¡Urgente! Se necesitan juguetes

La mayoría de los días abro el correo electrónico y me encuentro con cartas de asuntos de trabajo. También, de vez en cuando, me encuentro con publicidad, ofertas increíbles que me ofrecen los últimos aparatos tecnológicos o ropas a la última moda o… Pero hoy me he encontrado con un correo diferente. Es tan diferente que no puedo menos que copiarlo aquí, que no deja de ser una manera de mandárselo a todos mis contactos.
El mensaje llevaba por título “juguetes Reyes”. Pero no era de una empresa que me prometiese facilitar la compra de juguetes para los niños de mis conocidos. El contenido para mi sorpresa decía esto:
“Buenos días a tod@s:
Os vuelvo a molestar de nuevo para enviaros la información que me han dado desde la Casa de Acogida, nos puede servir de orientación. Os paso la lista de posibles juguetes/regalos por edades:
De 0 a 2 años: juegos de insertar piezas, juegos con sonidos y tactos, muñecos tipo gusiluz para dormir, mantas para el suelo. De 3 a 6 años: pizarras magnéticas o de agua, puzles o rompecabezas, cajas de playmobil, juegos de plastilina y/o manualidades, juegos de diferentes oficios, muñecos/as (tipo bebé que sirven para trabajar ciertos aspectos). De 7 a 11 años: juegos de mesa, juegos de manualidades, mecanos, cajas de playmobil/lego, patines, balones, muñecos/as (tipo bebé que sirven para trabajar ciertos aspectos). De 12 a 16 años: juegos de mesa, cajas de lego, coches teledirigidos, balones, ropa, set de maquillaje, set de colonia, música, libros.NInOS -1
Ahora todos los niños/as que tenemos están entre los 0 y los 5 años, pero de aquí a reyes pueden llegar niños/as de diferentes edades, por lo que nos interesa tener regalos para todas las edades. No interesan juguetes excesivamente caros (pondríamos un límite de 20€), para que no haya grandes diferencias entre unos regalos y otros. No hace falta que se traigan envueltos para regalo porque los envolvemos todos aquí con el mismo papel. A ver si entre todos/as conseguimos tener reyes para todos/as los niños/as.”
¿Sorprendente? Son los niños de la casa de acogida para mujeres de la Fundación Luz Casanova que han tenido que dejar sus casas para huir de la violencia impuesta por sus parejas. Han huido con sus pequeños porque ellos también eran víctimas de esa violencia. La carta solicita ayuda para que esos niños tengan juguetes como los demás, y que tengan unas navidades como los demás. Y que en los juguetes les llegue una promesa de una niñez sin violencia, sin amenazas, llena de paz y cariño. ¿Os dais cuenta de lo urgentes que son esos juguetes? Son para construir un muro contra la violencia.
Fernando Torres

Voluntarios: una raza especial

Blog RS21

Voluntarios en Acogida del Centro de Día Luz Casanova

Como que uno los ve por la calle o en el autobús y no parecen nada especial. Son como los demás: mayores o jóvenes, delgados o gruesos, hombres o mujeres. Ellos pueden tener bigote y ellas ser más o menos altas. Quiero decir que no se les distingue como a los superhombres de los tebeos que llevan un traje especial o una apariencia diferente siempre relativa a sus poderes especiales.

Es que, además, los voluntarios no tienen poderes especiales. No salen de sus manos rayos de energía, no son capaces de evitar conflictos terribles en el último momento, no son héroes ni heroínas. Son totalmente normales. Como usted y como yo.

¿Dónde está entonces la diferencia? Sencillísimo. De entrada, van por la vida con los ojos abiertos. Miran y ven a los demás no como objetos colocados en las aceras sino como personas. Son capaces de distinguir al otro, sea de la raza que sea, hable la lengua que hable, independientemente de su cultura, religión o país de origen, como un tú, como una persona con toda su dignidad. Y se fijan en lo que ven. Porque a veces, a esos “tú” con los que nos encontramos en el transporte público, en la calle, en el mercado, etc. les pasa algo, tienen necesidades, precisan ayuda. Los voluntarios se dan cuenta de lo que ven. Perciben lo que pasa a su alrededor y se dejan afectar por ello. Esto –seamos sinceros– no supone ningún poder especial. Basta con usar los ojos y un poco el corazón.

Pero los voluntarios no se conforman con ver. Porque dejan que lo que ven les llegue al corazón, terminan dando un paso al frente. Entiende que tienen que hacer algo. No se pueden dejar las cosas como están. Dicen “aquí estoy” y se aprestan a echar una mano en lo que haga falta. Desde lavar platos hasta curar heridas pasando por escuchar con atención y cariño.

Los voluntarios tienen tanto trabajo como el resto de la gente de este mundo. Pero buscan y encuentran unas horas que dedicar a servir a esos otros, a esos “tú” con los que se han cruzado en la vida y que han visto que necesitan su solidaridad. Y lo hacen. En ellos se cumple aquello de que, si quieres pedir un favor a alguien, pídeselo a uno que esté muy ocupado.

Hay otro detalle que marca la diferencia en los voluntarios. No dan ninguna importancia a lo que hacen. Lo hacen porque lo tienen que hacer. Porque no pueden hacer menos que hacerlo. No pretenden alargar su currículo. No pretenden que les pongan medallas. Simplemente hacen lo que creen que tienen que hacer. Y lo siguen haciendo.

Conozco un montón de gente que son así: voluntarios. No se les distingue por la calle. Pero están atentos a las necesidades de los demás. Y, en cuanto pueden, echan una mano. Lo hacen participando en instituciones diversas o por libre. Da lo mismo. Lo importante es que lo hacen. Y haciéndolo, hacen que este mundo sea un poco mejor. No es poco.

Fernando Torres Pérez

Fundación Luz Casanova

 

Meterse en la piel del otro

Hace años, en tiempos de una de esas crisis económicas tremendas que asolan periódicamente nuestro país y que suelen terminar siempre con mucho desempleo, me encontré con un familiar lejano. Le iba bien por aquel entonces. Tenía un buen trabajo y mejor sueldo. Se había comprado un adosado. Conducía un buen coche. Parecía que el futuro se presentaba para él sin nubarrones ni tormentas en el horizonte. Estuvimos charlando un rato. Inevitablemente salió en la conversación la situación de desempleo que había entonces. Y me dio su opinión. A su parecer, no era verdad eso del paro. En realidad, el que no trabajaba era porque no quería. Bastaba con buscar. Todo eso lo decía sentado en el jardincito de su chalet adosado con un refrescante vaso de cerveza en su mano. Traté de aducir algunos datos. Pero su posición fue inexpugnable. Lo que había era muchos vagos y mucha gente con ganas de vivir del cuento y de los subsidios del gobierno. Lo mejor que se podía hacer era quitar el seguro de desempleo, ya veríamos entonces como el personal se espabilaría y encontraría trabajo.

Me quedé con aquella conversación resonando en los oídos. Pero pasó el tiempo. Vinieron otros quehaceres y IMG-20111009-00090 - copiapreocupaciones, otros encuentros, otras conversaciones. Hasta que un día me volví a acordar con claridad de aquella conversación. Me volví a encontrar con aquel familiar. La vida da muchas vueltas. A veces muy inesperadas. Los tiempos habían cambiado mucho para él. Los ajustes habían llegado a su empresa y le había tocado a él la china. Estaba sin trabajo. Estaba cobrando el seguro de desempleo. Como su sueldo había sido bueno, también los que cobraba del seguro estaba bien. Pero tenía, y él lo sabía, fecha de caducidad: sólo dos años y ya había pasado uno y medio. Estaba empezando a hacer cuentas. Había vendido el adosado. Había cambiado el coche por otro más pequeño. La cerveza seguía siendo fresquista pero ya no era de marca. Su vida había cambiado mucho. Y para peor.

Volvimos a hablar. Ya no pensaba lo mismo. Se había dado cuenta de lo duro que era encontrar un puesto de trabajo. De hecho, a los pocos meses encontró uno pero de vigilante de seguridad. Nada que ver con su puesto de casi-directivo de antes. Por delicadeza, no le recordé la conversación que tuvimos unos años antes. Pero pensé que la com-pasión, el sentir con los demás, el meternos en la piel del otro, es una de las actitudes básicas que puede mejorar nuestra sociedad. Mi familiar lo aprendió cuando le tocó la china de la mala suerte. Casi es mejor aprenderlo un poco antes y compartir y con-sentir y comprender. Para que lo que sufren, padecen y sienten los demás no nos sea ajeno. Porque su suerte es la nuestra. Y mientras que haya alguien caído, nuestra humanidad y dignidad personal no están completas.

 

 

Fernando Torres Pérez cmf

Fundación Luz Casanova

Europa y el cardenal

Hace unas semanas, el cardenal Cañizares ha hecho unas declaraciones que, sin ser representativas de lo que piensa la Iglesia en su conjunto, si representan lo que diversos grupos en España y en Europa piensan ante la llegada de inmigrantes y refugiados provenientes de culturas y religiones diferentes de la cultura y religión que ha predominado en Europa en los últimos siglos. Por eso vale la pena pararse un momento a reflexionar.

En el fondo, el cardenal no ha hecho más que expresar el sentimiento de temor que tantas personas tienen ante lo diferente, ante la novedad, ante lo diverso. Las personas estamos acostumbradas a lo nuestro, a lo de siempre, a lo habitual. En ese entorno nos sentimos seguros. Nuestra cultura, y la religión puede formar parte de ella, es un poco o un mucho nuestra casa, nuestro hogar. La presencia del otro, del que habla otra lengua incomprensible para nosotros, del que tiene otras costumbres, del que cree en otro dios, supone una cierta amenaza porque nos saca de nuestras casillas, de las rutinas. De ahí al miedo hay poca distancia. El siguiente salto es aquello de que “la mejor defensa es un buen ataque”. Y ya está liada.

Junio 2010 016

Los que vienen son hijos e hijas de Dios. Aunque hablen un idioma diferente y tengan costumbres muy diferentes de las nuestras. No hay razón para excluirles. No hay razón para temer.

La realidad es que esta Europa en la que vivimos ha ido cambiando mucho a lo largo de los siglos. Y seguirá cambiando de una forma imparable. La realidad es que Dios no tiene un designio claro sobre lo que tenga que ser Europa. Sobre lo que sí tiene ciertamente Dios un designio claro es sobre el hecho de que todos somos hijos suyos, hermanos y hermanas unos de otros. Y que nadie debe ser excluido de la mesa de la fraternidad. Aunque eso nos cueste salir de nuestras zonas de confort, perder las comodidades adquiridas, dejar nuestras seguridades.

Los que vienen son hijos e hijas de Dios. Aunque hablen un idioma diferente y tengan costumbres muy diferentes de las nuestras. No hay razón para excluirles. No hay razón para temer. ¿Qué no son todos trigo limpio? Por supuesto que no. Habrá de todo entre los que vienen. Como hay de todo entre nosotros, que tampoco los europeos somos todos trigo limpio. Ya nos iremos aclarando poco a poco, aprendiendo a convivir en medio de los conflictos, como se ha hecho siempre a lo largo de la historia.

Si algo tenemos que hacer los cristianos, no es poner trabas a los que vienen sino acogerlos desde la sabiduría y el amor del Evangelio para que ese ir recreando nuestra sociedad en la convivencia se vaya haciendo con los mínimos conflictos y siempre desde la acogida, la comprensión y la tolerancia, dejando a un lado miedos e inseguridades.

Fernando Torres Pérez cmf

Fundacion Luz Casanova

¿Es que no se pueden poner de acuerdo?

A veces tengo la impresión de que a nuestros políticos les resultaría más fácil ponerse de acuerdo sobre el precio del café en la cafetería del Congreso o del Senado que sobre cualquier tema importante de la vida de los españoles. Y no es una mera suposición. Es un hecho que se puede demostrar.

Ejemplo y tema de este comentario: la violencia de género. A estas alturas de la jugada y según los datos de la Macro encuesta de Violencia contra la Mujer 2015, hay 540.000 mujeres que están padeciendo violencia física o sexual por parte de sus parejas o ex-parejas. Según los datos de esa misma encuesta, habría en España algo más de 2.500.000 mujeres que dicen tener o haber tenido miedo de su pareja actual. Podríamos seguir poniendo datos de los que aparecen en los resultados de esa encuesta. Pero no añadiría nada a lo que ya es en sí mismo un hecho gravísimo que afecta cuantitativa y cualitativamente a más ciudadanos españoles que el terrorismo en sus años peores. Aunque sólo sea porque ETA asesinó en total a 830 personas mientras que desde 1995 han sido asesinadas 1.350 mujeres. O 1.360, que viene a ser lo mismo. Muchas. Muchísimas. Demasiadas. Pero es que además, las víctimas no muertas –entre las que se cuentan tantos niños y niñas– son muchísimas más. Violencia machista

¿Por qué no son capaces de hacer un pacto de estado sobre este tema como se hizo sobre el terrorismo? Quizá, la respuesta sea porque políticamente no tiene tanto peso. En el caso de ETA era el Estado mismo el que se sentía amenazado. En este caso, son mujeres las que mueren. El tema no tiene tanto valor. Quizá no da tantos votos. Porque aquí lo que cuenta son los votos que se pueden conseguir. Lo que cuenta es ganar las próximas elecciones. Lo de menos son los argumentos, las causas. Todo se usa como un instrumento al servicio del sueño dorado: conseguir el poder. Y parece que las mujeres amenazadas, atemorizadas, violentadas, asesinadas, no dan votos. No son el trampolín fabuloso que podría ayudar a ganar elecciones. No tienen el peso político suficiente.

El 7 de noviembre, muchas mujeres y muchos hombres de este país van a salir a la calle para pedir a nuestros políticos que dejen de mirarse al ombligo, que dejen de buscar sólo sus intereses de partido y se preocupen por algo que está sucediendo y que afecta a la vida de muchas familias españolas: la violencia de género. 

Pedimos, exigimos, un pacto de estado contra ese terrorismo machista que mata, que viene matando desde hace años, que impone silencio, que humilla, que condena a muerte a tantas mujeres. Y lo pedimos no desde una ideología política. No. Lo pedimos desde el sentido común. Porque estamos por la vida. Y nos ofende tanta muerte gratuita.

Fernando Torres Pérez cmf

Fundación Luz Casanova

De la cárcel a la marginación

Por casualidad me encuentro con una estadística que me llama la atención. Compara el número de presos que hay en diversos países con el número de habitantes. Me fijo nada más que en dos de esos países. En Estados Unidos hay 2.217.000 presos. Eso significa que de cada 100.000 habitantes 698 están en prisión. En España hay 65.281 presos. De cada 100.000 habitantes hay 140 en prisión. La diferencia es significativa. Para entenderlo mejor, podríamos decir que si en España tuviésemos la misma proporción de presos por número de habitantes que tienen en Estados Unidos, tendríamos no la cantidad que tenemos ahora (65.000) sino 325.000. Ya sé que es una barbaridad pero eso es lo que dicen las cifras.

Pero no hay que hacerse ilusiones. En España la población reclusa está creciendo. En los últimos 20 años ha crecido un 50% aproximadamente, pasando de 42.000 a los actuales 65.000. La población del país no ha crecido en esa misma proporción.
¿Qué está pasando? Algo muy sencillo. La sociedad quiere seguridad. Y la respuesta de nuestros políticos es hacer reformas en el código penal que casi siempre van orientadas a aumentar las condenas. Ahora ya se habla de la prisión permanente revisable. Y casi cada nuevo hecho delictivo que sacan los medios de comunicación convoca una reacción de este tipo: hay que subir las penas.
La razón invocada es “que no se merecen estar en la calle después de lo que han hecho”. Diríamos que la sociedad reclama venganza. El preso debe pagar por lo que ha hecho. Y eso se paga en años de privación de libertad.
Pero hay dos razones que nos deberían llevar a invocar otro tipo de medidas. La primera es que la cárcel es a veces una escuela de criminalidad. Los que entran, a veces muy jóvenes y con condenadas pequeñas, no hacen más que encarrilarse definitivamente por caminos de marginación. Más cuando, al salir, la sociedad no es que les facilite las cosas para comenzar una nueva vida, lejos de la delincuencia. La cárcel es así el primer paso para la marginalidad, para no tener un trabajo estable, para vivir al otro lado de la calle.

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La segunda razón es que tradicionalmente en nuestro derecho la pena de cárcel se había contemplado más que una oportunidad para la rehabilitación de la persona que como el cobro que se toma la sociedad por el mal hecho. Así es nuestro sistema penal. Aunque poco a poco las reformas lo van cambiando.
Si la cárcel es ya una forma de marginación social, deberíamos hacer todo lo posible para que los que entran en ella, al salir, encontrasen la ayuda necesaria para integrarse y no caer en la marginación definitiva. Aunque sólo sea porque tiene más beneficios para la sociedad integrar a las personas marginadas que mantenerlas por años, a costes pagos, en una cárcel. Y porque la venganza no es la actitud que nos ayudará a solucionar los problemas de nuestra sociedad.

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

Poner nombre al maltrato

Hace unos meses asistí a un curso en el que una de las conferencias la impartió el delegado del gobierno para la violencia de género. Habló mucho y bien del tema. Dio muchos datos. Y uno de ellos me impresionó. No me acuerdo de cifras. Pero venía a decir que el 80% de las mujeres que denuncian maltrato no se reconocen como maltratadas. Ellas denuncian lo que entienden que son comportamientos ocasionales.

También dijo que en el caso de la campaña que están haciendo ahora mismo para intentar prevenir y crear conciencia sobre el maltrato en las parejas de jóvenes, se han visto obligados a cambiar la formulación de los anuncios publicitarios. Se dieron cuenta de que poner algo así como “Si te sientes maltratada, llama al teléfono…” obtenía poquísimas respuestas. Porque nadie se reconoce como maltratado. Sin embargo, cambiando la formulación a “Si sientes que tu pareja te controla tus entradas y salidas, tu teléfono móvil, tu whatsapp, etc., llama al teléfono…” el número de llamadas aumentaba.

La razón es muy simple. Nos cuesta reconocer y poner nombre a determinadas situaciones que a veces nos toca vivir. Reconocer que en el contexto de la pareja, allí donde el amor ha sido el vínculo originario, se produce una situación de dominación, control, maltrato y abuso, significa-implica reconocer el propio fracaso-error. No se acertó en la elección de la pareja. Algo habré hecho mal. Quizá tenga que ser así la vida de relación en pareja. Quizá haya sido siempre así. Al fin y al cabo, él me quiere. Lo que me hace no es más que una prueba de su amor que me quiere toda para él.

Damos muchas vueltas antes de poner nombre a las cosas. Porque ponerle nombre nos enfrenta a la realidad desnuda. Y la realidad, cuando es dolorosa, como en el caso del maltrato en el seno de la pareja, no es nada agradable de mirar de frente. E inevitablemente nos lleva a buscar soluciones, ayuda. A tomar decisiones, que siempre son arriesgadas. A romper relaciones que, aunque dolorosas, también solucionan problemas vitales (casa, recursos económicos, etc.). A buscar nuevos caminos y horizontes que, por desconocidos e inciertos, siempre provocan temor y angustia. A veces se terminan prefiriendo los ajos y las cebollas de Egipto (lugar de la esclavitud) a la incertidumbre de caminar por el desierto en busca de la Tierra Prometida (que no asegurada).

La experiencia de las mujeres que han dado el paso es siempre la misma. No se arrepienten en absoluto. Se arrepienten de no haberlo dado antes. Pero hay que pasar por ese momento crítico de poner nombre a lo que se vive y experimenta. Amigos, familiares, conocidos somos responsables de ayudar a las mujeres que sufren en silencio a dar ese paso.

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

 

Entre la vergüenza y la esperanza

Hay veces en que uno se avergüenza de las cosas que pasan en esta Europa nuestra. Más aún, en esta España nuestra. Todos estamos tan centraditos en nuestros problemas que no somos capaces de ver lo que sucede fuera de nuestras fronteras, donde están las crisis de verdad, las guerras, los desastres, el no futuro. En Europa estamos a veces tan miopes, especialmente nuestros gobernantes que damos pena.

Cientos de miles de personas están llamando a nuestras fronteras. Son refugiados. Ellos sí saben lo que es estar en crisis. Vienen de países en guerra, en crisis total. Son países donde el Estado no existe. Donde la seguridad no llega ni a ser una palabra. Donde el futuro es oscuro y dificultoso. Donde la esperanza está en negativo. Y buscan el futuro en otro sitio. Vienen por razones políticas, por razones económicas. Por la razón que sea. Da lo mismo. Vienen porque son personas y tienen derecho a buscar una vida digna para sí y para los suyos.

¿Cuál está siendo la respuesta de la Unión Europea? Para llorar. Hubo una propuesta de acoger a los refugiados proporcionalmente a la población de cada país de la Unión Europea que no salió adelante por falta de consenso. Creo recordar que a España le tocaba acoger a 3.500 refugiados más o menos. Nuestro gobierno se negó. Dada nuestra situación económica no podíamos hacer ese esfuerzo. Y luego nada. Planes, ideas, reuniones pero nada práctico que salve de la muerte a los que vienen. En todo caso echar balones fuera como cuando se dice que la culpa es de las mafias que mueven a los refugiados.

Menos mal que la respuesta de la gente está siendo diferente. Y del gobierno alemán también, por cierto. Todo hay que decirlo. Alemania ha abierto sus puertas con una acogida generosa y amplia. Gobierno y pueblo dados de la mano acogiendo a los refugiados. En España hay muchas iniciativas particulares (ayuntamientos, familias, iglesias, instituciones…) que se unen en vistas a hacer una red de acogida. Tanta presión ha hecho que nuestro gobierno se haya visto obligado a cambiar de onda y ahora diga que vamos a acoger a los refugiados.

Así que siento vergüenza de nuestros gobiernos europeos. En concreto de nuestro gobierno español. Pero me siento orgulloso de la gente, de los pueblos, que están ahí: abriendo las manos y los brazos para acoger a los que llegan de la guerra, del dolor, de la pobreza. Verles así me da esperanza y me hace pensar que algo puede cambiar. Y a mejor.

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Nosotros fuimos refugiados. Nosotros fuimos emigrantes. Esta foto está expuesta en La Fundación Archivo de Indianos – Museo de la Emigración, se encuentra en la localidad de Colombres (Asturias), en la casa Construida por el emigrante a México Íñigo Noriega Laso.

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

Apunta: 7 de noviembre

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Después de unas pequeñas vacaciones retomamos este blog y comenzamos un nuevo curso tras un verano que se ha significado por algunos hechos tristemente lamentables.

1. La violencia ejercida contra la mujer y los niños ha tenido unas cifras no alcanzadas con anterioridad en tan poco espacio de tiempo. “17 mujeres y 8 niños han muerto por violencia doméstica en dos meses”.

2. El otro hecho ha sido y sigue siendo, el éxodo masivo de seres humanos llegando a Europa huyendo de la guerra, la violencia y probablemente la muerte.

En estas breves líneas me quiero centrar en el primero de los puntos. El segundo lo trataremos en el siguiente blog.

Los niños siempre son víctimas cuando hay violencia machista en los hogares, pero en estas ocasiones se han convertido en víctimas directas. ¿Qué lleva a un padre a asesinar a sus propios hijos? Sonia Vaccaro psicóloga clínica especializada en Victimología, en unas declaraciones recientes al diario El Mundo afirmaba: “Es una violencia secundaria a la víctima principal, que es la mujer. Es a la mujer a la que se quiere dañar y se hace a través de terceros, por persona interpuesta. El machismo sabe que matar a los hijos es asegurarse de que la mujer no se recuperará jamás. Es el daño absoluto”.

Al escuchar estas noticias sobre las mujeres asesinadas por sus parejas, pensaba en las mujeres a las que he entrevistado en la Fundación Luz Casanova y era como repetir sus propias historias. Ellas han podido huir de su maltratador y de una posible muerte. Con la denuncia acaba un calvario de dolor pero empieza una nueva etapa en la que es muy importante que estas mujeres se encuentren acompañadas y arropadas. Para ellas empieza un camino nuevo pero a veces también duro. Muchas no son capaces de continuar y terminan volviendo a la cárcel que es su hogar y con su maltratador. Muchas terminan perdiendo la vida.cartel-marcha-violencias

Algunas organizaciones feministas han organizado el próximo 7 de noviembre la primera Marcha Estatal contra la Violencia Machista,  tendrá su punto de encuentro final en Madrid. Se pretende visibilizar la repulsa de la sociedad ante esta lacra y se quiere exigir compromisos serios y definitivos de las fuerzas políticas que tengan carácter de Pacto de Estado. Las convocantes afirman que “…el terrorismo machista es una cuestión de estado, y para combatirlo hay que realizar un pacto de estado…”.

Sería deseable que ese día fuéramos cientos de miles de personas, mujeres y hombres, los que uniéramos nuestra voz para acabar con la violencia que se ejerce contra las mujeres. No importa sexo, clase social, ideología política o religión… todas las voces deberían confluir en un solo grito: NO MAS VIOLENCIA MACHISTA.

Para esto es necesario no solamente acudir personalmente sino ayudar a la difusión y al conocimiento de esta Marcha que tendría que ser masiva para que ninguna otra mujer se encuentre sola en ese túnel de oscuridad que son los malos tratos.

Charo Mármol

Fundación Luz Casanova

 

 

 

 

 

Mi amigo Luis

Ayer me encontré con mi amigo Luis. Hacía tiempo que no le veía. Le va bien en la vida. Trabaja en un banco. Se dedica a hablar con los clientes y aconsejarles en el mundo de las inversiones. Un trabajo como cualquier otro. Está casado y tiene dos hijos pequeños. Es un hombre joven, normal. Como tantos otros. Las casualidades de la vida hicieron que nos encontráramos y que trabásemos una cierta amistad.

Pero ayer tenía ganas de hablar y de contarme. Le va bien en el trabajo. Le va bien en la familia, con su mujer y sus hijos. Quizá porque le va bien y es consciente de que a otros muchos no les va tan bien, entre su mujer y él han tomado una decisión que me sorprendió, luego me asustó un poco y, al final, no pude menos de darle la mejor de mis enhorabuenas y decirle que probablemente había tomado la mejor decisión de su vida.

Después de pensarlo un tiempo, él y su mujer han decidido presentarse voluntarios a un programa que tiene la comunidad autónoma en la que viven para acogida de niños o niñas en situaciones conflictivas. No se trata de adopción. Nada de eso. Esto es un poco diferente.

Por la razón que sea el juez en un determinado momento le quita a unos padres la responsabilidad sobre sus hijos. Puede ser que los padres sean drogadictos, por poner un ejemplo. El juez entiende que no están en condiciones de atender a sus hijos como es debido. Les retira la custodia. Lo normal es que esos niños terminen en una especie de orfanato: un centro estatal donde los niños viven y son atendidos. Nada que decir, obviamente, sobre el personal que trabaja en esos centros. Seguro que le echan un montón de cariño a su trabajo. Pero todos entendemos que para esos niños es mejor estar en una familia de acogida que en un centro de esos. Por eso nació este programa. Y por eso hay voluntarios que se presentan a ser “familias de acogida”. argetina 2 2

Esa acogida se hace por un tiempo. Puede ser un año o varios años. Hasta que el juez determine que los padres pueden volver a tener la custodia de sus hijos. Además, los niños no deben perder la relación con sus padres. Pueden tener un régimen de visitas mensual.

Es arriesgado meter así un extraño en tu casa. Pero es hacer un inmenso favor a un niño que necesita una familia que le cuide como un pez necesita el agua para sobrevivir. Se van a crear unos lazos afectivos y, quizá, haya que romperlos más adelante. Mi amigo Luis y su mujer, y también sus hijos, no se han puesto en el centro (¿qué necesitamos para sentirnos bien?) sino que han pensado en el bien de esos niños y qué pueden hacer para ayudarles. Aunque eso suponga sacrificios y problemas. Aunque suponga salir de la zona de confort habitual en que nos encanta vivir.

Enhorabuena, Luis. Ya podía haber mucha gente como tú. Así de generosa y disponible. Este mundo sería, sin duda, un poco mejor.

Fernando Torres Pérez cmf

Fundacion Luz Casanova

 

link de acogimiento de la comunidad de Madrid http://www.madrid.org/cs/Satellite?c=CM_InfPractica_FA&cid=1354223013399&idConsejeria=1109266187278&idListConsj=1109265444710&idOrganismo=1109266227723&language=es&pagename=ComunidadMadrid%2FEstructura&sm=1109170600517

 

Un paquete de comida

El periodista la vio por pura casualidad. Una mujer normal, de edad mediana, de belleza mediana. Podría haber pasado desapercibida. Una más entre las muchas mujeres que van y vienen a media mañana por la calle, todas con sus carros de la compra o con sus bolsos, cada una a sus quehaceres, con sus urgencias y sus prisas, con sus disgustos y sus alegrías, centradas en lo suyo.

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Pero ella se diferenció del resto por un pequeño detalle que puso en guardia al periodista y le dijo que allí había algo que podía ser una noticia. Porque la diferencia es lo que hace de un gesto normal una noticia. Y allí estaba esa diferencia. Vio cómo la mujer, aún caminando deprisa, paraba un momento al lado de un mendigo, un pidón, que estaba a la puerta de un comercio, y abría el bolso. De entrada pensó que le iba a dar una limosna, unos céntimos, como habían hecho algunos viandantes antes y otros harían después. Nada fuera de lo normal.

Lo que le llamó la atención, lo que marcó la diferencia, fue que lo que sacó de su bolso –uno de esos bolsos femeninos donde cabe medio mundo– no fue la cartera sino un paquete, pequeño pero paquete, que con sumo cuidado entregó en mano al mendigo. Quizá lo que más le llamó la atención al periodista es que el mendigo lo recibió como si supiera lo que era, como si no fuera la primera vez que recibía aquella limosna diferente. Al periodista se le encendió una luz en el cerebro. ¿Qué era aquello? Ahí estaba la noticia. Tenía que hablar con aquella mujer.

Lo hizo. Tuvo que acompañarla con su prisa pero no fue difícil entablar conversación. Se dirigía al autobús. Tenía prisa porque no podía perderlo. Su trabajo consistía en ayudar a algunos enfermos aquí y allí. Era emigrante. De otro país lejano se había traído un título de enfermería pero aquí, en España, no se lo reconocían. Sólo había encontrado trabajo por horas como asistenta. Y sus clientes eran todos ancianos. Unas hora aquí y unas horas allí. Mucho moverse para ganar lo justito para vivir ella aquí y mandar algo a su familia de lejos, bien necesitada de su ayuda y causante de su viaje a España.

No tuvo inconveniente en explicar al periodista el misterio del paquete. Cuando llegó a España lo había pasado mal. Muy mal. Los primeros tiempos se había visto obligada a pedir ayuda. Ahora no estaba para tirar cohetes. Ganaba lo justo. Incluso un poco menos de los justo. Pero le rompía el corazón ver la necesidad de los que pedían por la calle. Por eso, cada vez que cocinaba para ella hacía siempre un poco más para darlo a algunos de aquellos necesitados que se encontraban por la calle. Más no podía hacer. Casi pedía excusas al periodista.

El periodista se fue un poco avergonzado. Él creía que hacía algo contando las cosas. Aquella mujer, normal, de mediana edad y pobre vida, entregaba de su tiempo y su trabajo un poco de su propia comida para que otros pudiesen saciar su hambre. ¿Qué más se puede pedir?

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

La vergüenza de Europa

En las últimas semanas hemos asistido –tanto si hemos estado atentos como si hemos preferido mirar para otro lado– a un espectáculo que ha sido una verdadera vergüenza para Europa. Y ya que nos ha tocado vivir aquí, para nosotros, los españoles.

Ha estado en las portadas de los periódicos. Si de vez en cuando intentan pasar algunos inmigrantes a España/Europa saltando la valla de Ceuta o Melilla (¿por qué será que me recuerda tanto esa valla al Muro de Berlín?), son muchísimos más los que pasan en pequeñas embarcaciones de Libia a las costas del sur de Italia. Allí los centros de acogida están desbordados. Los recién llegados se cuentan prácticamente por decenas de miles. La marina italiana, ayudada por barcos de otras naciones de Europa, hacen lo que pueden para que, al menos, nadie perezca en el mar. La alarma saltó cuando se hundió un barco con casi mil inmigrantes. Los supervivientes casi se contaron con los dedos de las manos.

Ya se sabe lo que pasa en esos momentos. Como el asunto salta a las primeras páginas de los medios, los políticos se movilizan. Hay que buscar una solución. Lo más fácil es echar la culpa a las mafias que les procuran transporte. ¡Cómo si ellos fueran los que crean la necesidad de toda esa gente de abandonar sus países en busca de una vida mejor! Hubo ministro, y creo recordar que fue el español, que habló de utilizar la fuerza aérea para bombardear esos barcos que esperan en la costa de Libia su carga de inmigrantes.

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Alguien debió haber con un poco más de sentido común en la Unión Europea y propuso que se repartiesen esos inmigrantes entre las diversas naciones proporcionalmente a sus habitantes. No estaba mal la solución. A todos les/nos tocaría algo para entre todos facilitar una solución (¿no es Europa la campeona de los derechos humanos?).

Lo terrible ha sido que el plan no ha salido adelante. Muchos países se han negado a asumirlo. España entre ellos. Nos tocaba acoger a unos 3.500 inmigrantes. Pero nuestro gobierno ha dicho que no podemos con esa carga, que ya tenemos muchos parados, que estamos justo saliendo de la crisis y no podemos asumir ese coste.

¿De verdad que no les ha dado vergüenza? ¿De verdad que no nos da vergüenza? ¿Tiene esta respuesta algo que ver con aquello de la “fraternidad, libertad e igualdad”? ¿No nos teníamos que haber levantado en armas contra nuestro gobierno por decir –y hacer– esas cosas? ¿No nos da vergüenza como cristianos o, simplemente, como personas?

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

Tenía el pelo muy corto

Nos sentamos tranquilamente a charlar un rato. Un café, una buena butaca y la conversación fue saliendo casi sin pensarlo. Era una chica normal. Lo único que se salía un poco de esa normalidad era su pelo. Lo tenía cortísimo. Decir que lo tenía estilo chico era quedarse corto. Con unos años menos, habría sido hasta normal. Le daba un aspecto entre adolescente y algo más. Pero no concordaba del todo con sus años ya de una cierta madurez.

La conversación seguía sus vericuetos, los temas iban cambiando, enganchándose uno en otro casi sin sentirlo. La confianza iba creciendo. Tanto que llegó un momento en que me atreví a lanzarle la pregunta: “¿Cómo llevas el pelo tan corto? Seguro que el pelo largo te tiene que sentar de maravilla.”

En seguida noté algo en sus ojos, en su rostro, que cambiaba. Fue un gesto de dolor. Como si le hubiera pinchado con una aguja pero muy adentro. Porque el dolor, era casi visible, salía de lo más profundo. Por un momento, tuve la sensación de que se hubiese abierto una compuerta largo tiempo cerrada y que en el fondo de ese depósito había acumulado un dolor antiguo y pesado.

“Me cuesta hablar de eso.” Guardó un momento silencio y siguió hablando. A trompicones me fue contando su experiencia de pareja. Se había casado. Al poco tiempo, se pasaron los arrumacos y comenzaron los abusos. Él no había respetado ni a los niños. La violencia era verbal, psicológica. Siempre. Y también física. Muchas veces. La mano. Abierta para las bofetadas. Cerrada para los puñetazos. Mucho dolor. Mucho no saber qué hacer. “Si dices algo a alguien, va a ser mucho peor” era el mensaje que le transmitía continuamente. No tenía familia a quien recurrir. Mucho menos una casa a donde ir. Pelo-Corto

En aquella época, me contó, tenía el pelo largo y suave. Le gustaba llevarlo así. Lo tenía muy bonito. Se lo habían dicho siempre sus amigas y amigos. Pero ese pelo del que tan orgullosa estaba se convirtió en un motivo de discusión. Los celos eran tremendos. No sólo eso. Se convirtió en una fuente de dolor. No había contado las veces que la había agarrado del pelo y tirado salvajemente de él hasta arrojarla al otro lado del cuarto contra la pared.

Llegó el momento en que aquella vida le resultó inaguantable. Reunió todo el valor para irse de casa con los niños y un pequeño bolso, llegar a la comisaría de policía y poner la denuncia. Allí la orientaron a una casa de acogida. Fue como un nuevo amanecer. En unos pocos días se dio cuenta de que se podía ir a la cama sin miedo a que a medianoche viniera él, borracho, a pegarle una paliza.

La primera decisión que tomó en su nueva casa fue cortarse el pelo. “Nunca más, nadie, me volverá a agarrar del pelo para maltratarme.”

 

 

Fernando Torres Pérez cmf

Fundación Luz Casanova

Proteger al débil

Estos días he visto repetidas veces en el periódico una foto. Se ve a una mujer medio tirada en el suelo.
La policía está a su lado, levantándola. Pero no exactamente ayudándola a levantarse sino más levantándola a la fuerza. El pie de foto explica que la mujer es Ada Colau. La foto se sacó en una acción que la asociación a la que pertenece (Plataforma de Afectados por la Hipoteca) realizó en alguna fecha relativamente cercana en el tiempo tratando de impedir un desahucio.

La foto me ha llamado la atención. Ha puesto delante de mí la situación dramática que han vivido tantas familias en España en estos años de crisis. Es verdad que no todos los desahucios han sido de viviendas familiares. Pero también es verdad que muchos han sido de viviendas familiares. Y que han sido muchos los que se han quedado en la calle. La asociación trataba de impedir que eso siguiese sucediendo. Invocan un derecho constitucional. En realidad, invocan un derecho de sentido común: no hay que echar al pobre a la calle. No hay que dejar tirado al que ha perdido el trabajo, al que no tiene medios, al que…

No sé si la PAH está formada por cristianos o no. Me dicen que en Murcia un cura lidera este

PAHmovimiento. Seguro que hay más. Pero de lo que estoy seguro es de que está formada por personas que han sentido la compasión y la misericordia ante los más débiles y el ultraje que se estaba haciendo con ellos como algo propio.

En este país se han aportado miles de millones de euros a bancos y cajas de ahorro (es una cantidad de dinero que se me escapa de la mente). Ya estamos dando casi por supuesto que no lo van a devolver. Es decir, que lo vamos a pagar entre todos. No digo que no fuera necesario hacerlo por el bien de todos. No voy a entrar en esas cuestiones de alta política. Pero digo que podían haber destinado una pequeña parte a ayudar a los desahuciados y otros a los que les ha tocado lo peor en esta crisis. Aunque hubiera sido sólo un 1% de lo que se dio a los bancos. Igual algún banco se podía haber conformado con un poco menos y se podía haber dado un poco más a los débiles, a los que se iban quedando tirados en el camino tan duro que ha sido esta crisis.

Las elecciones han traído cambios en el escenario político. No sé si los elegidos lo van a hacer bien o mal. Pero sí sé que, en algunos casos, han puesto por delante su interés por los más débiles. Espero y deseo que lo cumplan, que lo lleven a la práctica, mucho más de lo que lo han hecho nuestros anteriores gobernantes. Sólo porque de estar a favor de alguien creo que hay que estar a favor de los más débiles. Y porque no pierdo la esperanza de que hay gente buena que está llena de compasión por los débiles y que es capaz de actuar en consecuencia.

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

Arriba y abajo

Acabo de venir de estar un rato con una tía mía muy mayor. Vive en una torre de apartamentos de Madrid. En el piso 15. La casa está muy bonita. Sobre todo, naturalmente, las vistas. El paisaje es luminoso. La vista se expande hasta un horizonte que abarca casi todo Madrid. Me ha llevado a la pequeña terraza del apartamento para ver en lontananza todo Madrid. Desde allí nos ha ido señalando los diferentes edificios y zonas de la ciudad. Todo muy bonito.

Desde la terraza también nos ha invitado a echar la mirada hacia abajo. “Si no os da vértigo…” Allá abajo se veía un parque, muchos árboles, bancos, todo también se veía muy bonito. “Allí saldrás para darte algún paseo y pasar un rato cuando hace buen tiempo” le he dicho al ver el parque. “No salgo mucho porque es un parque un poco peligroso,” ha sido su respuesta.

Me ha hecho pensar. Desde las alturas todo es bonito. Desde arriba, a vista de pájaro, la ciudad es preciosa. Se ven las grandes avenidas, los monumentos, las plazas. Pero, cuando bajamos abajo y llegamos al nivel del suelo, nos encontramos con una realidad que es un poco diferente. A ras de tierra, la vida ya no es tan bonita. Nos acercamos a las personas, caminamos en medio de ellas, vemos su fealdad, sus defectos. A veces, los rostros con los que nos cruzamos se nos hacen amenazas para nuestra paz y tranquilidad. Ya no podemos ir tranquilos por las calles. Hay suciedad. Hay fealdad. Hay otra realidad muy diferente de la que se ve desde arriba.

La tentación es la de no mirar hacia abajo. Y pretender quedarnos en la vista de pájaro. La tentación es la de pensar que todo es bonito. Ante la fealdad, la pobreza, la exclusión, la marginación es mejor solemos terminar mirando para otro lado, cerrando materialmente los ojos. O incluso proponiendo leyes y normas para que todo eso tan desagradable y feo, que asusta tanto a la gente de bien, desaparezca de nuestras calles.Centro d día 2

Digo lo contrario. Hay que hacer el esfuerzo de mirar hacia abajo, de mirar de frente todo eso que no nos gusta, de caminar a nivel de calle. Porque, lo queramos o no, nos guste o no, son hermanos nuestros y tienen tanto derecho a la belleza, al bienestar, como nosotros.

Me acuerdo de un compañero que conocí hace muchos años. Era de un país muy pobre pero de familia bien. Me dijo que el no había visto nunca a los pobres porque iba siempre en el coche de su padre y éste tenía los cristales tintados. Nosotros igual no tenemos un coche de esos pero quizá tenemos gafas de sol y las usamos para no ver al que camina a nuestro lado. Que recordemos que abajo es donde está la vida, la fraternidad, el reino. ¡Abajo!

Fernando Torres

Fundación Luz Casanova

 

El maltrato a través de la fotografia

Tengo a Rosalia sentada delante de mí. Es una mujer latinoamericana de 43 años. Al principio tiene la mirada baja y bajo el hablar. Comienza a contarme su historia a la vez que no deja de frotarse las manos. Vino hace diez años a España con la idea de ganar algo de dinero para poder hacerse una casita en su país. A los pocos meses conoció al que pronto sería su esposo. “Cuando empezamos todo era maravilloso. Como empiezan las parejas. El es español. Todo era maravilloso, muy atento, muy consentidor, muy detallista, me hacia regalos… pero cuando empezó la convivencia con él  cambió como de la noche a la mañana”. Convivió siete años con su pareja durante los que tuvo dos hijos y cuatro abortos.  “Creo que fue por el estrés y la depresión porque cuando estaba embarazada siempre me decía que a saber de quién era el hijo que esperaba”.  El maltrato fue en aumento pasando de los insultos, los celos, el aislamiento, a la violencia física. Pero Rosalia no fue capaz de abandonar a su marido hasta que éste un día que estaba con una muleta se la tiró a su hija y la dio en la cara. A Rosalia le tiró un candelabro a la cabeza. Sólo entonces, cuando vio peligrar la vida de sus hijos tuvo fuerza para presentar una denuncia y llegar al Centro de Emergencia de la Fundación Luz Casanova.

Rosalia levanta la cabeza y mirándome de frente me dice: “Llegué a estar en un estado muy depresivo,… hay una frase en mi país que dice que cuanto más oscuro se pone es porque más rápido va a clarear. Lo veía tan negro, tan negro que de la noche a la mañana siento que ha salido la luz y he encontrado la luz. Hoy quiero decir a las mujeres que viven lo que yo he vivido que de todo se sale menos de la muerte, que no soporten lo insoportable porque yo llegué a querer morirme, pero siempre hay esperanza y una salida para todo. Hay que salir adelante y a flote con nuestros hijos”.

Rosalia, Carmen, Daniela, Maria… mujeres plurales de distintas clases sociales, de distintas partes del mundo,  unidas por el maltrato, viven y comparten sus experiencias en grupos y talleres que organiza  la Fundación Luz Casanova.  aplastada,pisoteada,humillada,denigrada

Es en uno de estos Talleres donde empiezan a trabajar los estereotipos que hay sobre la mujer, la violencia machista, el maltrato…”Trabajamos mucho con ellas para que sean conscientes de que están abriendo camino. Muchas veces no se dan cuenta de que son unas autenticas supervivientes, unas luchadoras y que al final son un ejemplo para otras mujeres que vienen detrás. Nos pareció una buena idea en la que ellas fueran las protagonistas y ellas las que lanzaran el mensaje a la sociedad”, nos cuenta la coordinadora de la Casa,  y así surgió la idea de hacer una exposición de fotografías realizadas por ellas y que expresaran cómo viven estos estereotipos que quieren romper.

Cámara en mano han salido a la calle y han puesto imágenes a sus sentimientos. Posiblemente ninguna de estas mujeres ganarán el Premio Pulitzer de fotografía pero han podido expresar  a través del arte de la fotografía, la luz y el color, sentimientos, emociones y vivencias que han sufrido.

Sus fotografías, junto a las que han realizado, siguiendo el mismo proceso, las personas del Centro de Dia de la Fundación Luz Casanova, pueden verse durante todo el mes de mayo, en el Restaurante Subiendo al Sur, de la calle Ponciano, 5 de Madrid.

La inauguración será el martes 5 de mayo a las 19 horas.

Charo Mármol

 

 

Del Telón de Acero al Muro del Sur

Cuando era pequeño me hablaron muchas veces del Telón de Acero. Era el símbolo de unas naciones que no se fiaban de sus ciudadanos y los habían encerrado en unas inmensas y enormes dificultades burocráticas y legales si querían salir de su país. Ya vivían en el paraíso comunista, ¿cómo era posible que quisieran ir a los decadentes países capitalistas de occidente? La respuesta occidental era la acogida a todos los que lograban pasar esa frontera, poniendo en riesgo a veces su vida.

Cuando el Telón de Acero, el Muro de Berlín, cayó en 1989, nos alegramos todos. Terminaba una época de división en Europa. Las fronteras comenzaban a caer y la relación entre los pueblos era ya otra. No había problema en que las personas se moviesen de país en país. Poco antes, en 1985, se había firmado el tratado de Schengen por el que en la práctica se abolían las fronteras entre la mayoría de los países de la Unión Europea. Comenzaba un nuevo futuro.

Lo malo es que a veces los sueños terminan en pesadilla. Lo malo es que a la caída del Telón de Acero le ha sucedido el levantamiento de un nuevo muro al sur de la Unión Europea. Las vallas de Ceuta y Melilla son el símbolo de ese muro. Lo malo es que esas vallas sólo son parte de un operativo más amplio hecho a base de radares, helicópteros, buques de guerra, etc, que vigilan el Mediterráneo tratando de hacer lo imposible: detener la marea humana que viene de tantos países de África y Oriente Próximo que sufren la guerra, la pobreza y la injusticia.

Los países fronterizos, España, Italia, Grecia, hacen lo que pueden, que no es mucho para contener, acoger en ocasiones, esa marea humana. Por el medio, en el Mediterráneo, hundidos en sus aguas, quedan muchos cadáveres. Dice Acnur que en 2014 en torno a 220.000 migrantes cruzaron el Mediterráneo hacia el norte y 3.500 murieron en el intento. Y que en este año han perecido ya en torno a 500. Pero nadie, obviamente, conoce las cifras exactas. No tienen papeles. No importan mucho. En Barbate, Tarifa, Algeciras, etc. hay muchas tumbas sin nombre. Sólo con una fecha. No son nadie.

Valla-Melilla-Fotografia-Jose-Palazon-Pr_EDIIMA20150310_0781_17 Si hablamos de exclusión, tenemos que echar la mirada al sur de Europa para entender de lo que hablamos. La foto que mejor lo retrata es aquella, realizada por   José Palazón-Pr, publicada en los periódicos, del campo de golf, con sus jugadores y sus carritos, y al fondo la valla cubierta de migrantes repelidos por la Guardia Civil. Eso es exclusión. Ahora sé que a los que cruzaban el Telón de Acero hacia Occidente se les acogía por razones políticas no por ser personas. Y a estos que vienen ahora se les rechaza porque ponen en peligro nuestro sagrado “estado de bienestar”. “Bienestar” ¿para quién?

Fernando Torres

www.proyectosluzcasanova.org

Nota. La fotografía que reproducimos, realizada por José Palazón, ha sido la ganadora  del premio Ortega y Gasset en este año 2015,  en su categoría gráfica. Esta imagen  se ha convertido en símbolo de la desigualdad entre los países del Norte y los del Sur

 

 

 

Querer no es poder

El libro tenía un título que me llamó la atención: Querer NO es poder. Me lo regalaron al terminar una visita a una casa del Proyecto Hombre en Málaga hace unos cuantos años. Me habían estado explicando y comentando el trabajo que allí se hacía con las personas que habían caído en la droga. El objetivo fundamental era acompañarles y, como dicen los modernos en término español clásico pero desaparecido del uso habitual, empoderarlos para que ellos mismos fuesen poco a poco dando los pasos necesarios para salir del pozo en que se habían metido por muy diversas razones, no siendo la menos importante su propia debilidad.

“Querer no es poder” supone decir exactamente lo contrario de lo que dice la sabiduría popular: “querer es poder”. Se expresa así la fuerza de la voluntad que es capaz de vencer todos los obstáculos y llegar al triunfo. Exige trabajo, compromiso, tesón, esfuerzo. Pero, se nos dice, el que pone todo eso sobre la mesa del juego que es la vida, termina ganando. Lo hemos visto en numerosas películas, norteamericanas sobre todo. El que la sigue la consigue, dice otro refrán expresando lo mismo. Basta con quererlo y poner toda la carne en el asador.

La conclusión inmediata es fácil. El que no lo consigue es que porque no quiere. Se lo oí a un familiar esclavos feliceshace unos años hablando del tema del empleo: “El que no tiene un trabajo es porque no quiere, porque no lo busca.” En aquel momento él estaba empleado y bien empleado. Su versión y perspectiva cambió cuando le toco a él pasar al otro lado de la luna, del empleo al desempleo. Comenzó a ver las cosas de otra manera. Pero la ideología de “querer es poder” está muy metida en nuestra sociedad que cada vez mira con más desprecio a los perdedores. Quino la expresó muy bien en una tira de Mafalda en la que su amiga Susanita, la niña burguesita por excelencia, afirma que “no hay remedio, los pobres seguirán siendo pobres mientras sigan viviendo en barrios pobres, tengan trabajos mal pagados, compren en tiendas pobres y manden a sus hijos a colegios pobres.”

Por eso, el libro, que leí con toda atención, me hizo pensar. Porque “querer NO es poder”. Porque muchos quieren pero no todos lo consiguen. Es muy cruel condenar a todos los que pierden en la batalla de la vida. Y porque a la gente que lo está pasando mal le hace falta una mano amiga. Y sin esa mano amiga va a ser muy difícil que salgan de su situación. Cierto que ellos tienen que poner de su parte. Pero no es suficiente. Porque “querer NO es poder” tenemos que ser solidarios con aquellos a los que les ha tocado la peor parte en el reparto de este mundo, sea por la mala suerte o por su misma debilidad. Se lo merecen. Simplemente porque son nuestros hermanos.

Ferrnando Torres

Fundación Luz Casanova

 

 

Las ventajas de la tercera persona

Hace unos días he estado en un debate. Varios equipos de universitarios debatían sobre  si eran los universitarios los responsables o no de acabar con esa terrible “tradición” de las novatadas. Los que siguen considerando las novatadas como unas bromas inocentes deberían ir a la ciudad universitaria de Madrid en septiembre. Entenderían lo que quiere decir cuando digo “terrible”.

Pero no quiero hablar de las “novatadas” sino de algo en lo que me hizo caer en la cuenta una de las personas conocidas que atendían al debate. Es que los participantes, todos universitarios, todos envueltos de una manera o de otra –como novateadores o como novateados– en el asunto, no usaron nunca el “nosotros” a lo largo del debate. Post 2.1

Daba la impresión de que estaban hablando de algo que pasaba en otro mundo. Se referían a las novatadas como si no fuese con ellos, como si no hubiesen estado a un lado u otro de la trinchera hace apenas unos meses. Unos decían que los universitarios no tenían medios para acabar con ellas y que tenía que ser la autoridad (también se utilizaba una referencia impersonal) la que se responsabilizase. Los otros atacaban y argumentaban afirmando con razones varias que eran los mismos universitarios los que debían acabar con ellas. Todo con mucho respeto y educación. Como si la cosa no fuese con ellos.

Me temo que la actitud de aquellos universitarios es más común de lo que parece. Nos cuesta mucho decir el “nosotros” por lo que tiene ese pronombre de implicativo. Supone reconocer que el fenómeno del que hablemos nos afecta en primera persona. La homofobia, la violencia doméstica, los abusos verbales contra las personas, la exclusión social, la marginación, los prejuicios… son fenómenos que afectan a otros. La distancia que supone no usar el “nosotros” nos permite ser una suerte de contemplativos de fenómenos que no nos afectan directamente, que suceden lejos de nosotros. Ante ellos no tenemos ninguna responsabilidad. No tenemos nada que hacer. Son cosas que afectan a otros. Nos podemos quedar tranquilos. A lo más podemos musitar un “¡Qué pena!” y pasamos página.

Post 2.2 Lo malo es que la realidad es tozuda. Todo eso pasa en nuestra sociedad. En nuestro barrio. Muchas veces en nuestra misma familia. Todo eso afecta a mis hermanos y hermanas. Y por eso me afecta a mí.

Sería conveniente, pues, que revisásemos nuestro lenguaje. Para evitar usar esa tercera persona adormecedora y tranquilizante. Y comenzar a usar más el “nosotros” que remueve nuestras conciencias.

Fernando Torres

 Fundación Luz Casanova

 

Al final… la luz

Un túnel largo, oscuro, casi infinito, sin salida…. Es la expresión que mujeres como María, Soledad, Carmen, Dory… utilizan cuando cuentan sus historias de dolor, de sufrimiento, de humillación vividas durante largos periodos de tiempo de malos tratos por parte de sus parejas. Han vivido mucho tiempo, a veces años, sumergidas en un túnel negro, sin atisbar ninguna luz que les señale la salida y aporte un poco de esperanza a sus vidas. Esa luz, empiezan a verla cuando un día deciden denunciar, abandonar su pareja y su hogar y llegan al Centro de Emergencia Luz Casanova.  ‘La acogida es uno de los puntos más importantes, dice la coordinadora del centro, porque estamos en uno de los momentos más peligrosos. Es cuando han decidido salir de la casa y el agresor ha perdido el control. No sabe ni dónde están ellas ni dónde están sus hijos, en el caso de que los haya. Es una situación de riesgo máximo. Por otro lado, las mujeres abandonan toda su vida, tienen que dejar su lugar de trabajo, de vida y no pueden acudir ahí más. Las relaciones con la familia se complican porque no pueden acudir a ellas por ser localizables…

Trabajamos mucho con ellas para que sean conscientes de que están abriendo camino. Muchas veces no se dan cuenta de que son unas auténticas supervivientes, unas luchadoras y que al final son un ejemplo para otras mujeres que vienen detrás’ .Post 1 alas

Lo mismo les ocurre a aquellas personas que acuden al Centro de Día, personas sin hogar que utilizan el Comedor Social, reciben clases de informática, español y herramientas que las ayudan en la búsqueda de empleo;  pueden asearse y  lavar sus ropas, ver la televisión, conversar con personas que viven su misma situación y con aquellas que realizan la acogida. Por unos instantes dejar de confundirse con el mobiliario urbano y se sienten personas como las demás. Para muchas y muchos cuando llegan a nuestro centro es el momento en el que alguien les mira a los ojos directamente y le dice: Bienvenido, bienvenida, pasa, estás en tu casa. Para muchos y muchas, después de un tiempo sin ver el camino el paso por el Centro de Dia Luz Casanova es la luz que se vislumbra al fondo del túnel.

A lo largo de este blog queremos compartir, además de otros intereses, la vida de los usuarios y usuarias de nuestros centros, sus vidas, sus miedos y sus esperanzas, aquellas que las hacen ver que al final de túnel está la luz.

Charo Mármol

Fundación Luz Casanova