La reina Madre como Bebira. Maacá

1. La madre del rey como gebîra[1]

 El hombre israelita es geber (fuerte, valioso) como guerrero y gobernante. Por el contrario, en principio, la mujer es gebîra (también valiosa) como madre, pues como simple esposa ella se encuentra a merced del marido que puede tener otras mujeres y expulsarla además o divorciarse de ella por ley (cf. Dt 24, 1-4). Sólo como madre la mujer se vuelve importante en la familia. El hombre es rey por sí mismo; la mujer, en cambio, no es gebîra/reina ni por sí ni por su esposo, sino como madre de un hijo rey, como lo fue Betsabé en tiempo deSalomón (su hijo), que le recibe con honor y la sienta a su derecha (1 Rey 2, 19; cf. 2 Rey 1l, 1ss). Por eso, el libro de los Reyes no menciona a las esposas de los reyes, sino a sus madres, que reciben la dignidad oficial de gebîra en la entronización del hijo (cf. 2 Rey 23, 31.36; 24, 8.18) y la conservaban incluso después de la muerte de ese hijo (cf. 1 Rey 15, 13).

En cuanto esposa, la mujer pertenece al mundo privado del esposo, de manera que, en sí misma, ella carece de rango oficial. Por el contrario, en cuanto madre, ella adquiere dignidad y aparece como símbolo de vida (fuente de la vida), ocupando así un lugar especial en el reino. Mientras el hijo es menor no tiene autoridad, está bajo la madre, en casa de ella (si el padre tiene varias mujeres). Sólo como madre de un hijo importante (y en especial del rey) una mujer se vuelve gebîra.

 

«Ese título llevaba consigo dignidad y poderes especiales. Betsabé era ciertamente gebîra bajó Salomón: este la recibe con gran honor y la sienta a su derecha, 1 Rey 2, 19. El poder de la reina madre no se basaba únicamente en el crédito que una madre tiene sobre su hijo, como en el caso de Betsabé, sino que iba mucho más lejos. Por abusar de tal poder, Maacá fue privada de su dignidad de reina madre por Asá, 1 Rey 15, 13. Esta dignidad de la reina madre explica que Atalía se apoderase tan fácilmente del poder a la muerte de Ococías, 2 Rey 11, 1s. Esta posición oficial dentro del reino justifica que el libro de los Reyes mencione el nombre de la madre del rey en la introducción de cada reinado de Judá…

Es posible que la dignidad de gebîra se confiriese en el momento de la entronización del hijo. Es lo que parece indicar el destino de Jamutal, esposa de Josías, que fue reina madre en tiempo de Joacaz, su hijo… (2 Rey 23, 31). Es posible también que la madre recibiese el título de gebîra desde el momento en que el hijo era designado para la sucesión, como parece sugerirlo 2 Par 11, 21-22. Parece ser que la reina madre conservaba su dignidad aún después de la muerte del hijo. Así Maacá, desposa de Roboam, sigue siendo gebîra bajo su nieto Asá, después del corto reinado de su hijo Abias, 1 Rey 15, 13. Del mismo texto se deduce que la gebîra podía ser destituida por el rey: Maacá había favorecido el culto de Asherá»[2].

En este contexto debemos añadir que las gebîras han podido tener cierto influjo en los temas de culto, como veremos al hablar de → Maacá, Jezabel y Atalía. Lógicamente, en esa línea, las mujeres (y sobre todo las extranjeras) han podido ser presentadas como responsables de la apostasía religioso/social de Israel. Así, G. W. Ahlström[3] sostiene que la reina madre actuaba como “pareja sagrada” en el ritual del “hieros gamos” o matrimonio sagrado que se celebraba en el templo de Jerusalén, que hasta el tiempo del exilio (o, al menos, de la reforma de Josías, en torno al 621 a. C.) nunca estuvo dedicado sólo a Yahvé, sino a Yahvé y su → Ashera. Por su parte, S. Terrien[4] piensa que la reina madre representaba uno de los elementos cúlticos del mito de Jerusalén como omphalos, ombligo o centro del mundo, un tema que aparecía también en otros elementos de su culto (prostitución sagrada, rituales solares, serpiente divina…); esos elementos, en principio extraños a la religión israelita, formarían parte del culto “jebuseo” (cananeo) de la ciudad sagrada que David había conquistado y en la que Salomón construyó un templo que quería ser yahvista, pero que admitía los cultos cananeos anteriores de tipo cósmico y dual (Dios/Diosa).

 Ese tema (el carácter sincretista del primer templo de Jerusalén) puede y debe seguir siendo discutido. Aquí sólo quiero evocar la historia de tres gebîras (Maacá, Jezabel y Atalías) que ofrecen unos rasgos convergentes muy significativos: (1) Tienen un origen no israelita, aunque en el caso Maacá no es claro. (2) Defienden el culto de la Ashera y/o de Baal; (3) Han sido destronadas.

 

2. Maacá y la imagen de Astarté

 

La Biblia Judía recuerda a dos mujeres importantes de ese nombre. La primera es la hija del rey arameo de Guesur, con la que David se casó por razones diplomáticas, y que fue madre de → Tamar  y también de Absalón, que mató a su medio hermano Amón, por haber violado a Tamar, siendo el primero que intentó apoderarse del trono de su padre, muriendo en el intento. La segunda Maacá, de la que aquí hablaremos, tiene un origen más discutido, de manera que algunos afirman que podía ser una princesa extranjera. Pero es quizá mejor aceptar al pie de la letra el texto de 1 Rey 15, 2 donde se dice que Maacá (esposa de Roboam y madre de su hijo, Abias) era hija de Absalón, y que llevaba, de un modo normal, el nombre de su abuela. Así parece confirmarlo el libro de Crónicas cuando afirma que el rey Roboam tenía 18 esposas y 70 concubinas, pero que «quería a Maacá, con la que se había casado, más que a todas las restantes mujeres» (2 Cron 11, 20-21), de manera que su hijo Abías fue heredero del trono, a pesar de no ser el primogénito.

En ese contexto se entiende la política religiosa de Roboam (931-913 a.C.), hijo de Salomón, y la de Abías (913-911 a.C.), su nieto, ambos influidos por Maacá (hija de Absalón y nieta del rey de Guesur), que debía ser una mujer poderosa, pues determinó la política religiosa del reino de Judá, manteniendo las tradiciones antiguas de Canaán, con los signos de Baal y Ashera, con estelas y árboles sagrados, e incluso con la prostitución sagrada (con los signos del dios y de la diosa) en el mismo templo de Jerusalén (1 Rey 14, 22-24). Ella influyó también en el breve reinado de su hijo Abías, pero su fortuna y su influjo cambio en tiempos de su nieto Asá (911-870 a. C.) que, por razones que desconocemos, optó por un tipo de yahvismo más estricto:

 

El año veinte de Jeroboam, rey de Israel, comenzó a reinar Asá en Judá. Reinó 41 años en Jerusalén; su abuela se llamaba Maacá, hija de Absalón. Asá hizo lo recto a los ojos de Yahvé, como David su padre. Expulsó de la tierra a los consagrados a la prostitución sagrada (qedeshim), y quitó todos los ídolos que sus padres habían hecho. Incluso llegó a quitar a su abuela Maacá el título de gebîra porque había hecho un ídolo para Astarté. Asá abatió este ídolo (=horror) y lo quemó en el torrente Cedrón (1 Rey 15, 9-13).

 

 En el contexto anterior se entiende ese gesto de Maacá “que hizo un ídolo/imagen de → Astarte”, es decir, de la esposa divina, colocándolo sin duda en el templo, al lado de Yahvé, del que se dirá en la tradición posterior que ha de ser un Dios sin imagen[5]. Si se hubiera tratado de un gesto privado, es decir, si ella se hubiera limitado a venerar una estatua de Astarté en su casa, no hubiera pasado nada. Pero actuó como “reina madre”, es decir, como la autoridad femenina más grande del reino, queriendo favorecer (al lado de Yahvé, sin duda) a la gran diosa, que podía provenir del reino de Gesur, lugar de origen de Maacá, su abuela, pero que era también muy conocida en las tierras de Israel. Se trataba, probablemente, de una “diosa de madera”, que se puede quemar, una imagen humana/materna, pero podía recibir también la forma de un tronco sagrado, pues árboles y troncos eran signos de divinidad femenina.

En este contexto se dice que Asá “expulsó a los qedeshim”, prostitutos sagrados (en masculino). Resultan más conocidas en oriente antiguo las prostitutas sagradas, vinculadas a un templo, como signo de la sacralidad femenina. Pero también son conocidos los prostitutos, especialmente dedicados al culto de la diosa. Ellos habrían sido protegidos por Maacá. El texto supone que destitución de Maacá, de la que su nieto se desvincula (quitándole su dignidad de gebîra), no se ha realizado de un modo violento, es decir, matándola (pues de lo contrario el texto lo había dicho). Asá tampoco ha matado a los prostitutos, sino que los ha “expulsado” Nos hallamos ante un primer momento de la“revolución yahvista” que se irá expandiendo en los siglos siguientes, para culminar tras el exilio. Maacá representa una opción religiosa[6].  

 


[1] Visión general en R. Jost, Königinmutter, en WiBiLex. Cf. también S. Ackerman, The Queen Mother and the Cult in Ancient Israel, en A. Bach (ed.), Women in the Hebrew Bible, Routledge, New York 1999, 179-194; A. Andreasen, The Role of the Queen Mother in Israelite Society, CBQ 45 (1983) 179–194; E. K. Solvang, A Woman’s Place Is in the House: Royal Women of Judah and Their Involvement in the House of David (JSOtSup 349), Sheffield 2003; Z. Ben Barak, The Queen Consort and the Struggle for Succesion to the Throne, en J. M. Durant (ed.), La Femme dans le Proche-Orient Antique (Rencontre Assyriologique Internationale 33), Ed. Rech. sur les Civilisations, Paris 1986, 33-40; The Status and Right of the Gebîra, JBL 110 (1991) 23-34; P. J. Berlyn, The Great Ladies, JBQ 24 (1996) 26-35; H. Donner, Art und Herkunft des Amtes der Königinmutter im Alten Testament, en R. von Kienle (ed.), Festschrift J. Friedrich zum 65. Geburtstag, Winter V., Heidelberg, 1959, 105-145; A. Kiesow, Löwinnen von Juda. Frauen als Subjekte politischer Macht in der jüdäischen Königszeit, Humboldt-Universität, Berlin 1998; H. Kosmala, The Term geber in the Old Testament and in the Scrolls, VT 17 (1969) 159-169: Cf. G. Molin, Die Stellung der Gebira im Staate Juda, ThZ 10 (1954) 161-175.

[2] Cf. R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, Herder, Barcelona 1976, 172-173. Como he dicho, el varón es gibbor por la guerra o por actividades de violencia y conquista asociadas con ellas. Así son gibbor los gigantes (sexualmente insaciables, guerreros), que nacen de la unión de ángeles y mujeres, y lo es Nimrod, cazador mítico del principio, primer soldado de la Biblia (cf. Gen 6, 4; 10, 8). De ordinario se asocian pode militar y económico, de forma que el gibbor hayil (poderoso-rico) es un guerrero profesional que puede costearse una armadura o un equipo de guerra. Gibborim por antonomasia son los héroes o valientes” asociados de un modo especial a David. En contra de eso, en principio, la mujer es gebîra por su maternidad. Ciertamente, en principio, ella puede ser gebîra o señora en cuanto esposa del señor o en cuanto mujer libre (dueña de una esclava), como muestran varios textos de la Biblia Judía (Gen 16, 4.8.9; 2 Rey 5, 3; Is 24, 2; Sal 123, 2 etc.), pero sólo puede serlo plenamente como madre de un varón importante.

[3] Aspects of Syncretism in Israelite Religion, Horae Soederblomianae 5, Lund 1963.

[4] The Omphalos Myth and Hebrew Religion, VT 20 (1970) 315–338.

[5] De hecho, como ha mostrado F. García López en Iconismo y aniconismo bíblico, Estudios Bíblicos, 66 (2008) 247-262, en el templo antiguo de Jerusalén debió existir una imagen de Yahvé, que sólo desparece tras la reforma deuteronomista y el exilio.

[6] Sobre los prostitutos sagrados, R. Jost, Hure/Hurerei (AT), WiBiLex; Von „Huren und Heiligen“. Ein sozialgeschichtlicher Beitrag, en  H. Jahnow (ed), Feministische Hermeneutik und Erstes Testament, Kohlhammer, Stuttgart, 1994 126-137; C.  Stark, Kultprostitution im Alten Testament? Die Qedeschen der Hebräischen Bibel und das Motiv der Hurerei (OBO 221), Fribourg /Schweiz 2006.

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