Desde el hospital

Siempre hay cosas que comentar de la vida en un hospital.

Vivimos una época difícil: no sólo lidiamos con la enfermedad (en este caso tan dura como la lesión medular), también contra un contexto áspero: las señoras de la limpieza siguen sin cobrar y si la situación no se arregla irán a la huelga. Me pregunto qué debe pasar para desbloquear una situación entre su empresa y el sistema sanitario que está provocando tanto sufrimiento y tantos sinsabores en estas mujeres que mantienen el hospital habitable, tanto para los pacientes y familiares como para el personal que aquí trabajamos. Ignoro qué personas pueden quedarse indiferentes pensando que hay familias en situación de necesidad por no recibir lo que en justicia les corresponde.

 En todos los campos se sufre, pero sanidad y educación son especialmente sensibles y escuecen tal vez más por tocar aspectos cruciales de las personas, la salud (término ambiguo) y la educación (igualmente resbaloso).

 No sirve ya de mucho pero produce amargura preguntarse por qué en esta comunidad autónoma (que es la que yo conozco) se malgastó el dinero en hospitales que no eran absolutamente necesarios, en centros de salud sobredimensionados y cuántos fondos se han enterrado en un hospital faraónico para esta ciudad pequeña, cuyas obras hace meses que se hallan interrumpidas. ¿Quién tomo esas decisiones y con qué criterios? Tal vez sería momento de pedirles responsabilidades, como se piden a cualquier ciudadano que tenga un cargo público, incluyendo los médicos cuando prescriben o solicitan exploraciones. Tal vez sea también momento de que los políticos (porque son ellos y no los médicos) digan de una vez claramente qué puede pagar el sistema sanitario público y qué no. Y de que acaben de una vez con el absurdo existencial de diecisiete sistemas sanitarios diferentes. Pero eso es otra historia (y no creo que la solución a este rompecabezas la vean mis ojos en mi periodo profesional e incluso vital).

En otro orden de cosas algo más halagüeñas, he recibido la visita de dos parapléjicos que practican ciclismo adaptado (handbike se llama dado que impulsan los pedales con las manos). Conocedores de mi afición a la bici han venido a charlar y valorar un cierto seguimiento médico. Es bonito ver que hay quien sigue haciendo deporte tras la lesión medular y es un terreno en franco barbecho, incluso en este hospital monográfico.

 Comentar también que esta semana entrante comenzaré a colaborar un día en semana en un centro sociosanitario que Cáritas diocesana tiene para enfermos de SIDA, campo que conozco muy de cerca y sobre el que por cierto nunca he escrito aquí (viví como residente de medicina interna la explosión de la enfermedad en nuestro país y no fue un tiempo fácil de olvidar). Posiblemente también dé para transmitir impresiones en este blog.

Les transmití problemas y reflexiones de la vida en un hospital, como siempre entre las dificultades y la esperanza.

 Recen por los enfermos y por quienes les cuidamos.

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2 Responses to “Desde el hospital”

  1. He estado leyendo un librito que se llama Nada es gratis y me ha impresionado ver que el 80% de los gastos de los entes públicos están destinados a educación, sanidad, pensiones y hoy parados. Son cuatro epígrafes en los que no se debería de ahorrar pero tenemos que devolver esa masa de dinero malgastada faraonicamente. La única cosa que se me ocurre, en sanidad que es tu campo, es hacer una gestión más austera disminuyendo gastos en lo que se pueda. Hoy todo se tira ¿es necesario? Del hervir de las jeringuillas de mi juventud a lo de ahora, debe de haber un término medio. ¿Qué harías tú si te preguntaran?

  2. Las condiciones de los sanitarios es cada dia mas estresante.
    No lo digo por mi, que estoy retirada, pero todos mis compañeros del CAP, cuando voy a verlos, los encuentro cada vez más desencantados y desmotivados.
    no se a donde iremos a parar.
    Recuerdo muy bien la época de los inicios del SIDA, como complicada y dificil, entonces trabajaba en el Hospital Infantil del Valle de Hebron…eran los principios de instaurar lo que después serian las normas de “precaución”, en el trato de los afectados.
    Recibe mi saludo.

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