LOS TRES AMORES

10643781_1523887064495674_1199859352_n

LOS TRES AMORES.

Historias que curan el alma.

Ed. San Pablo.

Amar es una realidad universalmente conocida, porque es universalmente sentido, experimentado, necesitado. Pero el amor es mucho más que un mero sentimiento, tan sometidos estos a los vaivenes del subjetivismo. Amar es una auténtica actitud vital, una forma de ser y de estar en la realidad, una opción real que nace del corazón y que se concreta en un constante compromiso a favor de los demás. Amar, en cierto modo, es la mayor victoria a la que puede aspirar el ser humano.

A mi modo de ver, existen tres clases o modalidades estándar de amor humano. El amor materno-paterno (y por añadidura el filial), el amor parental, y el amor-amistad. El primero es el que se genera a través de un acto biológico (la concepción materna) o a través de la adopción. Una madre que se precie ama hasta el dolor a su propio hijo porque lo siente carne de su carne. Pero por eso mismo esta relación no está exenta de cierta carga de subjetivismo y un algo de egoísmo: al fin y al cabo a una madre-padre les cuesta mucho acabar comprendiendo que los hijos no les pertenecen. Lo cual, por otra parte, genera en no pocos casos cierta tensión, cuando los hijos van probando poco a poco el elixir de la libertad, y sus padres no acaban de ceder su espacio de influencia, a veces, incluso, cayendo en la intromisión.

El amor parental es el que surge inicialmente por el hecho mismo de “gustarse” mutuamente dos personas. Supone una inercia de apasionamiento por una persona que deja de ser una más para convertirse en un referente. Sin duda esta inicial afectación puede transformarse en amor en la medida en que las personas se van conociendo, e incluso puede llegar a cuajar en un proyecto común, incluso para toda la vida. Con todo, y sin entrar en valoraciones despectivas, esta relación comporta también grandes dosis de egoísmo en la medida en que puede llegar un momento en que la otra persona se convierta en una especie de patrimonio de pertenencia exclusiva. Al final, en cierto modo, lo que hacemos es tratar de huir de la soledad para poder compartir la propia vida, y esto comporta también grades dosis de amor, de entrega, de respeto, de libertad. Y hay una tercera clase de amor sublime, despojada de todo egoísmo, una vez pulida la verdadera amistad (que no es lo mismo que el negocio o el pacto). La amistad brota espontánea y sincera. La persona amiga es un apoyo que no busca su interés personal (si no, no sería ya amistad). Amigo/a es, en la acepción clásica, aquella persona que me conoce y, sin embargo, me quiere (me ama). Brindo por la amistad, amor puro sin tintes egoístas, amistad que debe también de germinar en la relación maternal-paternal y parental.

Fr. Francisco J. Castro Miramontes.

Discussion area - Dejar un comentario