado a la facultad, el que no llega a lo que se le exige desde la sociedad, el que ni siquiera tiene acceso a la universidad, etc. Hoy hay muchos asaltados también despojados hasta de sus ropas, es decir, de aquello que más le pertenece, como su dignidad.

– El sacerdote, igual que el levita, iba con prisa, tendría mucho que hacer y querría hacerlo con rapidez, para ser más eficaz. Como nosotros y nuestras prisas por hacer nuestra carrera, nuestras prisas por tener un trabajo, nuestras prisas por responder a un mercado laboral injusto para la mayoría, prisas y más prisas que no nos deja tiempo para ocuparnos de nuestra persona, como para plantearnos parar un momento para atender a otra persona.

– El samaritano, el peor visto de aquella sociedad, el que no cumplía con los cánones establecidos para ser un judío buena gente, parece ser que era el único que se paró. Es más, no sólo se paró, montándolo en su cabalgadura hicieron camino juntos. Compartió camino y le buscó un sitio. ¿Quién en nuestra universidad está haciendo eso, quien está dispuesto ha hacer camino junto a los saltados?

Pues bien, ¿Cuál de aquellos tres te parece que fue el prójimo del hombre asaltado por el bandido? (Lc 10, 36).

De lo que trata el maestro de la ley con Jesús era de ver cómo encontrar la vida eterna, de ver como tener una vida plena, vida según el Reino. Eso es lo que nosotros tratamos de ver: con qué claves llegar a un estudio pleno, un estudio según el Reino. Intenta descubrir en la parábola que claves da Jesús y cuales rechaza para alcanzar esa vida eterna.

Desde estos textos, y otros mucho que podemos recoger vamos apuntando claves fundamentales para nuestro estudio:

ENCARNACIÓN: Encargándonos del estudio, no cargando con él:  

DSC01302Lo primero es que para ser estudiantes tenemos que estudiar. Creo que está claro que si decimos que el estudio configura nuestra persona y que dime como estudias y te diré que persona eres es porque estudiamos. Pero ¿cómo? Tenemos el mejor ejemplo en Jesús de Nazaret en su encarnación, en la forma concreta de salvarnos: “Aquel que es la Palabra se hizo hombre, y vivió entre nosotros lleno de amor y de verdad” (Jn 1, 14). Es Dios mismo que se encarna y que se mete en nuestra historia. No de una manera abstracta si no de una forma determinada, viviendo entre nosotros lleno de amor y de verdad. “tomó la condición de esclavo, pasando por uno de tantos” (Flp 2,7). Con un tipo de vida que le llevó a la muerte y a la vergonzosa muerte en la cruz (Flp 2,8). Así ha de ser nuestro estudio, desde la encarnación, metidos en la realidad de una forma concreta: estudiando para servir, desde los más pobres, los asaltados, descubriendo quienes son esos pobres en nuestro ambiente y luchando por ellos. Todo esto viviendo el estudio desde el gozo y con esperanza: un cristiano es aquel que nunca dirá “esto no tiene solución”. El verdadero estudio brotará de forma sencilla y humilde cuando sea vivido con gozo verdadero. No se trata de tomar la propia realidad como una carga, sino encargarnos de ella.

CRUZ: Desde el servicio y la entrega:

cruzSabiendo que con nuestro estudio podemos servir, no solo el día de mañana, sino ya, ahora, aquí. Jesús se define como aquél “que ha venido a servir y no a ser servido” (Mt 20, 28). El servicio no es una categoría moral (se sirve porque es bueno), sino que pertenece al ser cristiano: Jesús se define como el servidor, no sirvió para dar ejemplo, sino que se identifica con el servir, es servicio. “Yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc 22, 24) y así, es “el-hombre-para-los-demás”. Estudiar desde el servicio conlleva que el estudio no nos ha de situar en una élite, que no ha de hacernos buscar el prestigio personal, que nuestro estudio ha de apuntar, ya en la Universidad (a la hora de organizar nuestro tiempo, cuando elijamos asignaturas, de cara a aprovechar los créditos de libre elección…) al servicio. Así lograremos dar autenticidad a nuestro estudio.

RESURRECCIÓN: Gratuidad: “Dad gratis lo que recibisteis gratis” (Mt 10,8).

Emaus_16Así ha de ser el estudio según el Reino. La gratuidad en el estudio pasa por el descentramiento, no soy yo, mi interés, mi capricho lo primero; son los demás, las necesidades de los otros, sus problemas lo importante. La gratuidad se rompe cuando todo gira entorno a mí, todo depende de mi, cuando controlo y domino, cuando intento zancadillear al otro para pasar por encima de él. Un estudio que pretenda mis propios intereses por encima de los demás dejará de ser estudio cristiano porque habrá sepultado la gratuidad. Aquél que está convencido que su estudio construye a la persona y es un estudio liberador no podrá pedir nada, su gozo será experimentar ese estudio y trabajar para que otros lo experimenten. La gratuidad de una vida entregada sabemos que es fecunda. El grano de trigo ha de ser enterrado para dar fruto.

TESTIMONIO.:Valentía:

manos3Otra clave que hay que tener bien presente es la valentía, porque este estudio no se identifica con la dinámica del mundo, no responde a las demandas del mercado y de la sociedad neoliberal. “Lo que os digo de noche, decidlo en pleno día; y lo que escucháis al oído, pregonadlo desde la azotea” (Mt 10, 27). Esto que les dice Jesús a sus discípulos tiene que ser una constante en nuestro estudio: aquello que vamos descubriendo estamos llamados a anunciarlo. El estudio ha de llevarnos a ser voz de los sin voz, a ser profetas, a ser agentes de transformación. Esta valentía nace de un profundo convencimiento de que es este el estudio que queremos hacer y que no buscamos tanto el éxito y la eficacia como la fidelidad y la fecundidad.

PROFECIA: Opción por los pobres:

ellos en peruHemos de ser consciente de lo que la sociedad quiere de nosotros. Solemos afirmar que estamos en la sociedad de lo light, del pensamiento débil, del desencanto, del hedonismo… Pero tenemos que saber que no es una sociedad así porque sea más cómodo, sino por el desencanto que produce pensar que otro mundo no es posible, por la muerte de toda utopía. Los cristianos lo primero que tendremos que hacer serán signos proféticos, anunciar que estamos llamados a “llevar la buena noticia a los pobres; enviado a anunciar la libertad a los presos” (Lc 4, 18). Realizando un discernimiento sobre quienes son los pobres en nuestro contexto, optando realmente por los pobres de nuestra universidad y de nuestra sociedad. Ellos son el lugar desde donde se construye el Reino.

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