La mujer y las hijas de Lot

0011-0059_lot_und_seine_toechter[1]   Llevo  un mes sin introducir nuevos textos en mi blog, a causa de varias ocupaciones inmediatas (no sé si importantes). Hoy vuelvo y, si Dios quiere, seguiré presentando temas de Mujeres en la Biblia Judia,  es decir, en el Antiguo Testamento. Éste será un blog temático, una especie de curso bíblico sobre mujeres. A ellas en especial, a las mujeres, les pido, si les parece, que entren  comentan.

   La mayor parte de las historias que voy a contar y comentar son “ejemplares”, en el sentido de las Novelas Ejemplares de Cervantes, no porque sean historias a imitar, sino porque nos muestran ejemplos de lo que ha sido y sigue siendo la historia humana.  Aquellas antiguas mujeres de la Biblia nos ayudan a pensr y situarnos ante la vida.

   Con esto sigo o, mejor dicho, empiezo: cada dos días una mujer o historia de muejres en la Biblia.  Yo voy a disfrutar. Espero que disfrutéis vosotros.

  

La historia de Lot y sus mujeres forma parte del ciclo de Abraham, de quien es sobrino (cf. Gen 11, 31). En ese contexto, recogiendo narraciones populares de tipo etiológico y burlesco, algunos israelitas, que se sienten más vinculados con Abrahán y sus promesas, han tenido el atrevimiento de mofarse de la mujer y las hijas de Lot.[1].

La mujer aparece de manera expresa como “no creyente”, pues no escucha el mandato de Dios que les pide que no se vuelvan hacia atrás, que no miren con añoranza a las ciudades que van a ser destruidas por perversas. Lot y sus hijas obedecen, y no se vuelven, pero la mujer no escuchó: «Miró hacia atrás y se convirtió en estatua de sal» (Gen 19, 16). Sin duda, el texto tiene un sentido etiológico (popular) y quiere “explicar” el origen de algunos pilares de sal, de tipo antropomorfo que aún pueden verse en las riberas del Mar Muerto, mostrando, al mismo tiempo, el riesgo de la falta de fe.

El tema de una mujer convertida en piedra o montaña aparece en diversas culturas, a veces con sentido positivo, para identificarla con la madre tierra, fuente de bendiciones y vida. Sin embargo, nuestro texto ofrece dos variantes significativas. (a) El pecado “original” de la mujer de Lot (y de otras mujeres) sería la vuelta atrás, retornar a la tierra y cerrarse en el pasado, en vez de abrirse a la palabra y promesa de Dios. (b) La condena es volverse estatua estéril de sal (no montaña viva), al lado de un mar muerto. Así, condenada a la esterilidad eterna, la mujer de Lot es signo del fracaso mayor de una mujer, hecha para dar vida. Vivir es mirar hacia adelante. Quien se fija y detiene solamente en el pasado se convierte en estatua de sal.

A diferencia de su madre, las hijas de Lot han escuchado la palabra de Dios y siguen a su padre, abandonando la tierra maldita, arrasada por el fuego de la muerte. Se han salvado de la destrucción, pero viven con su padre a solas, en una tierra sin hombres que puedan “darles” hijos. En ese contexto, algunas tradiciones israelitas de carácter burlesco e injurioso han descrito el origen incestuoso de sus “parientes” moabitas y amonitas, jugando con la etimología (popular) de sus nombres:

 

Subió Lot desde Soar y se quedó a vivir en el monte con sus dos hijas… y se instalaron en una cueva. La mayor dijo a la pequeña: «Nuestro padre es viejo y no hay ningún hombre en el país que se una a nosotras, como se hace en todo el mundo. Ven, vamos a llenarle de vino, nos acostaremos con él y así engendraremos descendencia». En efecto, dieron vino a su padre aquella misma noche, y entró la mayor y se acostó con su padre, sin que él se enterase de cuándo se acostó y se levantó.

Al día siguiente dijo la mayor a la pequeña: «Mira, yo me he acostado anoche con mi padre. Vamos a llenarle también de vino esta noche, y entras tú a acostarte con él, y así engendraremos de nuestro padre descendencia». Dieron, pues, también aquella noche vino a su padre, y levantándose la pequeña se acostó con él, sin que él se enterase de cuándo ella se acostó ni cuándo se levantó. Las dos hijas de Lot concibieron de su padre. La mayor dio a luz un hijo, y le llamó Moab [que se interpretaría como mi-abi, es decir, de mi padre): es el padre de los actuales moabitas. La pequeña también dio a luz un hijo, y le llamó Ben Ammí [que se interpretaría como hijo de mi madre o, quizá, de mi pariente]: es el padre de los actuales amonitas (Gen 19, 30-38).

 

No estamos ante un hecho histórico, sino ante un “mito de origen”, elaborado por unos israelitas que desprecian y condenan a sus vecinos moabitas y amonitas, acusándoles de un origen incestuoso, contrario a las buenas costumbres matrimoniales de Israel. Las hijas de Lot actúan como si no hubiera más hombres en la tierra y, en esas condiciones, fieles a su destino de dar vida, buscan la forma de hacerlo. Resulta difícil enjuiciar su conducta con categorías de moral convencional. En una situación desesperada, ellas optan por la vida y lo hacen de la única manera a su alcance. El texto no dice lo que pasa después, pero supone que los hijos de estas mujeres crecieron y encontraron más seres humanos para relacionarse y tener hijos con ellos.

0078-0193_lot_und_seine_toechter[2] (de sus enemigos moabitas y amonitas), diciendo que son hijos del incesto entre un padre borracho y unas hijas ávidas de maternidad. Es evidente que la Biblia no juzga, pero da la impresión de que apoya la burla (¡y mentira!) de los creadores de este pasaje, mofándose de las madres de los moabitas y amonitas, de una manera que hoy nos resulta insoportable (aunque quizá deba entenderse en clave de ironía). Desde la perspectiva actual resulta más comprensible el gesto de las mujeres (¡en caso de que fuera histórico!) que la burla de aquellos que desprecian y calumnian de esa forma a sus vecinos, “inventando” así la historia de sus madres.

 

 


[1] Además de comentarios a Gen, cf. L. R. Helyer, The Separation of Abram and Lot: Its Significance in the Patriarchal Narratives, JSOT 26 (1983) 77–88; R. Kilian, Zur Uberlieferungsgeschichte Lots, BZ 14 (1970) 23–37; C. Westermann, The Promises to the Fathers: Studies on the Patriarchal Narratives, Fortress, Philadelphia 1980.

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