VASO DE LECHE CON CACAO BIEN CALIENTE

Cuando volvía a casa del colegio o de la universidad con gripe, los ojos brillantes por la fiebre y soñando con meterme en la cama, mi madre me preparaba un vaso de leche caliente con cacao (lo pongo así por no citar marcas que ya se hacen ellas suficiente publicidad) y me lo llevaba antes de dormir. Tomaba la leche despacito y luego me arrebujaba en las sábanas sintiéndome especial y amorosamente cuidada, entendiendo que podía abandonarme al sueño.

Ese vaso de leche con cacao de mi madre se me ha quedado impreso por dentro como la esencia del cuidado. Todavía recurro a él cuando me encuentro enferma o cansada, de vuelta de las faenas de cada día.

He leído en Mt 11, 28-30 lo que decía Jesús, que debía ver el panorama a su alrededor complicado: “Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Y, de pronto, me he visto pensando en el vaso de leche caliente con cacao que me daba mi madre. (Ruego a todos los que se sobresalten con mi comentario que, por favor, se lo tomen con la inocencia de un niño o de una niña).

Las palabras de Jesús son savia bendita. Suenan cálidas, sin reproches, sin revisar las vidas de los que ve hechos polvo. Ofrece su hombro, su regazo y su silencio acogedor para aliviar. No dice nada de que les va a solucionar lo que les agobia, ni tampoco que reconducirá la situación que les produce cansancio. No, se ofrece como alivio. Sabe cuidar. Aquí es donde se hizo presente la suave sensación de cuidado de mi madre y el vaso de leche caliente con cacao.

Sigue diciendo algunas cosas más: “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontrareis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. El yugo del Amor hace llevadera la vida de los sencillos, mansos y humildes de corazón. No hay nada más que añadir.

Jesús, maestro en la compasión y del cuidado, se adelanta para aliviar a quienes ve cansados y agobiados… deprimidos, desconcertados, tirados en la calle, echados del trabajo, estafados, timados, desahuciados, amenazados y sin energía para salir de la situación porque supera sus fuerzas.

El vaso de leche caliente con cacao de mi madre representaba la esencia del cuidado, mucho antes de preguntar si me porté bien, hice los deberes, fui a la catequesis, tenía preparado el examen, etc. Es decir, el cuidado y la compasión van antes de los manuales de conversión, del análisis minucioso del pecado, la culpa y el complejo de culpa. Sí, son el primer paso para expresar el Amor que hace milagros.

Aquí lo dejo, voy a ver si consigo quitarme de encima este resfriado… quizás sea el momento de tomar un vaso de leche caliente con cacao. Mi madre ya no me lo puede hacer, pero doy gracias a Dios porque tengo cerca quienes saben de esto y lo practican cuando lo necesito.

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