THOMAS MERTON LO VIO HACE TIEMPO

Buscando un libro entre mis muchos libros, uno se hizo encontrar (no era el que yo buscaba) y en la página noventa y cinco me echó el anzuelo: “En la sociedad tecnológica, en la que los medios de comunicación se han hecho tan fabulosamente versátiles…”. Ya no lo pude dejar.

Él lo vio y lo contó hace tiempo: profeta de nuestro tiempo, siglo XX, con visión de largo alcance para el XXI y más.

“… y están a punto de un desarrollo aún más prolífico, gracias al ordenador con su inagotable memoria y su capacidad de inmediata absorción y organización de datos, el uso de las comunicaciones se hace inconscientemente simbólico”. En esto estamos.

A nuestro alcance tenemos la mayor capacidad de comunicación de todos los tiempos, la posibilidad de llegar a los lugares más remotos e inaccesibles en otras épocas, con un suave toque de pantalla, por ejemplo.

Vamos a ver que nos sigue diciendo la página noventa y cinco del libro que atrajo mi atención:

“Aunque el hombre dispone de la capacidad de comunicarlo todo, en cualquier lugar, a cualquier hora y de modo instantáneo, se encuentra con que no tiene nada que decir. No es que no haya suficientes cosas que podría comunicar, o que debería intentar comunicar”. Aquí, ahora, yo pondría ese “emoticono” redondo y amarillo con ojos de sorpresa y desconcierto, es decir, un símbolo, con el fin de expresar la comprensión profética del autor de este pensamiento, dicho antes de 1968, y hecho realidad en nuestros días.

Insiste: “Debería, por ejemplo, ser capaz de encontrarse con sus congéneres y discutir el modo de construir un mundo en paz. Pero es incapaz de este tipo de confrontación. Seguimos igual… esta vez el “emoticono” llevaría una lagrimita azul y mueca de tristeza.

Continua el autor: “En vez de eso, dispone de misiles balísticos intercontinentales que pueden llevar la muerte nuclear a decenas de millones de seres humanos en pocos momentos. Éste es el mensaje más sofisticado que el hombre moderno tiene que exponer y discutir con su colega”. ¿Qué más se puede decir?… que la capacidad de matar es ahora infinitamente mayor y que se puede concretar con un whatsapp.

Y sin pelos en la lengua sigue: “Es desde luego, un mensaje sobre sí mismo, sobre su alienación y su falta de habilidad para entenderse con la vida”.

Aquí seguimos, hermano Thomas Merton, sin dar una respuesta contundente y profunda sobre nosotros mismos. Sólo podrá ser dicha dejando que crezca la vida interior en lo hondo de cada uno para poder transmitirla al exterior.

 

Mari Paz López Santos

 

Este año 2018 se cumplen 50 años de la muerte de Thomas Merton, (1915-1968),  monje cisterciense de la Abadia de Getsemani (USA)

Nota: Los textos en negrilla están tomados del libro “AMAR Y VIVIR – El Testamento espiritual de Merton”, (Ediciones Oniro), pág. 95

 

¿COMPRAR?… COMPARTIR (Jn 6, 1-15)

En aquel tiempo, Jesús se marchó a la otra parte  del mar de Galilea… en este tiempo se acerca a la orilla del mar Mediterráneo.

Lo seguía mucha gente…  buscando el sentido de la vida en forma de sanación física, psíquica, económica y espiritual. También hoy se acerca a la desolación de quienes sólo tiene la herramienta de sus pies en marcha y la voluntad de sobrevivir con dignidad.

Subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. La montaña como lugar de visión en perspectiva y de espacio comunitario. Estaba cerca la Pascua, el paso, gentes en movimiento, de camino.

Levantó los ojos… allí estaban. No hay obstáculos que detengan a quienes huyen de la violencia y del hambre; ni altas montañas que no se atrevan escalar, ni mares que les detengan si se trata de encontrar una vida plena, asumiendo el riesgo de una muerte rápida. Hoy.

¿Recordaste al profeta Eliseo dando las primicias de pan? (2 Reyes 4, 42-44): “Dáselo a la gente y que coman… comerán y sobrará”. Seguramente. Aquel texto lo habrías escuchado muchas veces en la sinagoga. Tus discípulos también, pero no parece que relacionaran el asunto.

“Felipe, ¿con qué compraremos panes para que coman estos? Preguntaste a modo de prueba sabiendo que no se trata de comprar sino de compartir, punto de partida para que haya milagros.

Felipe debió quedar boquiabierto con tu pregunta y para remate, aparece Andrés proponiendo soluciones imposibles sin fe alguna en el proyecto: “Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces, pero ¿qué es eso para tantos?”.

En los textos de los otros evangelios, sin preámbulo alguno, planteas a tus discípulos el reto: “Dadles vosotros de comer” (Mt 14, 16; Mc 6, 37 y Lc 9,13). Quizás Juan, que te conocía más de cerca, con su amplia mirada contemplativa, intuyó que les estabas poniendo a prueba, más allá de que te dieran ideas para enviar a casa a todo el personal que empezaba a ser un problema de logística.

¡Manos a la obra!, no te queda otra, tu compasión te pone en marcha pensando en el cansancio de aquella masa humana. Lo primero que descansen: “Haced que se recueste la gente”. Por suerte era un lugar mullido, tenía hierba, eso dice Juan.

Cuando alguien llega a una casa, si los de dentro practican la hospitalidad y están atentos, sabiendo que ha hecho un largo camino, ha sudado y no ha comido a sus horas, no piden explicaciones. Ofrecen sitio para descansar y alimento lo más rápido posible.

Jesús toma lo que hay, cinco panes y dos peces, y da gracias porque lo haya. El milagro se vuelve cotidiano: se parte, se reparte, se comparte y, contra todo pronóstico inicial, las sobras se recogen en doce canastos.

Sabías que no iban a entender ni los sentados en la hierba ni los discípulos. Sabías que se transmitiría lo ocurrido como algo mágico y que vendrían a por ti para nombrate rey y quitarse de problemas.

¡Espera, no te retires todavía a la soledad de la montaña! ¡Vuélvete hacia nosotros con tus pies en la arena bañados por las olas a la orilla del Mediterráneo! ¿No vas a decirnos algo para probarnos?

La brisa del mar es tu aliada: “Dadles vosotros de comer”… y comed juntos, compartiendo el pan que os dejo día a día; es de todos porque lleva la levadura del Amor de Dios a toda la humanidad.

Mari Paz López Santos

 

 

TIEMPO DE DESPEDIDA Y DE DEJAR IR

(Mc 16, 15-20)

Llevaba tiempo despidiéndose de los suyos. Les iba dejando mensajes para después de su partida. Pero no entendían o no querían entender. Seguía anunciando lo que vendría cuando no le vieran sus ojos, pero no podían ver y la imaginación no estaba atenta a ver sin ver. Le preguntaban, se preguntaban…

El Amor sería lo primero, el Único y Supremo Mandamiento: “Qué os améis unos a los otros como yo os he amado” (Jn 15, 12-17). El Amor sin condiciones clave del testimonio que habrían de dar “hasta el confín de la tierra! (He 1, 1-13).

Les miraba y veía que no podía cargarles con tantas cosas que tenía que decirles, no era todavía el momento… como cuando se cría y educa a los hijos adaptándose a la edad, al carácter de cada uno, haciendo malabares. Pero sabía que acabarían de entender guiados por el Espíritu Santo.

¿Y qué pasa con nosotros? El mismo Espíritu nos anuncia, nos comunica, nos guía “hasta la verdad plena” (Jn 16, 12-15) pero sólo se sentirá preparado para anunciar y comunicar quien abra su corazón a la escucha.

Siempre recuerdo en este tiempo las palabras de un buen amigo sacerdote, Sergio Delmar Junco, mexicano y misionero del Espíritu Santo. Finalizó su homilía con un escueto mensaje que quedó para siempre como herencia para ahondar en este tiempo, en las lecturas y en el misterio de Jesús que va al Padre y vuelve con el Espíritu: contempla, absorbe, ama y… déjalo ir.

Así podremos salir al mundo entero y proclamar el evangelio a toda la creación. El evangelio, no otra cosa, no nuestras ideas, no nuestras buenas intenciones, nuestros deseos… el evangelio contemplado, absorbido, amado y… expandido.

Se celebra en este día la Jornada de las Comunicaciones Sociales, sería bueno reflexionar sobre lo que hacemos o no para proclamar en este tiempo con tantas posibilidades de comunicación, y al mismo tiempo tan perezoso… no todo es un “me gusta” en Facebook, o un emoticono en whatsapp… Hay que atreverse a compartir, hay que echar fuera la desgana. Somos la generación con más capacidad de medios para comunicar. Hay que ahuyentar el miedo, en los medios está lo bueno y lo malo, como en cada situación de la vida. Contempla, absorbe, ama y… sal al mundo entero que necesita esa Palabra que tú conoces.

Mari Paz López Santos

 

¿VOY O NO VOY? – Viaje al infierno

20180413_110611¿VOY o NO VOY?
Viaje al infierno
¿Voy o no voy?, me pregunté. Si voy, lo pasaré mal, seguro. Me di un tiempo para pensar. Fui.
La tarde, gris y lluviosa, no animaba a salir de casa. Por los pasillos del metro en el cambio de línea, escuché: “Imagine all the people living life in peace…”, la canción de John Lenon. Me paré ante el músico y esperé atenta a que acabara la canción: “Imagina a todo el mundo viviendo el día a día”, “imagina que no hay países”… “nada por lo que matar o morir”… “imagina a toda la gente del mundo viviendo la vida en paz”… “imagina que no hay posesiones”… “imagina a todos compartiendo el mundo”…”espero que algún día te unas a nosotros y el mundo será sólo uno”.
Le di las gracias por estar ahí compartiendo su música y concretamente “Imagine”, y unas monedas por su trabajo y su arte.
Fui a ver el infierno. No el de Dante, poético y literario, sino el que ocurrió en Auschwitz “no hace mucho, no muy lejos”. Este es el título de la exposición que se presenta en el Centro de Exposiciones Arte Canal de Madrid. Al consultar la web me sorprendió gratamente el que recomendaran hacer una visita silenciosa por respeto al tema que trata.
Todos conocemos imágenes, libros, películas, etc. que nos han mostrado el horror de lo que fue Auschwitz, pero esta exposición me acercó al misterio del Mal. He visto fotos de quienes han visitado el campo en persona, como las del Papa Francisco; estar allí debe ser lo más sobrecogedor, pero esta exposición me adentró en el terrible y enorme potencial del ser humano para llevar el Mal al extremo. La sofisticación y refinamiento del ejercicio del Mal en su esencia más profunda.
Tiempo y silencio (fui sola a la exposición y no quise auriculares) me introdujeron sobrecogida en lo que el ser humano puede llegar a hacer si las condiciones de respeto, empatía, solidaridad, fraternidad y amor al prójimo, dejan paso al poder sin cortapisas y a la política sin ética que, sin escrúpulos y utilizando herramientas letales como la mentira, la desinformación, la manipulación, la corrupción, la avaricia, la prepotencia y el desprecio absoluto por la vida y los derechos humanos, da paso a una locura colectiva bien diseñada y masivamente aceptada. ¡La Humanidad en peligro!
No hace mucho que sucedió Auschwitz y no muy lejos… ahí mismo, en el centro de Europa. Una especie escalofrío existencial fue mi respuesta callada y aceptar interiormente el compromiso de reflexionar sobre el hecho mismo, aunque duela e inquiete. Y no olvidar, porque el Mal circula desde el origen del mundo, cada vez más capacitado para destruir masivamente.
Para que quede más claro lo que quiero decir con la sensación de escalofrío existencial, transcribo un texto de Primo Levi (1), superviviente de Auschwitz, sobre la impresión de los primeros que llegaron a liberar el campo:
“Cuando (los soldados soviéticos) llegaron a la alambrada no nos saludaron ni sonrieron. Parecían oprimidos, más que por la compasión, por la cohibición desconcertada que les sellaba los labios y les clavaba los ojos a aquella escena fúnebre. Era la misma vergüenza (…) que siente el hombre justo ante los crímenes cometidos por otros, el remordimiento que producen la existencia misma de esos crímenes y el que hayan sido introducidos de manera irrevocable en el mundo de las cosas que existen”.
Todo en Auschwitz estaba organizado para aniquilar la dignidad humana. Decía Viktor Frankl (2), también superviviente de Auschwitz:
“El prisionero que perdía la fe en el futuro —en su futuro— estaba condenado. Con la pérdida de la fe en el futuro perdía, asimismo, su sostén espiritual; se abandonaba y decaía y se convertía en el sujeto del aniquilamiento físico y mental”.
Pero también dentro de aquel infierno había quienes eran como esas pequeñas flores que crecen en medio de la basura. A ellos se refiere Viktor Frankl (3):
“Los que estuvimos en campos de concentración recordamos a los hombres que iban de barracón en barracón consolando a los demás, dándoles el último trozo de pan que les quedaba. Puede que fueran pocos en número, pero ofrecían pruebas suficientes de que al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.
Muchos arriesgaron y perdieron la vida implicándose en dejar imágenes de lo que sucedía dentro del campo. Creo que sin fotografías hubiera sido imposible creer la brutalidad del exterminio nazi. El cerebro se resiste a comprender que mentes humanas pudieran generar tan sofisticada capacidad de matar sin sentimiento de culpa o duda.
Hanna Arendt, filósofa alemana de origen judío, acuño el término de “banalidad del mal” para quienes participaron como meros administrativos, mandos intermedios, que ejecutaban sin pensar, las órdenes que recibía dentro de la pirámide jerárquica nazi; no mataban como sádicos pero organizaban administrativamente todo el engranaje para llegar al fin último: la muerte de millones de personas, sin plantearse la más mínima duda de conciencia de lo que hacían.
Acabada la visita a la exposición, después de tres horas de silencio, un triste pensamiento me asaltó: “Quizás cuando mis nietos sean ancianos habrá una exposición de tres horas, en silencio, en la que se exhibirá el horror de los miles de refugiados huyendo de la guerra, pidiendo asilo y ayuda a la puerta de la Vieja Europa; y los que migran por motivos económicos y quedan retenidos en fronteras de alambre con pinchos. Informarán que, para muchos, el viaje fue fallido y reposaron en el cementerio acuático que es el mar Mediterráneo. ¿Cuál será el cartel de la exposición? Bien pudiera ser la foto del niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, icono del sinsentido y la violencia, hoy.
La deshumanización de la humanidad afecta a cada ser humano, o debería ser así. No es un asunto de los del Norte o los del Sur, de hombre o mujeres, de creyentes o no creyentes… El cuidado de la vida y la dignidad humana es primordial en la evolución del ser humano y hemos de estar atentos revisando actitudes personales, sociales, políticas, culturales, económicas y religiosas.
Creo que este convulso tiempo que vivimos tendrá su juicio futuro. Deseo que en esos años venideros, la humanidad haya evolucionado no sólo en tecnología y ciencia, sino en el amor y fraternidad universales hacia una forma de vivir juntos que se parezca más a la canción de John Lenon.
No quiero que mis palabras sean las últimas palabras de este escrito. Dejo que Viktor Frankl, con el último párrafo de su ya citado libro, sea quien ponga punto final.
“Nuestra generación es muy realista pues, después de todo, hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras con la cabeza erguida y el “Padrenuestro” o el “Shemá Israel” en los labios”.

Mari Paz López Santos
Abril 2018

(1) Primo Levi, (La Tregua (Turín, Einaudi,, 1963). Texto leído en un panel de la exposición y recogido del Catálogo.
(2) y (*3) “El hombre en busca de sentido”, Viktor Frankl. Ed. Herder

MUJER, primero MUJER

MUJER, primero MUJER

Letanía para no olvidar

MUJER, lo primero. Mujer, mujer, mujer. Hija, pero primero mujer. Hermana, pero primero mujer. Amiga, pero primero mujer. Estudiante, pero primero mujer. Trabajadora, pero primero mujer. Universitaria, pero primero mujer. Esposa, pero primero mujer. Madre, pero primero mujer. Soltera, pero primero mujer. Suegra, pero primero mujer. Tía, pero primero mujer. Abuela, pero primero mujer. Europea, pero primero mujer. Americana del Sur o del Norte, pero primero mujer. Africana, pero primero mujer. Asiática, pero primero mujer. Musulmana, pero primero mujer. Judía, pero primero mujer. Cristiana, pero primero mujer. Budista, pero primero mujer. Hinduista, pero primero mujer. Atea, pero primero mujer. Artista, pero primero mujer. Campesina, pero primero mujer. Médico, pero primero mujer. Indígena, pero primero mujer. Política, pero primero mujer. Profesora, pero primero mujer. Empleada de supermercado, pero primero mujer. Policía, pero primero mujer. Prostituta, pero primero mujer. Pintora, pero primero mujer. Deportista, pero primero mujer. Agricultora, pero primero mujer. Emprendedora, pero primero mujer. Ama de casa, pero primero mujer. Científica, pero primero mujer. Músico, pero primero mujer. Periodista, pero primero mujer. Monja, pero primero mujer. Cura… no puede ser, por ser mujer.

Discriminada, por ser mujer. Violada, por ser mujer. Acosada, por ser mujer. Pérdida entre líneas en la Historia, por ser mujer. Infravalorada, por ser mujer. Invisibilizada en Culturas y Religiones, por ser mujer.

Mujer, mujer, mujer… pobre, buena, mala, asustada, esperanzada, despreciada, alegre, harta… pero lo primero MUJER.

Mujer, mujer, mujer… sin complejos, con la cabeza alta y la palabra a tiempo, combativa, solidaria, compasiva, contundente, con sentido común, sabiduría en la escucha, que denuncia, que protege a los débiles y encare a los poderosos, que denuncie la injusticia, que gestione con responsabilidad, sin avaricia, con creatividad y sepa trabajar por un mundo mejor… ¡Ya es hora!

Mari Paz López Santos

8 marzo 2018 – Día de la Mujer, aunque todos los días son de la mujer.

 

EL ABAD, EL OBISPO Y LA QUE VIVE CON LOS POBRES

 

Ando en reflexión sobre las personas con las que me he ido encontrando a lo largo de mi vida. La mayoría se esfuman dejando algún recuerdo, unas veces es bueno y otras mejor olvidarlo, pero no forman parte de mi vida actual. Otras son mis amigos, con los que he transitado ya varias etapas del camino.

Pero mi reflexión viene por los tres reencuentros que tuve la suerte de disfrutar la pasada semana. ¡Tres en cinco días… una suerte y tres bendiciones!

El primer encuentro fue con el abad. Mi interés por la vida monástica y los mensajes que descubro para ser digeridos en la vida del mundo, hacen que esté expectante y abierta a la escucha del monje que vive dentro del monasterio. Sin darse cuenta, en la conversación, me deja regalos de sabiduría que me llevo puestos para salir al mundo. Luego los desenvuelvo y me ayudan a mirar la vida con una sana distancia aunque esté metida en el remolino del día a día, con toda su complejidad.

El segundo encuentro fue con el obispo que estaba de paso. Vino desde corazón de África y con África en su corazón. Ahora es obispo, pero es misionero casi desde que vino al mundo, sólo hay que restar el tiempo mínimo que necesito para darse cuenta de la misión que Dios le tenía preparada y que es su vocación. Delante de un café fuimos compartiendo palabras, recuerdos, experiencia de África, del país y las gentes africanas que tanto ama y que tantísimo sufren por la violencia y la injusticia; de las maravillas de amor y solidaridad que suceden en esa marabunta. Le pregunto cómo ve este mundo supuestamente rico, le cuento mis enfados con tantas situaciones que están dejando mucha gente en las cunetas. Nos despedimos y, aunque estaremos en contacto con los medios tecnológicos a nuestro alcance , nada es igual que el reencuentro en persona, con animada conversación y un café en una tarde muy fría de invierno. Vuelvo en el coche con más regalos de sabiduría para ir abriendo desde dentro y viendo como compartir hacia fuera.

Por último, el tercer encuentro fue con la que vive con los pobres. A ella la tengo muy cerca hablando en kilómetros, vivimos en la misma ciudad; pero su vida al cuidado de los que no tienen hogar, es complicada para poder estar un rato de sosegada charla. Sucedió la pasada semana después de varios meses. ¿Qué contar?… no conozco a nadie que disfrute tanto de las cosas pequeñas, las más mínimas: una palabra, una foto, contarle un proyecto, una experiencia de viaje, llevarle un escrito… todo es recibido como único, como novedad, haciéndose partícipe de la alegría, la preocupación o lo que traiga para compartir alrededor de su mesa. Le pregunto por los acogidos, por quienes ya no están, por las dificultades de la casa… la vida. Vida de los que no se ven y que es también su vida. Me despide con un abrazo de dos vueltas. Poniendo en marcha el coche me di cuenta de que he recibido más regalos de sabiduría que me ayudarán a no olvidar a los olvidados.

Estas tres personas, a las que quiero, respeto y me ayudan con el testimonio de sus vidas y vocaciones, tienen en común, además del amor a Dios y a los hermanos, que les mantiene vivos y comprometidos en sus respectivas vocaciones, el hecho de vivir en las fronteras. Fronteras diferentes fronteras, pero fronteras.

La vida monástica es una frontera que en estos tiempos parece que atrae a mucha gente necesitada de paz y sosiego, que anda en búsqueda, que quiere encontrar sentido a su propia vida, y en el monasterio encuentra cosas que están echadas a perder en el mundo, como el silencio, la soledad y tantas otras. La vida monástica tiene algo de frontera exótica que atrae, una rara avis que se contempla como una excepción y, dando media vuelta, nos alejamos pensando que los que la viven son raros.

La vida misionera es una frontera con socavón y trincheras donde algunos viven su vocación al lado de hermanos que son los olvidados de la Tierra; dando visibilidad a los que se invisibiliza, palabra a quienes no pueden hablar y amor a quienes continuamente son diana de la violencia. Escuchamos sus testimonios cuando vienen o aparecen en los medios de comunicación y, es verdad que generan admiración, pero para muchos están considerados como locos.

La vida de pobreza con los pobres, los “sin techo”, los que ya no pueden vivir solos ni siquiera en la calle, es la frontera con los vecinos, la tenemos ahí mismo en las grandes ciudades. No hay que viajar, están a nuestro lado. Pero son invisibles. Quienes viven con ellos como opción de vida, se les mira de reojo, con mirada incrédula.

Me siento muy afortunada por poder estar cerca del abad, del obispo y de la que vive con los pobres porque sus testimonios son de primera mano. No me cuentan estadísticas, me comparten la esencia de sus vidas y vocaciones, con pocas palabras; pero, si estoy atenta, descubro que quien vive desde su centro, desde lo hondo de su ser, la vocación a que han sido llamados, se destila por sus poros, sus sonrisas, su escucha y sus abrazos.

¡Ah… no quiero dejar de decir que ellos siempre quieren saber de mi vida, de los míos, de mis proyectos! Y les cuento, por supuesto, porque sé que vamos todos juntos y hemos de caminar unidos.

Doy gracias por los tres y por todos los que llevan en sus corazones.

Mari Paz López Santos 1 2 y 3

TRABAJADORES JUBILADOS

Mari Paz López Santos

Sin título

En mi anterior reflexión hablaba de trabajadores en activo (*). Ahora toca hablar de otro tipo de trabajadores que, aunque ya no realizan la actividad laboral que han llevado a cabo durante muchísimos años de su vida, no dejan de ser trabajadores pero con un adjetivo añadido: jubilados.

Para adentrarnos consciente y respetuosamente en este colectivo hemos de viajar en el tiempo al origen de la palabra. Siempre ayuda este movimiento hacia el pasado para no confundir el significado, deteriorado por la manipulación y mal uso del mismo.

“Jubilar” viene del latín “iubilare” que significa, ni más ni menos, que “gritar de alegría”. Todo lo que se deriva de este verbo latino tiene que ver con un profundo sentimiento de alegría.

Si se dice “júbilo”, palabra que casi no se utiliza hoy día, quizás porque andamos bajos de ánimo o porque expresa una forma de alegría que no es políticamente correcta, creo que sería como ir por ahí dando saltos de alegría.

Si decimos “jubilado,da”, lo primero será pensar en alguien que está exultante de júbilo porque, según Diccionario de la Real Academia de la Lengua, es una persona que “cumplido el ciclo laboral establecido para ello, deja de trabajar por su edad y percibe una pensión”.

Otra palabra que hay que mirar con lupa. Viene también del latín: pensio, -ōnis , su significado es “paga”, y a quien se le llama “pensionista” que, atenta siempre al mismo diccionario, “es la persona que tiene derecho a percibir y cobrar una pensión”.

Pero también quiero traer aquí una tercera palabra que además he querido que figure en el título de este escrito: “trabajador,ra”. Adelantando que los tres significados que he encontrado en el muy ilustre Diccionario ya citado, no me dejan serena:

  1. “persona que trabaja”.
  2. “muy aplicado al trabajo” y
  3. “persona que tiene un trabajo retribuido”.

Personas que trabajan hay muchísimas, en los trabajos más diferentes y variopintos, con las remuneraciones más diversas e incluso sin recibir ninguna que pueda ingresarse en cuenta. No creo que se ponga en duda que hay trabajadores aplicándose muchísimo en el acto de trabajar, tanto o más que las que cobran; como las mujeres que ejercen de amas de casa a tiempo completo; personas de todas las edades que colaboran solidaria y desinteresadamente en ONG’s , asumiendo trabajos de acción social que deberían ser asumidos por el Estado si ejerciera como un buen administrador haciendo que el dinero llegara a donde tiene que llegar en beneficio de la sociedad, en vez de a los agujeros negros de las financiaciones corruptas y los rescates bancarios sin devolución.

El tercer significado que ofrece la Academia, es el más consolidado: vinculando trabajo y remuneración. Conclusión: el hecho concreto de la retribución es el que designa qué es un trabajador o trabajadora.

Esta es la ley supuestamente incuestionable en el ideario social actual, bajo la influencia interesada y abusiva de la política, la economía y el sistema financiero.

Me declaro en rebeldía y quiero nombrar a los que acabaron su vida laboral como trabajadores jubilados.

Imagino que muchos de nuestros mayores, que propiciaron con su trabajo y su esfuerzo, el estado del bienestar, no estarán dando saltos de júbilo escuchando que el Fondo de Pensiones está bajo mínimos.

Se observa una creciente mentalización en los medios de comunicación dando voz sobre alternativas a futuro: recuérdese a la Sra. Villalobos del Partido Popular frivolizando sobre el tema; o el último speak del Presidente del Gobierno, Sr. Rajoy, mentalizando al personal de que vayan ahorrando en fondos de pensión para el futuro.

¿Se le habrá olvidado como están los sueldos y  contratos dignos? ¿Ha leído el informe de Cáritas sobre la pobreza en España? ¿Las cifras de la macro-economía le anestesian y no recuerda el reparto del Banco de Alimentos en las pasadas Navidades? …¡Eso sí que son cifras de peso!

Y no puedo dejar de mencionar a la ministra de Empleo y Seguridad social, Sra. Fátima Báñez, que se ha dirigido por carta, a primeros de año, a los “Estimado-a pensionista”, exultante de gozo por los logros del gobierno en el 2017 “avanzando en la senda de la recuperación y el crecimiento”; y “reiterando nuestro compromiso (el del gobierno, creo que dice) con el sistema público de pensiones, de reparto y solidario, del que todos nos sentimos orgullosos”. ¿Quiénes son “todos”? ¡Tendrá vacíos de memoria la ministra y se olvidó del agujero negro abierto en el Fondo-Colchón de los Pensionistas!

La ministra firma una carta -con sonido de fondo de violines- porque a los pensionistas (los llama ella, yo digo trabajadores jubilados) se les sube el 0,25% la pensión, mientras se oyen tambores de guerra cada vez más amenazantes, anunciando recortes en las pensiones. Lo mejor hubiera sido que el gasto del envío de correo, papel y sobre lo hubiera mandado como propina para ir engordando el famélico Fondo de Pensiones.

Una sociedad que no cuida a sus mayores está al borde del abismo, las raíces que la mantienen unida a las anteriores generaciones están siendo arrancadas y como pasa en la naturaleza, el árbol pierde su estabilidad y no puede mantenerse erguido y menos dar fruto.

Una sociedad que no valora la palabra, el trabajo, el esfuerzo y la sabiduría de sus mayores, por muchos avances tecnológicos que haya logrado, es un zombi sin orientación y sin sentidos.

Millones de trabajadores jubilados, sus familias, sus amigos, tú y yo, si es que no hemos perdido la ética, la empatía y el sentido común, debemos recordar a nuestros políticos (los que gobiernan y los que quieren gobernar), que no hemos perdido el derecho al voto y quizás haya que utilizarlo como voto útil más que como voto político.

¡Cuántas familias han subsistido en este país viviendo con la pensión de los trabajadores jubilados esos que en casa se llaman abuelos! Han acogido a hijos y nietos según iban transformándose en el siguiente grupo del que hay que hablar: los trabajadores parados.

Mari Paz López Santos

 

 

 

(*) ¿TRABAJADORES o QUÉ?

http://blogs.21rs.es/paz/   

¿TRABAJADORES o QUÉ?

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Quería empezar como si se lo contara a mis nietos, pero son demasiado pequeños y para cuando sean mayores es muy probable que hayan cambiado las definiciones, ocultaciones e invisibilizaciones en la terminología laboral actual, diseñada para que vayamos comprendiendo que lo de “trabajadores” es una especie difusa en vías de extinción.

Antiguamente, o no tanto, sobre los años 70 del siglo pasado, aún se podía escuchar la palabra “obrero”, que poco a poco fue desapareciendo; también la palabra “empleado” (que suena a antiguo) se fue difuminando.

Aún en los 90, cuando tenías que solventar algún tema de tu trabajo te dirigías al “Departamento de Personal” pero ya en algunas empresas con aires de modernidad se leía en la puerta de ese espacio: “Departamento de Recursos Humanos”.

Cuando empezaron a llamarnos “recurso” por muy “humano” que sea, habría que haberse puesto en guardia, pero no. Se asimiló el término.

La silenciosa transformación lingüística fue en los años de bonanza, aquellos en los que fluía el dinero a espuertas y el “estado de bienestar” soltaba espejismos y migajas como si estuviéramos casi a la entrada de una “civilización del ocio” en la que iba a participar hasta el apuntador. Pero no fue así… llegó el eclipse de espejismo.

Hace ya diez años de la explosión “financiero-nuclear” (por sus repercusiones) de Lemans Bhothers, y las no-políticas económicas y las no-políticas financieras que han ido intubando, apuntalando y enyesando a los que la provocaron a lo largo y ancho del mundo, han silenciado aquello de la “Aldea Global”, que sonaba a corrala de vecinos en los que todos iban a participar, donde la fraternidad y el bienestar iba a ser el nirvana de los pueblos… bla, bla, bla…

En España, hay demasiada gente con denominaciones laborales que no reconoce y que tienen un no sé qué humillante.

El vocabulario se ha hecho extenso para denominar las variedades de asalariados: parece la lista de la compra del “mercado laboral”.

El picadillo de denominaciones es de lo más variado y creativo, desde que los derechos de los trabajadores fueron embuidos en el totum revolutum de reformas laborales, concesiones a grupos económicos, multinacionales, etc.

Hay trabajadores indefinidos: los que tiene contratos indefinidos que dejan de serlo por montón de causas escrupulosamente legales de la reforma laboral.

Hay trabajadores temporales: cuando acaba la temporada o el proyecto se van a la calle

Hay trabajadores a tiempo parcial: unas horitas de trabajo y así entran en las estadísticas.

Hay trabajadores pobres: la precariedad del salario es tal que, trabajen lo que trabajen, no les llega para los mínimos del mes: alimentación, vestido, etc.

Hay trabajadores parados que, con toda naturalidad se les ha diseccionado lo de “trabajadores” y se les conoce sencillamente como “parados”. ¡Qué injusto! Este grupo está formado por todos los que salen de los grupos ya citados anteriormente. Son trabajadores que se ven mano sobre mano o sobre el teclado buscando otro trabajo, antes de que su situación de vuelva crónica.

Hay también un grupo de trabajadores que no se les llama como tal. Es el grupo de los becarios y faltos becarios con contratos de formación interesante formato de contratación, que suelen ser jóvenes, pero que dilatado en el tiempo se convierte en un chollo para las empresas y un no acabar de ser un trabajador en regla.

Hay también trabajadores autónomos que nunca han disfrutado de los mismos derechos que los trabajadores por cuenta ajena; y los ahora llamados falsos autónomos, un formato que se ha prodigado en estos años de crisis: se trata de trabajadores por cuenta ajena, que para trabajar se han de pagar ellos mismos los gastos de Seguridad Social, etc.

Hay otros trabajadores que ya no trabajan, por edad y por el derecho a recibir una justa pensión tras haber aportado a la sociedad tiempo, esfuerzo, profesionalidad y muchos sacrificios: son los jubilados o pensionistas.

Lo dejo para otro momento a ver si rebajo el índice de enfado (suela poco), de cabreo integral, y puedo pensar con lucidez.

 

Mari Paz López Santos

MIENTRAS EL PUEBLO DUERME Mari Paz López Santos

Mientras el pueblo dormía, 20171210_131851

¿Qué hacías?

… ¡Nacía!

Y hoy… ¿qué haces?

¿Duermes o naces?

… Nazco cada día.

2017 años después, mientras el pueblo duerme cansado del trabajo y los afanes del día intentando reposar las preocupaciones, las inquietudes, los problemas, las amenazas, las inseguridades, la pérdida de derechos, la violencia gratuita y sofisticada y el miedo que le suministran como gotas de colirio en los ojos, como medicamento para el cerebro que anestesia su capacidad de discernimiento… suceden cosas. Mientras el pueblo duerme embotado por la manipulación y las mentiras… suceden cosas.

Sí, suceden cosas: buenas acciones que ayuda a contrarrestar el peso de la injusticia sobre las espaldas de hombres, mujeres, niños que ven recortados sus derechos como seres humanos.

En todas las noches de todos tiempos suceden cosas, aunque lo celebremos en una Noche Especial, una Noche Buena. Suceden cosas porque Dios nos viene a ver desde lo mínimo y lo oculto:

  • En los puntos de las estrellas en el cielo que nos cuentan que siempre está ahí.
  • La media sonrisa de un bebé cuando está a punto de dormir y se sabe cuidado.
  • En la mano de quienes salen a recoger en medio del mar a los refugiados huyendo de las guerras y la precariedad económica de sus países.
  • En el grito de quienes exigen a la puerta de los Parlamentos que no se recorte en Educación, Sanidad, Investigación y Acción Social.
  • En los que se acercan a dar comida y compañía a los que duermen en la calle en tantas ciudades del mundo.
  • En la ayuda que proporciona la familia cuando la estructura social es destruida por la corrupción, la avaricia y las medidas de la macroeconomía que destruye la microeconomía.
  • En los acuerdos de Paz.
  • En el fomento de la Unidad y la Solidaridad.
  • En la búsqueda de la Belleza (“Sin belleza no hay salvación” decía el Papa Pablo VI)
  • En la denuncia de los abusos a cualquier ser humano sea quien sea, sin importar su origen, cultura o religión, y mucho menos su capacidad económica.
  • En el reconocimiento de las mujeres como seres humanos libres y no tutelados por añejos poderes políticos, económicos y religiosos.
  • En las Leyes con alma y no con prebendas para los que pueden pagarse las defensas.
  • En los que luchan por que sus culturas milenarias no desaparezcan ante la amenaza de quienes reclaman los recursos de sus tierras.
  • En la Madre Naturaleza prostituida por el peso del crecimiento sin límite.

Mientras el pueblo duerme… ¡Despiértate, pueblo, abre los ojos y mira la Luz!

 

Mari Paz López Santos

SILENCIO, POR FAVOR

El reloj marcaba las cinco y media de la madrugada. Asomada a la ventada de la cocina con un vaso de agua en la mano, contemplé la luna llena en todo su esplendor, al tiempo que escuchaba el sonido del silencio en la gran ciudad.
De vuelta a la cama pensé: “¡Qué bien vendría un gran espacio de silencio para serenar los ánimos y que pudieran abrirse cauces de diálogo, de palabra serena!
Necesitamos silencio. Digerir lo que se nos vino encima. Un silencio reparador del que no pueden estar exentos ni los políticos ni los medios de comunicación.
No pude volver a dormir… así que me puse a escribir. En mi ayuda vino William Shakespeare: “Aprender a descifrar lo que escribe el silencio, escuchar con los ojos, es la inteligencia del corazón”. Necesitamos este silencio que dices, William, pero no sabemos lo que es.
“Deja hablar a tu corazón, interroga los rostros, no escuches las lenguas…”, ahora era Umberto Eco el que intentaba espabilar mi ánimo. Pero resonaban dentro de mí palabras, gritos, discursos, proclamas, abucheos, sirenas, desprecios, amenazas… Gracias, Umberto, por tu consejo.
Mi corazón dijo: ¡Silencio, por favor! Imaginé plazas y calles llenas de gentes en silencio, atentos a la escucha sanadora de las no-palabras, no-gritos, no-discursos, no-proclamas, no-abucheos, no-sirenas, no-desprecios, no amenazas…
El silencio mantenido durante un corto espacio de tiempo me provocó un hondo e intenso bostezo reparador.
“Mantener el silencio, ¡qué extraña palabra! Es el silencio es que nos mantiene”, susurró Georges Bernanos cuando pasé al lado de un libro y ojee al azar unas páginas.
Diste en la clave, Bernanos: es el silencio el que nos mantenía desde el origen de la humanidad, dando vigor y permanencia, conservando nuestro ser esencial. El silencio ha desaparecido de nuestras vidas y andamos encorvados y cayendo en los precipicios que vamos creando.
“Nada ha cambiado tanto la naturaleza del hombre como la pérdida del silencio”, aportó Max Picard a esta extraña conversación.
“Sólo el silencio hace posible la escucha, es decir, la recepción en sí no sólo de la Palabra sino también de Aquel que habla” nos vino a compartir Enzo Bianchi. Traducido para todos, creyentes y no creyentes, nos dice que sólo el silencio hace posible la escucha, es decir, recibir y acoger, dentro de uno mismo, la palabra y a quien la está emitiendo; esperando que el que habló, escuche después la que recibirá de quien le ha escuchado.
Recuperemos el silencio en este tiempo convulso, que sea el primer movimiento que lleve a recuperar el diálogo desde una base sana y pacificadora.
¡Tomen asiento, mírense a la cara y resuelvan la maraña que envuelve a los de siempre: la gente, todos!
Mari Paz López Santos

Citas:
Shakespeare, Eco, Bernanos y Bianchi (“ESPERANZAS”, Ed. Lunwerg)
Max Picard (“Le monde du silence”)