María, madre de Jesús 2. Piedad cristiana[1]

La madre de Jesús ocupa un lugar reducido pero muy importante dentro del Nuevo Testamento. De ella se habla de un modo especial en los textos de la infancia (Mt 1-2; Lc 1-2) y en el evangelio de Juan (Jn 2, 1-11; 19, 25-27), en relación con la fe de la iglesia, en el paso del Antiguo al Nuevo Testamento. También el texto de la madre celeste de Ap 12, 15 se ha interpretado en sentido mariano. Pero quizá más que los textos del Nuevo Testamento han influido la visión sagrada de la Madre de Jesús una serie de tradiciones religiosas, de carácter popular, filosófico y eclesial que han marcado de forma poderosa la piedad y vida cristiana de los primeros siglos.

 

1. Piedad popular: Santa María. La madre de Jesús formaba parte de la trama de la historia de Jesús y de la iglesia primitiva, con su complejidad y sus rupturas, con sus diferencias y tensiones, en un camino de tenso pluralismo que ha llevado al surgimiento de la Gran Iglesia, tal como la conocemos ya desde el siglo IV d. C. Pues bien, esa piedad popular, propia de un tiempo de crisis social y caída de valores, con la ruptura del viejo orden imperial y la pérdida de valores, hizo posible un tipo de búsqueda mariana caracterizado por la exigencia de seguridad personal y cercanía afectiva. El imperio romano había alcanzado su cumbre política y había unificado, de algún modo, todo el mundo conocido; externamente se podía presentar invencible, como se mostró a en la guerra contra los judíos (67-70 d. C.) y en la superación de las crisis posteriores. Sin embargo, las señales de ruptura y falta de seguridad podían observarse por doquier, como lo muestran tanto el juicio durísimo del Apocalipsis (el imperio es una Bestia que sería muy pronto destruida), como los gestos de rechazo y huída interior de los gnósticos. Eran muchos los que en este contexto buscaban seguridades interiores y sociales, que podían estar vinculadas a la veneración de la Diosa (sobre todo en su forma de → Isis-Cibeles) o al cultivo de los cultos orientales de salvación (vinculados sobre todo a Mitra). Es evidente que el despliegue del signo de María, Madre de Jesús, como figura amorosa que protege a los creyentes, no se entiende sólo en ese contexto de gran crisis cultural y religiosa, pero el contexto ayuda a interpretarlo. Ella, la Madre de Jesús, ‘venció’ en la gran batalla (algunos dirían en el gran super-mercado) de los cultos femeninos que habían empezado a expandirse desde Oriente en todo el Imperio Romano, a partir del siglo II. Evidentemente, ella tenía algo distinto: había sido una figura concreta, la madre histórica de Jesús; pero su función amorosa, salvadora, puede y debe interpretarse desde el fondo de las diosas protectoras de los últimos siglos del imperio romano. Ella aparece en ese contexto como santa, es decir, como separada (forma parte del misterio divino), siendo, al mismo tiempo, muy cercana, es decir, como Madre amorosa de los hombres huérfanos, como Amiga de los solitarios, como garantía de Pureza y inocencia para los manchados en el mundo.

2. Especulación helenista: una Madre espiritual. Los siglos de caída del imperio romano pueden entenderse como tiempos de un gran de un gran choque (alguien diría de un gran paroxismo) entre la maldad y violencia de la carne y el ideal de bondad pacificadora del espíritu. La vida estaba sometida, por un lado, a las tribulaciones un mundo cada vez más injusto y violento: desigualdades sociales crecientes, empobrecimiento de las grandes masas, inseguridad ciudadana, amenaza externa (invasiones bárbaras…); todo ello iba unido a una pérdida de valores familiares y a una gran desintegración social, que podía llevar y llevaba a los dos extremos: a una exaltación desencarnada de los placeres de la carne (sexo); y a una superación igualmente desencarnada de los valores eróticos y de los placeres de la vida. Pues bien, en ese contexto, resultaba necesaria o, al menos, muy conveniente una figura que se opusiera a esos extremos, ofreciendo seguridad y confianza a los hombres y mujeres, desde abajo, desde la misma vida, oponiéndose a los grandes desvalores oficiales del Imperio que se iba desintegrando. Aquí se introdujo el mensaje y proyecto cristiano, de manera que, al lado de Jesús, se fue elevando la figura de la Madre divina (theotokos), como signo de humanidad cercana, de maternidad fiel, de acogimiento y ternura. Ella aparece así como una Madre espiritual, que se sitúa en el ámbito de Dios, participando de su propia santidad, por encima de las complejidades y luchas del mundo. En este contexto puede presentarse, al mismo tiempo, como la Virgen por excelencia, superando, desde un amor más alto, las contradicciones sexuales, teñidas, según muchos, de concupiscencia egoísta y violencia. Ella participa, así, de los grandes valores del helenismo espiritualista, de tipo platónico, pudiendo presentarse como signo femenino de maternidad (amor fecundo) y de la virginidad (amor que se eleva por encima de la carne (sexo, violencia) del mundo. Así viene a mostrarse, en algún sentido, como encarnación del aspecto femenino y amoroso de Dios, al lado de Jesús (que puede correr el riesgo de representar más bien el aspecto judicial de lo divino). En esa línea, en una perspectiva que puede culminar en el Salve Regina dela Edad Media, María representa el lado amoroso de Dios, mientras que Cristo aparece más bien como juez al que debe temerse.

3. Orden eclesial: Ruega por nosotros. María es más que una figura mítica (una diosa-madre de oriente), es más que un signo del mejor → eros espiritual del helenismo platónico. Ella ha seguido siendo una mujer concreta dela historia. Más aún, ella forma parte del “tesoro espiritual” de una comunidad muy concreta de creyentes, es decir, de una iglesia donde se guarda y expande la memoria de Jesús. Así aparece siempre, vinculada a la figura de Jesús y al despliegue de su movimiento eclesial. Por eso, aunque haya estado muy vinculada a la piedad popular de los cristianos, la figura de la Madre de Jesús ha sido poderosamente influida y modelada por la estructura social y dogmática de la misma iglesia, que, después de superar las diversas crisis de la disidencia y las persecuciones del siglo III d. C.), ha venido a presentarse como gran sociedad alternativa, como la única institución estable del imperio (desde el siglo IV d. C.). Pues bien, culminado el proceso de cristianización del imperio, dirigida por unos obispos que aparecen, al mismo tiempo, como portadores de la tradición de Jesús crucificado y como autoridades políticas de gran importancia, la Iglesia proclama el dogma de la maternidad divina de María: “Si alguno no confiesa que Dios es según verdad el Emmanuel, y que por esola santa Virgen es madre de Dios (pues dio a luz carnalmente al Verbo de Dios hecho carne), sea anatema” (Canon 1 del Concilio de Éfeso, año 431).). Esta declaración conciliar ha tenido consecuencias incalculables en la visión y experiencia del amor en la Iglesia católica y ortodoxa: la Madre de Jesús ha sido sigue siendo para millones de cristianos el signo más alto del amor humano. Ella ha sido y sigue siendo un “icono” o signo privilegiado de la “ternura amorosa” de Dios, aunque a veces su signo ha podido utilizarse como medio de evasión, fuente de un tipo de espiritualismo desencarnado e, incluso, a veces, como justificación de un sometimiento femenino.

 

En esa línea se ha situado Benedicto XVI, al terminar o su encíclica sobre el amor con una referencia a María, la madre de Jesús: «En los Santos es evidente que, quien va hacia Dios, no se aleja de los hombres, sino que se hace realmente cercano a ellos. En nadie lo vemos mejor que en María. La palabra del Crucificado al discípulo –a Juan y, por medio de él, a todos los discípulos de Jesús: Ahí tienes a tu madre (Jn 19, 27)– se hace de nuevo verdadera en cada generación. María se ha convertido efectivamente en Madre de todos los creyentes. A su bondad materna, así como a su pureza y belleza virginal, se dirigen los hombres de todos los tiempos y de todas las partes del mundo en sus necesidades y esperanzas, en sus alegrías y contratiempos, en su soledad y en su convivencia. Y siempre experimentan el don de su bondad; experimentan el amor inagotable que derrama desde lo más profundo de su corazón. Los testimonios de gratitud, que le manifiestan en todos los continentes y en todas las culturas, son el reconocimiento de aquel amor puro que no se busca a sí mismo, sino que sencillamente quiere el bien. La devoción de los fieles muestra al mismo tiempo la intuición infalible de cómo es posible este amor: se alcanza merced a la unión más íntima con Dios, en virtud de la cual se está embargado totalmente de Él, una condición que permite a quien ha bebido en el manantial del amor de Dios convertirse a sí mismo en un manantial del que manarán torrentes de agua viva (Jn 7, 38). María, la Virgen, la Madre, nos enseña qué es el amor y dónde tiene su origen, su fuerza siempre nueva. A ella confiamos la Iglesia, su misión al servicio del amor» (Dios es amor 42).

 

 



[1] Además de obras citadas en nota anterior, cf. S. Benko, Los evangélicos, los católicos y la Virgen María, Causa Bautista, Barcelona 1981; The Virgin Goddess. Studies in the Pagan and Christian Roots of Mariology, Brill, Leiden 1993; J. C. R. García Paredes, Mariología, BAC, Madrid 1995; I. Gómez-Acebo (ed), María, mujer mediterránea, Desclée de Brouwer, Bilbao 1999; M. Navarro, María, la mujer: ensayo psicológico-bíblico, Publicaciones Claretianas, Madrid 1987; L. Pinkus, El mito de María. Aproximación simbólica, Desclée de Brouwer, Bilbao 1987; M. Warner, Tú sola entre las mujeres. El mito y el culto de la Virgen María, Taurus, Madrid 1991

 

54 Responses to “María, madre de Jesús 2. Piedad cristiana[1]”

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  4. “LA MUJER VESTIDA DEL SOL CON LA LUNA DEBAJO Y UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS”

    GÉNESIS 37:9-11
    (9) Soñó aun otro sueño, y lo contó a sus hermanos, diciendo: He aquí que he soñado otro sueño, y he aquí que el “SOL Y LA LUNA Y ONCE ESTRELLAS” se inclinaban a mí.
    (10) Y lo contó a su padre y a sus hermanos; y su padre le reprendió, y le dijo: ¿Qué sueño es este que soñaste? ¿Acaso vendremos yo y tu madre y tus hermanos a postrarnos en tierra ante ti?
    (11) Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre MEDITABA EN ESTO.

    APOCALIPSIS 12:1-2.
    (1) Apareció en el cielo una gran señal: UNA MUJER VESTIDA DEL SOL, con LA LUNA debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de DOCE ESTRELLAS.
    (2) Y estando encinta, clamaba con dolores de parto, en la angustia del alumbramiento.

    TODO HOMBRE DE DIOS SABE QUE:
    el sueño de Jose: “EL SOL, LA LUNA Y ONCE ESTRELLAS se inclinarían a ÉL”; y “LA MUJER VESTIDA DEL SOL, con LA LUNA debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de DOCE ESTRELLAS” son la misma alegoría que representa a “ISRAEL” (Jacob con sus doce hijos) (las doce tribus de israel)

    LA MUJER VESTIDA DEL SOL CON LA LUNA DEBAJO Y UNA CORONA DE DOCE ESTRELLAS NO ES MAS QUE “ISRAEL” LA NACIÓN JUDÍA.

    Aunque Dios usó a una mujer (María) para que el Verbo fuera hecho carne; las citas mencionadas arriba en ninguna manera se refieren a ella, porque el plan de Dios no se circunscribe a etiquetar una mujer, sino a salvar la humanidad mediante la redención que es en Cristo Jesús.

    LOS ARGUMENTOS CATÓLICOS SIEMPRE HAN SIDO DE PERDICIÓN Y PARA PERDICIÓN.

    *******

    SI MARÍA, QUIEN ES CONSIDERADA: “REINA DEL CIELO” Y “SIN PECADO CONCEBIDO” (o sea, que nunca pecó)

    ¿¿ POR QUÉ, NO APARECE EN EL CIELO PARA TOMAR DE LA MANO DE DIOS, EL LIBRO ESCRITO POR DENTRO Y POR FUERA, Y SELLADO CON SIETE SELLOS ?? (Apocalipsis 5:1-13)

    Apocalipsis 5:1-13.

    1. Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.
    2. Y vi a un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿QUIÉN ES DIGNO de abrir el libro y desatar sus sellos?
    3. Y NINGUNO, NI EN EL CIELO NI EN LA TIERRA NI DEBAJO DE LA TIERRA, PODÍA ABRIR EL LIBRO, NI AUN MIRARLO.

    ¿¿ DÓNDE ESTÁ MARÍA LA QUE LE DICEN: “AVE MARÍA PURÍSIMA SIN PECADO CONCEBIDO” ?? ¿¿ POR QUÉ LA REINA DEL CIELO NO SE ENCONTRÓ DIGNA DE TOMAR EL LIBRO, NI DE ABRIRLO, NI DE LEERLO, NI DE MIRARLO ??

    4. Y lloraba yo mucho, porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo.
    5. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.
    6. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra.
    7. Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono.
    8. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del “CORDERO” (Jesucristo); todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;

    ¿¿ DÓNDE ESTÁ MARÍA EN TODO ESTO ??

    9. y cantaban un nuevo cántico, diciendo: DIGNO ERES DE TOMAR EL LIBRO Y DE ABRIR SUS SELLOS; PORQUE TÚ FUISTE INMOLADO, Y CON TU SANGRE NOS HAS REDIMIDO PARA DIOS, DE TODO LINAJE Y LENGUA Y PUEBLO Y NACIÓN;
    10. y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra.

    ¿¿ ¡¡ PERO QUE PASA, QUE NO APARECE MARÍA POR NINGÚN SITIO !! ??

    11. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones,
    12. que decían a gran voz: El Cordero (JESUCRISTO) que fue inmolado ES DIGNO DE TOMAR EL PODER, LAS RIQUEZAS, LA SABIDURÍA, LA FORTALEZA, LA HONRA, LA GLORIA Y LA ALABANZA.

    ¿¿ ¡¡ PERO CÓMO ES POSIBLE !! ??
    ¿¿ ¡¡ DÓNDE ESTÁN LAS ALABANZAS A MARÍA LA REINA DEL CIELO !! ??

    13. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: AL QUE ESTÁ SENTADO EN EL TRONO, Y AL CORDERO, (Jesucristo) SEA LA ALABANZA, LA HONRA, LA GLORIA Y EL PODER, POR LOS SIGLOS DE LOS SIGLOS.

    ¿¿ Y CÓMO ES POSIBLE, QUE TODO LO QUE EXISTE, NO GLORIFIQUE A MARÍA, SI SE SUPONE QUE ELLA ES: “LA REINA DEL CIELO” ??

    ……………………………………………………….

    DIOS NO COMPARTE SU GLORIA CON NADIE
    Dios no comparte su gloria con nadie y mucho menos con las imágenes fundidas (Isaías 42:8)
    Isaías 42:8 Yo Jehová; este es mi nombre; y a otro NO DARÉ MI GLORIA, ni mi alabanza a esculturas.

    NOSOTROS SABEMOS QUE NUESTRA HERMANA MARÍA ESTÁ EN EL TERCER CIELO GOZOZA Y VESTIDA DE BLANCO RESPLANDECIENTE, EN EL PARAÍSO DE DIOS, .

    PERO TODOS LOS QUE LA ADORAN Y VENERAN AQUÍ EN LA TIERRA, TIENEN SU PARTE EN EL LAGO DE FUEGO Y AZUFRE, POR IDÓLATRAS Y MENTIROSOS. (Apocalipsis 21:8)

    ¡¡¡ A DIOS SEA TODA LA GLORIA !!!

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