Manifiesto de Adviento: “La Virgen ya está encinta y dará a luz un niño…” (Is 7, 10-14).

isaias2[1]

 

Quiero comenzar este tiempo de Adviento en mi blog con un sencillo comentario al texto más significativo de este tiempo:

                                          En aquellos días, el Señor habló a Acaz:

 Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.

Respondió Acaz: “No la pido, no quiero tentar al Señor.

Entonces dijo Dios: “Escucha, casa de David:

¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios?

Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal:

Mirad: la virgen está encinta y da a luz un hijo,

y le pondrá por nombre Emmanuel,

que significa “Dios-con-nosotros” (Is 7, 10-14)

 Encuadre histórico

 Situemos el texto, Estamos hacia el 733 a, de C, Los reyes de la costa siro-pales­tina (de Samaría y de Damasco) quieren oponerse al rey de Asiria, Bus­can el apoyo del rey de Jerusalén, pero Jerusalén se opone, Por eso le declaran guerra y suben dispuestos al com­bate, Tiemblan los habitantes de la ciudad, El rey prepara la defen­sa, Recor­demos que rey es efi­ciente y, conforme a los principios de este mun­do, Debe defenderse, Pero ante el rey se alza el profeta.

          Ya están frente a frente. El rey confía en las armas y en los pactos militares: inspecciona las defensas de la ciudad y espera la ayuda de los egipcios. El profeta confía solamente en Dios; por eso ofrece un signo de carácter religioso. El rey no quiere signos de profetas que rechazan el uso de las armas y que dejan a los hombres indefensos ante la llamada vacía de la gracia, El profeta insiste: “la virgen (la doncella) está encinta y dará a luz un niño…  En un sentido muy profundo, ésta palabra es el final del Antiguo Testamen­to, la más honda pala­bra del Adviento, un signo lleno de hondura:

 Una muchacha encinta. El signo del Adviento

     En estos días en que el Parlamento español está discutiendo la ley del aborto, quiero recordar que nadie pudo abortar el nacimiento del Hijo de Dios, tal como lo había evocado de algún modo Isaías, recogiendo en su mensaje y promesa los deseos de una gran parte de la humanidad. Éstos son los aspectos de fondo de su signo:

1) Éste es ante todo el signo de la paz

 Acab deseaba una señal de guerra: cien mil pares de jinetes bien armados, capaces de triunfar en la batalla. En contra de eso, el profeta le presenta una señal de paz: una muchacha encinta, un niño que ahora nace. Este es camino de Dios sobre la tierra: los grandes varones armados se levantan para la guerra y se comba­ten mutuamente (se dominan, se destruyen) por cues­tiones de poder y de dinero. En contra de eso, la mujer embarazada, el niño frágil pueden presentarse y se presentan como señal de verdadera humanidad, ­signo de Dios sobre la tierra: ellos representan la paz de Dios sobre la batalla de la historia. Frente a la ciudad de guerra del rey emerge aquí la casa de paz para los hombres.

 2) El signo del profeta nos habla de un Dios de vida.

 La guerra de Acaz y de los reyes siro-palestinos se halla al servicio de la muer­te: es signo de violencia que se perpetúa sin fin sobre la tierra, en espiral de destrucciones. Pues bien, en contra de eso, Dios viene a presentarse como un Dios de vida, Por eso, su señal es la mujer que se halla embarazada: mientras haya muchachas que engendren por amor y por amor cuiden al hijo de su entraña podrá hablarse de Dios sobre la tie­rra; mientras nazcan y se eduquen los niños sobre el mundo existe adviento, hay esperanza de reino para el hombre.

 3) El signo se centra en la mujer.

 El texto hebreo dice una donce­lla ha concebido, ­sin especificar de quien se trata: es una mujer joven, capaz ya de engendrar y de ponerse al servicio de la vida. La traducción litúrgica lo mismo que Mt 1, 23 han interpretado esa don­cella como virgen, resaltando de esa forma la presencia de Dios y su mister­io en el camino de la vida. Ahora no podemos precisar las difer­encias que separan esas perspecti­vas, Nos basta con saber que la señal de Dios recibe forma y gestos de mujer,.Frente al poder de los varones que dominan la tierra y se destruyen en violencia, Dios ha decidido salvar la humanidad por el amor de la mujer. No se trata de afirmar que las mujeres sean superiores o mejores.

El texto no se puede inter­pretar en perspectiva moralista. Pero el profe­ta sabe que ellas se encuentran más oprimidas en esta sociedad que está centrada en la violencia político-militar de los varones. Pues bien, desde el fondo de su opresió­n, las mujeres sigue encontrándose al servicio de la vida; por eso pueden prese­ntarse y se presentan como una señal de Dios, son signo de esperanza, Adviento, para todos los humanos.

 4) Señal de Dios es igualmente el niño.

 Por ahora no se sabe si será varón o mujer. Es simplemente un niño, ser pequeño que está nece­sitado de la ayuda y del cariño de los grandes. Recordemos la es­cena: sobre la muralla de Jerusalén están gritando las trompetas; los fuertes varones adultos se preparan para la guerra. Discuten, vocifer­an, pensando que resuelven de esa forma los problemas de la tier­ra. Pues bien, el profeta se ríe (o se sonríe) diciendo: lo verdade­ramente valioso es este niño, como promesa de vida que Dios pone en nuest­ras manos, Siguiendo esa línea, el evangelio dirá que el “reino” de Dios se hace presente en los pequeños, en los pobres y en los niños, en aquellos que no pueden defenderse con su mente o con sus manos. Ciertamente, nosotros interpretaremos este pasaje a la luz del Naci­miento de Jesús (Dios se encarna como niño). Pero nunca podremos entenderlo a no ser que lo miremos desde el fondo de todos los peque­ños y los pobres que también son signo de Dios sobre la tierra.

 5) Por eso, esta señal supone un gesto de protesta social.

 Frente a la grandeza exterior de una sociedad que intenta vencer en forma militar y dominar en actitud de poder o de prestigio (político, reli­gio­so, Cultural… ), el profeta ofrece el signo “pobre” de una mujer y de un niño que están abandonados, marginados, fuera de la guerra de este mundo. Sólo de esa forma, ellos pueden ser representantes de todos los expulsados de la tier­ra: los que no tienen poder, los que terminan derrotados en la guer­ra, La mayoría de los hombres intentamos dominar el mundo por medio de algún tipo .e espada y después nos presentamos como bienhechores de los mismos que oprimimos (cf Mc 10, 35-45). Pues bien, en contra de eso el profeta ha destacado como signo de Dios a los pequeños: la mujer y el niño amenazados, en medio de la guerra.

 6) Dios mismo está presente en el fondo de la escena. Mu­jer encinta y niño recién nacido son signo de Dios sobre la tier­ra: son signo de grandeza verdadera, en medio de las fuerza opresor­as, falsas de este mundo; signo de amor en el centro de un volcán de odios; signo de esperanza allí donde en la guerra parecen ya perderse y acabar todas las esperanzas.

Este Dios de Adviento es, a la vez, Dios de ternura y de poder. Quizá pudiéra­mos decir que Dios es la misma ter­nura, es el amor de corazón, en medio de una tierra que parece aban­donada a la violen­cia; por eso viene a reflejarse en la unidad de madre y niño. ­Pero­, al mismo tiempo, Dios es el poder: frente a las trompetas de la guerra que acaban destruyéndose a sí mismas en gesto de violencia, se desvela aquí la potencia creadora de un amor que triunfa como amor sobre la tierra. Ésta es la revolución de Dios: quiere transformarlo todo desde abajo (desde al amor de madre y niño), p­ara conseguir que este mundo sea lugar de vida y esperanza para todos los mar­ginados. Esta es la señal Advien­to, es la esperanza creadora de la Navid­ad

 7) El signo de Dios recibe un nombre: al niño han de llamarle “Emmanuel”.  Dios con nosotros.

 Volvamos a la escena: el rey de este mundo prepara la guerra y rechaza la señal de Dios. A pesar de eso, el profeta le ofrece la señal: aunque los hombres no quieran aceptarle, Dios insiste; está en el Niño que nace, está la vida que crece, amenaza­da, entre los riesgos de este mundo, En el fondo de esa vida, en la vida de cualquier abandonado o pequeño se halla Dios, el Hijo de Dios que se encarna en la debilidad y en el camino de la historia,.Por eso, el adviento es tiempo de fe: se trata de abrir los ojos y des­cubrir el nacimiento de Dios en la pequeñez de nuestra tierra.

 8) Ésta es la señal que proclaman los antiguos y nuevos profetas.

 ­Adviento es tiempo de profetas: de hombres que saben descu­brir y presentar la señal de Dios en medio de la tierra. Así actuó Isaías, así tenemos que actuar nosotros. Por eso, la celebración de este domingo final del adviento es celebración activa: en medio de la nueva guerra de este mundo, en una sociedad donde parece que se ahoga para siempre la esperanza, entre unos hombres y mujeres dominados por el miedo y la violencia, tenemos que descubrir (preparar y proclamar) la señal de Dios para los hombres.

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