Caná de Galilea. Amor de bodas (Jn 2, 1-11)[1]

Los novios de las bodas Caná de Galilea celebran la gran fiesta que debe llevarles, con la ayuda de Jesús, del agua de los ritos y purificaciones religiosas al vino del amor de fuego, de la vida compartida (Jn 2). Juan Bautista, profeta del juicio, no habría asistido a la fiesta, pues él anunciaba el castigo final: «Ya está el hacha levantada contra la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego… Detrás de mí viene uno que es más poderoso que yo. Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Lleva el bieldo en su mano para limpiar su era» (Mt 3, 10-12). Jesús, en cambio, se encuentra feliz entre los novios, ofreciendo su experiencia de amor y su fuego de vino a los que quieren compartir amorosamente la vida, porque él anuncia y prepara la llegada del Reino de Dios que es amor (cf. Mc 1, 15).

Jesús no viene a imponer ninguna ley, ni a sancionar ningún precepto, ni a proferir amenazas como Juan, sino a celebrar. Más aún, él no viene a presidir la ceremonia religiosa, ni a recordar a los novios que deben «celebrar el sacramento» con un rito exterior adecuado, como muchos hubieran querido. El texto no habla de un rito sagrado. Dice, simplemente que había una boda y que estaba allí Jesús, con sus discípulos, como indicando que su grupo (hoy diríamos «su iglesia») es experta en bodas. Si le preguntaran lo que quiere, él respondería simplemente: «Que puedan quererse para siempre; por eso estoy aquí». No quiere fortalecer una ley, que en aquel tiempo estaba en manos de varones, que podían divorciarse y expulsar a las mujeres, sino ratificar un principio de amor: «Al principio de la creación, Dios los hizo hombre y mujer. «Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne», como dicen los textos de la Biblia (Gen 2, 24; cf. Mc 10, 6-9). La Biblia en su conjunto no quiere que la vida humana acabe (que Dios la acabe) o que se imponga por ley el más fuerte, sino que hombre y mujeres puedan «unirse« en amor, como Dios «que es uno». De esta celebración creadora del amor de Dios en los novios trata este pasaje, vinculando comida (mesa) y bodas (cama), como han hecho desde antiguo muchos pueblos. Y vengamos ya al texto:

Al tercer día se celebraron unas bodas en Caná de Galilea… Y faltó el vino. Entonces la madre de Jesús le dijo: «No tienen vino». Jesús le dijo: «¿Qué tiene que ver esto con nosotros, mujer? Aún no ha llegado mi hora». Su madre dijo a los servidores: «Haced todo lo que él os diga». Había allí seis tinajas de piedra para el agua de las purificaciones… Jesús les dijo: «Llenad de agua estas tinajas». Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: «Sacad ahora un poco y presentadlo al encargado del banquete…» (Jn 2, 1-8).

El texto recuerda que «la madre de Jesús estaba allí» (Jn 2, 1). No dice que fuera invitada. Ella pertenece al espacio y tiempo de bodas, es decir, al camino de amor de los hombres y mujeres; ella quiere que los hijos se amen y vivan. «Y también fueron invitados Jesús y sus discípulos…» (2, 2). No estaban allí desde el principio, sino que vienen de fuera, para interrumpir y recrear el curso de la escena. «Y falto el vino…». Así parece anunciarse el fracaso. Toda la historia (Israel, humanidad) es un camino de bodas que nunca culminan: tiempo de búsqueda de un banquete de abundancia y felicidad, de amor y encuentro, que acaba en el vacío: las bodas de la humanidad nunca culminan; sólo existen purificaciones rituales simbolizadas por las tinajas de agua, preparadas, al borde de la boda (2, 6). En ese contexto entra la madre de Jesús y dice ¡no tienen vino! Es la madre Israel, la humanidad que quiere que sus hijos vivan. Ella no puede hacer nada, pero expone la carencia, como si Jesús fuera el responsable, esposo de la fiesta, y tuviera que ofrecer el vino a los invitados; por eso, su indicación resulta, por lo menos, indiscreta y así Jesús empieza marcando las distancias: «¿Qué tiene que ver esto con nosotros, mujer? Aún no ha llegado mi hora». La negativa parece clara. Pero inmediatamente después, desde otra perspectiva, Jesús responde a la petición de la madre y convierte el agua del amor insípido, incoloro, en vino del amor del reino.

Jesús aparece así como amigo de estos novios, que ya pueden celebrar las bodas, beber juntos de una copa (según el ritual judío) y enriquecer con amor compartido a todos los que vengan. Jesús no es aquí ni el novio ni la novia. Por su parte, Dios no es hombre ni mujer, esposo ni esposa, sino el amor de ambos, la fiesta de la vida hecha vino. El evangelio nos sitúa así en la línea de las grandes imágenes de bodas de Dios que recorren los caminos de la Biblia Israelita, desde los profetas (Oseas, Jeremías, Isaías) hasta el Cantar de los Cantares. Pues bien, las bodas de Dios son ahora ya las bodas de unos hombres concretos de Caná de Galilea, a quienes Jesús ofrece vino.

En este contexto podemos decir que el Mesías es un «invitado de bodas». No ha venido a dirigir la buena guerra, como pedirían los celotas; ni ha querido reformar el templo, como pretendían muchos partidarios de la ley sagrada; ni ha querido fijar nuevas normas de pureza, como estás haciendo ya los primeros fariseos. Él hace algo anterior, mucho más hondo: quiere estar en las bodas de los hombres para ofrecer su testimonio (vino) de amor a los casados. No ha venido como novio, sino como amigo de los novios, haciéndose presente allí donde un varón y una mujer (dos personas) quieren unir su vida en gozo, trayéndoles buen vino. Es el Cristo del vino

Jesús viene y ofrece su regalo de bodas: sabe trasformar el agua en vino; quiere que el amor se encienda nuevamente allí donde parece que el amor se apaga, situándose en la línea del Cantar de los Cantares, pero con una diferencia. En el Cantar no hacía falta vino: varón y mujer soñaban y sufrían, se alejaban y encontraban en amor bendecido por Dios, sin testigos; ellos mismos, varón y mujer, celebraban directamente su boda. En Caná de Galilea falta el vino: el amor no consigue llegar a su meta; por eso viene Jesús, como «médico de bodas», no para espiar o legislar, sino sólo para ofrecer suplemento de amor, vino de fiesta. De esa manera, se universaliza el simbolismo de amor más privado, propio del Cantar de los cantares (hombre y mujer, a solas con su boda), con el simbolismo universal de un vino de bodas que debe regalarse y compartirse entre todos los que vienen. Estamos en un contexto de bodas ampliadas. Así, veladamente, sin dejar la experiencia de Cantar (dos amantes), el texto nos abre a la visión social de los profetas, a la esperanza de las bodas finales de todos los hombres (como indicará la conclusión del Apocalipsis: Ap 21-22). Jesús se introduce así en las bodas siempre defectuosas de este mundo, para ofrecer a los hombres el vino del amor, más allá del agua de las purificaciones.

Jesús no es hombre del agua (purificación), sino del vino de amor, no es Mesías de ley, sino de bodas, es decir, de amor abierto a todos los hombres y mujeres de la tierra. Este es el primero de sus signos, principio de un camino que se irá expresando en todo el evangelio (cf. Jn 2, 11). El camino anterior (judaísmo, religiones de la tierra) corre el riesgo de pararse en el agua de las purificaciones: descubre el pecado y quiere limpiarlo, pero no lo consigue. Jesús, en cambio, es Mesías de la transformación humana y de la vida, precisamente allí donde parecía que los judíos se hallaban condenados a la repetición incesante de los ritos. Hasta aquí le ha traído la madre (Israel), educándole para que descubra la carencia del mundo, la falta de vino. Distanciándose en un aspecto de ella, Jesús cumple en sentido más hondo su deseo: ofrece a todos el vino del reino.


[1] Además de comentarios a Jn, cf. J. McHugh, La Madre de Jesús en el Nuevo Testamento, Desclée de Brouwer, Bilbao 1978; I. de Potterie, María en el misterio de la alianza, BAC, Madrid 1993; A. Serra, María según el evangelio, Sígueme, Salamanca 1988

Discussion area - Dejar un comentario






He leído y acepto las condiciones generales y la política de privacidad


Información básica sobre protección de datos
Responsable: REVISTA REINADO SOCIAL 21RS (más info)
Finalidad: • Gestión de la adquisición del producto, suscripción o donativo, así como la tramitación de los mismos.
• Envío de comunicaciones relacionadas con el proceso de compra, las suscripciones o los donativos.
• Envío de comunicaciones y ofertas comerciales, por diferentes medios, incluidos los medios electrónicos (email, SMS, entre otros). (más info)
Legitimación: Ejecución de una compra online, suscripción o donativo. (más info)
Destinatarios: No se cederán datos a terceros, salvo obligación legal. (más info)
Derechos: Acceso, rectificación, supresión, cancelación, y oposición. En determinados casos derecho a la limitación del tratamiento de sus datos. (más info)
Información adicional: Puede consultar toda la información completa sobre protección de datos a través del siguiente enlace (más info)
Los enlaces de (más info)