Séfora, mujer de Moisés[1]

biblia05[1]Como he señalado en la entrada anterior,   Moisés ha podido vivir por la ayuda de tres mujeres (madre, hermana e hija del Faraón). Pues bien, siendo ya mayor, él ha creado disturbios en Egipto (por ponerse al servicio de los oprimidos) y ha tenido que escaparse, porque el faraón le persigue. En este momento ya no puede liberarla su “madre egipcia”, pero encuentra otras mujeres que le esperan junto a un pozo de Madián (según un motivo, de tipo matrimonial, que aparece ya en las bodas de Isaac y Jacob: cf. Gen 24 y 29): 

             Moisés huyó del Faraón y se refugió en el país de Madián y se sentó junto a un pozo. Tenía el sacerdote de Madián siete hijas que fueron a sacar agua, y llenar los pilones, para abrevar las ovejas de su padre. Pero vinieron los pastores y las echaron. Entonces, Moisés se levantó, salió en su defensa y abrevó su rebaño.

Cuando ellas volvieron donde su padre… éste les dijo: ¿cómo es que venís hoy tan pronto? Respondieron: “Un egipcio nos libró de las manos de los pastores y además sacó agua para nosotras y abrevó el rebaño”. Preguntó entonces a sus hijas: “¿Y dónde está? ¿Cómo habéis dejado ira a este hombre? Llamadle para que coma”. Aceptó Moisés morar con aquel hombre, que le dio a su hija Séfora como esposa. Ésta dio a luz un hijo, y Moisés le llamó Gersón… (Ex 2, 15-22)

 

 Sabemos ya, por Gen 25,1-4, que los madianitas forman parte de la descendencia de Abrahán a través de Quetura, la última de sus mujeres. Pues bien, ellos reciben a Moisés, ofreciéndole familia, casa y matrimonio, pero él busca en realidad a Dios que le sale al encuentro como llama de fuego, que arde sin consumirse, en una zarza, mandándole a liberar a los hebreos de Egipto. Él obedece y se pone en camino con su mujer y su hijo (Ex 4, 20 pone “hijos”; cf. Ex 18, 2-4):

 

Y en un albergue del camino le salió al encuentro Yahvé y quiso darle muerte. Tomó entonces Séfora un cuchillo de pedernal, y cortando el prepucio de su hijo, tocó con él las “partes” de Moisés y dijo: «Tú eres para mí esposo de sangre». Y Yahvé le soltó. Ella había dicho “esposo de sangre” por la circuncisión (Ex 4, 24-26)

 

Éste es un relato misterioso, que pone de relieve la importancia de Séfora en la historia bíblica. Moisés se ha puesto en marcha, con su esposa y con su hijo, para cumplir la voluntad de Dios, pero en medio de la noche siente miedo. El mismo Yahvé, que le ha enviado como libertador de los hebreos, se le muestra en el sueño y en la fiebre, como un fantasma, un enemigo, de manera que él parece agonizar, en medio de terrores y dificultades.

 

Parece que Dios mismo persigue a Moisés, en el albergue donde pasa la noche con su esposa y con su hijo. ¿Qué le falta? ¿Dónde está el problema? Él no lo sabe, pero los sabe su mujer, la única persona que puede ayudarle, una madianita que le acompaña, dejando a su padre y a su pueblo en el desierto, para compartir con él la gran tarea de la liberación del pueblo.

Más adelante, en un contexto distinto (Num 25), la Biblia Judía resaltará el peligro de las mujeres madianitas/moabitas, que “tientan” a los israelitas para que abandonen su condición de pueblo elegido. Pues bien, aquí estamos ante un caso opuesto. Precisamente Séfora, hija de un sacerdote madianita, esposa de Moisés, puede liberarle del terror (del Dios Terror), circuncidando al hijo en señal de sometimiento (obediencia a Dios) y “tocando” sacralmente las partes sexuales de Moisés a fin de prepararle de esa forma para la tarea que él debe realizar.

Séfora la madianita aparece así realizando una función “sacerdotal”, como mediadora de salvación para Moisés, curándole de su enfermedad en el camino, haciendo lo que él debía haber hecho (circuncidar a su hijo y quizá circuncidarse él mismo). Sólo entonces Yahvé soltó a Moisés, que pudo liberarse del Dios del terror en medio de la noche, de manera que a la mañana siguió su camino. Esta tradición supone, según eso, que ella, una mujer extranjera (madianita), conocía los planes de Dios mejor que Moisés, unos planes vinculados con la circuncisión del hijo. Sólo ella, como hija del sacerdote de Madián (y quizá como sacerdotisa) pudo liberar a Moisés del Dios del terror en la noche.

Este pasaje supone que Moisés ha realizado su tarea de liberador por la ayuda de Séfora y sus hijos, como israelita/madianita. De todas formas, en un pasaje posterior, tras la salida de Egipto y el paso por el Mar Rojo, el texto supone que Moisés había dejado a su mujer y a sus hijos con Jetró, su suegro, que se los viene a entregar cuando vuelven de Egipto y pasan de nuevo junto a la montaña donde él había visto a Dios en el principio (Ex 3) y donde ahora llega para recibir sus mandamientos con todo el pueblo (Ex 19 ss).

Conforme a este nuevo pasaje, Jetró sale con Séfora y sus hijos, al encuentro de Moisés, en el lugar de la montaña sagrada, para ofrecerle su experiencia de sacerdote y juez (Ex 18, 2-6). Este capítulo (Ex 18) pone de relieve las relaciones amistosas y familiares entre Jetró y Moisés, entre Israel y los madianitas, en contra de otros pasajes donde los madianitas aparecen como enemigos del pueblo de Dios.

 

Pues bien, en este contexto resulta fundamental el hecho de que el mismo Moisés, que va a subir a la montaña para realizar la alianza y recibir los mandamientos de Dios (Ex 19-20), aparece expresamente como hombre casado con una mujer madianita, que le ha traído sus hijos, en contra de la tradición posterior que prohíbe que los israelitas se casen con mujeres extranjeras. En una línea convergente, más tarde, Num 12, 1-2 supone que Moisés se ha casado también con una “cusita”, de la zona sur de Egipto y que ese motivo ha sido causa de controversia para sus hermanos (María y Aarón) que se rebelan contra la pretensión “exclusivista” de Moisés, apareciendo también como “receptores de la revelación divina”. Y con esto pasamos al tema siguiente, del que trataremos el próximo día, en esta colección de textos  de mujeres de la Biblia Judía.

 


[1] G. W. Coats, Moses in Midian, JBL 92 (1973) 3–10; C. Houtman, Exodus 4:24–26 and Its Interpretation, JNSL 11 (1983) 81–105; L. Kaplan, And the Lord Sought to Kill Him” (Exod 4:24): Yet Once Again, HAR 5 (1981) 65–74; B. P. Robinson Zipporah to the Rescue: A Contextual Study of Exodus IV 24–26, VT 36 (1986) 447–61; S. Ackerman, “Why Is Miriam also among the Prophets? (and Is Zipporah among the Priests?), JBL 121 (2002) 47-80.

Discussion area - Dejar un comentario