Mujeres de la Biblia. La mujer sabia de Tecoa[1]

star_of_david_israel_v2_hat-p148596841068907981trhi_210[1]Entre las mujeres sabias de la Biblia destaca una de Tecoa (2 Sam 14), cuya parábola/discurso puede compararse al de Natán que aparece poco antes en la Biblia (2 Sam 12). Natán es profeta real y puede venir directamente y hablar por sí mismo ante David, en su propio nombre. Por el contrario, la sabia de Técoa parece menos conocida (¡no se recuerda ni su nombre, sólo su pueblo de origen, pero ella ha debido tener gran fama como creadora de parábolas, pues Joab (general de David) la contrata para que interceda por Absalón, que se ha refugiado en el territorio de Guesur, tras haber matado a su medio hermano Ammón, por la forma en que éste ha violado a → Tamar, su hermana. Sólo una mujer como ella puede interceder así ante el rey:

 

Texto

(Introducción). Entonces Joab mandó a traer de Tecoa a una mujer sabia, y le dijo: «Por favor, finge que estás de duelo. Ponte un vestido de luto y no te unjas con aceite; antes bien, aparenta ser una mujer que hace tiempo guarda luto por algún muerto. Luego entra a la presencia del rey y habla con él de esta manera… Y Joab puso las palabras en su boca». Aquella mujer de Tecoa vino al rey, se postró en tierra sobre su rostro haciendo reverencia y dijo: «¡Socórreme, oh rey!». El rey le preguntó: «¿Qué te pasa?». Ella respondió:

(Discurso de la mujer) ¡Ay de mí! Soy una mujer viuda; mi marido ha muerto. Tu sierva tenía dos hijos. Pero los dos pelearon en el campo, y no habiendo quien los separase, el uno hirió al otro y lo mató. Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo: ¡Entrega al que mató a su hermano, para que lo matemos por la vida de su hermano a quien mató, y destruyamos también al heredero!. ¡Así extinguirán el carbón encendido que me queda, no dejando a mi marido nombre ni descendencia sobre la tierra!

(Reacción del rey) Entonces el rey dijo a la mujer: Ve a tu casa, que yo me ocuparé de tu caso. Y la mujer de Tecoa dijo al rey: «¡Oh mi señor el rey, sea la culpa sobre mí y sobre mi casa paterna! Pero el rey y su trono sean sin culpa». El rey dijo: «Al que hable contra ti, tráelo a mí; y no te molestará más». Entonces ella dijo: «Acuérdate, por favor, oh rey, de Yahavé, tu Dios, para que el vengador de la sangre no siga destruyendo, no sea que destruya a mi hijo». Él respondió: «¡Vive Yahvé, que no caerá en tierra ni un cabello de la cabeza de tu hijo!».

(Aplicación) Dijo la mujer: «Por favor, permite que tu sierva diga una palabra a mi señor el rey». Él dijo: «Habla». Entonces dijo la mujer: «Con lo que acabas de decir te condenas a ti mismo, porque al no dejar que vuelva el desterrado estás maquinando contra el pueblo de Dios. A la verdad, todos hemos de morir; somos como el agua derramada en la tierra, que no se puede recoger. Pero Dios no quita la vida, sino que quiere que el desterrado no siga desterrado. He venido ahora para decir esto a mi señor el rey, aunque algunos me han metido miedo. Pero tu sierva pensó: Hablaré al rey; quizás él haga lo que su sierva le diga» (2 Sam 14, 2-16)

 Comentarios

Ciertamente (como muestra la introducción), se trata de un discurso pensado en el fondo por Joab, pero solo una mujer como esta sabia de Tecoa puede escenificar ese discurso y presentarlo ante el rey, logrando que él se implique en la trama, de manera que termina por romper la cadena de muerte y venganza que pende sobre su familia, poniendo en riesgo la vida de sus hijos. Para Joab puede tratarse de un caso político: ¡Él es partidario de Absalón en la lucha por la herencia del trono de David y por eso le defiende, queriendo que vuelva del exilio! Para la mujer sabia de ese caso se convierte en principio universal de una nueva visión de la justicia, que supera la ley del talión.

 

Por eso, ella plantea el tema en forma de parábola personal, presentándose como una viuda con dos hijos, uno de los cuales ha matado al otro, corriendo después el riesgo de ser matado a su vez, conforme a la “justicia del talión”. Ella no dice quién tenía razón (eso no importa). Los dos aparecen en su discurso como iguales, de forma simétrica. Se han enfrentado entre sí, como Caín y Abel (Gen 4). Uno ha muerto. Según la ley de la venganza de sangre, el otro también debe morir (¡tienen que matarle!).

 

Ciertamente, si matan al hermano que queda se cumplirá la justicia, pero se destruirá toda la familia, de manera que, si se aplicara este caso de un modo universal, la misma vida en el mundo se volvería imposible, como sabe el Dios de Gen 4, cuando deja con vida a Caín, porque aplicando la cadena de sangre para vengar a todos los asesinados, al final no quedaría nadie en el mundo. La ley de justicia y venganza infinita pone en riesgo la vida; por eso es necesario parar esa ley, detener la venganza, superar el talión.

 

Esta mujer ha presentado su caso en primera persona, no como un principio jurídico general, sino como expresión de su amor de madre, que es capaz de perdonar, por encima de la ley, a su hijo culpable, pues ella es misericordiosa y, además, no quiere que mueran todos sus hijos. Le ha mandado Joab, pero ella no necesita repetir las razones del general de David (que tiene otras miras, al apoyar a Absalón). Lo que ella quiere es que pueda mantenerse en el mundo la vida y así lo dice como mujer y madre.

 

Pues bien, el rey que, en cuanto tal, debía apoyar la venganza de sangre, se deja convencer por la razón de esta mujer y de esa forma (asumiendo la lógica femenina y materna de la mujer sabia) se compromete a defenderla, impidiendo que la Justicia mate a su segundo hijo (aunque sea culpable). Estamos, sin duda, ante un problema de defensa de la vida por encima de la pura ley, que no logra garantizarla.

 

En ese fondo, cuando el rey le ha dado la palabra de que no dejará matar al “culpable”, se entiende de la sabiduría de esta mujer, que aplica su caso (su parábola personal) al caso personal del rey, que mantiene desterrado a un hijo porque ha matado a otro de sus hijos. En este contexto, universalizando su experiencia y “teología de madre”, esta mujer de Tecoa ofrece una de las definiciones más profundas de Dios y de la vida que encontramos en la Biblia Judía y en la literatura universal:

 

Los hombres somos como agua derramada,

que se va sin remedio,

pero Dios quiere la vida (2 Sam 14, 14)

 

Así entiende la historia esta mujer. Los hombres están dispuestos a “derramar” la sangre de la vida, como agua que se va y se pierde. Pero Dios ama la vida. Por eso, frente a los que quieren cumplir la justicia matando sin más a todos los culpables (en cadena de acción y reacción de muerte), ella, que puede hablar desde la experiencia de sus hijos (seguramente los tiene), sabe que sólo rompiendo la cadena de muertes que exige la ley de la venganza se puede vivir en este mundo. De esa manera nos ofrece uno de los testimonios más hondos de la Biblia Judía.

 


[1] Para una visión general del tema, cf. R. Lux, Die Weisen Israels, Meister der Sprache, Lehrer des Volkes, Quelle des Lebens, Evangelische V., Leipzig 1992. Para un estudio de la sabiduría desde una perspectiva de mujer, cf. A. Brenner (ed.), A Feminist Companion to Samuel and Kings, Sheffield Academic Press 2000; I. Fischer, Gotteslehrerinnen. Weise Frauen und Frau Weisheit im Alten Testament, Kohlhammer, Stuttgart 2006; S. Lafont, Femmes, droit et justice dans l’Antiquité orientale. Contribution à l’étude du droit pénal au Proche-Orient ancien (OBO 165), Freiburg (Schweiz) 1999.

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