Las notas y sus secuelas

niños mochilaSean motivo de satisfacción o de disgusto, las notas escolares llegan esta semana irremisiblemente a los hogares españoles. Y surgen entonces las dudas de si hay que premiar las buenas notas y castigar las malas, si hay que comparar con el contexto de la clase o el centro para relativizar los resultados o hacer saltar las alarmas en previsión de futuros y más graves fracasos.

Historias hay para todos los gustos: desde los padres que reprenden a su hija Claudia por no haber sacado más que dos sobresalientes y todo lo demás notable en primer curso de la ESO, hasta esa señora que, al conocer que su hijo había suspendido todas y cada una de las asignaturas del curso, le gritaba: “¿Pues sabes lo que te digo?, Que la moto que te iba a regalar… te la voy a comprar. ¡Pero el color lo elijo yo!”. Como lo cuento. Lo curioso es que el niño se enfadó muchísimo con el pretendido castigo. Se ve que nunca nadie le había puesto uno de verdad…

No obstante el ejemplo (que de ejemplarizante tiene poco), somos muchos los padres preocupados por las notas y la marcha en los estudios de nuestros hijos. Que contratamos profesores particulares, nos sentamos pacientemente a estudiar con ellos o buscamos para el verano academias y hasta colegios internos con tal de que el retoño pase de curso y no fracase.

Esos mismos padres tienden a veces a dramatizar las situaciones hasta el extremo de imaginar a su hijo como un indigente sin oficio ni beneficio porque no ha alcanzado los objetivos del curso al ritmo que sus compañeros: “Eres un vago”, le dice al pobre B. Que, todo hay que decirlo, tiene cinco años y aún no ha aprendido a leer…

Quienes tenemos algo más de experiencia en esto de educar a los hijos, sabemos que nadie te da una medalla por aprender a leer el primero, que lo que importa es cómo se llega a la meta, y no cómo arrancaste al escuchar el pistoletazo de salida. Que aprendas a leer con cuatro, cinco o seis años no te va a garantizar un buen empleo; y no hacerlo antes de tiempo no te convierte en carne de fracaso. Pero esto no siempre lo recordemos los padres al ver las notas de nuestros hijos.

Tampoco algunos profesores, que se muestran a veces implacables en sus sentencias y anuncian la hecatombe o un futuro de tribulaciones a un chaval que, puede ser, sólo pasa por una mala racha. Jose recuerda siempre a aquel profesor que, al preguntar a sus alumnos qué querían ser de mayor, soltó una carcajada de escepticismo cuando él dijo que quería ser médico. “¿Médico, tú? Eso es imposible. Tú serás un fracasado”. El día en que Jose acabó su carrera de medicina corrió a enseñarle el título a aquel viejo profesor, tanto le había dolido su desprecio.

La veterana Dora reconoce sus errores del pasado y se duele de ello: “Una vez, siendo una joven profesora en un pequeño pueblo, dije a una madre que su hijo no tenía remedio y sólo seriviría en la vida para cuidar cabras. Años más tarde pude comprobar cómo me había equivocado. Así que ahora digo a todos los padres que todo el mundo tiene la capacidad de no ser un desastre. Que no dejen de confiar en sus hijos. Que no pierdan la esperanza”.

Un buen consejo para un día como hoy. Pero ojo: no confundir esperanza con condescendia. Una cosa es confiar en que las cosas tienen solución y otra muy distinta premiar 9 suspensos con una moto…

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