Jezabel, la mujer odiada [1]

     Princesa fenicia, hija del rey Etbaal rey de los sidonios (1 Rey 16, 31), que se casó con Ajab, rey de Israel, (874-852) por razones evidentemente políticas, pues ambos reinos se necesitaban y completaban en el aspecto económico y militar. Igual que sus padres, ella es no sólo seguidora de Baal (y de Ashera/Astarté), sino posiblemente sacerdotisa de esos dioses.

 La redacción deuteronomista de la Biblia Judía la acusa no sólo de haber introducido el culto de Baal en Israel (cosa que, como sabemos, no es exacta, pues en aquel tiempo había en Israel elementos yahvistas y baalistas (cf. cap. 1), sino de haberlo promocionado de un modo especial, persiguiendo a los profetas de Yahvé (1 Rey 18,4), especialmente a Elías (1 Rey 19, 2) y apoyando a los profetas de Baal (1 Rey 18,19). La Biblia supone, además, que ella fue la inspiradora de la política anti-baalista de su marido:

 Texto

Ajab… se casó con Jezabel, hija de Etbaal, rey de los fenicios, y dio culto y adoró a Baal; erigió un altar a Baal en el templo que le construyó en Samaría… (1 Rey 16, 31-32). No hubo nadie que se vendiera como Ajab para hacer lo que Yahvé reprueba, instigado por su mujer Jezabel. Actuó del modo más abominable, siguiendo a los ídolos, procediendo en todo como los amorreos a los que Yahvé había expulsado frente a los israelitas (cf. 1 Rey 21,25-26).

 Tema

Estamos ante unos temas ya conocidos. (a) Por un lado, el pecado de Jezabel y Ajab se identifica con el pecado de los “amorreos” antiguos, es decir, de los habitantes de Canaán, con quienes los israelitas no debían haber pactado, conforme a la ley de la conquista, propia de los partidarios de “sólo Yahvé” (cf. Ex 23, 20-24; Dt 7, 1-6); no se trata, por tanto, de introducir dioses extranjeros, sino de mantener los antiguos dioses de la tierra. (b) Por otro lado, conforme al tema ya común del “riesgo de las mujeres extranjeras”, el texto supone que ha sido ella, Jezabel, la que ha encarnado el mayor de los impulsos anti-yahvistas de la historia israelita (más incluso que el de las  mujeres de Salomón).

Las diversas escenas de la historia de Acab y Jezabel, inscrita en el ciclo de Elías y Eliseo (1 Rey 17−2 Rey 13), constituyen un momento central en la lucha entre el yahvismo y la religión de los baales/asheras, desde una perspectiva cercana a la que marca Dt 7, 7-23. En ese contexto, Jezabel aparece como seductora e instigadora del rey y conjunto del pueblo (1 Rey 21,25-26),  como personificación del riesgo que implica el baalismo y la cultura pagana cananea (fenicia) sobre el conjunto de Israel.

No sabemos el alcance histórico de su influjo, aunque todo nos permite suponer que ella fue impulsora del culto de Baal/Ashera (aceptado por una parte del pueblo), aunque no rechazó el culto de Yahvé, sino que buscó una especie de sincretismo religioso. Tampoco sabemos cómo fue la conducta de su marido Ajab (aunque podemos pensar que fue más neutral, en medio de esa entre dos impulsos y mundos religiosos que estaban chocando en su reino). Pero la Biblia Judía ha personificado en ella los males del “paganismo” social y político, en su lucha contra del yahvismo.

La Biblia presenta a Jezabel como responsable de las “prostituciones y hechicerías” vinculadas con el culto a los baales. No la acusa en ningún momento de infidelidad sexual, sino que la presenta como buena esposa, preocupada por los intereses de Ajab. Pero, al entender la idolatría (culto a los baales) como prostitución, la Biblia la convierte en prototipo de infiel y adúltera, presentándola como signo de la “mala mujer”, que “tienta” al marido y a todo el pueblo, de forma que hasta el día de hoy, sobre todo en el mundo anglosajón, decir Jezabel significa infidelidad, depravación sexual y perversidad. Así la ha recordado la Biblia Cristiana en el Apocalipsis, al presentarla como signo de perversión femenina (cf. Ap 2, 20).

Para revalorar su figura necesitaríamos contar con un testimonio histórico neutral, que no estuviera escrito desde los “vencedores” (partidarios del sólo Yahve), sino desde una perspectiva donde se tuvieran en cuenta las tres opciones que había en ese momento: o sólo Yahvé, o sólo Baal o un sincretismo entre Yahvé y Baal/Ashera. En este contexto debemos recordar que la postura más extendida y antigua en el reino de Israel (Samaría) no era el “sólo Yahvé” (representado por Elías), sino el equilibrio entre Baal/Ashera-Astarté (los cultos autóctonos antiguos) y el nuevo dios Yahvé de los israelitas más estrictos. En algún momento, el partido de Baal/Astarté ha podido aparecer como dominante, pero no parece que se haya absolutizado, ni que sus defensores hayan matar a los  yahvistas.

Quizá pudiéramos decir que el impulso mayor para el conflicto provenía de los partidarios del “sólo Yahvé” (en la línea de Elías/Eliseo), que tendían a volverse intransigentes, rechazando otras opciones religiosas y sociales. En ese contexto deberíamos añadir, quizá también, que Jezabel actuaba como heredera de una cultura monárquica absolutista donde su padre (Rey de Sidón) tenía poderes sagrados sobre el pueblo (en contra de Israel, donde los reyes no podían apoyarse en poderes divinos). Por eso, su “mal” no parece hallarse en haber sido partidaria de Baal y en apoyar a los baalistas de su nuevo reino, sino en hacerlo de un modo absolutista. Desde aquí han de verse los tres episodios principales de su historia, según la Biblia Judía: (1) Conflicto entre seguidores de Yahvé y Baal/Ashera (cf. 1 Rey 16,29-34, 18, 17-40; 19:1-3). (2) Episodio de la viña de Nabot (1 Rey 21,1-16). (3) Muerte de Jezabel y su familia (1 Rey 22,29-40; 2 Rey 9,21-28.30-37).

 1. Enfrentamiento entre seguidores de Yahvé y Baal/Ashera (cf. 1 Rey 16,29-34, 18, 17-40; 19:1-3) [2].

 Como he dicho, por ser hija del rey de los sidonios (cuyo culto a la diosa acentúan 1 Rey 11, 5. 33; 2 Rey 23, 13), Jezabel parece haber sido sacerdotisa de Baal and Ashera/Astarté, dioses que regulan la fertilidad de la tierra y la vida de los hombres y mujeres. En principio, su intención no puede haber sido el perseguir directamente a los yahvistas, pues la religión de Baal no era básicamente proselitista ni fanática, sino que dejaba lugar para otros dioses. La “intransigencia religiosa” parece haber comenzado por algunos “profetas de Yahvé” que eran en principio más fanáticos, pues no querían dejar ningún espacio para otros dioses.

En este contexto sitúa la Biblia el juicio del Carmelo (Rey 18) donde, desde una perspectiva posterior, se describe el enfrentamiento entre Elías, profeta de Yahvé, y los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos de Ashera (cf. 1 Rey 18, 19), a los que degolló en el río (cf. 1 Rey 18, 40). Como es normal, al enterarse de ello, Jezabel jura vengarse, mandando decir a Elías: «Que los dioses me castiguen si mañana a estas horas no hago contigo lo que has hecho con cualquiera de ellos» (1 Rey 19, 2). Evidentemente, Elías huye (cf. 1 Rey 19, 3 ss.).

 

2. Episodio de la viña de Nabot (1 Rey 21,1-16)[3].

Se supone que han pasado varios años. Ajab y Jezabel gozan de paz y han construido un palacio en Samaría (con un templo de Baal y Ashera) y otro palacio/villa en Jezrael, una ciudad estratégica, entre las montañas de Samaría y Galilea, dominando la gran llanura que une el Mediterráneo con las rutas del oriente. Para ampliar su jardín, Ajab quiere comprar la viña de Nabot, un propietario israelita que, fiel a las tradiciones de su pueblo (¡cada familia debe conservar la heredad que Dios le ha dado!), se niega a venderla. Como israelita, Ajab no tiene recursos legales ni morales para exigir a Nabot la venta de su viña. Pues bien, en este momento interviene ella, como representante de una tradición donde el rey posee poderes absolutos y donde la justicia se entiende en forma impositiva:

 

              Vino a donde él su mujer Jezabel, y le habló: «¿Por qué está triste tu espíritu y por qué no quieres comer?». Ajab le respondió: «Porque he hablado con Nabot de Yizreel y le he dicho: Dame tu viña por dinero o, si lo prefieres, te daré una viña a cambio , y me dijo: No te daré mi viña ». Su mujer Jezabel le dijo: «¿Y eres tú el que ejerces la realeza en Israel? Levántate, come y que se alegre tu corazón. Yo te daré la viña de Nabot de Yezrael». Escribió cartas en nombre de Ajab y las selló con su sello, y envió las cartas a los ancianos y notables que vivían junto a Nabot. En las cartas había escrito: «Proclamad un ayuno y haced sentar a Nabot a la cabeza del pueblo. Haced que se sienten frente a él dos malvados que le acusarán diciendo: Has maldecido a Dios y al rey y le sacaréis y le apedrearéis para que muera».

Los hombres de la ciudad, los ancianos y notables que vivían junto a Nabot en su ciudad, hicieron lo que Jezabel les había mandado, de acuerdo con lo escrito en las cartas que les había remitido. Proclamaron un ayuno e hicieron sentar a Nabot a la cabeza del pueblo. Llegaron los dos malvados, se sentaron frente a él y acusaron los malvados a Nabot delante del pueblo diciendo: «Nabot ha maldecido a Dios y al rey»; le sacaron fuera de la ciudad, le apedrearon y murió. Enviaron a decir a Jezabel: «Nabot ha sido apedreado y ha muerto». Cuando Jezabel oyó que Nabot había sido apedreado y muerto, dijo a Ajab: «Levántate, toma posesión de la viña de Nabot, el de Yezrael, el que se negó a dártela por dinero, pues Nabot ya no vive, ha muerto». Apenas oyó Ajab que Nabot había muerto, se levantó y bajó a la viña de Nabot, el de Yezreel, para tomar posesión de ella (cf. 1 Rey 21, 4-16).

 

Éste es el auténtico “pecado” de Jezabel (y de Ajab) según la tradición más antigua, un delito de injusticia y asesinato (de prepotencia regia), no de idolatría en sentido separado de la vida. Conforme a la visión de conjunto de la Biblia, si Yahvé se eleva sobre Baal/Ashera no es por algún tipo de esencia metafísica superior, sino porque él defiende y avala la justicia, frente al absolutismo de los dioses/reyes de la tradición fenicio/cananea.

Es difícil evaluar históricamente la responsabilidad de ese “robo” de la viña de Nabot, con el asesinato de su propietario, aunque el hecho parece histórico,  indicando que Ajab habría terminado utilizando medios de dominio violento para tomar algunas propiedades de los israelitas. Desde ese fondo se puede entender el consejo y proceder de Jezabel, porque ella representa unas tradiciones sociales de tipo cananeo/fenicio, más impositivas y absolutistas que las israelitas. En ese fondo se inscribe el juicio y condena de Elías, que sale al encuentro de Ajab y la acusa de asesinar y robar, dictando de esta forma la sentencia: «En el mismo lugar donde los perros han lamido la sangre de Nabot, los perros lamerán también tu sangre» (1 Rey 21, 19).

Significativamente, esta sentencia de condena se cumple sólo de un modo parcial, pues al parece Ajab murió en el campo de batalla y fue enterrado en Samaria (cf. 1 Rey 22, 34-40), después de haber reinado muchos años, a pesar de su “pecado, y no fue arrojado a los perros en el campo en Jezrael, como suponía la condena de Elías (1 Rey 1, 19). Por eso, el mismo texto de la Biblia Judía rehace esa “sentencia”, diciendo que Ajab se arrepintió y que Dios, por eso, no le castigó, sino que retrasó el castigo al tiempo de su hijo (cf. 1 Rey 21, 17-29). En este contexto se añade otra palabra posterior, dirigida a Jezabel, que así aparece como causa del pecado: «También ha hablado Yahvé contra Jezabel: Los perros la devorarán en el campo de Jezrael» (1 Rey 21, 23). De esa manera se transfiere a ella, de un modo especial, el castigo por el pecado de Ajab.

 

3. Muerte de Jezabel y su familia (1 Rey 22,29-40; 2 Rey 9, 21-28.30-37)[4].

 

El primero que murió fue Ajab, herido flecha, en el campo de batalla, como he dicho, y su cadáver fue enterrado con honor en Samaría. De todas maneras, el texto añade que su carro de combate, con la sangre que brotó de la herida, tuvo que lavarse en la alberca de la capital (¡no en Jezrael!), de manera que los perros lamieron el agua manchada de sangre y las prostitutas se lavaron con ella (cf. 1 Rey 22, 37-40).

 Esta primera parte de la “profecía” de Elías contra Ajab (¡en el lugar donde los perros lamieron la sangre de Nabot, los perros lamerán la tuya! 1 Rey 21, 19) se cumplió sólo de un modo parcial. Por eso, la Biblia la aplica a Jezabel (cf. 1 Rey 21, 23), que siguió dominando como gebîra, cuando reinaron sus dos hijos Ocozías de Israel (853-852 a. C.) y después Jorán (852-841 d. C.), en cuyo tiempo se produjo la gran rebelión (¿revolución?) yahvista, inspirada en los profetas Elías/Eliseo y encabezada por Jehú, en contra de la casa de Ajab y, en sentido más estricto, en contra de Jezabel.

Esta rebelión de Jehú (cf. 2 Rey 9-11) es una de las más sangrientas de la historia de Israel y del yahvismo en su conjunto y resulta más violenta que las que podían haber tramado Ajab y su “nefanda”  esposa Jezabel. La historia es conocida. Mientras Jorán, rey de Israel y su aliado, Ocozías de Judá, están luchando contra los sirios en Ramot Galaad, al otro lado del Jordán, un profeta de la escuela de Elías/Eliseo unge rey de Israel a Jehú, con el encargo de que “restablezca” el yahvismo, cosa que hace del modo más violento posible[5]. Jorán de Israel, que ha sido herido en la guerra de Ramot, se está curando en su palacio de Jezrael, donde viene a visitarle Ocozías de Judá. En ese momento se acerca Jehú, con sus conjurados, y los dos reyes, sin conocer sus intenciones, salen a su encuentro para “saludarle”, encontrándose con él junto a la viña de Nabot:

 

Joram, rey de Israel, y Ocozías, rey de Judá, cada uno en su carro, partieron hacia de Jehú. Le encontraron en el campo de Nabot el de Yezrael. Cuando Joram vio a Jehú, preguntó: «¿Hay paz, Jehú?». Respondió: «¿Qué paz mientras duran las prostituciones de tu madre Jezabel y sus muchas hechicerías?». Volvió riendas Joram y huyó diciendo a Ocozías: «Traición, Ocozías». Jehú tensó el arco y alcanzó a Joram entre los hombros; la flecha le atravesó el corazón y se desplomó en su carro. Jehú dijo a su escudero: «Llévale y arrójale en el campo de Nabot de Yezrael… Al ver esto, Ocozías, rey de Judá quiso huir… pero le hirieron en su carro y, aunque logró huir a Megguido, murió allí. Sus siervos le llevaron en un carro a Jerusalén, donde le enterraron en la ciudad de David…

Entró Jehú en Yezrael y habiéndolo oído Jezabel, se puso afeites en los ojos, adornó su cabeza y se asomó a la ventana, y cuando Jehú entraba por la puerta, dijo ella: «¿Todo va bien, asesino de su señor?». Alzó su rostro hacia la ventana y dijo: «¿Quién está conmigo?» Se asomaron hacia él dos o tres eunucos, y él les dijo: «Echadla abajo». La echaron y su sangre salpicó los muros y los caballos la pisotearon. Entró, comió, bebió y dijo: «Ocupaos de esa maldita y enterradla, pues es hija de rey». Fueron a enterrarla y no hallaron de ella más que el cráneo, los pies y las palmas de las manos. Volvieron a comunicárselo y él dijo: «Es la palabra que Yahvé había dicho por boca de su siervo Elías tesbita: En el campo de Yezrael comerán los perros la carne de Jezabel. El cadáver de Jezabel será como estiércol sobre la superficie del campo, de modo que no se podrá decir: Esta es Jezabel» (cf. 2 Rey 9, 21-37).

 

Éste es el fin de la familia de Acab y del sincretismo entre Baal y Yahvé: los mismos eunucos del harén real, que debía estar controlado por Jezabel, arrojan a la gebîra por la ventana del palacio. En este contexto se sitúa la terrible venganza, de fondo  histórico, de los yahvistas en contra de Jezabel y de su política. Es significativo el hecho de que la tradición bíblica recuerde a esa reina como “perversa” (compendio de todos los males y prostituciones) mientras haya tendido un velo de olvido (o de perdón) contra los “pecados” de Jehú, su vengador, detallados en 2 Rey 9-10. Ciertamente, es dudoso que la figura de Jezabel puede ser totalmente rehabilitada, como quieren algunas teólogas feministas, pues no conocemos bien las circunstancias de su vida y de su muerte. Pero es evidente que ella no merece ser mirada como culpable de todos los “pecados” que se le atribuyen, pues la tradición posterior de la Biblia ha descargado sobre ella las culpas y pecados (conflictos) de un tiempo difícil en que yahvismo y baalismo estaban compitiendo por la supremacía en Israel.

 


[1] Cf. P. R. Ackroyd, Goddesses, Women and Jezebel, en A. Cameron y A. Kurht (eds.), Images of Women in Antiquity, Detroit 1983, 245–259; G. Hentschel, Elija und der Kult des Baal, en E. Haag (ed.), Gott der einzige (QD 104), Freiburg 1985, 54-90; H. Parzen,  The Prophets and the Omri Dynasty, HThR 33 (1940) 69-96.

[2] Además de obras citadas en nota anterior, cr. R. Albertz, Elia. Ein feuriger Kämpfer für Gott (Biblische Gestalten 13), Leipzig 2006; L. Bronner, The Stories of Elijah and Elisah als polemic against Baal Wohsip, Brill, Leiden 1968; G. Fohrer, Elia (ATANT 31), Zürich 1957; A. J. Hauser y R. Gregory, From Carmel to Horeb. Elijah in Crisis (JSOT SuppSer 85), Sheffield 1990; G. Hentschel, Die Elijaerzählungen (Erf. ThSt 33), Leipzig 197O; H. H. Rowley, Elijah in Mount Carmel, BJRL 43 (1960) 190-216; O. Steck, Uberlieferung und Zeitgeschichte in der Elia-Erzählungen (WMANT 26), Neukirchen 1968; J. Vermeylen (d.), Elie le prophète, Peeters, Leuven 1988. 

[3] Cf. F. Andersen, The Socio-Juridical Background of the Naboth Incident, Journal of Biblical Literature 85 (1996) 46-5; K. Baltzer, Naboths Weinberg (1Kön 21). Der Konflikt zwischen israelitischem und kanaanäischem Bodenrecht, WuD 8 (1965) 73-88; R. Bohlen, Der Fall Nabot. Formen, Hintergrund und Werdegang einer alttestamentlichen Erzählung (1Kön 21) (TThSt 35), Trier 1978; J. M. Miller, The Fall of the House of Ahab, VT 17 (1967) 307-324; A. Rofé, The Vineyard of Naboth, VT 38 (1988) 89-104; P.Welten, Naboths Weinberg (1. Kön. 21), EvTh 33 (1973) 18-32.

[4] Cf. R. W. Corney, The reigns of Omri and Ahab. An essay in the reconstruction of the history of Israel, Boston 1970; J. M. Miller, The Fall of the House of Ahab, VT 17 (1967) 307-324; O. H. Steck, Überlieferung und Zeitgeschichte in den Elia-Erzählungen (WMANT 26), Neukirchen-Vluyn 1868..

[5] Sobre Jehú, cf. S. Otto, Jehu, Elia und Elisa. Die Erzählung von der Jehu-Revolution und die Komposition der Elia-Elisa-Erzählungen (BWANT152), Stuttgart 2001,

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)