Mis hijos y yo hemos tenido un verano tranquilo, muy caluroso, creo que a estas alturas nadie puede negar que algo pasa con el clima, pero ha sido un buen verano.
Hemos descansado y disfrutado de un entorno natural en los Pirineos, con aire puro y mucho verde a nuestro alrededor. A mi personalmente la naturaleza me revitaliza, mientras que el medio excesivamente alterado y la falta de aire limpio me intoxica.
Siento haber pasado tanto tiempo si n actualizar mi blog, pero septiembre es un mes muy cargado. La Asociación Europea de Zoos y Acuarios tiene la (“mala”) costumbre de realizar el congreso anual a mediados de septiembre. En este congreso se revisa el estado de las poblaciones animales europeas. Hoy en día los zoos europeos trabajamos coordinadamente intentando mantener poblaciones sostenibles de animales en peligro de extinción con las finalidades educativas, de conservación e investigación, que son los criterios que rigen actualmente los zoos, o al menos los buenos zoos; porque como en todas partes hay “buenos” y “malos”. Esto comporta el desarrollo de programas que analicen el estado de las poblaciones, y recomienden las estrategias necesarias para conseguir nuestros objetivos…., pero hoy una muy buena amiga me ha azuzado a reactivar mi blog…, y aquí estoy!
Me ha enviado un escrito que corre por Internet y que he puesto por título a mi reflexión de hoy: “la moda verde”
Espero que con tanta insistencia sobre la necesidad de preservar nuestro medio natural y reciclar, no pase como con otros temas que después de un gran auge caen en el olvido.
Es verdad que necesitamos cambiar nuestras costumbres. Esperemos que aún seamos capaces de dar un giro a la superexplotación que hacemos de nuestro planeta, nuestros hijos y nietos nos lo agradecerán.
En mi opinión, el problema se basa en el consumo exacerbado de los países desarrollados, el hiperconsumo que hoy día se identifica con “calidad de vida”, y la amenaza de los países emergentes que parece que también se puntan a este concepto por el que:
Calidad de vida = Tener/Hacer de todo y siempre renovar!
No entraré en la pobreza espiritual y el desequilibrio psicológico que abunda en nuestros días y también, en mi opinión, tiene relación.
Para poder desacelerar este ritmo de destrucción de bosques y explotación, en general, de la naturaleza sólo hay dos caminos: preservar lo que aún nos queda y reciclar.
Preservar es conservar, y reciclar es utilizar y reutilizar todo lo que aún sea útil. De esta forma se puede disminuir el consumo de la naturaleza que aún nos queda, e intentar mantener el equilibrio.
Pero cómo reciclamos?
Para conseguir un reciclaje efectivo lo mejor es incentivarlo económicamente, y siguiendo la ley natural “buscar el mejor resultado (económico) con el menor coste energético para el individuo”, por lo que en algunas costumbres deberíamos volver a las de tiempos pasados…
Por eso doy la razón a la persona de cierta edad que aboga por su generación que era más verde que la actual, ya que como bien dice:
“En aquel entonces, las botellas de leche, las botellas de gaseosa y las de cerveza se devolvían a la tienda. La tienda las enviaba de nuevo a la fábrica para ser lavadas y esterilizadas antes de llenarlas de nuevo, de manera que se podían usar las mismas botellas una y otra vez. Así, realmente las reciclaban.
Íbamos andando a las tiendas en lugar de ir en coches de 300 caballos de potencia cada vez que necesitábamos recorrer 200 metros.
Secábamos la ropa en tendederos, no en secadoras que funcionan con 220 voltios. La energía solar y la eólica secaban verdaderamente nuestra ropa. Los chicos usaban la ropa de sus hermanos mayores, no siempre modelitos nuevos.
Entonces teníamos una televisión, o radio, en casa -no un televisor en cada habitación. Y la TV tenía una pantallita del tamaño de un pañuelo (¿se acuerdan?), no una pantallota del tamaño de un estadio.
Cuando empaquetábamos algo frágil para enviarlo por correo, usábamos periódicos arrugados para protegerlo, no cartones preformados o bolitas de plástico.
Bebíamos del grifo cuando teníamos sed, en lugar de usar vasitos o botellas de plástico cada vez que teníamos que tomar agua.
Recargábamos las estilográficas con tinta, en lugar de comprar una nueva y cambiábamos las cuchillas de afeitar en vez de tirar a la basura toda la afeitadora sólo porque la hoja perdió su filo.
En aquellos tiempos, la gente tomaba el tranvía o el autobús y los chicos iban en sus bicicletas a la escuela o andando, en lugar de usar a su mamá como taxista las 24 horas.
Teníamos un enchufe en cada habitación, no una regleta de enchufes para alimentar una docena de artefactos. Y no necesitábamos un aparato electrónico para recibir señales desde satélites situados a miles de kilómetros de distancia en el espacio para encontrar la pizzería más próxima…”
No debemos negarnos el progreso, pero quizás deberíamos recuperar algunas costumbres de antaño…, tanto a nivel personal como a nivel empresarial. Buscar un menor beneficio a corto plazo pero con una mayor calidad de vida a largo plazo. Invertir para el futuro.
Hay que poner en valor el medio natural, y todas nuestras acciones sobre él y producciones a costa de él podrían estar grabadas con un coste verde, los beneficios podrían revertirse en preservación y regeneración de la naturaleza y en reciclaje.
Si pagásemos por el coste real de nuestro consumo, quizás algo cambiaría.
Tags: General // 1 Comentario »