EXTRAÑO PENTECOSTÉS-2020

Jn 20, 19-23

Pentecostés pone punto final a la Pascua, cuarenta días de espera, y ese mismo día se cumplen ochenta días desde el inicio de un hecho insólito, inesperado, imprevisto: la humanidad confinada. A lo largo de la historia ha habido pandemias pero aquí nos une, a nivel mundial, la capacidad de rápida propagación que afecta a todos.

Pero estoy empezando por el final. Hay que rebobinar, hablar de este tiempo de encierro de la comunidad humana.
Recordemos situaciones habitualmente “comunitarias” vividas desde el vacío absoluto. La Basílica de San Pedro y la plaza Bernini, vacíos… será una imagen difícil de olvidar. Se celebra pero el Pueblo de Dios no está presente. Se vive en la distancia, con los medios de comunicación actuales, pero no está presente.
Centros religiosos de todas las confesiones, congresos, reuniones, fiestas populares, etc. Todo lo que congrega para celebrar, silenciado por un virus amenazante.

Se han parado los gestos más humanos como atender y acompañar a los enfermos, enterrar a los seres queridos, visitar a personas mayores en las residencias o a las que viven solas en sus domicilios. Los abrazos y besos se han aplazado. Estamos aprendiendo a identificar las sonrisas de los ojos por encima de las mascarillas. Todo gesto humano se ha dado la vuelta. Es una lección que no hay que olvidar.Por cierto, una curiosidad que habrá que meditar, desde que los humanos estamos confinados el planeta da palmas y se manifiesta con un esplendor que habíamos olvidado.

¡Qué bien podemos adentrarnos este Pentecostés en el momento de encierro de los discípulos de Jesús!… “Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos”.

Encerrados, temerosos, sabiendo a quien tenían miedo. Juntos, apagados, inexpresivos. No pensaban cómo salir de la situación, no se sentían capaces. ¡Si al Maestro le pasó lo que le pasó, qué pasará con nosotros! “Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a vosotros”. No entendían. No entendemos.

“Y les enseñó las manos y el costado”. Los tranquilizó. Nos tranquilizas. “Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor”. Brotó la alegría, pero insiste: “Paz a vosotros”. Paz… Paz… que nadie se altere, que no se descentren los corazones. Paz, haya Paz. La que se escribe con mayúsculas que es la tuya, la que das a quien quiera recibirla.

“Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. No vale encerrarse, ni siquiera juntos, protegiéndose del mundo. Envías. Nos envías. “Recibid el Espíritu Santo”. La alegría y la sensación de Paz acabaron con el miedo.
Recibir el soplo del Espíritu transformó su realidad de confinamiento en una inmersión de gracia que no podían contener y salieron. ¿Quién puede retener para sí la fuerza vital del Espíritu Santo? Empezaron a generar interrogantes y preguntas por donde quiera que iban.

“Acudió la multitud y quedaron desconcertados porque cada uno los oía hablar en su propia lengua” (He 2, 1-11) Se expresaban en una lengua que entiende cualquier persona, sea de la nacionalidad de que sea; la entienden los sabios y la entienden los niños. Es un lenguaje universal, es el Amor.

Pentecostés es el “después” del tiempo de aprendizaje y del tiempo de la desilusión. Pentecostés es el tiempo para salir por ahí e ir contagiando… ¡Qué palabra tan peligrosa en este tiempo! Insisto, tiempo de contagio y propagación de un soplo de Vida que no cesa si dejamos que se expanda, si no lo retenemos, si no nos escondemos.

Pentecostés es el tiempo de la comprensión del momento presente, aunando pasado y futuro, viviendo no como individuos temerosos y aislados sino juntos.

Pentecostés es la fiesta de la Comunidad y se sirven deliciosos manjares: alegría, paz, solidaridad, abrazos de los que se dan, besos de los que hemos echado en falta, encuentros aplazados y al fin conseguidos. Pentecostés es el tiempo de Dios y se vive desde el Amor.

¡Ven Espíritu divino…! Ayúdanos a no olvidar lo vivido, los buenos propósitos de cambiar lo que no vale, de valorar lo esencial tantas veces enterrado en preocupaciones, planes y proyectos que no son lo que parecen y nos llevan tanto tiempo que descuidamos la atención a lo importante: niños, mayores, amistad, compromisos solidarios… ¡Ven Espíritu divino… y empapa nuestro corazón de sensatez y ayúdanos a no olvidar que lo único urgente es lo esencial: el cuidado de la Vida en todas sus formas!
Mari Paz López Santos
31 mayo 2020

EL ANTIGUO TIEMPO DEL MUNDO

Hace poco tiempo vivíamos de otra manera. De pronto, en un instante, que también es tiempo, todo cambió.
El tiempo se dio media vuelta y lo que era cotidiano dejó de serlo. Las urgencias del día a día pasaron a segundo plano y otras, desconocidas, se instalaron en primera línea de vida y transformaron el tiempo.
Hace 57 días con sus respectivas noches, contados hacia atrás desde el momento en que abro este documento de Word para hablar del tiempo, comenzamos a vivir sin proyectarlo, lo que jamás pensamos que pudiera suceder: un bicho infinitamente pequeño nos ha confinado en casa y ha trastocado el supuesto orden de vida normal, habitual y social a nivel mundial.
En aquel tiempo, antes de los últimos 57 días, hablábamos mucho del tiempo: “¡no tengo tiempo!”, “¡no me da tiempo!”, “¡si tuviera tiempo! Parece ser que habíamos perdido el control sobre nuestro tiempo.
Quizás nos habían robado el tiempo, pero hay que reconocer que tenemos una parte de la culpa: dejamos la puerta abierta de par en par para que entrara un ladrón que mide la realidad a precio de oro, realidad que es cada segundo de vida humano.
De pronto ha sucedido lo inesperado, lo imprevisto, lo inconcebible desde el punto de vista de quienes supuestamente teníamos todo controlado: el bicho invisible y sibilino llegó y se instaló en nuestra zona de confort y campa a su aire, a sus anchas, con una capacidad de contagio infinita. Ayudado por la capacidad de movimiento que tenemos en las sociedades occidentales.
El bicho es muy democrático. Le da igual un banquero que una persona que viva en la calle; no distingue categoría sociales, políticos, pobres, ricos, jóvenes, ancianos; salta fronteras como un atleta de élite, que se han ido cerrando a base de toses y estornudos.
Lo que no es tan democrático también lo ha dejado a la intemperie el bicho: no todos podemos vivir el encierro de la misma forma, porque no es lo mismo una amplia casa con espacio suficiente, que treinta metros cuadrados para una familia con tres niños pequeños, por poner un ejemplo. Tampoco es lo mismo seguir cobrando el sueldo haciendo tele-trabajo en casa, que quedándose sin trabajo en los primeros momentos de la pandemia. La vida, el tiempo… no es igual para todos y el bicho nos lo confirma.
Toma posesión de un territorio, nuestra zona de confort, que aplicando la imaginación podemos ver como un holograma en forma de etéreos círculos concéntricos, en perfecto orden desde el interior al exterior: ego, casa, trabajo, ciudad, país, mundo…
En menos tiempo que dura un telediario nos hemos sumergido en la realidad de un cambio radical del uso del tiempo y del espacio. Esto dicho con cierta elegancia, pero a las bravas: el bicho nos ha puesto la vida patas arriba y se nos ha plantado de frente a modo de espejo, retándonos con la frívola “pregunta-escudo” de quien no le interesa lo más mínimo la respuesta: ¿Todo bien?
Y ahora lo que hacemos o no, lo que hablamos o no, lo que sufrimos o más, lo que pensamos, soñamos, tememos o dejamos de lado, lo que compartimos o guardamos para tiempos mejores, creo que es una fuerza que hemos de almacenar con exquisito cuidado. Podrá llegar a ser energía positiva para cuando este tiempo ya no sea presente, y nos dispongamos a poner en pie una normalidad que no se parezca a la de antes. También nos ayudará a no olvidar lo vivido en estos 57 días y los que queden antes de deshacernos del bicho infinitamente pequeño e invisible.
Este tiempo de confinamiento nos muestra, a modo de gran puzzle, piezas de colores en forma de solidaridad, entrega, trabajo, dolor, sufrimiento, muerte, paciencia, empatía, creatividad, cariño, profesionalidad, acompañamiento, dignidad, amor y aplausos. Pero también piezas oscuras de egoísmo, rivalidad, mentiras, enfrentamiento, bulos, manipulación, etc.
El ahora ya Antiguo Tiempo del Mundo no permitía mucho tiempo para estar en familia, quedar con los amigos, cuidar de los mayores. Los modos y maneras de la normalidad del Antiguo Tiempo del Mundo inducían al consumo con demasiada reiteración; muchos no se cuestionaban los abusos hacia la Naturaleza, el deterioro del Planeta. En el Antiguo Tiempo del Mundo si el mercado financiero tenía un tropezón, los que lo pagaban siempre eran los de abajo que no entiende de este tipo de mercadeo. También la corrupción hacía mella en el Antiguo Tiempo del Mundo empobreciendo sectores sociales como la Sanidad, la Educación, la Ciencia y las Pensiones.
Si la salida de la crisis sanitaria por causa del coronavirus (nombre que me recuerda a la rana con corona del cuento), o COVID-19 que tiene nombre de robot de la Guerra de las Galaxias, desemboca en una crisis económica que vuelvan a pagar los mismos que la anterior (dos crisis en menos de 20 años), estamos en peligro.
“¡Enséñanos a contar nuestros días para que entre la sensatez en nuestra cabeza!”, recuerdo aquí lo que dice el salmo (90,2), para que se bajen los humos. ¡Qué poco somos, qué poco tiempo vivimos y cuánto nos complicamos o nos dejamos complicar la vida.
Que cuando acabe esto, la sensatez y el sentido común sean el antídoto para dejar atrás el Antiguo Tiempo del Mundo. Y salgamos por ahí a comunicar que…

El tiempo del mundo*
no te permite espacios sagrados.
La prisa del mundo
acelera el organismo
ciega, bloquea, mata.
Los valores del mundo
desintegran el sentido
quieren que olvides el origen:
Nada se compra
nada se vende
todo se tiene
Porque se es,
todo se siente
porque se está
… el principio.
Moverse en el mundo
sin ser del mundo.
Meterse en la vorágine
sin que te succione.
Que te duela el mundo
sin que rompa tu esperanza
…y luchar por volver
cada día a la fuente
al silencio, a la intimidad
a las profundas aguas
del amor y la amistad.

Mari Paz López Santos

*ENTRE EL SUEÑO Y EL NO SUEÑO, Mari Paz López Santos, Esepé Ediciones, págs.66-67

¿DÓNDE QUIERES PONER LA MESA ESTE AÑO? JUEVES SANTO-2020

¿Dónde quieres poner la mesa para celebrar la Pascua este año? No queremos verte solo y ya conoces la situación de confinación a la que nos vemos sometidos. Por toda respuesta echó a andar a lo alto de un monte.

“Al atardecer, se puso a la mesa” (Mt 26,20) una gran piedra como ara de ofrenda y, alzando los brazos dijo:
Esta es la Mesa del Mundo, a la que está invitada toda la Humanidad. Sin distinción de culturas, razas, religiones, sexos o categorías sociales. El status social no cuenta para sentarse en esta mesa. El rico no tendrá sitio preferente, ni el pobre quedará esperando que le digan donde sentarse.

Los niños y niñas estarán en primera fila, para que no se aburran sin ver nada. Me habéis oído decir muchas veces: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Y cuando quieran marcharse a correr, dejadles, ya han tenido bastante encierro en las casas, sin ir al colegio, sin jugar en la calle.

Las personas mayores tendrán asientos especiales, y estarán rodeadas de sus hijos e hijas, nietos y nietas, liberadas del desconsuelo que han vivido sin poder ver a los que quieren y echando de menos a los que se fueron.
Las mujeres agredidas en el encierro por sus parejas, intentando proteger a sus hijos, disfrutarán de la libertad de verse cuidadas y atendidas.

Profesoras y profesores que han trabajado on line con los alumnos. Trabajadores y trabajadoras de tiendas de alimentación y supermercados, transportistas y camioneros, trabajadores de recogida de basura, conductores de autobuses urbanos, bomberos, policías, militares, guardias civiles, voluntarios de organizaciones humanitarias, personal de limpieza de hospitales, empleados de fábricas que han trabajado haciendo mascarillas y trajes de protección sanitarios, trabajadores de los tanatorios y lugares dedicados a resguardar y tratar con dignidad a quienes han muerto a causa de la pandemia.

Científicos trabajando a destajo para encontrar una vacuna que pueda parar tanta muerte. Enfermos, sus familias, vecinos que se han ayudado, todas y cada una de las personas que en el sufrimiento han mostrado solidaridad, han dado consuelo, han tenido empatía, han practicado el cuidado, la cercanía en la distancia con una llamada, un whatsapp, una sonrisa, han acompañado a quienes han vivido solos el tiempo de encierro. Los que han orado, unos por otros… Todos estáis llamados a compartir Mesa del Mundo.

En la Mesa del Mundo, como en la Cena de Pascua con los Doce, también se sientan quienes no acaban de entender la dimensión que tiene la Fraternidad Universal. Toman asiento creyendo que son lo que no son y deseando lo que les impide comprender que todos somos del mismo barro; que desde el día que llegaste al mundo formas parte de la familia universal y que eres hijo e hija de Dios, le llames como le llames.

Los Doce habían discutido en otros momentos quien era el más importante. Se suscitaban envidias por los puestos que tendrían en el Reino. ¡Qué ingenuos!

Aquella noche, la traición se hizo presente: Judas por su ambición de poder y de dinero, y Pedro por el miedo a las consecuencias de dar testimonio. Y todos celebraban la misma Cena y estaban sentados en la misma Mesa.

Se hizo un gran silencio y, pasados unos momentos, alguien empezó a aplaudir. Eran las ocho. Todos en pie batiendo las palmas y mirando alrededor… ¡No han venido! ¿Dónde están?

El personal sanitario de todos los hospitales del mundo que habían combatido con todas sus fuerzas y su profesionalidad el ataque masivo del bicho invisible, se fueron acercando y rodeando la Mesa del Mundo. Sonrientes y agradecidos por los aplausos de los presentes, las sonrisas se mezclaban con las lágrimas. Poco a poco, los aplausos fueron dejando espacio a un gran silencio.

Entonces, “Jesús se levantó de la mesa, se quitó sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una palangana y se puso a lavar los pies del personal sanitario y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido”.(Jn 13, 4-5)

Al verlo, muchos de los presentes se acercaron a Jesús y se pusieron a lavar los pies a todos los que habían luchado con su trabajo y desvelo para arrebatar al virus la vida del mayor número de personas, en jornadas maratonianas en los hospitales y sin poder estar con sus familias.

Él mirando a todos dijo: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros; que, como yo os he amado, así os améis también entre vosotros”.(Jn 13, 34)

Ya era de noche, se puso en pie y alzando los ojos al cielo, dio gracias al Padre. No estaba solo porque el Amor lleva a todos en el corazón, aunque nos quedemos en casa.

Mari Paz López Santos

PUEBLO DE DIOS EN SALIDA y con sandalias

El próximo Congreso Nacional de Laicos, que se celebra en Madrid, los días 14, 15 y 16 febrero 2020, es un acontecimiento en el que nos debemos implicar, de forma presencial quienes puedan asistir y de forma virtual por los medios habituales de las redes.
Me sale dar las gracias, lo primero, a tantos laicos y laicas de comunidad, asociaciones, parroquias, etc. que llevan trabajando muchos meses el documento que se llevará al Congreso. Hay amplia información en www.pueblodediosensalida.com
El lema del Congreso, “Pueblo de Dios en salida” nos remite al Papa Francisco en la Exhortación Evangelii Gaudium (46): “La Iglesia ‘en salida’ es una Iglesia con las puertas abierta. Salir hacia los demás para llegar a las periferias humanas no implica correr hacia el mundo sin rumbo y sin sentido. Muchas veces es más bien detener el paso, dejar de lado la ansiedad para mirar a los ojos y escuchar, o renunciar a las urgencia para acompañar al que se quedó al costado del camino”.
Creo que los laicos ya estamos ahí, afuera, que no es lo mismo que en las afueras existenciales de tantos que viven en las cunetas. Ese es otro tema.
Me gusta que el lema hable del Pueblo de Dios, que ya en el Concilio Vaticano II quedó confirmada una mayoría de edad en la Lumen Gentium (LG,II,12- LG,IV,30-38) así como en el Catecismo de la Iglesia que se hace eco de la Encíclica.
Decía Jean Guitton (1), filósofo y laico católico, que participó en el Concilio Vaticano II, amigo personal del Papa Pablo VI: “¡Cuántas veces habré oído al Papa Pablo VI decirme (él que fue posiblemente el primer papa de espíritu laico) que la tarea de un laico no es transmitir la verdad revelada a la manera de un sacerdote, sino que el laico debe brindar un testimonio personal, fundado sobre su propia historia, sobre su propia experiencia, sobre su propia conciencia!”.
Así nos vemos en la realidad del mundo actual como Pueblo de Dios en salida y con sandalias. Así podremos ir acompañados de cardenales, arzobispos, obispos, sacerdotes y religiosos, como hermanos juntos en lo mismo… y también con sandalias, deportivas o botas de montaña según donde la tarea por el Reino nos lleve. Cada vez con mayor conciencia de nuestra identidad laical y más reconocimiento por parte de los estamentos de la Iglesia.
Después del tema del Congreso, leí lo que creo que es un deseo convertido en tema: “Un laicado en acción. Vivir el sueño misionero de llegar a todas las personas”.
Efectivamente, laicos en acción, pero para salir por ahí y vivir sueños misioneros hace falta antes revisar interiormente nuestra propia vida espiritual. Hay tanto trabajo por hacer en todos sitios que el refuerzo interior del día a día es imprescindible.
Cuando los laicos hablamos de esto, enseguida se nos dice que hay que formarse; efectivamente, tema muy importante el de la formación teológica, bíblica, etc. y en los diferentes carismas de la Iglesia a la que los laicos y laicas nos asociamos pero, aún antes de la formación hay que cuidar la vida de dentro, la vida espiritual. No podremos dar de lo que no tenemos.
Es necesaria la oración personal, el tiempo privado de lectura del evangelio escrutando el camino de Jesús, donde ponía los pies… con sus sandalias, para no ir haciendo lo que pensamos, sino lo que Él haría en este justo momento de la historia de la Humanidad.
Y como la palabra sueño está en el tema, me atrevo a soñar en lo que me gustaría que fuéramos creciendo en el camino como Pueblo de Dios en salida:
– Fomento de la oración, meditación y silencio personal
– Implicarnos en que la comunión de los diferentes grupos y carismas sea real.
– Pedir que la liturgia sea revisada. Cuidar especialmente en los sacramentos que son los espacios donde se acercan quienes se alejaron o no son creyentes. Incluir poco a poco espacio de silencio en las celebraciones, en donde los micrófonos están permanentemente en acción.
– Tomarnos en serio la belleza en la vida de la Iglesia (música, pintura, teatro, redes, etc.) que es un camino de acogida. La belleza la entiende el ser humano sea quien sea.
– Poner en práctica en todo momento el “cuidado de la Casa Común”, como dice el Papa Francisco, en los pequeños detalle de cada día. Por ejemplo: nos reunimos para tratar cientos de cosas, en charlas, coloquios, mesas redondas, conferencia, clases magistrales, etc. y habría que hacer desaparecer definitivamente el uso de miles de pequeñas botellas de plástico en todo tipo de eventos eclesiales. Hemos de ser activos, contemplativos y prácticos.
Podría seguir soñando pero espero a los resultados del Congreso que seguro llegarán dando cuerpo a los sueños.
Gracias a todos los que habéis trabajado duro y con ilusión; estaréis en mi oración de forma muy especial en los días del Congreso.

Mari Paz López Santos

(1) “El silencio sobre lo esencial”, EDICEP, Valencia,1988, pp.13 y 14

LA PALABRA QUE SE ESCRIBE CON MAYÚSCULAS

Empiezo por la única Palabra que se escribe con mayúscula y a la que no puedo dejar de dirigirme abriendo un libro que está ahí para volver una y otra vez cuando notamos que, poco a poco sin darnos cuenta, nos alejamos de la “Palabra con mayúsculas” envueltos por el universo, océano o desierto de pequeñas y ruidosas palabras que circulan por el entorno mediático en que vivimos; dejando pasivamente que contamine nuestro pequeño reducto interior. Así estamos, nos movemos y existimos.
“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. (…) Y la Palabra se hizo carne y puso su Morada entre nosotros. (Jn 1, 1, 14)
Estos dos escuetos versículos del Prólogo de Juan me sosiegan y aunque hablan de Palabra me sugieren un profundo silencio. Porque para que resuene la Palabra tiene que haber un lecho de Silencio; ese debió ser el primer Silencio rasgado por la Palabra. Juan que además de apóstol y evangelista era el más poeta, lo deja escrito, para que intuyamos ese silencio y escuchemos la Palabra que se escribe con mayúsculas.
El Papa Francisco ha debido intuir que hace falta silencio para que escuchemos la Palabra y ha instituido el “Domingo de la Palabra de Dios”, estableciendo que el III Domingo del Tiempo Ordinario esté dedicado a la celebración, reflexión y divulgación de la Sagrada Escritura. ¡Buena idea, seguro nace de su escucha atenta al Espíritu Santo!
En el momento de la Eucaristía, en la lectura de la Palabra, celebraremos en comunidad lo que la Palabra nos dice. Podremos reflexionar en ese día sobre ella y hacernos eco de lo escuchado.
Pero la Palabra que se escribe con mayúsculas y a la que tan fácilmente tenemos acceso, en la Biblia en nuestra estantería, en los pequeños libritos de evangelios del año, etc. está ahí a la espera de ser escuchada cada día en el silencio, soledad y espacio personal de la oración de cada día.
Como la lluvia, tipo chirimiri, que sin apenas darnos cuenta nos va empapando y hace que nuestra vida sea fértil, exactamente igual que hace con la naturaleza. Así el Domingo de la Palabra de Dios” me sugirió que la Lectio Divina tiene un papel esencial en el día a día de toda persona que se anime a escuchar la Palabra que se escribe con mayúsculas, dejando a un lado la invasión de pequeñas palabras en forma de noticias, coloquios, mensajes de whatsapp, Facebook, Twiter, etc. al tiempo que discursos, debates, confrontaciones, que amuerman porque no da tiempo a interiorizarlas, sedimentarlas y reciclarlas , dejando en un estado de pasividad y somnolencia que impide saber discernir si lo que pienso es lo que pienso o lo que me hacen pensar. ¡Un serio peligro!
Mientras, la Palabra que se escribe con mayúsculas sigue ahí en la morada interior de cada uno a la espera de ser escuchada.
Creo profundamente en la lectura personal y pausada de la Biblia, la Lectio Divina, que siempre fue para los monjes y monjas, pero que como laicos y laicas en el mundo es un tesoro para asimilar y hacer vida la Palabra que se escribe con mayúsculas.
Ha de ser una lectura: “Sin prisas: apacible, reposada, desinteresada, leyendo por leer y no por haber leído. “Comprometida: en la que se dona toda la persona, inteligencia, voluntad, imaginación, sentimiento, cuerpo…“Recogida: en actitud de fe y amor, buscando un contacto vivo y vivificante con la Palabra de Dios. “Sapiencial: su meta es la comunión, el estar con Dios, gustar a qué sabe Dios.” (Bernardo Olivera, monje cisterciense, en el libro “Orar con la Lectio Divina”, EDIBESA, pág. 30)
Hay un itinerario para adentrarnos a la escucha de la Palabra que se escribe con mayúsculas y que conocemos como las cuatro fases centrales en la Lectio Divina:
Lectio: Lectura atenta y abierta a la escucha de la Palabra.
Meditatio: Meditación que lleve a una reflexión del significado de la Palabra. ¿Qué me dice? ¿Quién me dice?
Oratio: Como respuesta brota la oración, el diálogo con la Palabra.
Contemplatio: Encuentro y silencio ante la Palabra.
Como síntesis aquí va lo que decía Guido, el Cartujo, (s.XII): “Buscad leyendo, y encontrareis meditando; llamad, orando, y se os abrirá por la contemplación”
Por último, volviendo al momento concreto del Domingo de la Palabra, estemos atentos a la escucha de las lecturas, el salmo, el evangelio y, posteriormente a la homilía, como expresa el Papa Francisco en la Carta Apostólica: “La homilía, en particular, tiene una función muy peculiar, porque posee «un carácter cuasi sacramental» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 142). Ayudar a profundizar en la Palabra de Dios, con un lenguaje sencillo y adecuado para el que escucha, le permite al sacerdote mostrar también la «belleza de las imágenes que el Señor utilizaba para estimular a la práctica del bien» (ibíd.). Esta es una oportunidad pastoral que hay que aprovechar.
De hecho, para muchos de nuestros fieles esta es la única oportunidad que tienen para captar la belleza de la Palabra de Dios y verla relacionada con su vida cotidiana. Por lo tanto, es necesario dedicar el tiempo apropiado para la preparación de la homilía. No se puede improvisar el comentario de las lecturas sagradas. A los predicadores se nos pide más bien el esfuerzo de no alargarnos desmedidamente con homilías pedantes o temas extraños. Cuando uno se detiene a meditar y rezar sobre el texto sagrado, entonces se puede hablar con el corazón para alcanzar los corazones de las personas que escuchan, expresando lo esencial con vistas a que se comprenda y dé fruto. Que nunca nos cansemos de dedicar tiempo y oración a la Sagrada Escritura, para que sea acogida «no como palabra humana, sino, cual es en verdad, como Palabra de Dios» (1 Ts 2,13).
Muy razonable este texto de la Carta. Me atrevo a pedir un deseo: introduzcan pequeños espacios de silencio en las celebraciones, entre lectura y lectura. No da tiempo a sedimentar lo escuchado. Palabra y silencio son contrapunto. Necesitamos silencio para interiorizar la Palabra. Se echa de menos en las celebraciones. Es cuestión de irnos acostumbrando.
Después de celebrar en comunidad volvamos a casa sin olvidar que la escucha a la Palabra que se escribe con mayúsculas siempre está ahí, también en nuestra vida de laicos y laicas en el mundo y seguir avanzando en la comprensión de que todos tenemos, lo que llamo “vida privada orante” y si la cuidamos se reflejará en el mundo en el que nos movemos.
¡Gracias, Papa Francisco, por esta Carta a motu proprio… una buena iniciativa!

Motu Proprio ‘Aperuit illis’: Francisco instituye el «Domingo de la Palabra de Dios»

Mari Paz López Santos

Domingo, 26 enero 2020, Festividad de los Fundadores del Cister

Publicado en ECLESALIA:
La Palabra que se escribe con mayúsculas

¿SABES, JOSÉ?… TE ADMIRO

Mt 2, 13-15.19-23
El espacio del sueño era para ti, José, rico en mensajes que no te tomabas a la ligera. Soñabas, y al despertar, en ese misterioso espacio entre el sueño y el no-sueño, espabilabas interpretando el mensaje.
Podrías haber dejado de lado los sueños, que ya sabemos se evaporan si no llegan a ser entendidos como mensajes a discernir y valorar.
Tú soñabas y, aun superándote la responsabilidad a la que te habías comprometido, te ponías en marcha.
Pero no sólo tú soñabas, también “los magos, avisados en sueños” (Mt 2, 12) de las maniobras del poder manipulador, faltaron a la cita del embaucador, que al sentirse “burlado por los magos, se enfureció terriblemente y mandó matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, menores de dos años” (Mt 2, 16-18). Eligió la violencia, como suele pasar.
¿Sabes, José?… por aquí se sueña poco, y lo poco que se sueña suele hacerse despiertos; son sueños que tiene que ver con el dinero, el poder, la imagen. Se sueña con la inmediatez de ver realizado el sueño instantáneamente; se sueña pidiendo resultados rápidos que liberen de preocupaciones, de compromisos, de esfuerzo. Se sueña con cosas que puedan adquirirse, consumirse, atesorarse, con la ilusión de que traerán la suprema felicidad, pero que cuando se esfuman dejan un vacío incómodo que ha de ser llenado a toda prisa. ¿Llenado de qué?, de lo mismo.
En el primer sueño “tomas al niño y a su madre” y os convertís en una familia de refugiados en país extranjero.
¿Sabes, José?… en el mundo en que vivo millones de familias están en movimiento huyendo de la violencia, del hambre, de la falta de oportunidades para llevar una vida digna. Caminan y topan con alambradas, muros de hormigón, desiertos imposibles y mares en la noche, y lo que es peor: rechazo, incomprensión, violencia, violación, degradación, abandono y torturas burocráticas que invisibilizan a las personas convirtiéndolas en datos estadísticos.
Hace unos días se celebraba el Día del Migrante y según datos de Naciones Unidas “en 2019, el número de migrantes alcanzó la cifra de 272 millones, 51 millones más que en 2010”. Esto va mal y no parece que haya voluntad política internacional de querer arreglarlo.
Pero sigamos con tus sueños… “el ángel del Señor se te apareció de nuevo en sueños” en Egipto y te dijo: “Levántate, coge al niño y a su madre y vuelve a la tierra de Israel, porque han muerto los que atentaban contra la vida del niño”.
Puedo imaginar tu alegría en medio de la noche o a punto del amanecer, recogiendo lo poco que puede recoger una familia migrante para volver a su tierra, al lugar de donde salió a toda prisa y de noche.
¿Sabes, José?… Creo que te mueves bien entre el sueño y el no-sueño; sabes que suceden cosas, llegan mensajes en forma de intuición, despertando y sobresaltando… Tú sabías que esos susurros venían directos del corazón de un Dios-Padre que ama y protege pero que no limita la libertad humana: pudiste haber elegido quedarte en la tierra que te acogió, o sencillamente seguir durmiendo no sólo de noche como sucede tantas veces en la vida cuando nos dejamos llevar por la rutina sin plantearnos cambios.
De vuelta a casa, pisando ya la tierra de Israel, supiste quien era el sucesor del que os hizo huir. El miedo te puso en guardia e hicisteis un alto en el camino. Otra vez se repite la historia: “Y avisado en sueños se retiró a Galilea y se estableció en una ciudad llamada Nazaret”. Dejaste el desvío hacia Judea y emprendiste camino hacia Galilea.
¿Sabes, José?… ¡Te admiro! Vives contando con la presencia de Dios, aun durmiendo, pero tomas decisiones, eres responsable y sabes parar cuando hay que parar. Para mí eso significa que colaboras en primera persona. Practicas una obediencia activa. Y recordemos que obedecer viene de escuchar. Reconozco en tu modo de actuar que esa obediencia es la de alguien que ha comprendido que su pequeño proyecto de vida está insertado en un Proyecto Mayor: el que Dios quiere para cada uno de nosotros que se cumple estando a la escucha y poniendo toda la carne en el asador, es decir, comprometiéndose en la misión encomendada confiando en Quien envía.
La familia se instaló en Nazaret, lugar del que después supimos que se decía que “no podía haber nada bueno” (Jn 1, 46). El niño fue creciendo en estatura y sabiduría dentro de una familia sencilla rodeado de amor. Sin lugar a dudas podemos decir que de Nazaret salió Alguien muy bueno.

Mari Paz López Santos
29 diciembre 2019 – Fiesta de la Sagrada Familia

MADRE TIERRA, MADRE

Madre Tierra, Madre.
Preñada de Vida,
en continuo momento de parto.
Generando continuidad,
respetando el mandato divino:
Multiplicación, diversidad, color…
fluido eterno.

Madre Tierra, enferma,
Te falta el oxígeno;
en cada contracción
el dolor aumenta,
Tu respiración falla.
¡Oxígeno… devolvedle el oxígeno!

Madre Tierra, herida,
Balazo de oro negro,
úlceras en tu piel, antes verde.
Y el ritmo del parto…
Implacable.
La vida llama a la vida,
¡dejadla parir tranquila!

Madre Tierra, agonizante.
Tus hijos, frutos de amor:
Célula, árbol, flor,
Insecto, ardilla, águila,
Gorrión, delfín, caracol…
Agua, piedra, azúcar,
Vino, leche, néctar,
Hombre, mujer….
todos exterminados.
Los bastardos del desamor:
egoísmo, ambición y ceguera,
sólo escuchan los tambores
que llaman a muerte.
Esgrimen banderas
de progreso y mercado,
mientras arrasan y esquilman.
Traman reventar tu vientre
Al grito de guerra:
¡Que la Luz no dé a luz a la Luz!

¡Pobre Madre Tierra!
Fecundada por el Amor,
Embarazada de Esperanza…
¡Jadea… vamos… jadea!
¡Vencerás!
Mari Paz López Santos

(*) ENTRE EL SUEÑO Y EL NO SUEÑO
Mari Paz López Santos
pazsantos@pazsantos.com
ESEPÉ Ediciones (Ed. San Pablo)
Págs. 148-149

“PRUEBA DEL ALGODÓN” (Lc 15, 1-10)

mini_Lc 15, 1-10

Vas a por la oveja perdida y vuelves diciendo: “Alegraos conmigo!”.
Esta es “la prueba del algodón” que nos alegremos contigo.
Si me brota la alegría, y celebro el retorno un hermano que andaba perdido sin recelos, sin interrogaciones maliciosas y con las manos extendidas para el abrazo es que me contagiaste tu manera de Amar, sin condiciones.
Amar así es peligroso, difícil de entender y genera murmuraciones y más, puede que hasta violencia.
AMAR y VIVIR es lo mismo… todo lo que me aleje del Amor me aleja de la Vida verdadera.
(Mari Paz López Santos, 7 noviembre 2019)

Hice esta foto un día de Nochebuena en un pueblo donde fui a pasar la fiesta.

SILENCIO

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Quise fotografiar el Silencio.
No se dejó.
Hice callar mis pasos…
por si accedía.
No se dejó.
Cerré la puerta del claustro
y en el instante de un clic,
Silencio me hizo un regalo:
“No soy imagen sino voz interior”.

Mari Paz López Santos
Foto:Claustro Plateresco del monasterio cisterciense de Santa Mª de Huerta

ASTUTOS EN EL USO DEL DINERO

ASTUTOS EN EL USO DEL DINERO
Lc 16, 1-13 – Amós 8, 4-7
El hecho de que Jesús considerara la astucia del administrador corrupto como una cualidad que echaba de menos en los hijos de la luz, produce cierta sensación de extrañeza.
El administrador era un genuino ladrón de guante blanco que cuando se vio descubierto ni se arrugó ni se vino abajo. Actuó pensando exclusivamente en él, procurando abrirse camino en el futuro inmediato para seguir haciendo más de lo mismo.
Pero Jesús reconoce la astucia de los hijos de este mundo utilizada para cometer delitos, engañar, robar o llevar una vida corrupta, y pone delante de quienes le siguen la necesidad de ser astutos para hacer el bien y luchar por la justicia.
Quiere que los hijos de la luz sean astutos en positivo: estén atentos, sean hábiles y permanezcan despiertos y activos para librar el complicado y sutil combate contra los mecanismos del Mal. En este caso, el que genera la ambición del dinero, que en este tiempo es una complicada ingeniería financiera muy difícil de comprender, salvo por los entendidos que la generan. Pero sí en los resultados que produce:
‘Pisoteáis al pobre y elimináis a los humildes del país, diciendo: ‘¿Cuándo pasará la luna nueva, para vender el grano, y el sábado, para abrir los sacos de cereal –reduciendo el peso y aumentando el precios, y modificando las balanzas con engaños. Para comprar al indigente por plata y al pobre por un par de sandalias, para vender hasta el salvado del grano”. Así de claro lo dice el profeta Amós (8,4-7) y vale igual para este momento de la historia de la humanidad.
Cuando el dinero se convierte en el dios al que adorar, el ser humano se deprecia: derechos humanos a la baja, educación, sanidad, vivienda… los mínimos para una vida digna caen en picado.
El dinero es importante pero es necesario pero también lo es poner señales de alerta antes de atravesar esa sutil frontera que lleva a la ambición, la codicia y la avaricia (me doy cuenta que estas palabras casi no se usan hoy día), hasta transformar a la persona en un ser que ya no sabe valorar lo que le pasa por dentro, lo ve normal, se siente distinto y distante del resto de la humanidad.
El dinero es una droga muy poderosa. Produce una ambición que no tiene límites. Es una espiral infinita: siempre más con la ansiedad de conseguir todo, despojando a quienes tiene menos o nada.
¿Por qué es tan poderoso el efecto de droga del dinero? Porque lo que yace en fondo de la persona es el deseo de Poder. ¿Y qué hay tras ese deseo? La ambición primera, la del inicio de los tiempos: ser como Dios.
Seamos astutos en el uso del dinero, también los que no sabemos de ingeniería financiera. La ambición vive dentro del ser humano y el miedo también. Y una cosa y otra se expanden por todos lados: personas, instituciones, empresas, organismos internacionales, gobiernos, y la propia Iglesia.
Además, en este tiempo con tantos medios de difusión, estamos expuestos a multitud de estímulos exteriores que nos dicen que la felicidad se encuentra en poseer cosas materiales que se consiguen con dinero… ¡Peligro y frustración!
Dice el Papa Francisco (*): “Animaos a no sucumbir a la tentación de un modelo económico idólatra que siente la necesidad de sacrificar vidas humanas en el altar de la especulación y la mera rentabilidad, que sólo toma en cuenta el beneficio inmediato en detrimento de la protección de los más pobres, de nuestro medio ambiente y sus recursos”. (Del discurso a las autoridades en el viaje a Islas Mauricio, 9 septiembre 2019)
Gracias, Jesús, por hablar claro, ayudarnos a abrir los ojos y espabilarnos esa insana ingenuidad psicológica que no nos deja ver.
Gracias, Jesús, por hablar del dinero. Es un tema que o se oculta sibilinamente, o se comunica de forma que nadie, de los de abajo, pueda entender.
Gracias, muchas gracias, por poner el tema encima de la mesa con pocas palabras y para la posteridad: “Ningún siervo puede servir a dos señores” (…) “No podéis servir a Dios y al dinero”. ¡Está claro… es incompatible!
Dios es Amor gratuito y el dinero lo quiere todo… hasta el alma.

Mari Paz López Santos
Domingo, 22 septiembre 2019