Hacer teología es comunicarse

 

 

 

En mi primer post he puesto de relieve las dos bases de mi visión del cristianismo, que era la libertad y la justicia (partiendo de la experiencia de la gracia). Hoy quiero completar aquel esquema, añadiendo otra palabra clave, que es la comunión o comunicación de vida.

            Quiero insistir en la comunicación, entendida como transparencia personal, al servicio de la comunión entre todos los hombres. Jesús ha ofrecido palabra y salud, dignidad y amor, a los excluidos del espacio sagrado (leprosos, pecadores…), suscitando así el rechazo de los poderes establecidos, y lo ha hecho precisamente para que todos los hombres y mujeres puedan comunicarse de modo directo, amoroso y creador.

Precisamente por ello, porque rompía las barreras de poder sagrado del templo y el imperio, le han matado. En un plano, la muerte de Jesús ha sido un asesinato entre otros muchos; pero, al mismo tiempo, ha venido a desvelarse como culminación y compendio de todos ellos, pecado original o central de la humanidad, siendo así también, por gracia del Dios que es Gracia, la revelación plena del Padre. En ese aspecto se puede añadir que la resurrección de Jesús ha sido y es el triunfo de la vida de Dios sobre la muerte y pecado de los hombres: su Cruz y su Pascua es comunicación salvadora. Así decimos que Jesús no resucita en un simple más allá o en una inmensidad aislada, sino en el amor y comunión entre los hombres, partiendo de los pobres y asesinados de la historia, en los que Dios habita.

 

             El mismo Dios creador, Origen y Ser paterno-materno de toda realidad, es victoria sobre la muerte y principio (sentido) de amor que se hace Vida humana en la historia. Por eso decimos que vence a la muerte muriendo por los hombres. No hay primero un Dios en sí (más allá de toda comunión, misterio sin amor) y después comunicación divina. Dios sólo existe (es divino) al darse gratuitamente (Padre), en amor que se entrega hasta la muerte (Hijo) y se comparte (Espíritu Santo). Este ha querido ser y es el tema central de mi reflexión como cristiano intelectual: la verdad del cristianismo es el Dios Creador que se hace presente en la Comunión amorosa (cruz y pascua) de los hombres. Por eso, todo intento de imponer esa verdad cristiana sin diálogo de amor (o desde arriba, por cualquier tipo de jerarquía), es contrario al evangelio.

 

             A veces se ha pensado que la fe es independiente, como un depósito de dogmas o verdades que se aceptan desde arriba (desde fuera) por sí mismos y que sólo después se comunican a los fieles. Según eso, la verdad cristiana tendría sentido y consistencia (realidad) en sí, sin necesidad de expresarse en la vida de los creyentes. Pues bien, en contra de eso, pienso que la fe cristiana sólo existe y se despliega en la medida en que se comunica, en diálogo de amor, pues no hay diferencia entre Ser y Amar, existir en sí y comunicarse.

 

Al servicio de esa comunión, en gozo de amor, están los ministerios de la iglesia y, entre esos ministerios, está la teología (el ministerio que de hecho me ha ofrecido la comunidad cristiana). Por eso, ya no entiendo la teología como un simple esfuerzo de interpretación racional de la fe, sino como un momento de su apertura misionera. En esa línea, ella es comunicación más que comprensión, decir activo más que un entender pasivo; es fides quaerens amorem, fe que se expresa por sí misma como amor compartido y que sólo en ese amor compartido se comprende<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–>.

 

Desde ese fondo quiero presentar la tesis básica de mi teología: «contenido de la comunicación cristiana (Dios es Trinidad, Cristo ha resucitado) se identifica con el principio, camino y meta de la misma comunicación eclesial».

 

Como he dicho,  el principio de la comunicación religiosa (¡hay Dios!, ¡Dios es Cristo!) se expresa y expande en la acción del proceso comunicativo, de manera que el Logos de Dios (Dios es Palabra) se encarna en la palabra de los hombres son al decirse. En ese sentido, podemos decir Logos de  Dios (=Jesús) no se expresa en forma de teoría (teología racional), sino en forma de realización vital (comunicación teológica y/o humana). De ese modo, el evangelio no aparece como algo extraño a comunicación sino como fuente y sentido de esa misma comunicación o diálogo universal. No hay primero verdad y luego diálogo, pues la verdad es el mismo diálogo. De  esa manea no quiero inventar ninguna teología nueva, sino recuperar la más valiosa tradición teológica, desde la visión de los Padres Alejandrinos (como Atanasio y Cirilo, que entendieron a Jesús como Logos o Palabra de Dios), hasta algunos teólogos de la liberación (que entienden la palabra de Jesús  como poder de transformación social). En este contexto quiero contraponer dos perspectivas.

 

(a) Algunos teólogos y analistas culturales siguen suponiendo que la fe existe de forma independiente, como depósito de dogmas o verdades que se aceptan por revelación/autoridad. En esa línea, añaden que la fe existe, que la verdad se encuentra preparada, y que sólo hace falta comunicarla, en un segundo momento, en gesto de información (se dicen verdades) y de testimonio personal. Eso significaría que la fe tendría sentido y consistencia (realidad) en sí misma, fuera de la comunicación creyente. Tendríamos ya la verdad; deberíamos aprender a comunicarla.

 

(b) En contra de eso, pienso que el contenido de la fe cristiana no puede separarse de su comunicación (pues el mismo contenido es comunicación/comunión). En otras palabras, la fe cristiana sólo existe y puede expresarse en forma de comunicación, es decir, de diálogo interhumano (y con Dios). Por eso, el problema no está en comunicar una fe que ya existe (guardada en un tipo de depósito sagrado), sino en la misma comunicación que, como venimos indicando, se identifica con la misma fe cristiana (y en el fondo con la misma humanidad, pues la humanidad es una forma de comunicación). 

No hay humanidad y después comunicación; no hay cristianismo y después comunicación, pues la misma humanidad y el cristianismo son esencialmente “comunicación”. Desde ese fondo, y situándome ya en un contexto cristiano, debo afirmar que la Iglesia es una comunidad comunicativa, una comunidad cuya única tarea y meta consiste en comunicarse, es decir, en el despliegue y surgimiento de una comunicación gratuita, esperanzada, universal, que permita que los hombres y mujeres sean humanos y puedan tener un futuro. Eso significa que no puede hablarse de una verdad cristiana de tipo “ontológico”, fuera del camino del amor, del diálogo de la comunión, pues sólo el amor mutuo (la comunicación de vida) es la verdad <!–[if !supportFootnotes]–>[2]<!–[endif]–>.

 

 

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<!–[if !supportFootnotes]–>[1]<!–[endif]–> Así lo he venido mostrando en algunos libros: Las dimensiones de Dios; Camino del Padre; Sistema, libertad, iglesia: Dios es Palabra. Teodicea cristiana.

<!–[if !supportFootnotes]–>[2]<!–[endif]–> El cristianismo tiene aspectos informativos (que se pueden codificar y aprender, en forma impersonal, incluso en un manual de teología). Pero la verdad del evangelio no es información, sino comunicación personal: no transmite saberes o noticias, sino que ofrece y comparte unas “formas” de vida en encuentro personal, en diálogo afectivo (el amor de Dios sólo se expresa y realiza en el amor al prójimo) y en búsqueda compartida de la vida.

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