Juan Pablo II: Dives in Misericordia[1]

      Juan Pablo II ha situado la misericordia en el centro del mensaje y pastoral de la iglesia, como muestra su encíclica Dives in Misericordia (=DM, Rico en Misericordia) del 30 del IX de 1980. “Desde el principio de mi pontificado, he considerado este mensaje como mi cometido especial. La Providencia me lo ha asignado” (Collevalenza, 22 del XI de 1981). Éstos son los elementos básicos de su encíclica:

 

1. Antiguo Testamento. Juan Pablo II ha puesto de relieve el hecho de que el pueblo de Dios tiene una experiencia plurisecular de la misericordia de Dios, como muestra Ex 34, donde Dios aparece como lleno de ternura, lento a la ira y rico en misericordia y fidelidad. La misericordia es un elemento esencial del amor que prevalece sobre el pecado y la infidelidad. «Es significativo que los profetas en su predicación pongan la misericordia, a la que recurren con frecuencia debido a los pecados del pueblo, en conexión con una imagen fuerte del amor de Dios. El Señor ama a Israel con el amor de una peculiar elección, semejante al amor de un esposo (cf. Os 2, 21-25.15; Is 54, 6. 11) y por esto perdona sus culpas e incluso sus infidelidades y traiciones. Cuando se ve de cara a la penitencia, a la conversión auténtica, devuelve de nuevo la gracia a su pueblo (cf. Jer 31, 20; Ez 39, 25-29). En la predicación de los profetas la misericordia significa una potencia especial del amor, que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido» (DM III, 4).

2. Nuevo Testamento. El Padre del Hijo Pródigo, fiel a la paternidad, fiel al amor, desborda con su misericordia el nivel de la estricta justicia. El texto (cf. Padre*: el Hijo pródigo) pone de relieve el valor misericordioso de la mirada del Padre, pero no se queda en ese plano, sino que destaca también la exigencia de la superación de todos los males, que está en el fondo de ella. «La parábola del hijo pródigo expresa de manera sencilla, pero profunda, la realidad dela conversión. Esta es la expresión más concreta de la obra del amor y de la presencia de la misericordia en el mundo humano. El significado verdadero y propio de la misericordia en el mundo no consiste únicamente en la mirada dirigida al mal moral, físico o material, aunque sea la más penetrante y compasiva: la misericordia se manifiesta en su aspecto verdadero y propio, cuando revalida, promueve y extrae el bien de todas las formas de mal existentes en el mundo y en el hombre. Así entendida, constituye el contenido fundamental del mensaje mesiánico de Cristo y la fuerza constitutiva de su misión. Así entendían también y practicaban la misericordia sus discípulos y seguidores. Ella no cesó nunca de revelarse en sus corazones y en sus acciones, como una prueba del amor que no se deja vencer por el mal, sino que vence con el bien al mal (Rom 12, 21). Es necesario que el rostro genuino de la misericordia sea siempre desvelado de nuevo» (DM IV, 6).

3. La revelación del Padre por su Hijo Jesucristo. Jesús nos ha revelado a Dios, rico en misericordia (Ef 2, 4) como Padre nuestro. Podemos, pues, descubrir en Cristo el rostro del “Padre misericordioso y de todo consuelo” (2 Cor 1, 3). Jesús muestra así la misericordia del Padre: él la encarna y la personifica; él es la misericordia de Dios. A quien le ve y le encuentra se le hace visible la misericordia. Desde este fondo, Juan Pablo II ha desarrollado una cristología de Jesús misericordioso como imagen de Dios.«De este modo en Cristo y por Cristo, se hace también particularmente visible Dios en su misericordia, esto es, se pone de relieve el atributo de la divinidad, que ya el Antiguo Testamento, sirviéndose de diversos conceptos y términos, definió como «misericordia». Cristo confiere un significado definitivo a toda la tradición veterotestamentaria de la misericordia divina. No sólo habla de ella y la explica usando semejanzas y parábolas, sino que además, y ante todo, él mismo la encarna y personifica. El mismo es, en cierto sentido, la misericordia. A quien la ve y la encuentra en él, Dios se hace concretamente «visible» como Padre rico en misericordia» (DM I, 2).

4. Un Mesías misericordioso. La misericordia es la manifestación del amor mesiánico, un amor que está cercano al sufrimiento, a la injusticia, ala pobreza. Jesús no es revelador del Padre sólo por su mensaje, sino por su misma vida en favor de los pobres y por su conciencia básica de enviado de Dios, por la que aparece como mensajero del amor y la misericordia del Padre (cf. Lc 4, 18; Mt 11, 2-3). «Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la «condición humana» histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral. En el lenguaje bíblico, el modo y el ámbito en que se manifiesta el amor suele llamarse «misericordia». Cristo pues revela a Dios que es Padre, que es amo», como dirá san Juan en su primera Carta (1 Jn 4, 16); revela a Dios «rico en misericordia», como leemos en san Pablo (Ef 2, 4). Esta verdad, más que tema de enseñanza, constituye una realidad que Cristo nos ha hecho presente. Hacer presente al Padre en cuanto amor y misericordia es en la conciencia de Cristo mismo, la prueba fundamental de su misión de Mesías; lo corroboran las palabras pronunciadas por El, primeramente en la sinagoga de Nazaret y más tarde ante sus discípulos y antes los enviados porJuan Bautista» (DM II, 3).

5. Misericordia y misterio pascual. La cruz es la fuente de la misericordia, ellala revela. Es el signo escatológico de la presencia decisiva de Dios con los hombres. Cristo crucificado es el triunfo de la misericordia de Dios. «Creer en el Hijo crucificado significa «ver al Padre» (Jn 14, 9), significa creer que el amor está presente en el mundo y que este amor es más fuerte que toda clase de mal, en que el hombre, la humanidad, el mundo, están metidos. Creer en ese amor significa creer enla misericordia. En efecto, es ésta la dimensión indispensable del amor, es como su segundo nombre y a la vez el modo específico de su revelación y actuación respecto a la realidad del mal presente en el mundo que afecta al hombre y lo asedia, que se insinúa asimismo en su corazón y puede hacerle perecer en la gehenna» (cf. Mt 10, 28) (DM V, 7).

6. La misericordia de Dios en la misión de la iglesia. La misión de la iglesia es continuación de la misión de Jesús, Mesías, y participa de ella. Así, la iglesia profesa y pone de manifiesto la misericordia del Padre, viviendo como pueblo suyo. La acción de la iglesia es una praxis misericordiosa, un estilo de vida. La misericordia no sólo es un elemento del mensaje de la iglesia, sino su misma vida. «La Iglesia debe profesar y proclamar la misericordia divina en toda su verdad, cual nos ha sido transmitida por la revelación… La Iglesia vive una vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia, el atributo más estupendo del Creador y del Redentor, y cuando acerca a los hombres a las fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y dispensadora» (DM VII, 13).

7. María, Madre de Misericordia. María es la glorificadora de esa misericordia divina, que se extiende por generaciones. Nuestro tiempo no carece de valores, pero también se ve amenazado por una serie de contravalores. Para tratar de hacer frente a estos contravalores, que amenazan este momento, no basta la sola justicia, es necesaria la misericordia, como destaca la Madre de Jesús en el Magnificat (Lc 1, 46-55). «Las palabras del Magnificat mariano tienen un contenido profético, que afecta no sólo al pasado de Israel, sino también al futuro del Pueblo de Dios sobrela tierra. Somos en efecto todos nosotros, los que vivimos hoy en la tierra, la generación que es consciente del aproximarse del tercer milenio y que siente profundamente el cambio que se está verificando enla historia… En efecto, es obvio que, en nombre de una presunta justicia (histórica o de clase, por ejemplo), tal vez se aniquila al prójimo, se le mata, se le priva de la libertad, se le despoja de los elementales derechos humanos. La experiencia del pasado y de nuestros tiempos demuestra que la justicia por si sola no es suficiente y que, más aún, puede conducir a la negación y al aniquilamiento de sí misma, si no se le permite, a esa forma más profunda que es el amor, plasmar la vida humana en sus diversas dimensiones» (DM VI, 10 y 12).

 


[1] Texto on line: www.vatican.va/edocs/. Texto impreso: BAC, Madrid 1980. Cf. P. Beteta, El amor de Dios Padre a los hombres en la enseñanza de Juan Pablo II, Palabra, Madrid 1998; J. M. de Miguel (ed.), Juan Pablo II. El Padre de las misericordias y el Espíritu de Jesús, Secretariado Trinitario, Salamanca 1982; J. L. Lorda, Antropología. Del Vaticano II al Juan Pablo II, Palabra, Madrid 1996; J. M. Rovira Belloso, “El Padre rico en misericordia en la encíclica “Dives in Misericordia” de Juan Pablo II”: La Teología Trinitaria de Juan Pablo II, Semanas de Estudios Trinitarios 22, Salamanca 1988, 53-66; I. Semen, La sexualidad según Juan Pablo II, Desclée de Brouwer, Bilbao 205; Varios, La teología trinitaria de Juan Pablo II, Sec. Trinitario, Salamanca, 1988.

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