Algún día los pobres…

Digo sencillamente que algún día los pobres se van a enfadar. Y con razón porque ya está bien de que les toque siempre la peor parte en el concierto de esta sociedad tan moderna y legal y democrática. Ya está bien de que la desigualdad sea rampante y crezca cada vez más. Ya está bien de que a los mismos les toque siempre lo mismo, lo peor, la miseria, el no futuro.

Hace muchos años leí una novela. No me acuerdo del título ni del autor pero si tengo una cierta y vaga idea del tema. Por alguna razón inexplicable los habitantes de los países más pobres del mundo habían decidido ponerse en camino utilizando todos los medios a su disposición y se habían empezado a dirigir hacia los países ricos. Toda una migración del sur al norte. La novela circulaba entre los temores de los habitantes del norte ante la llegada inminente de semejante e imparable invasión. Porque no había ejército que pudiera detener aquella auténtica marea humana, que ciertamente no estaba cargada de razones legales pero sí de razones humanas para emprender semejante aventura. Barcos, trenes, caminos, coches, camiones, todo valía para dirigirse al norte opulento. Y, por supuesto, amenazar su opulencia. Quizá el lector de estas líneas pensará que eso ya está sucediendo en ese brazo de mar que hay entre Libia –o lo que queda de ella– e Italia. Pero no. Todavía no está produciéndose la gran emigración. Los miles que están llegando a las costas italianas son todavía manejables. La novela describía una situación mucho más caótica y apocalíptica.

Seamos realistas. La situación descrita por la novela era apocalíptica para los habitantes del norte rico. Para los que hacían el viaje desde el sur la situación no era apocalíptica en absoluto. Su mundo estaba a punto de mejorar.

Aquello era una novela. Nada más. Pero podría suceder. Ni siquiera hace falta que vengan los del sur. Tenemos mucho sur en nuestros mismos países. Tenemos muchos desempleados, desahuciados, jóvenes ni-ni, mujeres marginadas, personal con contratos laborales precarios, una presión enorme por bajar los costes salariales y tantas otras cosas. Es posible que el viaje que comiencen a hacer los pobres, si algún día se enfadan, no sea de los países del sur a los de norte, sino –mucho más factible– de los barrios marginales a los barrios ricos.

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Si algún día los pobres se enfadan, no nos deberíamos de extrañar. Tienen razones más que sobradas. Y han tenido toda la paciencia del mundo. Los bienpensantes de nuestra sociedad se asustarían. Verían acercarse el caos. Dirían que estamos a punto de apocalipsis. Pero no es verdad. Sólo sería su mundo, el que se han construido a base de abusar de los demás, el que estaría a punto de hundirse en el caos. Los demás, el resto de la población, como mucho se quedarían como estaban. Y lo más probable es que muchos mejoraran.

Vale la pena que nos planteemos algunos cambios. Antes de que los pobres se enfaden.

Fernando Torres Pérez

Fundación Luz Casanova

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