Jóvenes en la otra orilla

“Sin miedos y cada día más libres”

Hoy he entendido a Pablo cuando nos dice que   “si alguna juzgamos a Cristo con medidas humanas, ya no, porque  ahora lo miramos con los ojos de la fe…”, y es que lo esencial es invisible a los ojos y sólo se ve bien con los ojos de la fe, o con los sentimientos de Cristo ; he celebrado la eucaristía en Madrid con una treintena de jóvenes, mitad de la juventud obrera cristiana y mitad de la juventud estudiante católica,  movimientos juveniles especializados de la acción católica, con algunos consiliarios; jóvenes llegados de toda España: Ciudad Real, Madrid, Zaragoza, Valladolid, Zamora, Ávila, Palencia, Bilbao, Córdoba, Granada, Cáceres, Canarias… Hemos  compartido durante todo el fin de semana en Madrid, casa, comida – menú de  catering de cuatro euros- , oración, tiempos de descanso y celebración de la eucaristía dominical. Todos han trabajado intensamente según sus órdenes de día programados, unos desde la revisión  y planteando retos en su comisión general de final de curso especialmente en torno a la convocatoria y a la pedagogía de la acción y la fe, otros desde la coordinadora presentando y eligiendo nuevo presidente general y liberado para la secretaría, pero todos con un mismo Espíritu  y una misma misión, con  el deseo de Reino de Dios para el mundo. Trabajo previo con otros jóvenes militantes, procesos serios de vida y de entrega, horas intensivas y horarios  titánicos que apenas dejaron ver goles patrióticos de mundiales.

El evangelio se ha hecho creíble y verdad para todos nosotros, desde su vida de jóvenes; ellos  se han puesto en marcha en el seguimiento de Jesús, llamados y tocados por él  han optado por pasar a la otra orilla, se han creído que “él siendo rico se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza y que Dios  se despojó de su rango pasando por uno de tantos llegando incluso a la muerte de los más pobre y débiles, y que ya nada nos podrá separar de él y de su amor mostrado en la cruz”. Sin embargo, eso no supone que no haya dolor, tristeza y miedo en más de una ocasión en la travesía: la inseguridad en el medio, la soledad eclesial, las tentaciones del éxito, de sentirse fracasado, de no estar respondiendo a lo que hoy más necesitan los jóvenes de nosotros,  de no saber leer creyentemente el momento, de no estar con los más pobres de la tierra, la falta de compromiso en la lucha… Por eso hemos perdido perdón y fuerzas, agradeciendo la misericordia de la que nos hablaba el salmo.

Pero enseguida, hemos sentido la brisa del Dios que le pone puertas al mar y a las olas, del que trae la serenidad y la confianza para que no temamos y podamos tener su alegría. Sí, ha faltado tiempo para comenzar a compartir, al escuchar el evangelio, dónde Dios hoy está venciendo los miedos y dando confianza y paz a todos nosotros, los que hemos decidido avanzar junto a él a la otra orilla:  Personas que saltan sobre sí mismos, y aun con temor y temblor, se ofrecen y dicen “aquí estamos para hacer tu voluntad, con años de nuestra vida porque no hemos venido a ser servidos sino a servir”: responsables y liberados en los movimientos, consiliarios dispuestos a venir a acompañar a un laicado adulto y responsable en su juventud,  opciones en los campos de trabajo y de estudios, luchas por la justicia, frente a los recortes que afectan a los más pobres y débiles,  compromiso en lo público, adolescentes que anuncian en sus medios  la verdad descubierta y la alegría de querer ser más libres y auténticos. Todo un rosario de personas, decisiones, acontecimientos que vuelven a  confirmarnos que lo que dice el evangelio  no es verdad porque él lo diga, sino que lo dice porque es verdad en la vida… verdad proclamada en estos treinta jóvenes que estaban allí  en nombre de muchos otros que están en los grupos de vida, y sobre todo, en nombre de todos aquellos que necesitan la buena noticia de la vida, que les diga verdades como puños sobre su dignidad de persona, de su valía, y del amor que Dios les tiene para que realicen el proyecto de su vida con gracia y autenticidad.

Como os digo, una experiencia y una celebración de esas que te quitan el hipo, el miedo, y que te ayudan a dar un paso más y a proclamar que todo esto merece la pena, que el Espíritu se sigue moviendo con libertad en la Iglesia y en el mundo, que no lo van a parar, y que Dios sigue quitando miedos, realizando procesos y llamadas en los jóvenes y en sus ambientes, y que aquí hay jóvenes que desde su experiencia, realizada en la brisa suave del anonimato de sus nazarets particulares, podrían ocupar la tribuna del sínodo que va haber en Octubre en el Vaticano y podrían decirles a todos los obispos del mundo, incluidos los de España,  cómo se evangeliza hoy en el mundo obrero y estudiantil, en esos espacios de los que nos habla con bastante lucidez el intrumentum laboris de dicho sínodo, que acaba de publicarse  y en el que ponemos mucha esperanza.

¡Cómo para no seguir creyendo en Dios hoy¡

 

8 Responses to “Jóvenes en la otra orilla”

  1. ¿Consagrando con 2 vasos de cristal de agua y vino y un plato con trozos de “pan”?

    Curioso…

  2. yo veo un caliz y 2 vinajeras, no seas cizañero “D. Curioso”, o más bien te tendríamos que llamar “D. Chinche”

  3. D. Solidaridad:

    Yo veo un cáliz, dos vasos de cristal -tipo Ikea- llenos de agua y vino, y un plato con trozos de pan. Debe ser que tengo la vista cegada ante tanto y tanto misterio eucarístico… ¡y eso me agrada sobremanera! Solamente me resultaba curioso, nada más. Tanto como el sacerdote, como un servidor y como cada uno de vosotros.

    Y sí, puedes llamarme como quieras. También soy un poco “Chinche” por mi afán a experimentar entre los resquicios de la noche, aunque no me nutro a base de sangre humana y de otros animales de sangre caliente…

    Un afectuoso saludo en Aquel que nos une -incluso escondido en un sencillo plato repleto de trozos de pan y de dos vasos de cristal impregnados de agua y vino-.

  4. Me gustan mucho estas palabras del Padre Casaldáliga que se las dedico a “D. Curioso”:

    “Mis manos y Tus manos
    hacemos este Gesto,
    compartida la mesa y el destino, como hermanos.
    Las vidas en Tu muerte y en Tu vida.
    Unidos en el pan los muchos granos,
    iremos aprendiendo a ser la unida Ciudad de Dios,
    Ciudad de los humanos.
    Comiéndote sabremos ser comida.
    El vino de sus venas nos provoca.
    El pan que ellos no tienen nos convoca
    a ser Contigo el pan de cada día.
    Llamados por la luz de Tu memoria,
    marchamos hacia el Reino haciendo Historia,
    fraterna y subversiva Eucaristía. Amén”

    Un abrazo en Aquel que nos une y nos vemos en el altar.

  5. D. Solidaridad: ¡muchísimas gracias por dedicarme estas palabras tan bonitas y tan gratificantes! El texto del Padre Casaldáliga es precioso, tanto en su sentido literario como en su carga espiritual.
    Otro abrazo curioso para ti y por supuesto que nos veremos en el altar… ¡si Dios quiere!

  6. D. Solidaridad!
    Cuánto tiempo sin saber de mí, ¿verdad?
    Seguro que ya me estabas echando de menos…
    Bien, esta mañana, haciendo un rato de lectura -no sé si creyente o incrédula-, he tropezado con una frase de Juan Pablo II que me ha recordado a ti. Decía lo siguiente:
    «Cuando el domingo pierde su significado fundamental y se subordina a un concepto secular de “fin de semana”, dominado por la diversión y el deporte, la gente se encierra en un horizonte tan estrecho que no es capaz de ver el cielo».
    ¿A que te gusta? Seguro que tú, nada chinche (a diferencia de mí), también piensas lo mismo. Porque tienes pinta de que guardas los domingos para el Señor y no desperdicias un sólo segundo de su gloria para dejar de darle gracias por hacerse presente bajo el pan y el vino de la Vida…
    Otro abrazo fuerte (¡ni sé cuántos van ya!) en Aquel que nos une y que nos quiere, independientemente de nuestras rarezas y curiosidades.
    Cuídate y sé feliz… ¡te lo mereces!

  7. D. Curioso!
    Muchas gracias por tus palabras y atención. Decirte tan solo que no sufras por mí, que a mi me gusta celebrar la Eucaristía todos los días, también las fiestas de guardar. Dedicarte también unas palabras que te pueden ayudar a la contemplación en estos días de descanso para muchos y de trabajo para otros.
    “Yo soy el Pan
    de cada una de vuestras estaciones.
    Yo soy el pan de vuestras primaveras,
    la realidad de vuestros sueños;
    yo soy el pan de vuestros veranos,
    el camino de vuestra humanidad;
    yo soy el pan de vuestros otoños,
    la vida de cada hora que pasa;
    yo soy el pan de vuestros inviernos,
    la resurrección de vuestra tierra;
    yo hago de cada estación de vuestra vida una inmensa mesa compartida,
    una Pascua de libertad,
    una ruta de eternidad”.
    Un abrazo fraterno y feliz verano.

  8. D. Soli (ya hemos pasado de esfera y la confianza me permite abreviarte el apodo):

    ¡Qué alegría leerte de nuevo! Y qué sabias palabras me dedicas justamente ahora que salgo de la Eucaristía… ¡gracias, hermano!

    Me encanta eso de “yo hago de cada estación de vuestra vida una inmensa mesa compartida, una Pascua de libertad”. Me lleva a dejarme de hacer de nuevo y a ser barro en manos del buen alfarero…

    Oye, ¿y cuándo me vas a mandar algún escrito elaborado por ti? ¡Eso sí que sería una pasada!

    Bueno, te mando un caluroso y agradecido abrazo, y un placentero y feliz descanso, que seguramente te mereces más que nadie.

    Cuídate mucho y, sobre todo, SÉ FELIZ

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