¿QUÉ ME QUIERES DECIR? (Jn 3, 13-17)

¿Qué me quieres decir desde la cruz? Esta pregunta me suscitó la fiesta que hoy se celebra en la Iglesia: la exaltación de la Santa Cruz.

Hay mucha historia escrita sobre el madero en el que colgaron a Cristo. Hay muchos pequeños trozos de madera esparcidos, como reliquias, en cientos de iglesias por el mundo; tantas que, como escuché una vez, si se juntaran llegarían a formar un frondoso bosque.

Vuelvo de nuevo a la pregunta: ¿Qué me quieres decir desde la cruz?

La cruz es un cruce de caminos. La cruz está plantada en la tierra donde tenemos los pies. Tiene dos caminos: uno, ascendente (quien sube a la cruz quiere seguir en ascenso hacia el Padre); y otro, transversal, como si fuera el inicio de un abrazo (al mundo). Los dos caminos se cruzan en un punto medio donde se genera la tensión propia del Amor.

¡ILEGAL!

 

Dedicado a Yolanda Chavez

 

Me niegan la residencia…

Posibilidad de deportación…”

Dolor, impotencia, rabia…

¿Qué podemos hacer?

 

Desde lo profundo

un grito silencioso

junta palabras y,

sin emitir sonido,

nos susurra al oído:

¡A escribir!

 

Esta vez “a cuatro manos”,

suman menos… ¡da igual!

las dos que faltan, están.

 

 “Cuatro manos” intentando

escribir… denunciar,

escribir… aliviar,

escribir… reconfortar

a estas “dos manos

cansadas, silentes…

 

Cuatro inquietas manos

sobre teclados distantes,

empeñadas en vocear

la in-justicia in-humana

que acorrala,

que maniata estas “dos manos” que se ausentan,

de la habitual ronda de “a seis”.

 

¿Por qué?

por ser i-legal.

Lo dicen

quienes

clasifican

al ser humano

sin pizca de humanidad.

 

Tiempos de oscuridad:

malherido el bien común

en medio de una puja

de poder y capital.

 

¿Es i-legal cuidar a los indefensos?

¿Es i-legal acompañar ancianos?

¿Estudiar? ¿Tener hijos?

¿Reconfortar a los enfermos

en las camas de hospital?

¿Trabajar honradamente?

¿Servir a la comunidad?

¿De verdad es i-legal?

 

Pon rostro y nombre

a las situaciones de in-justicia.

Deja que tu conciencia

permanezca, por un instante,

en el sufrimiento

de quienes viven

sin derecho a vivir.

 

¡Aguanta el dolor…!

¡No huyas

antes de contestar!

 

¿Acaso puede alguien

ser i-legal

en el corazón de Dios?

                                             MARI PAZ LÓPEZ SANTOS y PATRICIA PAZ

EL MAL CON MAYÚSCULAS

Hace unos días conversando con chicos y chicas muy jóvenes pero con muy buena cabeza y ganas de profundizar, derivó la cosa en la figura pintoresca del demonio.

¿No me diréis que creéis en el demonio con cuernos, rabo y pintado de rojo?, dijo de sopetón uno de ellos con cierta ironía, esperando entrar en debate sobre el personaje.

Nos miraban, especialmente interesados, a los que ya peinamos canas, esperando una respuesta sin evasivas ni paños calientes.

Curiosamente acababa de leer un artículo que me había dejado perpleja. Como llevaba la revista en el bolso les comenté mi interés por leerles esta nueva y sofisticada fechoría relacionada con la falta de escrúpulos y la corrupción.

PAÑALES DE ADULTOS, PRECIOS ACORDADOS (*)

“La Comisión Nacional de Mercados y Competencia (CNMC) acaba de imponer la segunda mayor sanción de su historia, 128,8 millones de euros, a ocho fabricantes de pañales de adultos, a su asociación empresarial y, por primera vez en la historia, a cuatro directivos responsables del acuerdo que durante al menos 14 años elevó artificialmente el precio de estos productos. La incontinencia urinaria grave es un problema que afecta a cerca de 2,5 millones de personas en España, pero el fraude que supone llegar a acuerdos para inflar el precio de estos productos no solo perjudica a los directamente afectados, sino a todos los ciudadanos, porque es el Servicio Nacional de Salud quien asume la mayor parte del coste. Llama especialmente la atención la implicación en este cártel de los colegios de farmacéuticos, que firmaron acuerdos secretos para aumentar sus márgenes de venta, y que finalmente se han librado de la sanción porque la infracción había prescrito, una vía de escape legal más que discutible y que no les libra de su responsabilidad por semejante acto en contra de los intereses de los ciudadanos. Son muchos los millones de euros de más que hemos tenido que pagar por culpa de esos acuerdos en una época donde se imponen recortes en Sanidad que podrían no ser necesarios si se hiciera una buena gestión de los recursos públicos. Pero mucho nos tememos que este caso es sola la punta del iceberg de un sistema que beneficia a unos pocos en detrimento de muchos.

La CNMC vela por que se cumplan las normas de Competencia que garantizan la libre elección de los consumidores, aunque su actuación en bastantes ocasiones resulta lenta y sus sanciones poco ejemplares. OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) reclama que se le concedan más medios para que pueda actuar antes y de una forma más contundente, de manera que saltarse las reglas de Competencia salga caro”.

Al finalizar la lectura una catarata de palabras, algunas mal sonantes, caldearon el ambiente: ¡Impresentables!, ¡Corruptos”, “Enfermos de ambición”, “…Y se van de rositas, no hay derecho”, ¡Como pueden hacer eso con la gente mayor”… las malsonantes las dejo a la imaginación del lector.

Hubo algunas miradas interrogantes, como si lo leído no tuviera nada que ver con la pregunta del joven. Así que había que implicarse:

No creo en ese ser maligno con cuernos, rabo y pintado de rojo al que llamamos demonio… demasiado fácil; sería como un viaje por la literatura más que por la vida real.

Creo en el Mal, con mayúsculas. Y todos sabemos lo que es porque muchas veces hemos tenido que elegir camino y actitudes que nos deslizan hacia esa fuerza que provoca sufrimiento, violencia, etc. Sabemos de qué hablamos.

Creo en la sofisticación y creatividad del Mal que se mueve sibilinamente por los más recónditos entresijos del ser humano, que infecta la vida del mundo.

Creo en el Mal organizado. En el artículo, la autora, denomina cártel, palabra archiconocida y relaciona con los narcotraficantes.

Creo en la banalidad del Mal, como definió la filósofa Hanna Arendt, refiriéndose a las atrocidades de los mandos intermedios nazis que eximían su responsabilidad en las crueldades cometidas, por el simple hecho de obedecer órdenes.

Creo que el Mal se va inyectando cuando empieza en lo poco y no hay justicia que lo pare a tiempo; y va dejando a la intemperie personas, pueblos, sociedades, estados… arrinconando y expulsando del sistema a los más débiles, cada vez en mayor número.

Hubo mucha pasión en lo que siguió, también indignación y, por último, unanimidad en la conclusión: las cosas no pueden seguir como están. Hemos de aprender a detectar los efectos del Mal en las muertes violentas, los asesinatos, las violaciones, las persecuciones, las guerras, etc., pero también en las que parece que no atañen o que no entendemos. Hay que ir al meollo de tantas situaciones que están relacionadas con la economía, con la política global, con la ingeniería financiera, con la corrupción en los órganos de poder, en las grandes empresas, etc. Como el ejemplo tratado en el artículo. Pequeños detalles que dejamos pasar de largo porque no parece que tengan relación con el Mal en el mundo.

Planteé al grupo, para que cada cual rumie por su cuenta, la siguiente pregunta:

¿Qué estamos entendiendo cuando, en la oración del Padrenuestro, decimos como broche final: “…Y líbranos del mal. Amén”?

Mari Paz López Santos

 

(*) Ileana Izverniceanu, responsable de relaciones institucionales y prensa. Editorial de la revista “COMPRA MAESTRA” nº 416 julio-agosto 2016, Pág. 6, de la OCU (Organización de Consumidores y Usuarios)       www.ocu.org

TEMPESTAD “INTO” o “OUT”

“En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: “¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!”. Él les dijo: “¡Cobardes! ¡Qué poca fe!”. Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: “¿Quién es este? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!” (Mt 8, 23-27)

 

Aquí estoy pensativa y meditabunda planteándome si la tempestad que aterroriza a los discípulos y a mí, en vez de venir de fuera, está aconteciendo en el interior de cada uno. Tengo que rumiar esto, porque Jesús, hasta dormido, confía.

Duele lo de “cobardes” y “¡qué poca fe”!, es duro después de tanto recorrido, pero real como la vida misma y la debilidad humana y cristiana.

Hay muchas tempestades que nos acosan, que nos quitan el sueño, que nos preocupan. Suceden cada día episodios de tanto sufrimiento que pueden llevarnos a una posición de encorvados que sólo miran hacia abajo, recogiéndose sobre sí mismo, casi en posición fetal.  Pero no, el niño que crece en el vientre de la madre, confía. Es diferente el miedo que atenaza las entrañas del ser humano que doblega y deshumaniza.

Si dejamos que Jesús increpe nuestras tempestades interiores, vendrá la gran calma. Y desde ahí podremos abordar y enfrentar las que vengan desde fuera.

 

Mari Paz López Santos

 

VISIÓN ESTRECHA

 

Segundas Elecciones en España, sigue el espectáculo; Mundial de Futbol y huelgas en París violencia a discreción;  Brexit en Inglaterra: deshojando la margarita, “To be or not to be, that’s the question”; Olimpiadas en Brasil y seguridad confundida con violencia hacia los ciudadanos brasileños como denuncia Amnistía Internacional; las muertes en Orlando (USA); de Siria y el drama de sus gente se habla poco en los medios últimamente.

Y mientras pienso en estos eventos y sucesos cae en mis manos el siguiente comentario del Dalai Lama: “A menudo, ante el menor escollo, estrechamos la visión”.

Los escollos deberían ser avisos que no pasaran desapercibidos y que nos pusieran alerta para que no llegaran a convertirse en impedimentos intransitables en la vida cotidiana de la gente  amenazada cada vez en mayor número.

Un escollo es una molestia, no tengo duda. Pero también puede ser un aviso, una señal que nos ponga en guardia para evitar situaciones que en el futuro se convertirán en grandes problemas. Así sumando pequeños escollos, se va reduciendo el campo de visión hasta de tal forma que sólo se llega a ver el ombligo tanto de personas, sociedades, problemas… el escueto ombligo sin más paisaje que un erial de despropósitos y violencia.

La visión de largo alcance la tiene poca gente tanto para lo bueno como para lo más perverso. El pueblo llano no suele tener ese tipo de visión y cuando se quiere dar cuenta se ve envuelto en una marabunta que no comprende, que provoca miedo porque los escollos son ya tan grandes que no sabe cómo se pueden abordar.

Creo que, estrechando más y más la visión, hemos llegado a un punto en el que estamos delante de un iceberg del tamaño del que se llevó al Titanic al fondo del mar;  ya no hay posibilidad de estrechar más la visión haciendo como que no pasa nada, porque ocupa la pantalla mundial y en este barco vamos todos.

Se estrechó tanto la visión que desapareció lo mínimo indispensable: el sentido común.

Mari Paz López Santos

 

NO-VIOLENCIA CONTRA VIOLENCIA

Escuchando la palabra del evangelio de hoy (Mt 5, 38-42), en modo lectio, he dejado que el eco de la voz de Jesús me adentrara en su innovador mensaje de No-Violencia activa.

En su tiempo, la conocida ley de Talión era un avance legal con aire civilizado; aunque insuficiente para la Ley que él proponía: la del Amor que vence a la violencia.

Complejo el mensaje de Jesús. Poner la otra mejilla… y todo lo demás, síntesis de una vida inmersa en una no-violencia activa, comprometida en hacer desaparecer la violencia que hiere, humilla, provoca sufrimiento y lleva a la muerte de quienes la sufren directa o indirectamente.

En la oración he pedido que la violencia del mal no cumpla su objetivo haciendo que responda con violencia. Que contrarreste con la no-violencia y el amor de los pacíficos, sin agresividad, sin humillación.

Sé que esto está en el límite de lo imposible si sólo se cuenta con las propias fuerzas. También sé que hay que tener el “mobiliario interior” muy bien colocado para evitar la violencia sin que ello suponga inhibirse a la hora de denunciar las injusticias que provocan situaciones de sufrimiento, especialmente en los más necesitados y desprotegidos.

Seguiré mirando atentamente y aprendiendo el fino equilibrio amoroso de Jesús.

En cualquier momento nos llamará a amar a nuestros enemigos, ya sabemos cómo es.

CARTA A LOS 7 MONJES DE TIBHIRINE

 

Mari Paz López Santos

Celebración 20º aniversario de su muerte

21 de mayo (1996-2016)

Queridos hnos. monjes de Tibhirine (Christian, Christophe, Luc, Celestin, Paul, Michel y Bruno):

Durante muchos años vuestro testimonio como comunidad de monjes cristianos en un país musulmán fue silencioso: compartir vuestra vida de oración, trabajo y acogida, atentos a vuestros vecinos y a quienes se acercaban a la hospedería del monasterio. Pero también compartíais el sufrimiento y la inquietud que generaba la violencia que azotaba Argelia en aquellos años, junto a la gente sencilla del pueblo. Como otros muchos religiosos y religiosas que optaron por permanecer aún sabiendo que el precio podía ser el que, finalmente, pagasteis.

Tras vuestro secuestro y muerte, en 1996, y en los años siguientes, a muchas personas en el mundo fue llegando, de una forma casi subliminal… (¿será esto el soplo del Espíritu que no hay quien lo pare?) vuestro testimonio. Se ha esparcido silenciosamente a modo de semillas dormidas bajo tierra, que en la explosión de la primavera se convierten en plantas magníficas, con hojas y flores, distribuyendo el polen de vuestra vida vivida con coherencia, discernimiento y opción comunitaria.

En 2011, la película “DE DIOSES Y HOMBRES” recogía con dignidad, dureza y belleza lo que fueron los últimos tres años de vuestras vidas. Y este acontecimiento os puso en medio del mundo para quien quiera recoger el mensaje de no-violencia, cercanía interreligiosa en la vida desde lo sencillo, desde la oración, desde la ayuda al otro, ya sea cristiano, musulmán o quien se acerque necesitado.

En los tiempos que corren se necesita urgentemente “escucharos” de nuevo. Será a través de lo que dejasteis escrito, como el Testamento de Christian, abierto el 25 de mayo de 1996, en la fiesta de Pentecostés; los libros y textos de muchos de vosotros y los testimonios de quienes os conocieron en persona: también vuestros vecinos y amigos musulmanes; las personas con las que compartíais diálogo interreligioso desde el respeto y los sencillos detalles de la vida.

Y también, como le pasó al San Pablo, los que de alguna forma quedamos “tocados” por vuestra vida, aún sin conoceros personalmente, poniédonos en marcha para ayudar a que la semilla de Tibhirine siga siendo fecunda para la vida de la Iglesia y, muy especialmente, del mundo en este convulso tiempo en donde tenemos que mirarnos en vuestro espejo, para identificar al hermano más allá de la densa bruma de la violencia; con mirada certera, sin caer en el desprecio globalizado. Una filigrana de la que sois maestros y mucho tenemos que aprender.

 

He escrito en otras ocasiones sobre lo recibido a través de vuestro testimonio y, como siempre, creo que debo callar y nuevamente dar la palabra a Christian que, en su Testamento, dice todo lo que hay que decir y en primera persona.

Me uno a su despedida: ¡Amén!… ¡In Shallah!

Mari Paz López Santos

 

Cuando un A-Dios se vislumbra…

Si me sucediera un día –y ese día podría ser hoy–
ser víctima del terrorismo que parece querer abarcar en este momento
a todos los extranjeros que viven en Argelia,
yo quisiera que mi comunidad, mi Iglesia, mi familia,
recuerden que mi vida estaba ENTREGADA a Dios y a este país.
Que ellos acepten que el Único Maestro de toda vida
no podría permanecer ajeno a esta partida brutal.
Que recen por mí.
¿Cómo podría yo ser hallado digno de tal ofrenda?
Que sepan asociar esta muerte a tantas otras tan violentas
y abandonadas en la indiferencia del anonimato.
Mi vida no tiene más valor que otra vida.
Tampoco tiene menos.
En todo caso, no tiene la inocencia de la infancia.
He vivido bastante como para saberme cómplice del mal
que parece, desgraciadamente, prevalecer en el mundo,
inclusive del que podría golpearme ciegamente.
Desearía, llegado el momento, tener ese instante de lucidez
que me permita pedir el perdón de Dios
y el de mis hermanos los hombres,
y perdonar, al mismo tiempo, de todo corazón, a quien me hubiera herido.
Yo no podría desear una muerte semejante.
Me parece importante proclamarlo.
En efecto, no veo cómo podría alegrarme
que este pueblo al que yo amo sea acusado, sin distinción, de mi asesinato.
Sería pagar muy caro lo que se llamará, quizás, la “gracia del martirio”
debérsela a un argelino, quienquiera que sea,
sobre todo si él dice actuar en fidelidad a lo que él cree ser el Islam.
Conozco el desprecio con que se ha podido rodear a los argelinos tomados globalmente.
Conozco también las caricaturas del Islam fomentadas por un cierto islamismo.
Es demasiado fácil creerse con la conciencia tranquila
identificando este camino religioso con los integrismos de sus extremistas.
Argelia y el Islam, para mí son otra cosa, es un cuerpo y un alma.
Lo he proclamado bastante, creo, conociendo bien todo lo que de ellos he recibido,
encontrando muy a menudo en ellos el hilo conductor del Evangelio
que aprendí sobre las rodillas de mi madre, mi primerísima Iglesia,
precisamente en Argelia y, ya desde entonces, en el respeto de los creyentes musulmanes.
Mi muerte, evidentemente, parecerá dar la razón
a los que me han tratado, a la ligera, de ingenuo o de idealista:
“¡qué diga ahora lo que piensa de esto!”
Pero estos tienen que saber que por fin será liberada mi más punzante curiosidad.
Entonces podré, si Dios así lo quiere,
hundir mi mirada en la del Padre
para contemplar con El a Sus hijos del Islam
tal como El los ve, enteramente iluminados por la gloria de Cristo,
frutos de Su Pasión, inundados por el Don del Espíritu,
cuyo gozo secreto será siempre, el de establecer la comunión
y restablecer la semejanza, jugando con las diferencias.
Por esta vida perdida, totalmente mía y totalmente de ellos,
doy gracias a Dios que parece haberla querido enteramente
para este GOZO, contra y a pesar de todo.
En este GRACIAS en el que está todo dicho, de ahora en más, sobre mi vida,
yo os incluyo, por supuesto, amigos de ayer y de hoy,
y a vosotros, amigos de aquí,
junto a mi madre y mi padre, mis hermanas y hermanos y los suyos,
¡el céntuplo concedido, como fue prometido!
Y a ti también, amigo del último instante, que no habrás sabido lo que hacías.
Sí, para ti también quiero este GRACIAS, y este “A-DIOS” en cuyo rostro te contemplo.
Y que nos sea concedido reencontrarnos como ladrones felices
en el paraíso, si así lo quiere Dios, Padre nuestro, tuyo y mío.
                                                                                                      ¡AMEN! IN SHALLAH!

          Argel, 1 de diciembre de 1993
Tibhirine, 1 de enero de 1994

Christian.+

LA VOZ Y LA PALABRA

“Si he perdido la voz en la maleza, me queda la palabra…” decía el poeta Blas de Otero.

Hoy, asumiendo el decreto de mi médico, recetándome al menos tres rigurosos días de absoluto silencio, no me queda otra que decir “Amén”, eso sí, sin emitir sonido alguno; ni  vocales ni consonantes se me permiten.

Abierta estoy a la experiencia de mudez, no como “silencio deliberado y persistente” sino con actitud obediente ante la “imposibilidad física de hablar”. El entrecomillado en cursiva es gentileza del Diccionario de la Real Academia de la Lengua, lugar en donde habitan, bien ordenadas, las palabras de nuestra rica lengua”.

Pero, hagamos caso al poeta, no confundamos la voz con las palabras. Es verdad que hace unos días perdí la voz en la maleza, pero no vayan a creer por ahí que atrapó también a las palabras. No, no, no… porque una cosa es el sonido que anda perjudicado por la dolencia de mi garganta y, otra, son las palabras.

Estas vuelan por dentro, flotando en el aire interior, cuando el sonido está prohibido, por causa del cuidado que se merece para que, más pronto que tarde, pueda ser emitido de nuevo.

Las palabras no se rinden –sabias y con personalidad propia- escapan de la atadura física y salen a chorro en lenguaje escrito. ¡Voilá!… ¡esta salió en francés…así es!.

El imán de la voz al caer en la maleza casi las deja muertas; pero altivas y recompuestas se han hecho presentes, requiriéndome con urgencia que les ponga cuerpo y acabe, con fe, diciendo con el poeta: ¡Me queda la palabra!, por ahora, escrita.

Mari Paz López Santos

 

ESCUCHANDO A LOS NIÑOS – “El robot se ha ido al futuro”

 

Desayunando en la cocina antes de ir al colegio, en un ambiente de juego y con las pilas bien cargadas después de un montón de horas de sueño, Miguel, de ocho años, le dice a su hermano Pablo, de tres:

  • El robot se ha ido al futuro…”.

Pablo, pensativo, pregunta a su hermano:

  • “¿Dónde está el futuro?”.

El mayor le contesta:

  • “El futuro está en el salón… entre los libros”.

Tras unos momentos de silencio, apurando el cuenco de leche con cereales, Pablo se gira mirando a su padre y le pregunta:

  • “Papá, ¿tú has visto el futuro de Miguel?”.

La cara de papá podemos imaginarla, especialmente los que hemos tenido hijos pequeños y vivíamos la aventura diaria de levantarlos de la cama, que se tomaran el desayuno y salir a toda prisa camino del colegio y del trabajo. En ese espacio de tiempo vertiginoso surgen muchas veces conversaciones “existenciales” como la que acabo de describir.

Así son ellos y así nos dejan a los adultos con los ojos de plato y la boca cerrada. Nosotros hace ya mucho tiempo que abandonamos el mundo mágico que ellos mantienen latente, presente y permanentemente amenazante o, al menos, así lo vivimos tantas veces cuando no sabemos elegir palabras para contestar semejantes preguntas.

Los niños son ya el futuro para nosotros y, sin darse cuenta nos lo recuerdan constantemente. El futuro está en cualquier espacio en donde les dejemos crecer de forma creativa, educándolos en libertad, buen humor y, sobre todo, mucho amor.

Dejémonos contagiar por su pensamiento mágico y fantástico que nos trae recuerdos de un pasado remoto al que sólo ellos pueden acercarnos de nuevo, llevándonos en volandas hacia un futuro que es solo suyo, y al que nos invitan si, confiados, nos dejamos llevar de su mano.

¿TE VIENES A CENAR? Mari Paz López Santos, Patricia Paz y Yolanda Chavez

¿Te vienes a cenar?

 

Me invitaron a una cena que promete ser muy especial. Es increíble pero el que firma la invitación es Jesús mismo!! Nadie me lo cree, es que ni yo misma me lo creo, pero ahí está el sobre, sencillo y la tarjeta adentro, dice: “Si tienes hambre, ven”.

Cuando recién me llegó pensé que era una broma de alguno de mis amigos. Imagínense, una invitación firmada por Jesús, quién se lo va a creer. Con el pasar de los días me  llegaron correos de mis amigas Yolanda y Mari Paz y ahí supe que la cosa venía en serio. Es que mis amigas viven en USA y en España y no hay ninguna, o casi ninguna posibilidad, de que mis amigos les puedan hacer la broma a ellas.

Lo otro que me chirriaba  es el tema del hambre, porque ni bien la recibí pensé que se habían equivocado de persona. Con tanta hambre en el mundo, ¿me iba a invitar a mí que pertenezco a la categoría de los privilegiados que tienen satisfechas todas sus necesidades?  Pero de a poco empecé a sentir todas las “hambres” que tengo, que no son precisamente de comida, pero que son muchas y empecé a desear que fuera verdad, aunque seguía dudando.

……..…….

Abrí el buzón del correo con aire distraído. No esperaba recoger más que publicidad y los típicos sobres con ventanita de correspondencia bancaria. Ya nunca llegan cartas con “letra humana” como en otros tiempos.

La primera sorpresa fue aquel sencillo sobre blanco en donde figuraban mi nombre y dirección postal escritos… ¡a mano! Impresionada, di la vuelta para ver quién era el remitente: “Jesús, el de Nazaret”, escrito a bolígrafo en perfecta letra humana.

Esto es una broma o publicidad, pensé mientras me dirigía al ascensor. Abrí con prisa y leí una tarjeta de invitación, también escrita a mano: “Si tienes hambre, ven. Puedes traer a otros, todos están invitados, no importa cuántos”, firmado: “Jesús, el de Nazaret”.

Abrí la puerta, dejé el bolso y las llaves y repetí la operación de lectura. Algo no había entendido o eso era una broma. Quizás un atractivo medio publicitario. Nada. Quedé pensativa y aparté el sobre para volver más tarde. Pero no podía dejar de pensar en esa invitación: “Estoy invitada si es que tengo hambre y puedo ir acompañada por quienes considere que les gustaría asistir imagino que siempre y cuando también tengan verdadera hambre”. ¿A quién le cuento yo esto? Creo que escribiré a mis dos amigas Yolanda y Patricia, que seguramente se sorprenderán pero no creen que digan que estoy loca. Escribir “a seis manos” desde tres partes del mundo nos pone en una dimensión de activas “escuchantes” de la realidad, abiertas a las sorpresas con naturalidad.

………

Aquella madrugada como todos los días, esperaba la ruta que me acerca a mi trabajo en la estación del metro en el centro de Los Ángeles. Esa mañana era como todas; la estación llena de personas apresuradas ascendiendo y descendiendo de las diferentes rutas del metro sin poner atención en los rostros de los transeúntes. De pronto alguien se me acercó “debe ser alguien que necesita dinero para completar su pasaje” pensé, y me apresuré a buscar unas monedas en mi bolso. Era una anciana, confieso que me hubiera gustado relatarles que era una viejecita sonriente y amable, pero no, la anciana que se me acercó tenía el rostro amargado y el aliento alcohólico. Le ofrecí las monedas y ella no las aceptó. Tenía sus manos temblorosas ocupadas con un sobre manchado y maltratado, lo levantó hasta mi cara. “Esto es para ti” dijo, me lo entregó y se fue.

Revisé el sobre, en la parte del remitente estaba escrito: “Jesús de Nazaret” y en la del destinatario mi nombre: “Yolanda”.  Llegó el metro que esperaba, no hubo tiempo de abrir el sobre, a esa hora los vagones del metro van tan llenos que abrirlo y leerlo hubiera sido imposible. Lo guardé en mi bolso, llegué a mi trabajo, y tomé mi lugar en aquel inmenso mar de máquinas de coser. Mientras trabajaba, pensaba: “¿Quién puede conocer mi nombre en la estación del metro?”. Esperé hasta la hora de mi descanso para leer el contenido del sobre, lo abrí y decía: “Hija, sé que tienes hambre, ven. Puedes traer contigo a los que quieran una comida caliente”. Miré a mi alrededor, y pensé: “¿Habrá suficiente para todos ellos?”. No pude dejar de pensar en esa invitación tan personal y cercana. Ya en mi casa, al finalizar la jornada diaria, leía y releía el contenido del sobre. “Si esto es en serio ¿Cómo empiezo a invitar a esa cena especial a todos los que tienen hambre?”. Entonces decidí escribirle a mis amigas: hasta España a Mari Paz y hasta Argentina a Patricia. Seguramente “seis manos” podrán mejor que dos.

……………

Jesús nos convoca a celebrar la Eucarística, la primera, la de siempre, la que no pierde vigencia.  ¿Dónde tenemos que ir? ¿A Jerusalén, como aquella vez?… No,  nos espera en cualquier lugar donde haya gente que tenga hambre y sed de Pan y de Vino, de Justicia y Solidaridad, de Fraternidad y Comunidad; donde haya personas que sufren y se sienten rechazadas por cualquier motivo; entre los que huyen de la guerra o la violencia… “Allí nos encontraremos”, nos ha dicho. “Id, cada una de vosotras, al lugar de vuestro continente en donde penséis que debéis estar convocando e invitando a la Cena a la que yo invito. Sois mensajeras como aquellos que mandé al cruce de los caminos…”

Nos han invitado a una cena muy especial, será íntima y multitudinaria, indicándonos que salgamos a los caminos a buscar comensales. No hay restricciones ni números clausus. No hay que ir de etiqueta ni hay puestos de honor.

Nos han dicho que hagamos llegar la invitación a muchos, que utilicemos los medios a nuestro alcance para que la cena tenga todos los invitados que quieran asistir.

Que se expanda por la redes sociales, que lo transmitamos boca a boca en los encuentros de grupos y comunidades;  en las reuniones de la parroquia, de las vicarías, de las diócesis y en la curia vaticana; en monasterios y conventos, en sinagogas y mezquitas, en cárceles y hospitales, en despachos gubernamentales y en prostíbulos de carretera, en reuniones financieras. Que llegue la invitación a la orilla del Mediterráneo mientras se recogen vidas ateridas y chalecos salvavidas.

A los que viven en la calle, a los que huyen del hambre… Todos estáis invitados, nos ha dicho. Hay muchos sitios, no hay cuotas, ni clases, no se necesitan papeles, no tienes que llevar dinero.

Los niños y las niñas son bienvenidos y serán los que tengan un sitio especial al lado del Anfitrión.

¡Tomad nota!… es el próximo Jueves, el que llaman Santo. ¡Ven, sí tienes hambre…!

Todos los que lean esto, están invitados; y a los que se lo hagan llegar por el medio que sea.  Vayan pensando de qué les gustaría hablar con Jesús y de qué tienen hambre.

No se olviden de contestar añadiendo un comentario en el blog.