Arriba y abajo

Acabo de venir de estar un rato con una tía mía muy mayor. Vive en una torre de apartamentos de Madrid. En el piso 15. La casa está muy bonita. Sobre todo, naturalmente, las vistas. El paisaje es luminoso. La vista se expande hasta un horizonte que abarca casi todo Madrid. Me ha llevado a la pequeña terraza del apartamento para ver en lontananza todo Madrid. Desde allí nos ha ido señalando los diferentes edificios y zonas de la ciudad. Todo muy bonito.

Desde la terraza también nos ha invitado a echar la mirada hacia abajo. “Si no os da vértigo…” Allá abajo se veía un parque, muchos árboles, bancos, todo también se veía muy bonito. “Allí saldrás para darte algún paseo y pasar un rato cuando hace buen tiempo” le he dicho al ver el parque. “No salgo mucho porque es un parque un poco peligroso,” ha sido su respuesta.

Me ha hecho pensar. Desde las alturas todo es bonito. Desde arriba, a vista de pájaro, la ciudad es preciosa. Se ven las grandes avenidas, los monumentos, las plazas. Pero, cuando bajamos abajo y llegamos al nivel del suelo, nos encontramos con una realidad que es un poco diferente. A ras de tierra, la vida ya no es tan bonita. Nos acercamos a las personas, caminamos en medio de ellas, vemos su fealdad, sus defectos. A veces, los rostros con los que nos cruzamos se nos hacen amenazas para nuestra paz y tranquilidad. Ya no podemos ir tranquilos por las calles. Hay suciedad. Hay fealdad. Hay otra realidad muy diferente de la que se ve desde arriba.

La tentación es la de no mirar hacia abajo. Y pretender quedarnos en la vista de pájaro. La tentación es la de pensar que todo es bonito. Ante la fealdad, la pobreza, la exclusión, la marginación es mejor solemos terminar mirando para otro lado, cerrando materialmente los ojos. O incluso proponiendo leyes y normas para que todo eso tan desagradable y feo, que asusta tanto a la gente de bien, desaparezca de nuestras calles.Centro d día 2

Digo lo contrario. Hay que hacer el esfuerzo de mirar hacia abajo, de mirar de frente todo eso que no nos gusta, de caminar a nivel de calle. Porque, lo queramos o no, nos guste o no, son hermanos nuestros y tienen tanto derecho a la belleza, al bienestar, como nosotros.

Me acuerdo de un compañero que conocí hace muchos años. Era de un país muy pobre pero de familia bien. Me dijo que el no había visto nunca a los pobres porque iba siempre en el coche de su padre y éste tenía los cristales tintados. Nosotros igual no tenemos un coche de esos pero quizá tenemos gafas de sol y las usamos para no ver al que camina a nuestro lado. Que recordemos que abajo es donde está la vida, la fraternidad, el reino. ¡Abajo!

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

 

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