Amor a los huérfanos, viudas y extranjeros en el AT[1]

El evangelio del domingo (11.11.12) habla del óbolo de la viuda en Marcos 12. Con esa ocasión quiero evocar la ley sobre las viudas (huérfanos y extranjeros) en Israel.

Las leyes nacionales suelen proteger a los miembros privilegiados del propio grupo. Pues bien, la Biblia ha elaborado una ley muy especial para proteger a los no privilegiados (viudas, huérfanos, forasteros). (1) Viuda (‘almanah) es una mujer que no recibe ayuda económica o protección social de ningún varón, sea porque su marido ha muerto, sea porque ha sido abandonada y queda sola, sin padres, hermanos, hijos o parientes que cuiden de ella. En el contexto patriarcalista y violento del entorno la Biblia, para una mujer, era imposible vivir sola, pues la unidad fundante y el espacio base de existencia era la “casa” (abbet-) y fuera de ella una mujer se volvía prostituta o vagaba sin sentido por la tierra. (2) Huérfano (yatom) es el niño o menor sin familia que le ofrezcan casa, es decir, protección jurídica, espacio de vida social y capacidad de desarrollo económico. Por eso está a merced del capricho o prepotencia de los poderosos del entorno. La tradición israelita ha vinculado siempre a huérfanos y viudas, situándoles sobre un mismo campo de necesidades y haciéndoles objeto de cuidado especial por parte del resto de la sociedad (cf Is 1,23; Jr 49,1; Job 22, 9; 24,3; Lam 5, 3). Por eso dice que Yahvé es Padre de huérfanos, Juez de viudas (Sal 68,6): toma bajo su protección sagrada de padre (‘Ab) el cuidado/educación de los huérfanos, apareciendo al mismo tiempo como defensor o juez (Dayan) de las viudas. Así se muestra como fuente de familia para aquellos que carecen de ella. (3) Forasteros o gerim son los que residen (gur) en la tierra israelita, pero sin formar parte de la institución sagrada de las tribus. No se han integrado en la estructura económico/social y religiosa del pueblo de la alianza, pero tampoco conservan el derecho del país del que provienen con sus propias estructuras sociales, familiares, religiosas; por eso, carecen de protección jurídica y/o nacional. Entre los textos donde se proclama la exigencia de proteger a huérfanos, viudas y extranjeros están los siguientes.

 

1.   Maldiciones de Siquem. Dt 27,19 está incluido dentro de un dodecálogo (Dt 27,15-26) que la tradición ha vinculado a las antiguas bendiciones/maldiciones de la alianza de Siquem. Es un texto arcaico, formulado de manera negativa, que incluye esta sentencia: «¡Maldito quien defraude en su derecho al forastero, huérfano y viuda! ¡Y todo el pueblo responda: así sea!». Este pasaje supone que los levitas proclaman en nombre de Dios la ley sagrada que exige la defensa de los más débiles; ofreciendo la protección o derecho sagrado (mishpat) a los forasteros/huérfanos/viudas. El pueblo entero, representado por las doce tribus (Dt 27,12-13), reunidas en asamblea constituyente (cf 27, 1,9), responde fiándose de Dios con su amen pactual (así sea). Dios y pueblo asumen un mismo ideal de ayuda y justicia para los débiles. El respeto hacia huérfanos/viudas/forasteros forma parte de la vida israelita, lo mismo que el rechazo de la idolatría (27,15) y las leyes de pureza sexual y protección personal (27, 20-25). La defensa de los oprimidos (con el ciego de 27,17) no ha entrado en los decálogos quizá más elaborados y completos de Ex 20 y Dt 5 pero es ley fundante de Israel: no cree en Dios (no puede responder amén) quien no se comprometa a defenderlos.

2. Código de la Alianza (Ex 20, 22-23, 19), incluye diversas leyes de tipo social, criminal, económico y cultual que sirven para revolver los problemas todavía no muy complicados de una sociedad en gran parte agraria. Destaca el cuidado por los más débiles y la preocupación por la justicia. Aquí se incluyen nuestras leyes integradas dentro de un decálogo (Ex 22, 17-30) con normas religiosas (22, 17-19), sociales (22, 20-26) y cultuales (22, 27-30). Entre ellas está la que exige la defensa de los débiles: «No oprimirás ni vejarás al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto. No explorarás a la viuda y al huérfano, porque si ellos gritan a mí yo los escucharé. Se encenderá mi ira y os haré morir a espada, y quedarán viudas vuestras mujeres y huérfanos vuestros hijos » (Ex 20, 21-23). La ley del forastero (22,20) queda así avalada por historia israelita: forasteros o gerim fueron antaño aquellos que forman hogaño el pueblo de la alianza; por eso no pueden olvidar su origen y oprimir a los que están sin casa. Este recuerdo del origen social israelita (¡fuisteis gerim!) funda toda su moral y la sustenta sobre la solidaridad con los oprimidos: Dios tuvo piedad de los hebreos marginados en Egipto; ahora son ellos los que deben comportarse como Dios, apiadándose de los forasteros. Este mismo motivo está al fondo de la ley de huérfanos y viudas. Si alguien les explota ellos pueden gritar y Dios les oye, como se decía ya en Ex 3, 7. El amor de Dios esIsrael es un amor activo y abierto hacia todos los expulsados de la sociedad.

3. El cuerpo del Deuteronomio (Dt 12-26) recoge y sistematiza (en el siglo VIII-VII a. C.) leyes muy antiguas que se encuentran en la línea de las acabamos de citar. Desde aquel horizonte lejano ha llegado esta ley sobre las fiestas: «Celebrarás (la fiesta) ante Yahvé, tu Dios, tú y tus hijos y tus hijas y tus siervos y tus siervas, y el levita que está junto a tus puertas, y el forastero, huérfano y viuda que viva entre los tuyos, en el lugar que Yahvé tu Dios elija para que more allí su nombre. Recuerda que fuiste siervo de Egipto; guarda y cumple todos estos preceptos» (Dt 16, 11-12). El patriarca de la casa ha de abrir sus puertas, ofreciendo espacio de alegría cultual, fraternidad religiosa y encuentro social a los más oprimidos. Junto al huérfano/viuda/forastero se incluyen siervos y siervas, es decir, los criados o esclavos, igual que los levitas que carecen de propiedades para organizar a sus expensas la gran fiesta del recuerdo y plenitud israelita. Huérfanos y viudas y también los forasteros deben gozar y participar enla celebración. A través de la fiesta compartida, van entrando en la comunidad israelita, de manera que Dios se manifiesta como fuente de comunión para todos ellos.

 

La necesidad iguala a hermanos (del propio pueblo) y forasteros (de otro pueblo) en la misma exigencia de justicia (cf Dt 24, 14-15). Desde este fondo se formula también la ley de la cosecha: «No defraudarás el derecho del emigrante y del huérfano y no tomarás en prenda la ropa de la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto y de allí te rescató tu Dios; por eso te mando hoy cumplir esta ley. Cuando siegues la mies de tu campo… no recojas la gavilla olvidada; déjasela al forastero, al huérfano y a la viuda y te bendecirá Yahvé tu Dios en todas las tareas de tus manos. Cuando recojas tu olivar, no repases sus ramas; dejárselas al forastero, al huérfano y ala viuda. Cuando vendimies tu viña no rebusques los racimos; déjaselos al forastero, al huérfano y a la viuda; recuerda que fuiste esclavo en Egipto; por eso hoy te mando cumplir esta ley» (Dt 24, 17-22). Yahvé ha empezado siendo un Dios de esclavos; lógicamente se ocupa de los nuevos esclavos u oprimidos que son, en especial, los huérfanos, viudas, forasteros. Por eso, frente al afán de pura producción, que se expresa en actitudes de codicia (tenerlo todo, aprovecharse de ello), el texto apela al derecho de aquellos que no cuentan con nada, que no pueden hacer otra cosa que gritar a Dios. Escuchar ese grito y ayudar a los pobres, eso es amar de verdad.

Estas leyes culminan en la exigencia de amor a los forasteros. «Circuncidad el prepucio de vuestros corazones, no endurezcáis más vuestra cerviz; porque Yahvé, vuestro Dios, es Dios de Dioses y Señor de Señores, es Dios grande, fuerte y terrible, no es Dios parcial ni acepta soborno; él hace justicia al huérfano y a la viuda y ama al forastero para darle pan y vestido. Y amaréis al forastero, porque forasteros fuisteis en Egipto (Dt 10, 16-19). Dios muestra su poder poniéndose (y poniendo a los creyentes) al servicio de huérfanos, viudas, forasteros. Este pasaje comienza diciendo que Dios ha amado a los padres del pueblo (a los israelitas), a los que ha elegido. Pero inmediatamente después asumiendo y universalizando esa elección, dice que el mismo Dios ama (´ahab) al ger, es decir, al que no forma parte del pueblo israelita (10,18). El principio del pasaje (10,16) con la exigencia de circuncidar el corazón empalma con el final (10,19) donde se pide a los israelitas que amen a los forasteros. Esta es la verdadera circuncisión, esta la esencia de la vocación e identidad israelita: el amarás a Yahvé, tu Dios de la confesión de fe israelita (Dt 6, 4-5) se amplía así en las palabras igualmente fundamentales, que definen la práctica israelita: amareis al forastero (´ahabtem ´et ger) porque gerim o forasteros fuisteis en Egipto (10.19).

La tradición judía, asumida por el Nuevo Testamento (cf. Mc 12, 29-31), ha vinculado amor a Dios y amor al prójimo (Dt 6,5 y Lev 19,18), en unión textual hermosa pero un poco estrecha, porque el prójimo (rea´) de Lev 19, 28 sigue siendo el israelita. Hubiera sido preferible, al menos en contexto cristiano, haber unido los dos textos centrales del Deuteronomio: Dt 6,5 (amor de Dios) y Dt 10,19 (amor al ger o forastero). La vinculación de esos amores, fundada en el gesto de Dios que, escoge a los israelitas (Dt 10, 14-15), pero protege y ama de un modo especial a los más oprimidos (10, 17-18), constituye la revelación más alta del Antiguo Testamento.

 


[1] Cf. J. Fensham, “Widow, Orphan the Poor in Ancient Legal and Wisdom literatura”: JNES 21(1962) 129-139; N. L. Levison, “The Proselyte in Biblical and Early Post-Biblical times”: SJT 10 (1957) 45-66; I. Lewy, “Dating of Covenant Code Sections on Humanneness and Righteousnes”: VT 7 (1957) 322-326; Ch van Houton, The Alien in the israelite Law, JSOT SuppSer 107, Sheffield 1991; G. van Leeuwen, Le Développement du Sens Social in Israël avant l’ère Chrétienne, SSNeer Assen 1955: I. Weller, “Zum Schicksal der Witwen and Waisen bei den Völkern der Alten Welt”: Altertum 31 (1981) 157-197. Para situar las leyes en su contexto histórico/jurídico cf J. L. Sicre, Introducción al Antiguo Testamento, Verbo Divino, Estella 1992, 109-132; R. de Vaux, Instituciones del Antiguo Testamento, Herder, Barcelona 1985, 74-90, 109.137; P. van Imschoot, Teología del Antiguo Testamento,. FAX, Madrid 1969, 590-633; N. K. Gottwald, The Tribes of Yahweh, SCM, London 1980, 237-34. Desarrollo general del tema en E. Levinas, Totalidad e Infinito, Sígueme, Salamanca 1987 y X. Pikaza, Dios judío, Dios cristiano, Verbo Divino, Estella 1997.

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