De un “A-DIOS” a un “EN-DIOS”

8 de diciembre de 2018 – Beatificación de los 7 monjes de Tibhirine (Argelia)

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¡Ven, asómate, celebra con nosotros! El 8 de diciembre serán beatificados los siete monjes cistercienses de la comunidad de Tibhirine (Argelia, 1996).
Su historia se difundió por los medios a nivel mundial en el 2010 a través de la película “DE DIOSES Y HOMBRES”, y nos acercó a los sucesos que marcaban el día a día en Argelia a mediados de los años 90, y a la vida de aquella comunidad monástica junto a sus vecinos musulmanes en medio de la violencia que se había desatado.
Los monjes contemplativos viven en el silencio y habitualmente sus vidas están muy lejos de quienes vivimos en medio del mundo. ¿Qué nos ha dejado aquella pequeña comunidad de monjes cristianos inmersa en un país musulmán?
Nos han donado un testimonio de Amor que ahora se hace universal. Amor por encima de dificultades, hostilidades, injusticias, despropósitos y violencia. Un Amor que se expande en el Tiempo, con mayúsculas, porque ese Amor ni caduca ni tiene fin.
Nos han entregado el testigo para ser mensajeros de su opción personal y comunitaria, discernida durante tres largos años, hasta llegar a la comprensión común de no abandonar esa tierra y las gentes a las que amaban.
Eligieron permanecer junto a sus vecinos musulmanes compartiendo vida y riesgo. No deseaban la muerte, eso hubiera sido patológico, pero la encontraron junto con otros que también van a ser beatificados, y muchos más (imanes, creyentes musulmanes, trabajadores extranjeros, periodistas, etc.) que nos han dejado sembradas semillas de paz en el complicado mundo en que vivimos.
Ahora nuestra responsabilidad es cuidar, regando y abonando, esas semillas para que crezcan como plantas fuertes que produzcan frutos de amor, paz, solidaridad y alegría en una humanidad sufriente y secuestrada por rivalidades e intereses que causan tanta desolación.
Vivimos en el mundo en que vivimos. Ese es uno de los mensajes más inmediatos que la comunidad de monjes de Tibhirine nos da. No hay escapatoria, no hay huida. Nunca la hubo. Ni entre los muros de un monasterio en el desierto. Porque no debe haberla. Porque Dios no nos quiere huyendo. Porque el amor no huye.

Y el mundo en que vivimos es un mundo en que la Mentira campa a sus anchas, fomentada por poderosísimos intereses y amplificada por cuasi todopoderosos medios de masas. Arrinconada, torturada, asesinada la Verdad. Así en el mismo Cristo; así también en Tibhirine.

Por eso no hemos de permitir -y ése quiere ser nuestro pequeño granito de arena- que la mentira hinque sus fauces en la historia de nuestros hermanos monjes. No hemos de permitir que nadie siembre semillas de destrucción, de confrontación, de división, de odio. Que nadie cuente, desde la sangre de los monjes, otra historia que no sea su verdadera historia de amor, de perdón, de reconciliación, de unidad, más allá de todas las barreras que nos ponemos unos a otros, más allá de todas las fronteras que dibujamos entre nosotros mismos, más allá de toda apariencia y de toda falsedad. Y más allá de todo riesgo, hasta ofrecer la vida por los que amas.

Antes de recurrir al Testamento que nos dejaron, salido del corazón y de la pluma de Christian, prior de la comunidad de Tibhirine, escrito tres años antes de su muerte, creemos imprescindible destacar dos nombres que llevan asociadas dos historias: Mohamed y Ribât- es-Salâm. Historias que ayudarán a comprender más profundamente la vida y mensaje de aquella comunidad: el amor es más fuerte que la muerte, nos gritan a siete voces. Esta es la propuesta que nos hacen para que la hagamos nuestra. ¿Nos atreveremos? Ellos sí se atrevieron. Para el Amor, para Dios, todo es único, irrepetible. El amor sólo conoce nombres propios. “Yo hago nuevas todas las cosas” (Ap 21, 5-6).

Christian, que vivió algunos años en Argelia en su niñez, decía: “Por primera vez, vi hombres rezando de manera diferente a mis padres.(…) Tengo un profundo reconocimiento hacia mi madre que nos enseñó, a mí y a mis hermanos, el respeto a los gestos y a la rectitud de la oración musulmana.(1)

Volvió en su juventud, durante la guerra de Argelia y “creará lazos de amistad con el guardia campestre de la ciudad, Mohamed, ‘un hombre maduro y profundamente religioso (…) Un día mientras los dos amigos paseaban y conversaban acerca de la oración, los nacionalistas argelinos quisieron poner fin a la vida del subteniente francés (Christian). En ese momento el guarda campestre se interpuso y salvo la vida de Christian. Dos o tres día más tarde, el guardia fue encontrado degollado cerca del pozo. Christian quedará marcado para siempre por este episodio que le reveló cómo un musulmán puede vivir el ‘único mandamiento”, dando su vida por amor a otro: ‘En la sangre de este amigo, supe que mi llamada a seguir a Cristo debería vivirla, tarde o temprano, en el país mismo donde me había sido dada la muestra más grande amor’. (2)

La sangre de Mohamed colmó la medida de la sangre de Christian. Las dos fueron vertidas en la misma copa, en el mismo cáliz. La historia de Mohamed completa la historia de Christian. El amor de Mohamed es el mismo amor que el amor de Christian.
La sangre y la vida de Mohamed irán para siempre unida a la sangre y la vida de Christian. Hasta el punto final del martirio.

“Dar la vida por los demás” (Jn 15,13) está escrito, está dicho. Es lo que hizo Mohamed y lo que hicieron los monjes de Tibhirine. Es la cosecha que recogió, en sus manos amorosas, el Padre de todos los hombres.

Por eso, porque es justo, porque es lo que quieren Christian y los demás desde la Luz, recordamos, con el corazón y la fe, a los monjes del Atlas. Junto a ellos, apoyado en el hombro del prior, reconocemos a un anciano musulmán cuyo nombre es Mohamed y cuya sangre fue derramada por su amigo Christian. La prueba más grande de amor. No deberíamos olvidarlo nunca.

El otro nombre es Ribât-es-Salam, que significa Vínculo de la Paz, un grupo de cristianos y musulmanes que inició su andadura en marzo de 1979 y que se reunían periódicamente en el monasterio de Tibhirine con el objetivo de orar juntos:

“Nuestros hermanos Alawiyines (…) ya nos habían dicho: ‘No queremos comprometernos con ustedes en una discusión dogmática. En el dogma o la teología, hay muchas barreras que está hechas por el hombre. Nosotros nos sentimos llamados a la unidad. Deseamos dejar que Dios cree cosas nuevas entre nosotros. Esto se puede hacer sólo con la oración. Por eso hemos querido este encuentro de oración con vosotros”.

Descubrir y descifrar “los signos de Dios, en el “horizonte” de los mundos y los corazones, simplemente ubicándonos en la escucha y en la escuela del otro, musulmán en este caso” (3).

Ribât es-Salam fue el ideal de paz y oración, (“somos orantes en medio de un pueblo de orantes” decía Christian) desde el que los monjes quisieron fundar un nuevo modo de convivir y relacionarse unos con otros, musulmanes y cristianos. Christian tenía costumbre de hacer lectio divina también desde el Corán, y dejó consignado que había tenido experiencia de la Palabra de Dios entre las palabras del Corán.

Mientras muchos empuñan las armas, ayer como hoy, e invocan lo que nos divide, aquellos monjes y aquellos creyentes musulmanes apostaron por invocar el amor, la oración y la paz, que nos une a todos. Apuesta firme, apuesta hasta las últimas. Somos soldados derrotados de una Causa invencible.

Cuando nuestro corazón dude, cuando los altavoces de propaganda de la Mentira llenen nuestras mentes de imágenes y gritos inhumanos, recordemos a los hermanos del Atlas. Recordemos Ribât es-Salam, el vínculo de paz. Recordemos que la apuesta de Jesús fue la paz y el amor que nos conducen a Dios. “Mi paz os dejo, mi paz os doy”(Jn 14, 27)

Tres miembros de Ribât también murieron violentamente en aquellos años y serán beatificados el 8 de diciembre: Henri, hermano marista (+8 mayo 1994); Christian, misionero padre blanco (+27 diciembre 1994) y Odette, hermana del Sagrado Corazón (+10 noviembre 1995). (4)

Libros, artículos, poemas, documentales, fotos, pinturas, esculturas, una gran película… nos han permitido adentrarnos en quienes fueron aquellos monjes que, durante casi tres años – desde que el 24 de diciembre de 1993 fueron sobresaltados por un grupo armado que asaltó el monasterio hasta la noche de su secuestro el 28 de marzo de 1996 –
discernieron, personal y comunitariamente y eligieron, apoyados unos y otros en la oración y la confianza en Dios, quedarse en Tibhirine junto a sus vecinos musulmanes.

Podríamos seguir escribiendo, dando datos, animando saber, compartiendo lo que para nosotros fue el descubrimiento de nuestros hnos. monjes de Tibhirine… ¡déjalo, no te entretengas más! ¡Id directos a saborear la fruta que ya era antes de que talaran los árboles: el Testamento de Christian de Chergé, prior de la comunidad y regalo para la posteridad de la comunidad de Tibhirine.

“Cuando un A-Dios se vislumbra…” ¡Sigue, adéntrate en clave de silencio y oración, y contempla “el testimonio de entendimiento y entrega, que aúna las muertes no arrebatadas sino donadas; aúna todos los perdones concedidos antes de ser infringido el daño; previene del peligro de culpabilizar –por extensión- a todo un pueblo, a un grupo, a un país; da testimonio de la visión del pecador más allá de su pecado (amigo del último instante”). Sus palabras son el último gemido de tantos mártires anónimos de Argelia, del mundo y de la historia de todas las religiones” (5).

Y cuando digas con ellos al final del Testamento: ¡AMEN! IN SHALLAH!, habrás comprendido como se pasa de un “A-Dios” a un “En-Dios”.

Gracias a Christian, Christophe, Luc, Celestin, Paul, Michel y Bruno, monjes cistercienses de Tibhirine y a todos los que también dieron su vida y juntos son beatificados: Henri (Marista), Hélene (Pequeñas Hermanas de la Asunción), Esther y Caridad (españolas, Agustinas Misioneras); Jean, Alain, Charles y Christian (Misioneros Padres Blancos); Angéle Marie y Bibiane (Hnas. N. S. de los Apóstoles); Odette (Pequeñas Hnas. Sagrado Corazón de Charles de Foucauld); y Mons. Pierre Claverie (Dominico y obispo de Orán).

Mari Paz López Santos y Guillermo Oroz

(1) LA ESPERANZA INVENCIBLE – Escritos esenciales del monje mártir de Argelia, Christian de Chergé (Ed. Lumen, pág. 12)
(2) Íd. (Págs. 12-13)
(3) Íd. (Pág. 120)
(4) Íd. (Pág. 145)
(5) Mari Paz López Santos (web Familia Cisterciense, 2003)
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TESTAMENTO de Christian de Chergé
Prior del monasterio de Tibhirine (Argelia)
Abierto el domingo de Pentecostés, 25 de mayo de 1996

Cuando un A-Dios se vislumbra…
Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy–
ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento
a todos los extranjeros que viven en Argelia,
yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia,
recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.
Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida
no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.
Que recen por mí.
¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas
y abandonadas en la indiferencia del anonimato.
Mi vida no tiene más valor que otra vida.
Tampoco tiene menos.
En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.
He vivido bastante como para saberme cómplice del mal
que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo,
inclusive del que podría golpearme ciegamente.
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez
que me permita pedir el perdón de Dios
y el de mis hermanos los hombres,
y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido.
Yo no podría desear una muerte semejante.
Me parece importante proclamarlo.
En efecto, no veo cómo podría alegrarme
que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato.
Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la “gracia del martirio”
debérsela a un argelino, quienquiera que sea,
sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam.
Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente.
Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.
Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila
identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas.
Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma.
Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido,
encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio
que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia,
precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes.
Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón
a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:
“¡qué diga ahora lo que piensa de esto!”
Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad.
Entonces podré, si Dios así lo quiere,
hundir mi mirada en la del Padre
para contemplar con El a Sus hijos del Islam
tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo,
frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu,
cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión
y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.
Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos,
doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente
para este GOZO, contra y a pesar de todo.
En este GRACIAS en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida,
yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy,
y a vosotros, amigos de aquí,
junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos,
¡el céntuplo concedido, como fue prometido!
Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías.
Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este “A-DIOS” en cuyo rostro te contemplo.
Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices
en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.
¡AMEN! IN SHALLAH!
Argel, 1 de diciembre de 1993
Tibhirine, 1 de enero de 1994
Christian.+

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En Facebook: AMIGOS DE LOS MONJES DE TIBHIRINE

1968 y THOMAS MERTON

Hay años que quedan especialmente grabados en la memoria colectiva. ¿Qué aconteció en el año 1968 que quedó plasmado en el recuerdo? Muchas cosas ocurrieron ese año y muchas más han quedado olvidadas para la historia.

He “recolectado” algunas para ubicarnos en el tiempo de hace cincuenta años, son pocas, pero seguro que muchos recordamos y otros podrán investigar.

1968 fue declarado Año Internacional de los Derechos Humanos por la ONU. La  Declaración de la Carta de Derechos Humanos cumplía veinte años. El próximo 10 de diciembre del año en curso el cumpleaños de este importante documento cumplirá setenta. Me queda una extraña sensación, un no sé qué de tristeza. Habría que revisar qué se está haciendo en el mundo si avanzar o retroceder.

El 5 de enero comienza la Primavera de Praga, que llegó hasta el 20 de agosto cuando los tanques soviéticos entraron en Checoslovaquia y acabaron con las ansías de liberación política.

La Guerra de Vietnam seguía su sangriento curso. En marzo, la matanza de MyLai, masacre de civiles a cargo del ejército de los Estados Unidos. Las fotos hablaban y siguen hablando por sí mismas.

El 4 de abril murió asesinado Martin Luther King, se llevó su sueño de ver a blancos y negros vivir en paz y concordia. ¿Qué diría hoy?

El 6 de abril, España ganó Eurovisión con Massiel y el “La,la,la”. También fue el año de los primeros atentados de ETA. De un pequeño logro femenino: las mujeres casadas podían ser elegidas concejales.

En el mes de mayo, manifestaciones, protestas y una huelga general, en Francia. Se conoce como el “Mayo Francés”.

El 25 de julio, el Pablo VI publica la “Humanae Vitae”, en la que no se aprueban los anticonceptivos.

El 26 de agosto, Los Beatles lanzan “Hey Jude”.

Ese mismo día en Medellín (Colombia) se inicia la 2ª Conferencia General del Episcopado Latinoamericano bajo el lema “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio Vaticano II”.

El 2 de octubre, matanza de Tlalcoco, en la Plaza de las Tres Culturas, de la Ciudad de México, contra un grupo de manifestantes la mayoría estudiantes.

Diez días después, el 12 de octubre, se inauguran en esa misma ciudad, los XIX Juegos Olímpicos.

Durante todo el año, mes sí… mes también, siguen las pruebas atómicas de Estados Unidos en el territorio de Las Vegas.

El Premio Nobel de la Paz de 1968 fue para René Cassin, jurista y juez francés,por toda una vida consagrada a la paz, la justicia y los derechos humanos y por sus trabajos como redactor de la Declaración Universal de los Derechos Humanos”.

El 10 de diciembre de 1968, fallecimiento de  Thomas Merton. A esta fecha es a la que quería llegar para ubicarme en este mítico año, cuando se cumple el 50º aniversario de su muerte. Aprovechemos para recordarle y seguir contando quien fue y quien sigue siendo.

¡Ardua tarea e inabarcable tarea “contar” a Merton! Con lo que dejó escrito y lo que se ha escrito sobre él, no sé qué cantidad de metros cuadrados de biblioteca se llenarían. Con las posibilidades que tenemos ahora y “buceando” por Internet (que no ocupa metros cuadrados) quien quiera se podrá  adentrar en la persona, historia, publicaciones, etc.

Por tanto lo más sensato y coherente será compartir quién es Thomas Merton para mí.

“¿Conoces a Thomas Merton?”, me preguntó un amigo irlandés en Taizé en 1994. Le contesté que no. “Es un escritor de espiritualidad y, según lo que hemos hablado estos días, creo que te puede interesar lo que escribe. Mira a ver, cuando vuelvas  a España, si hay publicados libros en español”. Dos palabras: Thomas y Merton, regalo del amigo irlandés que no cayeron en saco roto. En mi país en la librería religiosa donde era y soy habitual, me dijeron que tuvieron en otros momentos, pero que habían dejado de reeditarse. Durante dos años, cada vez que volvía a por algún libro, preguntaba si ya tenían algo de Merton. Nada.

¡Qué tiempos aquellos, no podía brujulear como ahora por Google, las Redes…! Pero tampoco olvidé la recomendación. Hasta que, por fín, un día tuve en mis manos un libro del tan esperado Thomas Merton: “La oración contemplativa” (1).

Entusiasmada por ver satisfecho mi deseo, llegué a casa y me adentré con ansia en su lectura. No era mi momento. Lo dejé en la estantería y, como el libro no tenía datos concretos tipo curriculum, seguí sin saber quién era Merton.

Pero sí me interesó el texto de la contraportada: “El curioso estado de alienación y confusión del hombre en la sociedad moderna es quizá más ‘soportable’ porque no se vive en común, con una multitud de distracciones y evasiones, y también con oportunidades para una acción fructífera y un genuino olvido cristiano de sí mismo. Pero oculto en toda vida se encuentra el fundamento de la duda y de la pregunta personal que más tarde o más temprano debe enfrentarnos cada a cara con el último significado de nuestra vida. Esta pregunta a uno mismo nunca puede darse sin un cierto ‘pavor’ existencial, un sentido de inseguridad, de pérdida, de exilio, de pecado. Un sentido de que uno de alguna manera ha sido infiel no tanto a las normas morales o sociales, sino a su propia verdad interior”.

Lo volví a intentar en el 1998… una ojeada. Leí otra vez la contraportada y vuelta a la estantería. Allí “durmió” algunos años más. Seguía sin ser mi momento. Así son las cosas en la vida espiritual… pasito a pasito. ¡Ah… y seguía sin saber quién era Thomas Merton más allá de uno de los maestros espirituales del siglo XX, como decía la contraportada del libro.

En 1999 aparecí, con aires de despistada y sin ninguna pretensión de hacer amigos, en el monasterio cisterciense de Santa Mª de Huerta. Desde el primer momento algo dentro de mí me estaba haciendo comprender que lo que vivía en el monasterio tenía un mensaje para mi persona, y para los que vivimos fuera de los claustros.

En otra estancia en el monasterio, en el 2001, vi un tríptico informativo en la sala de la hospedería que decía: “I Retiro Mertoniano en España, 14 al 17 de septiembre 2000”, Viaceli, The Thomas Merton Center Foundation… ¡Thomas Merton es un monje!

Sí, monje cisterciense, como los que tenía preparados en la capilla del monasterio cuando tocó la campana para la oración de la tarde.

Fue el pistoletazo de salida. Poco a poco me adentré en sus libros, artículos, cartas, etc., Pedí información en el monasterio y ellos me ayudaron a “encontrar” a Merton. Me facilitaron libro (de ediciones antiguas) me fotocopiaron artículos, oraciones, etc. Hice inmersión en el “océano Merton”, tan inmenso que no se puede abarcar, se necesitaría otra vida.

Sé que hay muchos a los que no les va Merton, pero también sé cuántos se acercaron a él para pedirle una palabra y mucha escucha. Sé que tiene detractores pero también verdaderos enamorados de su obra para su vida espiritual. Sé que no era perfecto ni como monje, ni como ser humano, pero qué levante la mano quien crea que ya alcanzó la perfección como persona o en la vocación a la que haya sido llamado.

¿Quién eres para mí, Thomas Merton?

El desconocido que se convirtió en hermano y, con la herencia me dejó, pude beber de una espiritualidad que con palabras que entiendo, me traduce la búsqueda de Dios en el día a día y el encuentro con los demás. Me sigue sorprendiendo ver que como monje contemplativo se adentró en la vida de los laicos, en los problemas del mundo, en la denuncia de la injusticia, las guerras (Guerra Fría, guerra nuclear…), diálogo interreligioso, en ese tiempo –recién acabado el Vaticano II- tema complicado y conflictivo; en la defensa de los derechos humanos, etc.

Me acercó a los valores de la vida monástica como el silencio, la oración, la soledad, la acogida al otro, la escucha y el permanente discernimiento en la vida espiritual para avanzar en el camino de la propia vocación.

Murió en Bangkok el 10 de diciembre del mítico año 1968, después de impartir su última conferencia en el Encuentro Ecuménico de Monjes de Asía, al que había sido invitado. Al final de la conferencia dijo: “Creo que todas las preguntas sobre las conferencias de esta mañana están previstas para la reunión de la tarde… So I go disappear from you. Thank you very much! (2).  “Desaparezco. Me retiro. Muchas gracias”. Fueron sus últimas palabras. A las pocas horas murió electrocutado en su habitación.

Quiero también traer aquí las palabras del Papa Francisco en su visita al Congreso de los Estados Unidos de América el 25 de septiembre de 2015, año en que se celebraba el centenario del nacimiento de Merton:

“Al inicio de la Gran Guerra (…) nace el monje cisterciense Thomas Merton (3enero 1915). Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: «Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas». Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones. Resalta también el Papa en la personalidad de Merton “la capacidad de diálogo y la apertura a Dios” (3).

Sea cual sea el año de nuestro nacimiento o de nuestra muerte, hermano Thomas Merton me demuestras con su vida, compleja, contradictoria y tantas veces incomprendida, que caminamos en el anhelo de encuentro con Dios, mientras nos vamos encontrando con los hermanos en quienes, si me mantengo abierta, expectante, pacífica, confiada y libre, veo el reflejo de Dios en sus corazones, y me adhiero a lo que decías en tu momento de iluminación:  “En Louisville, en la esquina de la calle Cuarta (Fourth) con Walnut (…) no hay manera de hacer ver a los humanos que todos ellos deambulan por el mundo brillando como el sol” (4)

Mari Paz López Santosthomas-merton

CARTAS CON LETRA HUMANA

Hace unos días me “llegó” una carta 20181112_160309desde el pasado –no muy remoto- pero lo suficiente para ver cómo pasa el tiempo. No es tanto el tiempo que hacía que me fue dirigida esa carta sino que estaba escrita con letra humana.

El sobre ya anunció en su día por la textura del papel, con una trama que podría haberse dedicado a pintar con acuarela o tinta china. Había sido elegido para más alta misión que un folio DIN-A4.

Las dos hojas contenidas en el sobre… ¿hojas? no, mejor, pliegos, sí, pliegos… durmientes durante diecisiete años, tienen un no sé qué regio, elegante, de pieza única conservada en el tiempo. Papel denso y algo rugoso, imposible e impensable para la impresora del ordenador,  se colapsaría de puro desconcierto.

Por último, y lo principal, tanto el sobre (anverso y reverso) como los dos pliegos, por ambas caras, están escritos con bolígrafo y con letra humana, femenina y singular. Palabras que se expresan con aire de pieza única. Con ese valor de lo hecho a mano y no repetido, lo único e intransferible.

Aquí tengo todo al lado y lo miro con el respeto interior de estar ante una pieza arqueológica y antropológica, como poco. Disfruté un buen rato y devolví al libro la carta. Es su sitio. Una alegría y un placer recibir una carta así desde el pasado.

Hay días que vienen cargados de mensajes y sorpresas, y ese venía con ración doble.

Llegó mi marido a casa y entró diciendo: “Creo que te va a gustar lo que había en el buzón: tienes una carta con letra humana”. Me conoce y muchas veces me ha oído hablar de lo que me gustaba recibir cartas, postales, christmas… con letra humana.

Miré el sobre, lo dejé sobre mi mesa de trabajo; tenía que salir y estas cartas no se leen como los whatsapps… ¡por favor, noooo! Estas cartas requieren un estar, una calma, una atención similar a la degustación de un buen vino gran reserva.

Una buena amiga me enviaba una carta escrita con ganas y sin prisa. Dos hojas de cuaderno cuadriculado; de esas que se arrancan al acabar de escribir y, si te da tiempo, tomas las tijeras y le recorras los trocitos de papel que quedan en el margen. ¡Es algo tan familiar… apuntes, recetas, listas de cosas para hacer antes o después…etc!

Su letra, bien conocida de otros tiempos cuando no nos comunicábamos por e-mail (ahora ya tampoco) ni por whatsapp… me traía mensajes de su vida en este momento, cosas que le gustan y otras que le disgustan; situaciones que chocan con la empatía que siente por los que sufren ante la desgana de los que miran para otro lado. Cuando acabé de leer pensé: “Como si hubiéramos estado sentadas alrededor de una mesa con un café o té calentito, hablando de lo divino y de lo humano”… es esa pizca de intimidad  que aporta la letra humana en la comunicación, en el compartir.

¡A ti que lees esto que escribo me gustaría hacértelo llegar con letra humana! No es posible pero algo es algo… ¿no?.

Mari Paz López Santos

EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS QUE NO SABEN QUE LO SON

Santos que no lo sabenNoviembre ya está aquí y empieza, como siempre, con lo del más allá: primero, santos, y luego difuntos.

Celebraciones populares en muchísimos sitios del mundo. Seguramente ya vimos la película “COCO”, entrañable la fiesta de los muertitos en México, colores y flores llenan aquellas hermosas tierras. Y, cómo olvidar la celebración de Halloween exportada a todo el mundo: en breve estarán llegando zombies, fantasmas, sangre, huesos y harapos a los centros comerciales.

¿Quiénes son esos Santos y Santas que celebramos cada año y que son multitudes a lo largo de los tiempos?

Creo que son los santos que, mientras están entre nosotros, no saben que lo son. Y cuando dejan este mundo no forman parte de Santoral.

Santas y Santos desconocidos, mínimos, ocultos, sencillos, con biografías que no aparecen en Wikipedia. Personas anónimas que están por ahí como la levadura en el bizcocho, suministrando esperanza en tiempos duros.

Acogen a quien lo necesita aunque vivan en cuarenta metros cuadrados, tengan tres hijos a su cargo y un padre con demencia senil.

Abren la puerta a sus hijos que llegan en paro con los suyos de la mano, poniendo a disposición su pensión de jubilación… ¡A ver si llegamos a fin de mes!

Santos y Santas anónimos que arriesgan sus vidas en la defensa de los que no tienen voz, viéndose atrapados en una maraña legislativa que los toma por delincuentes en vez de samaritanos.

Los hay que se hacen pobres con los pobres adentrándose en el peligroso terreno de lo No-Legal.

Algunos recorren la ciudad de punta a punta para pasar una hora escuchando a alguna anciana o anciano que vive en soledad absoluta y no habla con nadie. Después van a clase a la universidad.

Hay otros que intentan poner paz en su propia familia dividida y enemistada, viendo que todos pierdes, y los niños los que más.

Los hay que recorren siete, ocho… diez pueblos en el medio rural, para decir misa cada domingo, cuando ya suman más de cincuenta años de sacerdocio.

Santas y Santos en los pueblos indígenas luchando sin armas por conservar su vida y sus costumbres y la tierra a la que se sienten ligados.

Hay Santos y Santas que no se dejan corromper por el dinero ni el poder. Eso trae problemas, quedan señalados.

¿Cuántos son?… “Una muchedumbre inmensa, incontable, que proceden de toda nación, razas, pueblos y lenguas” (Ap 7, 9).

¿De dónde vienen?… “De la gran tribulación” (Ap 7, 14).

¿A dónde van? … A donde “ya no tendrán hambre ni sed; ya no les molestará el sol ni bochorno alguno (…) Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos” (Ap 7, 15-16).

Cerremos los ojos, respiremos hondo… subamos al monte con Jesús, como hizo aquel día y cada día para contemplar a las multitudes viendo a cada uno como pieza única, como “hijos de Dios pues ¡lo somos!”(1Jn 3, 1-3)… y digamos con Él:

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos”… ¿No empezaste por el final indicando de quien es el Reino de los Cielos? Claro, Tú explicaste que el Reino de los Cielos es aquí y ahora. Así que estos “bienaventurados” son los Santos y Santas que no saben que lo son pero ya están actuando en la realización de tu Reino. Algunos que luego serán elevados a los altares son también esos pobres de espíritu haciéndose pobres con los pobres y elevando la voz por los que no tiene voz, como San Romero de América, elevado al santoral popular desde los corazones de quienes se sintieron amados y defendidos por él. Desde el 14 de octubre pasado es oficialmente San Óscar Arnulfo Romero.

“Bienaventurados los mansos (o humildes) porque ellos poseerán en herencia la tierra. Santos y Santas que saben compartir y repartir para que nadie se quede fuera o se sienta extranjero.

“Bienaventurados los que lloran, porque serán consolados”  Santas y Santos que arrimarán el hombro para que quien sufre pueda recibir apoyo, dejando su tiempo y su energía en ser consuelo en medio de un mundo hostil.

“Bienaventurados los que tiene hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados”. Santos y Santas empeñados en que la justicia llegue a todos. Santos y Santas que no se contentan con leyes que no llevan en su esencia del equilibrio de la justicia para todos.

“Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”. Santas y Santos que se saben pequeños, pero empujan para dar a otros amor y misericordia, y todo les vuelve crecido.

“Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Estos son Santos y Santas pequeñitos, niños y niñas que todavía no han olvidado quienes son en el corazón de Dios; y también las Santas y Santos que hicieron el camino de regreso hacia dentro cuando entendieron que si no nos hacemos como niños… no hay nada que hacer.

“Bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos serán llamados hijos de Dios”. Santos y Santas de un lado para otro clamando por una paz que no llega; pacificando en sus ambientes de familia, trabajo, Iglesia, etc.

“Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos”. Santas y Santos perseguidos por la justicia del mundo, por rencores enquistados, por leyes discriminatorias, por razón del color de su piel, lengua cultura o religión, y también por razón de su sexo.

“Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan, y cuando, por mi causa, os acuse en falso de toda clase de males. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros”. Santos y Santas que se paran y se plantean de qué manera Te siguen, a Ti que eres el Maestro, el que se subió a la Montaña para dejarnos este Mensaje. Quedan pensativos viendo que no hay nadie que les injurie ni les persiga, o acuse en falso… que no tienen grandes problemas.  ¡Es raro!, piensan. Y exclaman concierto sobresalto interior: ¡Será que estamos rebajando el Evangelio a la medida que marcan los poderes del mundo!

A la caída del sol una suave brisa trae un susurro de voces alegres que sólo escuchará quien tenga abierto el oído del corazón: Vosotros sois la sal de la tierra… y la luz del mundo (Mt 5, 13-14). No lo olvidéis”. Son los Santos y Santas que no sabían que lo eran cuando vivían entre nosotros pero ahora ya lo tienen claro.

Mari Paz López Santos

1 noviembre 2018

THOMAS MERTON LO VIO HACE TIEMPO

Buscando un libro entre mis muchos libros, uno se hizo encontrar (no era el que yo buscaba) y en la página noventa y cinco me echó el anzuelo: “En la sociedad tecnológica, en la que los medios de comunicación se han hecho tan fabulosamente versátiles…”. Ya no lo pude dejar.

Él lo vio y lo contó hace tiempo: profeta de nuestro tiempo, siglo XX, con visión de largo alcance para el XXI y más.

“… y están a punto de un desarrollo aún más prolífico, gracias al ordenador con su inagotable memoria y su capacidad de inmediata absorción y organización de datos, el uso de las comunicaciones se hace inconscientemente simbólico”. En esto estamos.

A nuestro alcance tenemos la mayor capacidad de comunicación de todos los tiempos, la posibilidad de llegar a los lugares más remotos e inaccesibles en otras épocas, con un suave toque de pantalla, por ejemplo.

Vamos a ver que nos sigue diciendo la página noventa y cinco del libro que atrajo mi atención:

“Aunque el hombre dispone de la capacidad de comunicarlo todo, en cualquier lugar, a cualquier hora y de modo instantáneo, se encuentra con que no tiene nada que decir. No es que no haya suficientes cosas que podría comunicar, o que debería intentar comunicar”. Aquí, ahora, yo pondría ese “emoticono” redondo y amarillo con ojos de sorpresa y desconcierto, es decir, un símbolo, con el fin de expresar la comprensión profética del autor de este pensamiento, dicho antes de 1968, y hecho realidad en nuestros días.

Insiste: “Debería, por ejemplo, ser capaz de encontrarse con sus congéneres y discutir el modo de construir un mundo en paz. Pero es incapaz de este tipo de confrontación. Seguimos igual… esta vez el “emoticono” llevaría una lagrimita azul y mueca de tristeza.

Continua el autor: “En vez de eso, dispone de misiles balísticos intercontinentales que pueden llevar la muerte nuclear a decenas de millones de seres humanos en pocos momentos. Éste es el mensaje más sofisticado que el hombre moderno tiene que exponer y discutir con su colega”. ¿Qué más se puede decir?… que la capacidad de matar es ahora infinitamente mayor y que se puede concretar con un whatsapp.

Y sin pelos en la lengua sigue: “Es desde luego, un mensaje sobre sí mismo, sobre su alienación y su falta de habilidad para entenderse con la vida”.

Aquí seguimos, hermano Thomas Merton, sin dar una respuesta contundente y profunda sobre nosotros mismos. Sólo podrá ser dicha dejando que crezca la vida interior en lo hondo de cada uno para poder transmitirla al exterior.

 

Mari Paz López Santos

 

Este año 2018 se cumplen 50 años de la muerte de Thomas Merton, (1915-1968),  monje cisterciense de la Abadia de Getsemani (USA)

Nota: Los textos en negrilla están tomados del libro “AMAR Y VIVIR – El Testamento espiritual de Merton”, (Ediciones Oniro), pág. 95

 

¿COMPRAR?… COMPARTIR (Jn 6, 1-15)

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte  del mar de Galilea… en este tiempo se acerca a la orilla del mar Mediterráneo.

Lo seguía mucha gente…  buscando el sentido de la vida en forma de sanación física, psíquica, económica y espiritual. También hoy se acerca a la desolación de quienes sólo tiene la herramienta de sus pies en marcha y la voluntad de sobrevivir con dignidad.

Subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. La montaña como lugar de visión en perspectiva y de espacio comunitario. Estaba cerca la Pascua, el paso, gentes en movimiento, de camino.

Levantó los ojos… allí estaban. No hay obstáculos que detengan a quienes huyen de la violencia y del hambre; ni altas montañas que no se atrevan escalar, ni mares que les detengan si se trata de encontrar una vida plena, asumiendo el riesgo de una muerte rápida. Hoy.

¿Recordaste al profeta Eliseo dando las primicias de pan? (2 Reyes 4, 42-44): “Dáselo a la gente y que coman… comerán y sobrará”. Seguramente. Aquel texto lo habrías escuchado muchas veces en la sinagoga. Tus discípulos también, pero no parece que relacionaran el asunto.

“Felipe, ¿con qué compraremos panes para que coman estos? Preguntaste a modo de prueba sabiendo que no se trata de comprar sino de compartir, punto de partida para que haya milagros.

Felipe debió quedar boquiabierto con tu pregunta y para remate, aparece Andrés proponiendo soluciones imposibles sin fe alguna en el proyecto: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es eso para tantos?”.

En los textos de los otros evangelios, sin preámbulo alguno, planteas a tus discípulos el reto: “Dadles vosotros de comer” (Mt 14, 16; Mc 6, 37 y Lc 9,13). Quizás Juan, que te conocía más de cerca, con su amplia mirada contemplativa, intuyó que les estabas poniendo a prueba, más allá de que te dieran ideas para enviar a casa a todo el personal que empezaba a ser un problema de logística.

¡Manos a la obra!, no te queda otra, tu compasión te pone en marcha pensando en el cansancio de aquella masa humana. Lo primero que descansen: “Haced que se recueste la gente”. Por suerte era un lugar mullido, tenía hierba, eso dice Juan.

Cuando alguien llega a una casa, si los de dentro practican la hospitalidad y están atentos, sabiendo que ha hecho un largo camino, ha sudado y no ha comido a sus horas, no piden explicaciones. Ofrecen sitio para descansar y alimento lo más rápido posible.

Jesús toma lo que hay, cinco panes y dos peces, y da gracias porque lo haya. El milagro se vuelve cotidiano: se parte, se reparte, se comparte y, contra todo pronóstico inicial, las sobras se recogen en doce canastos.

Sabías que no iban a entender ni los sentados en la hierba ni los discípulos. Sabías que se transmitiría lo ocurrido como algo mágico y que vendrían a por ti para nombrate rey y quitarse de problemas.

¡Espera, no te retires todavía a la soledad de la montaña! ¡Vuélvete hacia nosotros con tus pies en la arena bañados por las olas a la orilla del Mediterráneo! ¿No vas a decirnos algo para probarnos?

La brisa del mar es tu aliada: “Dadles vosotros de comer”… y comed juntos, compartiendo el pan que os dejo día a día; es de todos porque lleva la levadura del Amor de Dios a toda la humanidad.

Mari Paz López Santos

 

 

TIEMPO DE DESPEDIDA Y DE DEJAR IR

(Mc 16, 15-20)

Llevaba tiempo despidiéndose de los suyos. Les iba dejando mensajes para después de su partida. Pero no entendían o no querían entender. Seguía anunciando lo que vendría cuando no le vieran sus ojos, pero no podían ver y la imaginación no estaba atenta a ver sin ver. Le preguntaban, se preguntaban…

El Amor sería lo primero, el Único y Supremo Mandamiento: “Qué os améis unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12-17). El Amor sin condiciones clave del testimonio que habrían de dar “hasta el confín de la tierra! (He 1, 1-13).

Les miraba y veía que no podía cargarles con tantas cosas que tenía que decirles, no era todavía el momento… como cuando se cría y educa a los hijos adaptándose a la edad, al carácter de cada uno, haciendo malabares. Pero sabía que acabarían de entender guiados por el Espíritu Santo.

¿Y qué pasa con nosotros? El mismo Espíritu nos anuncia, nos comunica, nos guía “hasta la verdad plena” (Jn 16, 12-15) pero sólo se sentirá preparado para anunciar y comunicar quien abra su corazón a la escucha.

Siempre recuerdo en este tiempo las palabras de un buen amigo sacerdote, Sergio Delmar Junco, mexicano y misionero del Espíritu Santo. Finalizó su homilía con un escueto mensaje que quedó para siempre como herencia para ahondar en este tiempo, en las lecturas y en el misterio de Jesús que va al Padre y vuelve con el Espíritu: contempla, absorbe, ama y… déjalo ir.

Así podremos salir al mundo entero y proclamar el evangelio a toda la creación. El evangelio, no otra cosa, no nuestras ideas, no nuestras buenas intenciones, nuestros deseos… el evangelio contemplado, absorbido, amado y… expandido.

Se celebra en este día la Jornada de las Comunicaciones Sociales, sería bueno reflexionar sobre lo que hacemos o no para proclamar en este tiempo con tantas posibilidades de comunicación, y al mismo tiempo tan perezoso… no todo es un “me gusta” en Facebook, o un emoticono en whatsapp… Hay que atreverse a compartir, hay que echar fuera la desgana. Somos la generación con más capacidad de medios para comunicar. Hay que ahuyentar el miedo, en los medios está lo bueno y lo malo, como en cada situación de la vida. Contempla, absorbe, ama y… sal al mundo entero que necesita esa Palabra que tú conoces.

Mari Paz López Santos

 

¿VOY O NO VOY? – Viaje al infierno

20180413_110611¿VOY o NO VOY?
Viaje al infierno
¿Voy o no voy?, me pregunté. Si voy, lo pasaré mal, seguro. Me di un tiempo para pensar. Fui.
La tarde, gris y lluviosa, no animaba a salir de casa. Por los pasillos del metro en el cambio de línea, escuché: “Imagine all the people living life in peace…”, la canción de John Lenon. Me paré ante el músico y esperé atenta a que acabara la canción: “Imagina a todo el mundo viviendo el día a día”, “imagina que no hay países”… “nada por lo que matar o morir”… “imagina a toda la gente del mundo viviendo la vida en paz”… “imagina que no hay posesiones”… “imagina a todos compartiendo el mundo”…”espero que algún día te unas a nosotros y el mundo será sólo uno”.
Le di las gracias por estar ahí compartiendo su música y concretamente “Imagine”, y unas monedas por su trabajo y su arte.
Fui a ver el infierno. No el de Dante, poético y literario, sino el que ocurrió en Auschwitz “no hace mucho, no muy lejos”. Este es el título de la exposición que se presenta en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid. Al consultar la web me sorprendió gratamente el que recomendaran hacer una visita silenciosa por respeto al tema que trata.
Todos conocemos imágenes, libros, películas, etc. que nos han mostrado el horror de lo que fue Auschwitz, pero esta exposición me acercó al misterio del Mal. He visto fotos de quienes han visitado el campo en persona, como las del Papa Francisco; estar allí debe ser lo más sobrecogedor, pero esta exposición me adentró en el terrible y enorme potencial del ser humano para llevar el Mal al extremo. La sofisticación y refinamiento del ejercicio del Mal en su esencia más profunda.
Tiempo y silencio (fui sola a la exposición y no quise auriculares) me introdujeron sobrecogida en lo que el ser humano puede llegar a hacer si las condiciones de respeto, empatía, solidaridad, fraternidad y amor al prójimo, dejan paso al poder sin cortapisas y a la política sin ética que, sin escrúpulos y utilizando herramientas letales como la mentira, la desinformación, la manipulación, la corrupción, la avaricia, la prepotencia y el desprecio absoluto por la vida y los derechos humanos, da paso a una locura colectiva bien diseñada y masivamente aceptada. ¡La Humanidad en peligro!
No hace mucho que sucedió Auschwitz y no muy lejos… ahí mismo, en el centro de Europa. Una especie escalofrío existencial fue mi respuesta callada y aceptar interiormente el compromiso de reflexionar sobre el hecho mismo, aunque duela e inquiete. Y no olvidar, porque el Mal circula desde el origen del mundo, cada vez más capacitado para destruir masivamente.
Para que quede más claro lo que quiero decir con la sensación de escalofrío existencial, transcribo un texto de Primo Levi (1), superviviente de Auschwitz, sobre la impresión de los primeros que llegaron a liberar el campo:
“Cuando (los soldados soviéticos) llegaron a la alambrada no nos saludaron ni sonrieron. Parecían oprimidos, más que por la compasión, por la cohibición desconcertada que les sellaba los labios y les clavaba los ojos a aquella escena fúnebre. Era la misma vergüenza (…) que siente el hombre justo ante los crímenes cometidos por otros, el remordimiento que producen la existencia misma de esos crímenes y el que hayan sido introducidos de manera irrevocable en el mundo de las cosas que existen”.
Todo en Auschwitz estaba organizado para aniquilar la dignidad humana. Decía Viktor Frankl (2), también superviviente de Auschwitz:
“El prisionero que perdía la fe en el futuro —en su futuro— estaba condenado. Con la pérdida de la fe en el futuro perdía, asimismo, su sostén espiritual; se abandonaba y decaía y se convertía en el sujeto del aniquilamiento físico y mental”.
Pero también dentro de aquel infierno había quienes eran como esas pequeñas flores que crecen en medio de la basura. A ellos se refiere Viktor Frankl (3):
“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.
Muchos arriesgaron y perdieron la vida implicándose en dejar imágenes de lo que sucedía dentro del campo. Creo que sin fotografías hubiera sido imposible creer la brutalidad del exterminio nazi. El cerebro se resiste a comprender que mentes humanas pudieran generar tan sofisticada capacidad de matar sin sentimiento de culpa o duda.
Hanna Arendt, filósofa alemana de origen judío, acuño el término de “banalidad del mal” para quienes participaron como meros administrativos, mandos intermedios, que ejecutaban sin pensar, las órdenes que recibía dentro de la pirámide jerárquica nazi; no mataban como sádicos pero organizaban administrativamente todo el engranaje para llegar al fin último: la muerte de millones de personas, sin plantearse la más mínima duda de conciencia de lo que hacían.
Acabada la visita a la exposición, después de tres horas de silencio, un triste pensamiento me asaltó: “Quizás cuando mis nietos sean ancianos habrá una exposición de tres horas, en silencio, en la que se exhibirá el horror de los miles de refugiados huyendo de la guerra, pidiendo asilo y ayuda a la puerta de la Vieja Europa; y los que migran por motivos económicos y quedan retenidos en fronteras de alambre con pinchos. Informarán que, para muchos, el viaje fue fallido y reposaron en el cementerio acuático que es el mar Mediterráneo. ¿Cuál será el cartel de la exposición? Bien pudiera ser la foto del niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, icono del sinsentido y la violencia, hoy.
La deshumanización de la humanidad afecta a cada ser humano, o debería ser así. No es un asunto de los del Norte o los del Sur, de hombre o mujeres, de creyentes o no creyentes… El cuidado de la vida y la dignidad humana es primordial en la evolución del ser humano y hemos de estar atentos revisando actitudes personales, sociales, políticas, culturales, económicas y religiosas.
Creo que este convulso tiempo que vivimos tendrá su juicio futuro. Deseo que en esos años venideros, la humanidad haya evolucionado no sólo en tecnología y ciencia, sino en el amor y fraternidad universales hacia una forma de vivir juntos que se parezca más a la canción de John Lenon.
No quiero que mis palabras sean las últimas palabras de este escrito. Dejo que Viktor Frankl, con el último párrafo de su ya citado libro, sea quien ponga punto final.
“Nuestra generación es muy realista pues, después de todo, hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el “Padrenuestro” o el “Shemá Israel” en los labios”.

Mari Paz López Santos
Abril 2018

(1) Primo Levi, (La Tregua (Turín, Einaudi,, 1963). Texto leído en un panel de la exposición y recogido del Catálogo.
(2) y (*3) “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl. Ed. Herder

MUJER, primero MUJER

MUJER, primero MUJER

Letanía para no olvidar

MUJER, lo primero. Mujer, mujer, mujer. Hija, pero primero mujer. Hermana, pero primero mujer. Amiga, pero primero mujer. Estudiante, pero primero mujer. Trabajadora, pero primero mujer. Universitaria, pero primero mujer. Esposa, pero primero mujer. Madre, pero primero mujer. Soltera, pero primero mujer. Suegra, pero primero mujer. Tía, pero primero mujer. Abuela, pero primero mujer. Europea, pero primero mujer. Americana del Sur o del Norte, pero primero mujer. Africana, pero primero mujer. Asiática, pero primero mujer. Musulmana, pero primero mujer. Judía, pero primero mujer. Cristiana, pero primero mujer. Budista, pero primero mujer. Hinduista, pero primero mujer. Atea, pero primero mujer. Artista, pero primero mujer. Campesina, pero primero mujer. Médico, pero primero mujer. Indígena, pero primero mujer. Política, pero primero mujer. Profesora, pero primero mujer. Empleada de supermercado, pero primero mujer. Policía, pero primero mujer. Prostituta, pero primero mujer. Pintora, pero primero mujer. Deportista, pero primero mujer. Agricultora, pero primero mujer. Emprendedora, pero primero mujer. Ama de casa, pero primero mujer. Científica, pero primero mujer. Músico, pero primero mujer. Periodista, pero primero mujer. Monja, pero primero mujer. Cura… no puede ser, por ser mujer.

Discriminada, por ser mujer. Violada, por ser mujer. Acosada, por ser mujer. Pérdida entre líneas en la Historia, por ser mujer. Infravalorada, por ser mujer. Invisibilizada en Culturas y Religiones, por ser mujer.

Mujer, mujer, mujer… pobre, buena, mala, asustada, esperanzada, despreciada, alegre, harta… pero lo primero MUJER.

Mujer, mujer, mujer… sin complejos, con la cabeza alta y la palabra a tiempo, combativa, solidaria, compasiva, contundente, con sentido común, sabiduría en la escucha, que denuncia, que protege a los débiles y encare a los poderosos, que denuncie la injusticia, que gestione con responsabilidad, sin avaricia, con creatividad y sepa trabajar por un mundo mejor… ¡Ya es hora!

Mari Paz López Santos

8 marzo 2018 – Día de la Mujer, aunque todos los días son de la mujer.

 

EL ABAD, EL OBISPO Y LA QUE VIVE CON LOS POBRES

 

Ando en reflexión sobre las personas con las que me he ido encontrando a lo largo de mi vida. La mayoría se esfuman dejando algún recuerdo, unas veces es bueno y otras mejor olvidarlo, pero no forman parte de mi vida actual. Otras son mis amigos, con los que he transitado ya varias etapas del camino.

Pero mi reflexión viene por los tres reencuentros que tuve la suerte de disfrutar la pasada semana. ¡Tres en cinco días… una suerte y tres bendiciones!

El primer encuentro fue con el abad. Mi interés por la vida monástica y los mensajes que descubro para ser digeridos en la vida del mundo, hacen que esté expectante y abierta a la escucha del monje que vive dentro del monasterio. Sin darse cuenta, en la conversación, me deja regalos de sabiduría que me llevo puestos para salir al mundo. Luego los desenvuelvo y me ayudan a mirar la vida con una sana distancia aunque esté metida en el remolino del día a día, con toda su complejidad.

El segundo encuentro fue con el obispo que estaba de paso. Vino desde corazón de África y con África en su corazón. Ahora es obispo, pero es misionero casi desde que vino al mundo, sólo hay que restar el tiempo mínimo que necesito para darse cuenta de la misión que Dios le tenía preparada y que es su vocación. Delante de un café fuimos compartiendo palabras, recuerdos, experiencia de África, del país y las gentes africanas que tanto ama y que tantísimo sufren por la violencia y la injusticia; de las maravillas de amor y solidaridad que suceden en esa marabunta. Le pregunto cómo ve este mundo supuestamente rico, le cuento mis enfados con tantas situaciones que están dejando mucha gente en las cunetas. Nos despedimos y, aunque estaremos en contacto con los medios tecnológicos a nuestro alcance , nada es igual que el reencuentro en persona, con animada conversación y un café en una tarde muy fría de invierno. Vuelvo en el coche con más regalos de sabiduría para ir abriendo desde dentro y viendo como compartir hacia fuera.

Por último, el tercer encuentro fue con la que vive con los pobres. A ella la tengo muy cerca hablando en kilómetros, vivimos en la misma ciudad; pero su vida al cuidado de los que no tienen hogar, es complicada para poder estar un rato de sosegada charla. Sucedió la pasada semana después de varios meses. ¿Qué contar?… no conozco a nadie que disfrute tanto de las cosas pequeñas, las más mínimas: una palabra, una foto, contarle un proyecto, una experiencia de viaje, llevarle un escrito… todo es recibido como único, como novedad, haciéndose partícipe de la alegría, la preocupación o lo que traiga para compartir alrededor de su mesa. Le pregunto por los acogidos, por quienes ya no están, por las dificultades de la casa… la vida. Vida de los que no se ven y que es también su vida. Me despide con un abrazo de dos vueltas. Poniendo en marcha el coche me di cuenta de que he recibido más regalos de sabiduría que me ayudarán a no olvidar a los olvidados.

Estas tres personas, a las que quiero, respeto y me ayudan con el testimonio de sus vidas y vocaciones, tienen en común, además del amor a Dios y a los hermanos, que les mantiene vivos y comprometidos en sus respectivas vocaciones, el hecho de vivir en las fronteras. Fronteras diferentes fronteras, pero fronteras.

La vida monástica es una frontera que en estos tiempos parece que atrae a mucha gente necesitada de paz y sosiego, que anda en búsqueda, que quiere encontrar sentido a su propia vida, y en el monasterio encuentra cosas que están echadas a perder en el mundo, como el silencio, la soledad y tantas otras. La vida monástica tiene algo de frontera exótica que atrae, una rara avis que se contempla como una excepción y, dando media vuelta, nos alejamos pensando que los que la viven son raros.

La vida misionera es una frontera con socavón y trincheras donde algunos viven su vocación al lado de hermanos que son los olvidados de la Tierra; dando visibilidad a los que se invisibiliza, palabra a quienes no pueden hablar y amor a quienes continuamente son diana de la violencia. Escuchamos sus testimonios cuando vienen o aparecen en los medios de comunicación y, es verdad que generan admiración, pero para muchos están considerados como locos.

La vida de pobreza con los pobres, los “sin techo”, los que ya no pueden vivir solos ni siquiera en la calle, es la frontera con los vecinos, la tenemos ahí mismo en las grandes ciudades. No hay que viajar, están a nuestro lado. Pero son invisibles. Quienes viven con ellos como opción de vida, se les mira de reojo, con mirada incrédula.

Me siento muy afortunada por poder estar cerca del abad, del obispo y de la que vive con los pobres porque sus testimonios son de primera mano. No me cuentan estadísticas, me comparten la esencia de sus vidas y vocaciones, con pocas palabras; pero, si estoy atenta, descubro que quien vive desde su centro, desde lo hondo de su ser, la vocación a que han sido llamados, se destila por sus poros, sus sonrisas, su escucha y sus abrazos.

¡Ah… no quiero dejar de decir que ellos siempre quieren saber de mi vida, de los míos, de mis proyectos! Y les cuento, por supuesto, porque sé que vamos todos juntos y hemos de caminar unidos.

Doy gracias por los tres y por todos los que llevan en sus corazones.

Mari Paz López Santos 1 2 y 3