Disculparse en medicina. Respuesta a un comentario.

Hoy iba a escribir de la vacuna de la gripe A, uno de los temas de actualidad, pero prefiero narrarles un acontecimiento de mi práctica cotidiana, real como la vida misma, y responder a un comentario que apareció recientemente en una antigua entrada de mi blog. 

El hecho es sencillo y tristemente repetido en esta sociedad rural: el médico del pueblo deriva un paciente anciano al hospital de forma urgente diciéndole al familiar (por lo general gente sencilla) que está muy grave y que su vida corre peligro. La ambulancia deposita al paciente en urgencias, donde a veces tarda en ser atendido, ahí se inicia la angustia creciente del hijo, la hija o la esposa.

 Cuando le llega el turno le visita un médico, no siempre en presencia del familiar, con lo que no sabe si lo ha visto bien o mal, con detalle o sin él. A continuación se solicitan las pertinentes exploraciones complementarias (radiografías, análisis de sangre y orina, ocasionalmente pruebas más complejas), que pueden demorarse horas, sobre todo en los grandes hospitales. Mientras se realizan y llegan los resultados, el paciente suele permanecer en un pasillo, atendido o no por enfermeras y auxiliares que corren ajetreadas de un box a otro, de un paciente a otro, a veces atendiendo urgencias vitales, aunque la única urgencia vital para la familiar que nos ocupa es la de su padre o madre.

Por lo general, lo razonable sería que el médico que visita al paciente explicase al familiar cómo lo encuentra, lo que piensa que puede ocurrirle, las exploraciones que va a hacerle, el tratamiento a aplicar mientras llegan los resultados … Desdichadamente, hacerlo o no depende mucho de la sensibilidad del médico y de la presión asistencial, es decir, del número de pacientes que estén a la espera de ser atendidos.

Es por ello común que un familiar pase horas y horas al lado del enfermo, generalmente en un pasillo, sin saber absolutamente nada de lo que le ocurre y en el mejor de los casos con un suero que puede acabarse. Sólo muchas horas después, cuando la angustia ya es insoportable, tal vez proteste o solicite la atención de alguien vestido de sanitario que le diga qué le ocurre a su padre y por qué nadie le informa ni nadie aparentemente hace nada por tratarle. Si además ocurren cambios de turno, este proceso puede demorarse mucho más, con lo que los sanitarios que atendieron inicialmente al paciente –mejor o peor- ya no están, y la persona que afronta la indignación del familiar se encuentra con algo de lo que no es responsable.

Les cuento: a las 22h de una guardia me llaman para visitar a un paciente, cosa que hago diez minutos más tarde. La familiar me recibe de forma brusca y agresiva, reprochándome que lleva 8 horas esperando, que nadie le ha dicho nada y que su padre está muriéndose, según le ha dicho el médico del pueblo. Si a eso le suman que el suero se ha acabado varias horas antes, que el médico que visitó inicialmente al paciente nunca informó al familiar y éste se halla deshidratado y con un fracaso renal inherente a la misma deshidratación, el panorama a afrontar es desolador. 

¿Qué hacer? O bien discutir con el familiar y explicarle que no tienes nada que ver con la asistencia recibida hasta el momento, o bien asumir lo ocurrido (del mismo modo que posiblemente en otras ocasiones otras personas han asumido errores que yo haya podido cometer) y disculparse, aceptando la ira o enfado del familiar, diciéndole que tiene razón y atendiéndole lo mejor posible e intentando que a partir de ese momento la atención médica y de enfermería sea la mejor, así como explicando de forma comprensible el diagnóstico y el pronóstico.

Ante hechos así, mi reflexión es la siguiente: en primer lugar, los sanitarios somos humanos, luego imperfectos, luego nos equivocamos (una cosa es el error médico y otra la negligencia, es decir, no hacer lo que uno debe hacer). En segundo lugar, el sistema sanitario es intrínsecamente perverso, porque atiende una demanda ilimitada con medios limitados, lo cual se refleja especialmente en los servicios de urgencias, generalmente infradotados de personal y de espacio. Aunque estuviesen pefectamente dotados, la demanda siempre superará a la capacidad de los mismos, al menos en lo que a recursos humanos se refiere, máxime teniendo en cuenta el progresivo envejecimiento de la población y la demanda creciente de atención, recursos y cuidados.

En realidad, quienes debieran disculparse son los políticos y los gestores sanitarios, responsables últimos de este sistema que tenemos y de prometer a la población cosas inasumibles (asistencia sanitaria no es lo mismo que salud, no tiene nada que ver, acceso al sistema sanitario libre y gratuito no significa que a una persona se le atienda al momento o que haya un hospital o un médico en cada esquina, ni que el sistema sea altamente resolutivo o ágil para dar respuesta a todos los problemas sanitarios de la población cuando a ésta se le han hecho concebir expectativas ilimitadas).

Pero como ellos por lo general cuando los sanitarios de la trinchera estamos trabajando y poniendo la cara están reunidos, en comidas/cenas de trabajo o descansando (aunque hay honrosas excepciones), es a nosotros a quienes nos toca pedir disculpas por aquello de lo que no somos en realidad responsables. Pero hay que hacerlo, por humanidad y porque es más práctico: los ingleses demostraron y publicaron en el British Medical Journal hace tiempo que la población acepta de buen grado las disculpas de los médicos y del personal sanitario cuando algo se ha hecho mal, incluso que eso evitaría muchas demandas de tipo económico y tal vez penal. Pero nos cuesta disculparnos, explicarle al familiar o al paciente que no se le he tratado como merecía, que te hubiese gustado haberlo hecho mejor, que lo lamentas pero que no das para más, que no puedes visitar paciente tras paciente y al mismo tiempo dar información a los familiares, comer en diez minutos, satisfacer ocasionalmente imperiosas necesidades fisiológicas …

Esta es nuestra sanidad. Es la que hay, la única que tenemos, muchas veces la que nos merecemos, porque los propios profesionales sanitarios poco hacemos por mejorarla. Y aun así somos muy afortunados: tres cuartas partes de la humanidad no son vistas jamás por un médico o muy ocasionalmente, enferman, sufren y mueren por enfermedades muchas veces fácilmente tratables sin recibir atención alguna, soportan los dolores sin analgesia, las mujeres se desangran tras un parto atendidas en el mejor de los casos por una partera …

Y por favor les ruego a algunos que no piensen y menos afirmen, a veces de forma insultante y grosera, que el Dr. García Forcada lo hace todo bien y los demás todo mal. No sólo faltarán a la verdad –de niño me enseñaron que mentir era muy feo y en ocasiones podía ser pecado, venial o mortal decían entonces-  además harán un flaco favor a este hospital del que afortunadamente pronto me iré, porque mis críticas al mismo pretenden ser constructivas. Lo digo al hilo de un comentario a una entrada previa en este blog, que paso a comentarles.

El tal comentario es anónimo, viene firmado por ”valdepeñero”, quien escribe valientemente desde un mail inexistente o ilocalizable- en respuesta a una de mis primeras entradas “Los médicos y la crisis”. Se alegra de que finalmente, hayan conseguido “largarme” del hospital (me temo que muchos de mis pacientes no estarían de acuerdo con eso; además no me larga nadie, soy yo quien ha decidido marcharse).  Asimismo en su amable comentario me califica de caradura, dice que tengo mi consulta llena de santos, por lo que voy de santurrón por la vida –en el corcho de mi consulta tengo dos fotos de monseñor Romero, una postal con las fotos de los mártires de la UCA, una postal de un payaso, mi nombre traducido al árabe y al hebreo, símbolo de que la convivencia entre palestinos e israelíes es posible, una foto de la explanada de las mezquitas en Jerusalén, una edelweiss pirenaica y el símbolo de Yad Vashem o museo de la “shoah” que mucho me impresionó- para concluir diciendo que “baboseo detrás de las enfermeras” (eso habría que preguntárselo a ellas; de hecho ignoro exactamente qué significa esa palaba, entiendo que algo así como deslizarse por la tierra dejando un rastro de baba detrás) y soy “prepotente y vanidoso”.

Sr/Sra “Valdepeñero”: es obvio que usted trabaja en mi hospital o ha sido atendido en mi consulta. Quiero decirle públicamente, sin esconderme detrás de un pseudónimo y escribiendo desde una dirección de correo electrónico ilocalizable, que me equivoco muchísimas veces, pero que por lo general soy capaz de disculparme de palabra y por escrito si hace falta, y que si sigue usted –él o ella lo ignoro, pero por la agresividad empleada diría que él- gastando tal cantidad de mala leche concentrada, le pronostico una úlcera. Y si tanto le molesta mi sola presencia o cómo soy o ejerzo la medicina, sepa que pronto tendrá que dejar de aguantarme, y que si en algo le he ofendido tan gravemente para que me falte al respeto en un comentario que un amigo mío que lo leyó me dijo que “le dejaba mal cuerpo”, le ruego me explique en qué ha sido y si me he equivocado, me disculparé.

Finalmente, pregúntele a la enfermera de mi planta que me trajo un objeto de escritorio como regalo de despedida si “baboseé” detrás de ella: si no me equivoco, es una mujer felizmente casada, una buena profesional, nos respetamos mutuamente y quiso dejarme un símbolo de su amistad para que la recordase en mi futuro hospital. Y lo mismo han hecho otras compañeras (no sé por qué las mujeres parecen apreciarme más que los varones. ¿Será por el “baboseo”?).

Y los no “valdepeñeros”, disculpen que me defienda públicamente: uno es humano y sinceramente pienso que un comentario así es algo que creo no merecer. Por eso acudo al trapo, aunque mi ciber-amiga Susana crea que es un error.

Les ruego que recen por los pacientes y por quienes les atendemos. Y por “valdepeñero”: ojalá se convenza de que pierde su tiempo: podrá quizás herirme, pero no me hará cambiar un ápice, ni como persona ni como médico creyente, ya me incoen cien expedientes como el recientemente concluido.

Que el Dios cristiano nos bendiga y nos libre del mal.

7 Responses to “Disculparse en medicina. Respuesta a un comentario.”

  1. No todos pensamos como este señor.
    Has sido un buen médico y un buen compañero, siempre has sido correcto y respetuoso y no “baboso”.
    Te deseo lo mejor en tu nuevo trabajo.

  2. Sería un error en lo mismos términos. Pero ahora has hecho, sin más, desmontar al valdepeñero que ha sido, en esta ocasión, cobarde.

  3. Querido Ángel, tú seguirás, donde vayas, siendo un buen ser humano, un buen médico y una persona decente.

    El tal “valdepeñero” de entrada es un cobarde y de salida quizá algún día se acuerde de ti cuando necesite un médico que le atienda. Ah, se siente “valdepeñero” esto no es la primera vez que pasa y tú estás predestinado para que pidas disculpas, perdón y lo que haga falta. En la vida no se puede hacer daño gratuitamente. La vida es un frontón te devuelve la pelota una y otra vez hasta que aprendas la lección.

    Por cierto, Enfermera, si te identificases no pasaría nada, hay que ser valiente y enfrentarse a quienes pretenden acallarnos. Será una incomodidad pero es peor la cobardía. Tú misma.

    Saludos

  4. Apenas serán dos meses que comencé leyendo este blog.Siempre me ha gustado su modo de escribir y sobre todo la transparencia de las ideas que expone; sencillas,llanas, nacidas desde dentro y con no poco espíritu cristiano.He llegado a cartearme, sobrepasado por su estilo de amistad y servicio nada común. Me siento agradecido.
    Sin embargo,yo entiendo que este modus operandi es muy difícil, diría imposible,vivido a solas. Nuestra sociedad va por otros derroteros en no pocos estamentos. No es una sociedad ansiosa de verdad sino de lo políticamente correcto.También es verdad que todos debiéramos conducirnos con elegancia, de forma que siempre pudiéramos buscar la verdad en la caridad; algo muy difícil.
    Finalmente,yo diría que a veces el silencio puede ser también elocuente,no se puede ni se debe contestar a todo. Jesús al ser llevado ante Herodes- de quien dijo ser un zorro-callaba.Es un silencio que sobrecoge.

  5. Me temo que disculparse no es usual ni en medicina ni en ninguna otra actividad humana. Simplemente no lo hacemos. Y si ocurre, inmediatamente nos sentimos desarmados.

    El otro día, sin ir más lejos, me llamó la atención un municipal por saltarme un semáforo en rojo cuando circulaba en bici por la ciudad. Amenazó con la multa, sacando la carpeta correspondiente. Ante mis disculpas, se ablandó y, tras una severa reprimenda y aviso de que en el futuro no sería indulgente -tampoco se ahorró el consejo de que era por mi seguridad-, me perdonó.

    Claro, yo, después, reflexioné. ¿Qué perdón me tenía que conceder un municipal? ¿Habría faltado yo contra su persona? ¿Saltarse un semáforo no es una falta contra la convivencia y la colectividad? ¿Estaría representada toda ella, así como los cuerpos legislativos que dictan las leyes, y los judiciales que las aplican, en la persona de este agente de la autoridad?

    Es, pues el caso que a veces pedimos perdón a quien no corresponde, o le concedemos igualmente sin ser la persona directamente ofendida.

    Que lo hagas tú en nombre de toda la clase médica y sanitaria, te honra. Pero ni la excusa ni te autoriza.

    Pero se comprende. Hay veces y situaciones que lo justifican.

    Que te vaya bonito allá donde fueres.

    [Uf, ya tenía yo ganas de dejar un comentario en tu blog]

  6. Hola.
    Gracias por tu comentario.
    Tengo idea de que escribes también un blog, me pregunto si me podrías dar su enlace.
    Yo también voy en bici al trabajo, pero este es un lugar pequeño y los municipales -hasta ahora- siempre me han dejado en paz. Bueno, no suelo saltarme los semáforos en rojo, resulta peligroso.
    Un saludo,
    Angel GF

    La dirección del blog desde el que circulo por la globosfera, que otros llaman blogosfera, debería salir simplemente pinchando en mi nombre, pero lo pongo aquí por si acaso la máquina tiene algún cable intercomunicado: http://mavs-mipequenomundo.blogspot.com/

    En cuanto a lo de circular en bici respetando todas las señales podríamos discutirlo. La circulación está controlada pensando más en los vehículos a motor que en los peatones, patinadores y ciclistas. No debería nadie obligarnos a estar parados ante un semáforo en rojo cuando ni hay cruces ni peatones; tampoco deberían hacernos rodear una porrada de manzanas para volver casi al punto de partida, porque todas son direcciones prohibidas, etc.…

    Normalmente los guardias de mi barrio hasta me sonríen. Pero cuando salgo de mi zona, ya es otra cosa. Soy muy conocido, además creo que soy el único cura de mi ciudad que además de ir en bici lleva casco y cascos (música permanente, o noticias, según se tercie).

  7. http://lacomunidad.elpais.com/usuarios/miguel-angel-velasco-serrano
    Con éste enlace yo accedo al Blog de Miguel Ángel y, siendo las entradas las mismas que las “mi pequeño mundo”, los comentarios son otros. Entiendo que son dos Blogs.
    En la otra pestaña del Blog que yo te indico (Amigos) , está el Blog de Juan Masiá, así haces un recorrido completo.

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)