¡GRACIAS, HERMANAS!

Con este título comienza el P. James Martin, sacerdote jesuíta, Director del semanario católico jesuita “AMERICA” ,que ha dado las gracias publicamente a todas la religiosas de los Estados Unidos (LCWR)que en estos días se encuentran en el punto de mira de la Congregación para la Doctrina de la Fe
(Ver amplia información en post 19.04.2012 en el blog “Cajón de Iluciones” de Isabel Gómez Acebo)
(Ver artículo de JUAN V. FERNÁNDEZ DE LA GALA, delagala@telefonica.net en Eclesalia 17.05.2012

¡GRACIAS, HERMANAS!
James Martin, SJ
Contributing Editor of AMERICA catholic magazine
Esta semana se está hablando mucho sobre algunas religiosas católicas que han aparecido con frecuencia en las noticias. Puede que ustedes hayan leído incluso que la Congregación para la Doctrina de la Fe ha abierto lo que se llama una “investigación doctrinal” a la Conferencia de Superioras Religiosas de los Estados Unidos. ¿Y qué significa esto? Pues eso significa que el Vaticano está investigando a la institución que agrupa a la mayor parte de las religiosas de este país, también conocida como LCWR o Leadership Conference of Women Religious.
Pero no se trata de hablar aquí del documento vaticano, sino de que dirijamos la mirada a estas mujeres y a la tarea que han venido desarrollando en Estados Unidos desde el Concilio Vaticano II. Es verdad que la “investigación doctrinal” del Vaticano ha entristecido y decepcionado a muchas de estas religiosas. Mucha gente en los blogs y en los medios de comunicación se preguntaba ¿pero cuál es el problema? Quizá pasaban por alto que la “investigación doctrinal” del Vaticano es ya la continuación de una larga inspección apostólica a todas las órdenes religiosas femeninas en general. Así que no es de extrañar que las religiosas en los Estados Unidos se sientan un poco desmoralizadas últimamente.
Y hay también otra cosa que creo que es importante recordar y que algunas críticas de quienes no ven con buenos ojos a esta organización de religiosas probablemente olvidan: muchas de estas hermanas de las que estamos hablando, que ahora andan por los setenta u ochenta años de edad, cuando ingresaron en la vida religiosa sabían perfectamente que iban a vestir de hábito y que iban a vivir su vida semienclaustradas en un convento, al modo tradicional. ¿Y qué pasó entonces? Que vino el Concilio Vaticano II. A comienzos de los sesenta, la gran asamblea de los obispos católicos dio como fruto numerosos documentos, como Perfectae caritatis [decreto sobre la vida religiosa]. Poco después el papa Pablo VI dio a conocer su exhortación Evangelii nuntiandi y otras cartas en las que se decía claramente a las religiosas que debían ponerse al día y reformarse. Y ellas regresaron a la fuente de sus documentos fundacionales, para ver qué fue lo que dijeron realmente los fundadores y fundadoras y profundizaron en ellos para entender lo que debían hacer. Y encontraron que lo que tenían que hacer era salir al mundo y no permanecer semienclaustradas y vestir como visten habitualmente las mujeres de su tiempo. Salir fuera, en una palabra.
Y no debemos olvidar que estas mujeres habían sido minuciosamente preparadas para vivir semienclaustradas. Lo más fácil para ellas hubiera sido continuar su modo tradicional de vida. Sin embargo, abrazaron los cambios que les proponía el Concilio Vaticano II, a pesar de que esa era la opción más difícil para ellas en aquel tiempo. Una amiga religiosa me decía anoche literalmente: “nos tomamos muy en serio esos documentos”. Por tanto, creo que cualquier crítica a estas mujeres ─también la del Vaticano─, debería empezar reconociendo que respondieron fielmente a lo que la Iglesia les pedía.
Y todavía más importante que entender eso es contemplar a las propias religiosas. Hagámoslo. Miremos a algunas de estas mujeres de la era del Concilio Vaticano II y veamos qué es lo que fueron capaces de intentar y lo que llegaron a conseguir por fidelidad a Dios:
1) Para empezar, pensemos en Mary Luke Tobin, de las Hermanas de Loreto, la única mujer americana que fue invitada a participar en el Concilio Vaticano II. Luego llegó a dirigir la LCWR. Toda su vida luchó por la paz y la justicia, hasta su muerte a los 98 años. Una mujer portentosa en la historia religiosa de América.
2) Hay también personas a las que considero heroicas, como Ita Ford y Maura Clarke, de la congregación de las Hermanas de Maryknoll, o la religiosa ursulina Dorothy Kazel y la misionera laica Jean Donovan. Las cuatro fueron martirizadas en El Salvador como consecuencia de su compromiso decidido con los más pobres, las cuatro pagaron su seguimiento personal de Cristo con el precio de sus vidas. Fueron mujeres como estas las que encarnaron el espíritu del Concilio Vaticano II.
3) Pienso también en alguien increíble como Dorothy Stang, que hace sólo unos años fue martirizada en Brasil cuando luchaba por los pobres sin tierra de allí. La hermana Dorothy fue asesinada mientras recitaba las bienaventuranzas. Una mujer inigualable, misionera de las Hermanas de Notre Dame de Namur, cuyo testimonio sirvió de inspiración a tanta gente.
4) Y quizá también conozcan a la hermana Helen Prejean, autora del libro Dead men walking [traducido en español como Pena de muerte, llevado al cine y protagonizado en la pantalla por la actriz Susan Sarandon] y de la que podríamos decir que hizo más que nadie en el mundo en lo que se refiere a la concienciación sobre la pena de muerte y el rechazo que, como católicos, debemos manifestar por este procedimiento inhumano.
5) Y pienso en gente como Elizabeth Johnson, hermana de la Congregación de San José, profesora [de Teología] en la Universidad de Fordham, en Nueva York, y cuyos libros sobre Jesús, sobre María y sobre Dios, escritos con hermoso estilo literario, han ayudado a mucha gente a acercarse a Dios.
6) Y pensemos también en las cinco hermanas Adoradoras de la Sangre de Cristo, martirizadas en Liberia en 1992 por su compromiso con los pobres de allí. No olvidamos a Agnes Mueller, Barbara Ann Muttra, Shirley Kolmer, Kathleen McGuire y Joel Kolmer.
7) Recordamos también a Mary Daniel Turner, la anterior superiora general de las Hermanas de Notre Dame de Namur y directora de la LCWR, coautora del libro The Transformation of American Catholic Sisters, gran promotora de la justicia y de la renovación en la Iglesia antes y después del Concilio Vaticano II.
8) Pienso también en las mujeres que trabajan en el campo de la espiritualidad, gente como la hermana priora benedictina Joan Chittister o en la hermana Joyce Rupp, cuyos escritos teológicos han permitido a tanta gente acercarse al Señor.
Pero pienso igualmente en esas otras religiosas cuyos nombres puede que no sean tan conocidos, hermanas que dirigen colegios y universidades, son profesoras en escuelas o institutos, trabajadoras sociales, responsables de pastoral, enfermeras, médicos… Mujeres que han sabido desplegar las más diversas capacidades en la Iglesia. Son estas las religiosas que, juntas, sostienen la Iglesia católica en América, desde sus votos de pobreza, castidad y obediencia, y que ponen al servicio de la comunidad todo el dinero que puedan ganar con su trabajo. Mujeres que ahora se están acercando al final de su vida activa.
Por último, me gustaría compartir también un comentario que entra más en el terreno de lo personal: algunas hermanas que he conocido y que marcaron mi vida, indudablemente, como la hermana Louise French B.V.M., de Dubunque [Iowa], profesora de varias generaciones de jesuitas en la Universidad Loyola en Chicago y a quien sus alumnos adoraban. Y déjenme hablarles también de otra amiga mía, Janice Farnham, una religiosa de Jesús y María que fue mi profesora durante mi formación teológica y que quiso acercarse a visitar a mi padre, ya en el estado terminal de su enfermedad, aunque para ello tuviera que viajar cuatro horas en tren, estar junto a él una hora en el hospital y emprender al día siguiente otra vez el viaje de vuelta. Cuando le di las gracias me las dio ella a mí, porque consideraba un honor haber podido acompañar a mi padre.
He tenido también a religiosas como directoras espirituales. Y hasta hubo una que, en medio de una fuerte crisis espiritual supo orientarme de manera muy estimulante e iluminadora. Se lo agradecí expresamente y ella me dijo que el mérito no era suyo, que había sido simplemente la mano de Dios. He tratado a muchas religiosas a lo largo de toda mi vida como jesuita y las admiro como a verdaderos héroes.
Cualquiera que sea nuestra opinión sobre el documento del Vaticano, está claro que ha entristecido y desmoralizado a muchas mujeres religiosas católicas, que han entregado generosamente sus vidas a la Iglesia. Así que creo que es buen momento para que todos les digamos “gracias”. Gracias a todas esas magníficas mujeres religiosas que habéis llegado a ser una parte tan importante en nuestras vidas, que nos habéis conducido a Cristo por una variedad tan grande de caminos, quizá por el camino del martirio, pero también por ese otro martirio de lo cotidiano que es simplemente vivir como religiosas católicas, viviendo las exigencias de la pobreza, la castidad y la obediencia. Me gustaría daros las gracias personalmente por todo ello y sería estupendo si vosotros os animaseis también a dar las gracias a algunas de vuestras religiosas favoritas. Porque yo creo que siempre es momento para la gratitud y, especialmente, en estos tiempos, me gustaría decirles a las religiosas católicas de los Estados Unidos: ¡gracias, hermanas!

http://www.americamagazine.org/

(Traducción: Juan V. Fernández de la Gala. El texto que figura entre corchetes son notas añadidas por el traductor].

VIGILANTES Y ASTUTOS

En los tiempos que corren debemos permanecer vigilantes y atentos a tantos frentes abiertos a nuestro alrededor, repletos de trincheras.

Debemos movernos con paso firme esquivando timos, estafas, golpes, ninguneos y todo el muestrario de agresiones, cada vez más sofisticadas, que nos sirven en bandeja desde que los “Mercados” y sus “leyes” marcan el son al que bailan, como pulgas de circo, los Estados soberanos abanderados por sus representantes políticos. Por lo que vamos viendo y sufriendo, estamos en peligro.

Cuando era pequeña y mi madre decía que se iba al mercado, aquello sonaba bien; siempre volvía cargada de buenos alimentos que luego preparaba y todos comíamos. Ir al mercado era sinónimo de que yo iba a seguir creciendo.

Hoy, oír hablar de “Mercados”, pone los pelos de punta. Los que van de compras y ventas a esos “Mercados” no son comerciantes, ni tenderos, ni gente que se quiere ganar la vida honradamente, como los del mercado al que iba mi madre y como tantos otros que están cerrando sus pequeños y medianos negocios en esta guerra económica que deja bajas por todas partes.

Los que frecuentan esos “Mercados” se denominan “Especuladores” y para que ellos crezcan, los demás tenemos que menguar (y esto no tiene nada que ver con el evangelio); para que ellos sigan acaparando, muchos pierden su empleo y medio de vida; para que ellos sigan marcando el ritmo desenfrenado de ambición y corrupción, muchos derechos y logros alcanzados por hombres y mujeres que lucharon por ello, quedan derogados por ley o por que “esto son lentejas”.

Permanezcamos vigilantes e intentemos esquivar golpes, compartiendo y comunicándonos, pues todos estamos en lo mismo y muchos podemos hacer más que uno a uno. Seamos astutos y no dejemos que los “hijos de las tinieblas” -que saben ser astutos en sus negros asuntos- nos desconecten y apaguen la energía de “hijos de la luz” (para más información reflexionar sobre lo que dejó escrito Lucas 16,8).

Revisa las comisiones de los Bancos, reclama, protesta, negocia. Rebaja el uso de tarjetas de crédito para el pago en pequeños comercios, evitando así las comisiones que cobran a los propietarios. Mantén a raya a las compañías de telefonía diciendo que te marchas a otra… eso les duele.

Cuando te venza el seguro del coche, no hagas caso a la coba que te dé la aseguradora diciendo que “como usted es un buen conductor, este año premiamos su fidelidad y su buen hacer y no hemos subido el precio de la renovación de su seguro”. Haz un “sondeo de mercado” y mira a ver qué ofrece la propia compañía y otras del sector a clientes de nueva captación. Por mi parte, hoy me he ahorrado el 40% en el seguro anual, con las mismas prestaciones. Si no investigo… no me entero y, si no me entero, vivo engañada creyendo que han sido bondadosos por no subir el precio. Indecente ¿no?

Estas son algunas de las prácticas de los “Mercados”: la adulación, la falta de transparencia y la mentira.

Ayudémonos unos a otros contando y denunciando la injusticia que está causando tanto dolor y dejando en la cuneta a muchos inocentes.

Debemos andar sabiendo en Quién ponemos nuestra confianza para saltar trincheras y señalar con el dedo a quienes se apropian de lo que muchos necesitan para vivir; denunciando el hecho de que el dinero de nuestros impuestos sea utilizado para sanear a quienes provocaron el demencial desequilibrio económico y financiero que sufre nuestra sociedad. La ambición rompió el saco y están poniendo remiendos que ahogan y no resuelve la situación.

Mis dedos se han movido con rabia sobre las teclas del ordenador mientras escribía. Se han solidarizado con mi estado de ánimo recordando noticias y telediarios, sin ir más lejos, los de ayer. Es difícil evitarlo recordando las situaciones de personas que han perdido sus trabajos, sus casas por impago de hipoteca y los que están pagando con sus escuetas pensiones los gastos diarios de hijos y nietos.

Pero un suave susurro interior ha resonado como agua fresca: “La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde” (Jn 14, 27). Efectivamente, desde ahí habrá que actuar.

Escucho por aquí y por allá el anhelo común de un grito claro y contundente de denuncia que salga de nuestros pastores, en plan oficial, a nivel local, nacional y eclesial… incluso individual. Un grito que suene exactamente igual que cuando un padre y una madre claman en la defensa de la vida y los derechos de sus hijos y se ponen delante, como fuerte barrera, para intentar detener la injusticia que pueda herirles.

¡Ah… y también queremos abrazos!

¿DE QUÉ VAN?

Recibí de mi banco… mejor dicho, del banco con el que trabajo…no, tampoco me suena bien: yo no trabajo con el banco, es el banco el que trabaja con el dinero de mi cuenta; en fin, recibí lo que llaman “informe de estrategia” que es una parrafada que no suelo leer porque no entiendo ni el dos por ciento de lo que me están contando. Ya sabemos que el idioma económico-financiero está hecho no para explicar sino para ocultar, no sabemos qué, hasta que nos toca vivir en carne los resultados. Sin más demora copio literalmente los dos renglones y medio que iniciaban el mencionado informe:
“Bolsas: una serie de catastróficas desdichas; los indicadores de pánico relajados. La semana pasada los bancos españoles sufrieron extraordinariamente después de que se publicara una tasa de mora en aumento”
¿Qué? ¿Perplejos?… Es un lenguaje del romanticismo de la Dama de las Camelias: “catastróficas desdichas”, al menos “los indicadores de pánico” estaban relajados… ¡ufff, menos mal! ¿Qué son los “indicadores de pánico?. Esto referido a las bolsas. Pero… y ¡los pobrecitos bancos españoles que sufrieron tanto la semana pasada porque se anuncia que mucha más gente no va a poder seguir pagando las salvajes hipotecas que concedieron antes del cataclismo económico.

Hipotecas, por otro lado, que les parecía muy bien conceder dejando de lado lo que, cuando yo era joven y pedí una hipoteca para comprar un piso, se denominaba “ética bancaria”, es decir, no soltaban ni un duro (*) si no tenías al menos el 25% del valor del piso, además de justificar que tus ingresos podían hacer frente al pago del 75% restante en forma de hipoteca.

¿Qué vamos a hacer para aliviar tanta desdicha, tanto sufrimiento?… del pánico de momento, nada que decir, porque ya sabemos que los indicadores están relajados, ya iremos viendo.

Nada, no vamos a hacer nada; ya acudirán los estados, los gobiernos… nosotros seguiremos atareados recogiendo los restos del naufragio: parados, familias en las colas de los comedores de beneficencia, jubilados atendiendo a familias de hijos con su mínima pensión, desahucios; enviando curriculum de unos a otros de amigos, familiares, conocidos que no encuentran trabajo… no sigo, todos sabemos del sufrimiento y la desdicha de tantos y tan cercanos que podemos llamarlos con su nombre; sabemos su historia porque es la de todos: la del deterioro que causa la ambición ciega y la negación de los valores que sin imprescindibles para la convivencia humana… ¡Por favor, dejen ya de hablar del estado del bienestar!

Ahí va un pensamiento del antropólogo Maurice Godelier (*): “Hoy día, ante la amplitud de los problemas sociales y la incapacidad manifiesta del mercado y del Estado para resolverlos, el don (la donación) está a punto de volver a ser la condición objetiva, socialmente necesaria, de la reproducción de la especie”. Pongámonos a ello no vaya a ser que desaparezcamos como especie. La bolsa y los bancos también.

(*) Información para los jóvenes que no han manejado ni duros ni pesetas:
Duro = 5 pesetas
5 Pesetas = 0,03 €

NO ES LO QUE PARECE

¡Una cascada de fragancias naturales!
Alegre descarga de Mandarina de Sicilia
y Menta Verde.
¡Su vitalidad despierta tus sentidos!
El toque soleado
de la Flor de Naranja
y del Jazmín
se caracteriza por sus notas refinadas.
¡Siente la feminidad del palo de Rosa!

No es lo que parece. No es poesía. No tiene que ver con la lectura apasionada sino con la publicidad intencionada que, como toda publicidad, no resulta ser lo que se empeña que creamos que es.

Leo el texto en la caja, la abro, saco el bote de cristal, desenrosco el tapón y me vaporizo en el cuello un par de veces con la colonia fresca que he utilizado siempre. Me gusta, sí. Repito un par de presiones más sobre el vaporizado pero… no siento ninguna cascada, ni los sentidos se me han despertado de forma tan vital, me acabo de levantar prácticamente. Se me había acabado el bote y estaba estrenando el nuevo, y eso me gustaba, pero… ni me siento entre naranjos en Valencia, ni entre Jazmines en Granada; lo intento de nuevo: otros dos toques, a ver si ahora… pues no, no siento la feminidad del palo de Rosa, siento que huele genial mi colonia y, mirándome al espejo, me descubro tan femenina y singular como siempre, después de una buena ducha y un estupendo desayuno, a tiempo de ver como sale el sol despertando a la ciudad que tengo delante de mis ojos. Y luego a emprender el día que traerá sus propias aventuras, pero desde luego no viajo a los jardines del Edén con mi recién estrenado frasco de fresca colonia.

¡Cuidado con el embrujo publicitario de los Bancos ese si que es peligroso y engañoso!

CARTA DE UN OBISPO CONTRA LA REFORMA LABORAL

(Antonio Algora, Obispo de Ciudad Real)

Estas cosas son de plena actualidad aunque se hayan dicho hace casi un mes, estas cosas son las que tantas veces se echan de menos y cuando, como en esta ocasión, se leen, al menos se siente una pequeña sensación de alivio; estas son las cosas que en la movida labora y financiera que se vive en nuestro país, hay que leer y también animar a otros Pastores de la Iglesia a que se pongan del lado de los que las sufren en carne. Gracias por hablar, señor obispo, hoy le cedo el espacio de mi blog para que sus palabras sigan en expansión.

“No me toca a mí juzgar de la conveniencia o no, en el aspecto técnico y jurídico, de una Ley en un momento determinado en el que la sociedad entera está amenazada por una Crisis global sin precedentes en la historia humana. Los ciudadanos de la calle no tenemos elementos de juicio suficientes para dar una opinión técnica en temas cada vez más complejos. En estos momentos, nos hemos de fiar de las instituciones que deben entender de problemas de tan gran magnitud. Por esto, les debemos exigir a dichas instancias políticas, sindicales, empresariales, financieras y a los distintos colectivos de expertos que actúen con responsabilidad y, si siempre tenemos todos la obligación de construir el bien común, anteponiéndolo a intereses particulares, ahora más que nunca corresponde mayor obligación al que más puede.

Dicho esto, de lo que sí estamos en condiciones de juzgar es de la bondad o maldad de una Ley que rebaja claramente los derechos de los trabajadores respecto a situaciones anteriores, y lo peor es que llevamos muchos años ya de nuestra democracia donde siempre los perdedores en el concierto social, repito, siempre, son los mismos y siempre los más débiles.

Nadie habla de provisionalidad en las medidas que se están tomando, luego lo que se quiere hacer es establecer un “mercado de trabajo” en el que los empleadores hagan y deshagan a su antojo, olvidando que el “empleado” posible es, ante todo y sobre todo, “persona” a la que otros han dado la vida, la han educado, tiene necesidades básicas: familiares y sociales, no es una mera fuerza de trabajo que se admite o despide unilateralmente y durante un largo periodo de tiempo, pues, en un año de provisionalidad en el empleo (esto es lo que dice la Ley), puede ocurrir de todo, desde una gripe a un suceso familiar al que hay que atender antes que a cualquier otra urgencia de la vida de la empresa. Las personas no somos tan flexibles, tan elásticas, como nos quieren hacer creer.

¿De verdad no hay otras soluciones para crear puestos de trabajo? Parece mentira que a día de hoy tengamos que echar mano de usos del pasado que trajeron tanta injusticia y explotación a los trabajadores. Con estas medidas y sin meterme a profeta, se van a conseguir los mismos frutos de un pretendido bienestar, hasta es posible, pero no habremos avanzado nada en que el trabajador se sienta realizado con su trabajo y le sirva para llevar una vida estable y sin sobresaltos; que haga posible la
familia, la educación de los hijos, el tejido social compacto y fuerte que hace personas y países fuertes para soportar las inclemencias de las coyunturas históricas.

Y, si no queda más remedio que aplicar hoy estas medidas, ¿no han de ser complementadas por otras en las que lo central sea la vida de las personas? ¡Tantos avances tecnológicos para esto! Da la impresión de que las sociedades desarrolladas van a ser las que más poder concentren en menos manos y esto no se corresponde con las aspiraciones de una sociedad democrática avanzada. Los jefes políticos europeos toman sus medidas por vía de urgencia sin apenas contar con los parlamentos respectivos; los poderes financieros se están concentrando en muy pocas manos. No sé si es muy descabellado pensar que, en el río revuelto de la Crisis, están pescando los más poderosos sin contar con la opinión de la sociedad.
Elevemos nuestras oraciones para que Dios nuestro Señor cuide de los más perjudicados de esta malísima situación que ya cuenta en nuestra España con más de once millones de pobres. Vuestro obispo, + Antonio.”

PROMESA ÚNICA

Hace años escuché a un sacerdote algo que me abrió al entendimiento del sacerdocio. Con sus sabias palabras me adentró en un viaje desde el Antiguo al Nuevo Testamento. Sus palabras venían certificadas con su vida sacerdotal: era un hombre de oración y de servicio, entregado a su vocación con todo su ser y la confianza puesta siempre en el Único que puede hacer promesas y cumplirlas.

Tomando la Carta de S. Pablo a los Hebreos 6, 13-20 y 7, 1-18 fue explicando las dos formas de sacerdocio en el Antiguo Testamento que voy a sintetizar al máximo pues quien quiera adentrarse a fondo tiene a mano las citas:

El sacerdocio levítico, cuyos miembros pertenecían a la tribu de Levi y estaban encargados de servicio del Templo. Sólo el sacerdote podía llegar más allá del velo que separaba la parte del Templo donde oraban los israelitas del espacio considerado santuario de Yahvé. Jesús no hubiera podido ser sacerdote en su tiempo, no pertenecía a la tribu de Levi sino a la de Judá. Y estás cosas se llevaban a rajatabla.

Y el sacerdocio según Melquisedec… y ¿quién es este Melquisedec? nos preguntábamos. Antes que Levi, antes que Jacob, antes que Isaac, el padre de éste, Abrahán, encontró a Melquisedec (cuyo nombre significa Rey de Justicia y de Paz), “sacerdote del Dios altísimo, le ofreció pan y vino y lo bendijo (…) y Abrahán le entregó el diezmo de todo” (Gn. 14, 18-20), del que no se conoce el origen (indispensable para el pueblo hebreo), “que se presenta sin padre, ni madre, ni antepasados; no se conoce el comienzo ni el fin de su vida, y así, a semejanza del Hijo de Dios, es sacerdote para siempre” (Heb 7, 1-10). También el salmo 110, 1-4, es preludio del sacerdocio de Jesús diciendo: “Tú eres sacerdote eterno según el rito de Melquisedec”. Otro tipo de sacerdocio: no por herencia, no con prebendas, no de élite… sí de pan, vino y compasión; sí de paz y de justicia

Luego dio un salto en el tiempo y nos llevó hasta el Calvario, donde Jesús acababa de entregar su espíritu y “entonces, el velo del templo se rasgó en dos partes de arriba a abajo…” (Mt 27, 51 y Mc 15,38). Se quiebra el símbolo y deja pasar el aire fresco de la libertad, de una nueva forma de sacerdocio: Jesús restablece la comunicación libre y directa con Dios; para acercarse a Él sin impedimentos, sin que nadie diera el permiso, con la confianza y sencillez del hijo que se sienta en las piernas de su padre o se deja acariciar por las manos de su madre.

Todavía recuerdo la imagen que me vino en aquel momento: el velo del templo zarandeado por el viento, al tiempo que Jesús permanecía colgado de un madero a donde le había subido la injusticia del poder religioso, nacionalista y político. Pero el velo del templo quedó roto y la comunicación con Dios dejó de ser posesión de nadie porque es de todos, como hijos y elegidos, para ser luz de las naciones (Is 41, 1-6)

La Promesa se ha hecho realidad y no defrauda a quien le guste el riesgo e irse dejando la vida por el Reino que vino Jesús a explicarnos en sandalias y con libertad.

CARTAS CON LETRA HUMANA

“¿Por qué, ustedes son capaces de imaginarse un mundo sin cartas? ¿Sin buenas almas que escriban cartas, sin otras almas que las lean y las disfruten, sin esas otras almas terceras que las lleven de aquellas a estas, es decir, un mundo sin remitentes, sin destinatarios y sin carteros? ¿Un universo en el que todo se dijera a secas, en fórmulas abreviadas, deprisa y corriendo, sin arte y sin gracia?”, son palabras del poeta Pedro Salinas, escritas en los años cuarenta del siglo pasado.

Parece estar describiendo un futuro epistolar que concibe como imposible y que nosotros reconocemos en cada momento de nuestro día.

Comento a mis amigos lo aburrido que es abrir el buzón y que se te vengan encima un montón de papelotes publicitarios más los asépticos sobres de los Bancos. Y eso que hemos mejorado por que desde el inicio de la crisis económica se ha rebajado considerablemente el acoso publicitario en formato papel; y también el sector bancario ha rebajado el papeleo “buzonil” por la banca virtual, vía teléfono y ordenador.

Así que cuando recojo el correo y descubro escondida entre la baraja de papeles un discreto sobre con “letra humana”… mi corazón se sobresalta de alegría. Lo miro, lo remiro, como asegurándome que no es un espejismo y camino hacia el ascensor aprovechando el viaje (vivo en un piso bastante alto) para abrir el sobre, sacar el papel y deleitarme con la hoja que descubro llena de palabras escritas a mano, en azul o negro, a alguien más atrevido, incluso, en lila, verde o rojo.

Como ya he leído en el membrete -¡qué palabra más estupenda, y apenas se usa!- quién es el remitente, su cara y maneras se me hacen presentes. Casi, como si subiera conmigo en el ascensor, en persona. Cuando voy por el tercero, ya he recibido un “Querida Mari Paz” (¿a quién lo le gusta eso de querido o querida?) y, llegando al cuarto, voy pasando a galope por las palabras aún sin elaborar una cuidada lectura a nivel informativo, más bien como si quisiera deleitarme con un pastel delicioso, pero dejando que la vista me anticipe lo que luego será el saboreo.

Cuando el viaje ascendente llega a su fin, doblo como puedo la carta y la meto en el sobre. Abro enseguida la puerta de casa, suelto el bolso, leo la carta desde el principio y, luego, saludo si hay alguien.

¿Qué si me imagino un universo en el que todo se dijera a secas, en fórmulas abreviadas, deprisa y corriendo, sin arte y sin gracia? No, querido Pedro Salinas, poeta de amor y de la vida, no me imagino ese universo, sencillamente porque ya vivo en él. Pero aunque eche de menos el sobre blanco escrito con letra humana tantas veces, también recibo con luz y en colores muchos mensajes en el ordenador que me traen el mismo eco de cariño y comunicación que las misivas en papel y tinta.

Porque para el amor y la comunicación todos los sistemas son buenos pero no nos eximen de cuidar el estilo: me gusta que empiecen en saludo cariñoso y acaben en abrazo o beso.

Y todo esto me ha surgido para comentar que en la Biblioteca Nacional se inauguró ayer una exposición de cinco siglos de historia de escritura de cartas. No me la voy a perder.

Este escrito se lo voy a dedicar a una chica joven que le gusta escribir cartas con “letra humana”, las mete en sobre blanco, les pone un sello (de los de verdad, de los que tienen paisaje, flores, coches o lo que sea) y con minúscula letra y tinta negra pone los datos necesarios para que el mensaje llegue o le sea devuelto, en caso de que haya despiste en Correos.

¡Va por ti, Isa!

MUJER, MUJER… ¡QUÉ MIEDO ME DAS!

Creo que una de las cosas más arcaicas que sigue de total actualidad es el miedo que produce la mujer para tantos hombres en todo tipo de sociedades, culturas y religiones.

Llego a esta conclusión para intentar entender que a estas alturas de la carrera del tiempo en el mundo, seguimos ante un espectáculo que resulta grotesco.

Menos mal que ya hay multitud de hombres que han avanzado en el desarrollo humano y se han dado cuenta de que su evolución como individuo con cerebro y corazón pasa, no por vivir a las mujeres como posesión, sino como compañera de camino. Confirmando la sospecha de que ella, a su vez, le mira como peregrino en la ruta que han de transitar juntos en libertad, respeto e igualdad.

Han visto que lo masculino y lo femenino no son contrarios sino complementarios y que no habrá sosiego hasta que se viva con toda naturalidad, sin escalafones, sin violencia, sin manipulación y sin miedo.

Esperamos ardientemente que muchos más se animen a una profunda revisión interior sobre este asunto, pero mientras se lo piensan, sigamos celebrando cada 8 de marzo, el Día de la Mujer, hasta que llegue un momento en que suene raro un evento con este nombre.

Y ahora comparto un regalo recibido para esta celebración. Es de un hombre (de los evolucionados) y además, poeta. Es fácil darse cuenta leyendo el poema y la dedicatoria: “Para el Día de la Mujer os regalo este poema. En él está contenida mi admiración y solidaridad hacia todas las mujeres del mundo. Un abrazo. Miguel Ángel Mesa”.

Sobre la estela de una gran ola

Sobre la estela de una gran ola,
en los destellos diáfanos de cada gota,
reverberan los iris multicolores de eternos ensueños
agazapados tras los oscuros pliegues de la vida.

Una ola tras otra, sutiles, persistentes,
o con un oleaje intrépido, embravecido, se lanzan
contra firmes escolleras y acantilados,
duros, pétreos, en apariencia impenetrables.

Horadan cabalgando sobre la húmeda brisa
o sobre un arrollador viento huracanado,
que resuena en un eco de persistentes energías,
clamores, en las oquedades de los malecones.

Hasta perfilarse sobre la cima de la realidad
una silueta nítida -millones de rostros vivos-,
hacia la que peregrinan unidas en la diferencia,
desafiantes, con la mirada prendida en el horizonte.

QUITAPESARES

He visitado recientemente un bello monasterio situado en la Ribera Sacra (Orense) y convertido en hotel tras años en ruinas. Me produjo una buena sensación la estancia destinada a la enfermería de monjes que cuenta con un gran balcón en el piso alto de la misma en donde, según consta en una placa explicativa, “los enfermos se recuperaban de sus dolencias con baños de sol, aire puro y el frescor aportado por el río Sil, al tiempo que disfrutaban de las extraordinarias vistas”.

Los monjes llamaron a este idílico espacio: “Quitapesares”. Creo que no tenía noticias de esta palabra, ni hablada ni escrita, desde que era pequeña y entonces no sabía a qué se refería.

Dice el diccionario de la Real Academia que un “pesar” es un sentimiento o dolor interno que molesta y fatiga el ánimo; y el antídoto “quitapesares” es consuelo o alivio en la pena. Tengo la impresión de que aunque esta palabra sigue en el diccionario ha desaparecido del lenguaje habitual por su falta de uso. Y sin embargo, pesares existen y de las formas y modalidades más diversas.

La meta del viaje no era lugar donde encontré la palabra “quitapesares” así que había que continuar hasta llegar al monasterio cisterciense de Santa María de Armenteira (Pontevedra), otro entorno monástico, este sí habitado por una comunidad de monjas cistercienses en donde pasar unos días de sosiego, oración y silencio.

Una palabra, una sonrisa o un abrazo pueden ser manifestación del primer signo de acogida pero en este caso lo primero que percibí fue una deliciosa fragancia, al entrar en la tienda y portería del monasterio. El olfato se adelantó a la vista y a la palabra: el olor de los jabones que hacen las monjas invade el espacio antes de entrar por la puerta; enseguida la amplia sonrisa de la hermana portera y, al mismo tiempo, los ojos informan de que aquellos múltiples y brillantes colores del mostrador son los jabones producto del trabajo de esta comunidad contemplativa. A esto le llamo: acogida instantánea.

Han sido cuatro días sencillos pero intensos en el monasterio de Armenteira compartiendo la oración varias veces al día, desde la oscuridad antes del amanecer, las primeras luces del día, el camino del sol hacia lo alto, y su declive en la tarde, hasta llegar de nuevo a las sombras del fin del día, recibiendo la bendición de la oración final del día, que trae recuerdos del sosiego de una nana y el beso de buenasnoches.

He recorrido el camino de la oración insertada en la luz y la sombra, como es la vida; dejando que los salmos desgranados sin prisa, más allá de si todos me gustan o no, si los entiendo para este tiempo o no; notando que, si me dejo, una palabra, un punto, una coma o un silencio tocarán mi fibra interior.

El día pasa en un ambiente de sencillo silencio, algo así como la mansa lluvia típica de Galicia, que te permite pasear al aire libre como sin darte cuenta de que te estás calando. Sin olvidar el arroyo que atraviesa el jardín del monasterio y que, si te animas a escuchar, te contará confidencias de su recorrido, hasta que caes en la cuenta de que su vida y la tuya algo tienen que ver, como le pasó a Siddharta.
Hay árboles que han crecido en el mismo cauce del río… quizás quisieron seguir la conversación y no perderse nada de la sabiduría que transmite el incansable murmullo del agua de paso hacia su fin.

Meditando las palabras de Jesús (Mt 11, 28-30): “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré…” durante un rato de meditación (lectio divina) la palabra encontrada antes de llegar a Armenteira se hizo de nuevo presente: ¡Quitapesares!… sí, Jesús practicaba el arte de ayudar a quitar pesares, de aliviar de agobios. Y animaba a vivir la vida de otra forma: “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy sencillo y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras vidas”. En una palabra era un auténtico “quitapesares” ofreciendo soluciones: su yugo es el Amor, se vive desde la Sencillez y la Humildad del corazón y provoca Descanso para la auténtica Vida.

En el monasterio recibimos alivio para dejar muchas cargas con las que llegamos porque nos ofrecen: oración, silencio, soledad, meditación, acogida (nos acogen como si se tratara de que es el mismo Cristo quien llega, siguiendo la Regla de San Benito, que lo deja bien claro); entramos en contacto con la naturaleza sosegada, y otras muchas cosas que parece hemos olvidado en el mundo en que vivimos.

Sin darnos cuenta nos vamos alejando de lo que nos mantiene firmes, alegres, fuertes, estables y la vida empieza a perder brillo: nos duele la espalda, acusamos ceguera, sordera, cansancio y una sensación de vapuleo por todo lo que se mueve a nuestro alrededor.

Necesitamos sana escucha, algún que otro abrazo, jugar con los niños, tener tiempo para los amigos, para los que no pueden salir de casa, ir al monte a abrazar árboles, a la montaña a mirar con perspectiva y a la plaza a pedir justicia…

Necesitamos refuerzos internos para aliviar el peso propio y, a su vez, ser “quitapesares” unos de otros con los dones recibidos, que son muchos.

Invito a un paseo a través de la web del monasterio Armenteira
www.monasteriodearmenteira.org aunque no llegue la estupenda fragancia de sus jabones ni el murmullo del arroyo de forma virtual, eso ha de ser presencial.

CONSTANTES

“Aborrezco a los inconstantes…” leo en el salmo 118; suena duro, produce un cierto stress en el estómago.

He pasado la vista y la palabra otras veces por esta frase del salmo pero nunca me había planteado nada referente a la actitud de ser o no ser constante.

La palabras “constante” ha pasado de moda, no se utiliza, no suena… ¿Qué quiere decir ser constante? ¿Qué implica?

Entiendo que para ser constante en algo hay que haber optado previamente. El que inicia un curso ha de ser constante en la asistencia a clase y en el estudio; el que se compromete en una acción habrá de ser constante en la ejecución de la misma más allá si hoy apetece y mañana no; si acabas de tener un hijo habrás de ser constante en el cuidado que ello implica a todos los niveles, a todas horas y, según de qué manera, para toda la vida.

Me parece que la constancia nos habla de algo que dura en el tiempo, de trabajo y dedicación, de entrega, de compromiso, de coherencia, de perseverancia y de firmeza.

Ya estoy entendiendo porque en este tiempo tan rápido y superficial no es palabra al uso. Puede parecer un pensamiento muy negativo, dicho así. Pero, no, bajo el fuego artificial y virtual que planea sobre nuestras cabezas, hay un sustrato de mucha gente actuando con constancia y en silencio; trabajando con empeño y dedicación, pero en silencio; asumiendo una entrega a los demás marcada por la coherencia y aderezada con silencio; perseverando cada día y actuando con la firmeza de quien sabe que no hay tiempo para vacías palabras que sustituye por el silencio.

Como no me gusta sólo teorizar traigo un ejemplo de la vida real: cada mañana a las siete y media una furgoneta grande aparca en doble fila enfrente de mi casa. En unos minutos dos personas aparecen en escena, una sentada en silla de ruedas, la otra situando a la anterior en una plataforma que luego se desliza por el pasamanos de la escalera de veinte peldaños que hay que sortear para situarse en la acera del portal.

Efectuada la maniobra, hay alguien esperando abajo -el conductor de la furgoneta- quien recoge a la persona en su silla de ruedas y la lleva e introduce en la furgoneta.

Mientras, la persona que bajó a la que iba en silla de ruedas, un señor de más de setenta años, según puedo ver desde las alturas donde vivo, se encarga de subir de nuevo la, ahora, vacía plataforma, dejándola otra vez en la altura del pasamanos para que la misma operación se repita: otro familiar tiene que hacer llegar a pie de calle a otro enfermo o enferma discapacitado física y psíquicamente para que llegue a la furgoneta que le llevará al Centro de Día.

Todo esto está aderezado con un sonido peculiar que, aunque no esté visualizando la escena, puedo oír desde un noveno piso; es una especie de “quejido-jadeo-saludo” de uno de los enfermos.

De lunes a viernes, a la misma hora, en noche cerrada y frío helador de las mañanas de invierno, en las luces del amanecer de la primavera, en las primeras horas de caluroso verano y en con las hojas de los árboles entre las ruedas de las sillas cuando avanza el otoño… la constancia de este “equipo” silencioso y matutino me invita a reflexionar sobre lo poco constante que es el mundo de brillos superficiales de nuestra sociedad que incluso encubre y no deja ver el compromiso silencioso de vidas entregadas.

¡Ah… y recemos porque no les lleguen las rebajas de subvenciones y deje de aparecer a las siete y media el de la furgoneta!