Iglesia 1. Comunidad de amor: imágenes y formas[1]

El primer autor cristiano del que conservamos una visión de conjunto de la iglesia como sociedad escatológica de amor es Pablo. En su tiempo había tres comunidades con vocación universal: una de tipo religioso (Israel), otra de conocimiento racional (Grecia) y otra de armonía política (Roma). Pero todas resultaban, a su juicio, insuficientes, pues eran incapaces de ofrecer espacios de amor gratuito y universal, partiendo de los pobres. Por eso destacó la novedad de la iglesia, como experiencia del nueva humanidad, que Dios mismo había fundado enviando a su Hijo, por medio del Espíritu, de manera que “ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, macho ni hembra, sino que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gal 3, 28) [1].

Introducción

Pablo entendió la Iglesia como la unidad de los hombres en Cristo, unidad de amor gratuito y espacio universal de libertad, como destacaron tras Pablo los autores de Colosenses y Efesios:

 

Os exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo dela paz. Unsolo Cuerpo y un solo Espíritu, como unaes la esperanzaa que habéis sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, 6 un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos (Ef 4, 1-4).

 

Ésta es la experiencia básica de Pablo y de sus seguidores: todos los hombres y mujeres pueden unirse en amor, formando un cuerpo, por medio dela iglesia. Pablosupone que habían sido en otro tiempo como niños, separados, enfrentados, dominados por leyes diversas que les impedían vivir en libertad. Pero Dios envío a su propio Hijo, para liberar a los que estaban dominados por leyes de diverso tipo, para que pudieran volverse mayores y vivir en comunión de amor (cf. Gal 4, 4). Este descubrimiento de la mayoría de edad de los hombres, antes enfrentados, esclavos de la envidia y dominados por deseos de violencia, constituye según Pablo la raíz de la nueva ciudadanía mesiánica, la verdad de su iglesia (cf. Rom 1, 16-17). De esta forma se expresa el sentido de la fe bautismal, que Pablo ha recibido de la primera comunidad cristiana, para repetirla y aplicarla luego en diversos lugares de sus cartas (1 Cor 12, 13; Rom 10, 1; cf. Col 3, 11) como principio y sentido fundante de su iglesia.

Ésta es su experiencia escatológica, la certeza de que han llegado los últimos tiempos, pues se ha revelado la verdad definitiva del amor, que podemos entender como mutación escatológica, nuevo nacimiento. Éste es su evangelio, poder de Dios para salvación de todos los creyentes, pues la justicia de Dios se ha revelado de tal forma que por ella los hombres pueden vivir y reconciliarse (cf. Rom 1, 17; 2 Cor 5, 11-21). Otros han conquistado imperios (como Alejandro Magno) o han fijado instituciones nacionales (como el Moisés de la tradición judía). Pero Pablo ha realizado algo más hondo: basándose en Jesús, ha suscitado y dirigido iglesias, es decir, comunidades mesiánicas sin más principio de vida que el amor, unidas entre sí, abiertas a todala humanidad. Deesa forma ha logrado algo que parecía imposible: que unos hombres y mujeres de orígenes distintos (pecadores, excluidos de la sociedad honorable) puedan juntarse y convivir de un modo eficaz, sin más principio ni norma que la gracia, entendida como amor mutuo liberado.

Pablo no ha sido el creador de esa experiencia de amor, pues ya existían previamente iglesias cristianas, a las que él había perseguido, de manera que no ha tenido que inventarlas. Pero les ha dado un sentido nuevo, desde la unidad de amor que define al movimiento de Jesús. Pues bien, en la actualidad, muchos identifican la iglesia con un grupo o conjunto de instituciones, dogmas, presiones socia­les y parcelas de poder que en el fondo resultan secundarias. En perspectiva católica, siguiendo el testimonio de Pablo, la iglesia es, ante todo, un espacio de amor universal, un lugar donde los hombres y mujeres pueden crecer y desarrollarse en humanidad, de un modo gratuito y gozoso. Desde ese fondo, partiendo del testimonio de Pablo, pero abriéndonos a la tradición de todo el Nuevo Testamento, podemos destacar tres imágenes del amor de la iglesia en línea de matrimonio, paternidad y fraternidad:

 

1. Iglesia, amor de esposo-esposa, amor de cuerpo. Las dos imágenes se unen ya en el Nuevo Testamento, de manera que son inseparables y se completan entre sí. (a) La iglesia es una esposa mesiánica: «De tal forma amó Cristo a su iglesia que murió por ella, le ofreció su propia vida», como el hombre ama a la mujer, como el marido a la esposa querida (cf. Ef 5, 25 s). En esa línea se dice que los obispos o animadores de las comunidades asumen el lugar de Cristo y son «esposos» de su iglesia; por eso llevan una alianza como signo de compromiso de fidelidad y entrega. Pero la fuerza de ese amor han de vivirla de algún modo todos los cristianos, varones y mujeres, siendo esposos-esposas de la iglesia, viviendo dentro de ella en una relación de bodas, como supone el texto las bodas de Caná (cf Jn 2, 1-11). (b) La iglesia es un grupo mesiánico, cuerpo del Cristo. En el amor matrimonial hay un momento, peculiarmente profundo, cuando los esposos se hacen un mismo cuerpo, compartiendo no sólo el pan, sino la misma vida (cf. Ef 5, 28s; con cita de Gen 2, 23-24). La iglesia es un cuerpo compartido, es ámbito de amor y plenitud mesiánica: no es algo que está fuera, que yo utilizo y dejo después, a conveniencia. La iglesia soy yo, siendo con otros: formando con ellos un solo cuerpo. (c) Las dos imágenes se unen. En el lugar donde ellas se cruzan y fecundan emerge la peculiaridad y sentido del amor haciala iglesia. Ella aparece frente a mí y dentro de mí, como un amigo, un campo de amor que me ofrece su cariño y que recibe mi cuidado. Su amor me descentra, me lleva a superar el narcisismo egoísta de mi propia búsqueda y me abre hacia los otros; pero, al mismo tiempo, siento que la iglesia se halla dentro de mí mismo: es un momento de mi propio ser, de tal manera que al buscarla y al amarla me realizo plenamente, descubriendo así mi propio centro.

2. Iglesia, amor paterno/materno, amor pastoral. Siendo amor de esposa y cuerpo, la iglesia puede expresarse también con imágenes de paternidad y de rebaño. (a) Amor de madre. Los católicos llaman a la iglesia «santa madre»: en el seno de sus aguas bautismales reciben la existencia de creyentes. Con su palabra y sacramento, la iglesia les engendra en el camino de la fe y de la esperanza. Por eso, es un signo cercano de la dimensión materna de Dios, expresada particularmente en el Espí­ritu santo, amor que funda y sostiene a los creyentes. Así aparece como casa-materna: hogar donde los cristianos aprenden a ser y caminar. Por eso, muchos sienten nostalgia y quisieran tornar a las raíces de la madre, para vivir así en el seno de Dios que es el Espíritu, en el seno del que mana el agua de la vida. (b) Amor de buen pastor, amor de ovejas. Siguiendo en la línea del evangelio de Juan (Jn 21), los cristianos aparecen con frecuencia como ovejas de un rebaño al que sus pastores deben amar, en gesto de entrega persona y de comunicación de la vida (cf. Jn 10). Pero el mismo texto sabe que pastores y ovejas de la iglesia son amigos que se conocen y se comunican, amigos que comparten la vida en transparencia (cf. Jn 10, 14 15, 15). Pastores y rebaño acaban siendo espacio de amor universal fundado en Cristo.

3. Iglesia, amor de fraternidad, amor de amistad. Las imágenes anteriores (de esposa-cuerpo, de familia-rebaño) pueden culminar en estas dos nuevas visiones. (a) La iglesia es una fraternidad donde no hay más padre-madre que Dios, ni más pastor-dirigente que Cristo: «no llaméis a nadie maestro, porque uno sólo es vuestro maestro (Jesús) y todos vosotros sois hermanos; no llaméis a nadie Padre…, no llaméis a nadie jefe…» (cf. Mt 23, 8-12). Estas palabras expresan el misterio de una iglesia donde sólo se puede hablar de tres amores. Hay un amor de Dios, que es padre/madre de quien recibimos la existencia, en gesto agradecido. Hay un amor de Cristo, maestro o dirigente universal, porque ha entregado su vida por todos. Hay un amor fraterno, que define la vida de todos los hombres y mujeres de la iglesia, en gesto de diálogo. Eso significa que no pueden establecerse jerarquías paternas o doctrinales dentro de la iglesia, porque el único padre es Dios y el único maestro es Cristo. Esta experiencia de fraternidad universal define el cristianismo. (b) Desde ese fondo decimos que la iglesia es amistad: “Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros” (Jn 15, 12-17). También aquí aparece el Padre, como fuente de todo amor y Cristo, como principio del nuevo “mandato”, que es mandato de amistad, fuente de la iglesia.


[1] Cf. A. Badiou, San Pablo. La fundación del universalismo, Anthropos, Barcelona 1999; R. J. Banks, Paul’s idea of Community, Paternoster, Exeter 1980; G. Barbaglio, Pablo de Tarso y los orígenes cristianos, Sígueme, Salamanca; 1989; L. Cerfaux, La Iglesia en san Pablo, Desclée de Brouwer, Bilbao 1959; B. Holmberg, Paul and Power, Gleerup, Lund 1978; M. Legido, Fraternidad en el mundo. Un estudio de eclesiología paulina, Sígueme, Salamanca 1982; M. Y, MacDonald, Las comunidades paulinas, Sígueme, Salamanca 1994; W. A. Meeks, Los primeros cristianos urbanos, Sígueme, Salamanca 1988; X. Pikaza, Sistema, libertad, iglesia. Las instituciones del Nuevo Testamento, Trotta, Madrid 2001; J. A. Robinson, El Cuerpo. Estudio de teología paulina, Ariel, Barcelona 1968; L. Schenke, La comunidad primitiva, Sígueme, Salamanca 1999.

 

 

3 Responses to “Iglesia 1. Comunidad de amor: imágenes y formas[1]”

  1. Buen descubrimiento del lienzo cristiano de Pablo que tantos fanáticos encuentra para bien y oara mal.

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