Salvador Pániker, místico y libertino

Salvador-Paniker-partidario-nuevas-fronteras_EDIIMA20131228_0031_18Salvador Pániker se ha muerto a los noventa, en un momento en que quizás estaba dejando de ser nuestro coetáneo, y no es que él se estuviera quedando viejo, sino que nosotros estamos envejeciendo demasiado a prisa. El nuevo siglo no nos ha sentado del todo bien, pese a los indudables avances tecnológicos que han venido a dar alas a nuestra cotidianidad. Tengo la impresión de que por culpa del terrorismo internacional y de otros ismos hemos retrocedido algunas casillas en el tablero de la modernidad, nos hemos vuelto más tristes y desconfiados de manera que poco a poco hemos ido perdiendo de vista la estela mística, filosófica y libertina del maestro.

Barcelonés de 1927, de padre indio y madre catalana, la figura de Salvador Pániker deslumbra por su solvencia intelectual y por su búsqueda de un horizonte que estaba delante, pero también detrás. Tal vez su mayor aportación filosófica sea la del pensamiento retroprogresivo, según el cual cada paso auténticamente significativo que damos hacia el futuro conlleva un regreso al pasado. El progresismo de Pániker es original en el sentido de que va al origen. El pensador indio-catalán propugnó una filosofía alejada del dualismo que orienta el judeo-cristianismo, con su división tajante entre cuerpo y alma, que arrastra consigo una visión dual general del mundo. Pániker tuvo un pie en su oriente paterno y otro en su occidente materno, estudió con el mismo afán teórico y práctico las letras y las ciencias, fue a la vez un contemplativo y un hombre de negocios, con incursiones en la política: fue diputado de UCD durante 24 horas; fue editor de postín y escritor de éxito, hombre de vasta cultura, mujeriego, espléndido conversador y acomodado, que vivía en el barrio barcelonés de Pedralbes. Comprendo que la letanía de virtudes suele acompañar a los muertos, pero he sentido fascinación por el autor barcelonés desde que leí a principios de los noventa su Primer testamento y su Segunda memoria. Después tuve la suerte de entrevistarlo en 1999 para un reportaje sobre la new age, que nunca llegó a emitirse, que propició una anécdota que conté hace unos años en este mismo blog y que pueden consultar aquí.

Uno de los libros que más me han interesado es Filosofía y mística, en el que realiza un documentado y fantástico viaje por el pensamiento griego. Parte de la idea de que no estamos interesados por los griegos por un afán arqueológico, sino porque nosotros seguimos siendo los griegos. En su equipaje vital figura una hija muerta a causa de las drogas, una mujer singular, Nuria Pompeia, que fue su esposa y con la que mantuvo la relación de amistad después de la separación, amigas en distintos grados, con una joven amante que le acompañó todavía en los penúltimos escalones de su vejez, un hermano, Raimon, que fue sacerdote del Opus Dei y con el que tuvo frecuentes desavenencias intelectuales y familiares.

Pániker, que había sido un católico convencido en su primera juventud, decía que lo más triste del judeo-cristianismo es que es una religión sin humor, y citaba al filósofo Cioran, quien escribió que sin Bach, Dios hubiera sido un personaje de tercera categoría. Puede que la faceta que le haya hecho más conocido en las últimas décadas haya sido su defensa de la eutanasia, a través de la Asociación por una muerte digna. Arrastró durante buena parte de su vida una delicada salud de hierro, “soy un enfermo crónico con euforia farmacéutica”, le contó a Sánchez Dragó.  Aventurero de alma y sedentario de cuerpo, Pániker se ha apagado lentamente, al compás de su reloj biológico, sin necesidad de echar mano de la asociación que con tanta determinación presidió.

4 Responses to “Salvador Pániker, místico y libertino”

  1. Tirado, cuando Vd. se tira, se tira (le ruego no me penalice por el chiste). Quiero decir que, cuando cree -en la persona, el texto, la cita o el panegírico- lo abraza del todo, lo disfruta… Y luego nos invita generosamente al banquete. Esta piscina en calma que es Pániker refresca mucho y bien. Le agradezco la invitación. Me haré unos largos en soledad y le contaré, tal vez, cómo me ha ido.

  2. Una frase de Paniker: “La mayoría de los hombres sufren a causa de los esfuerzos que hacen por no sufrir”, me recuerda otra frase de Schopenhauer: “Querer es esencialmente sufrir, y como vivir es querer, toda vida es por esencia dolor”. Seguiría con Nietzsche, Ciorán…Nihilismo. Quizás uno de los rasgos más característico del pensamiento contemporáneo sea el nihilismo. Un nihilismo que en gran medida es lucidez. El nihilismo y la lucidez de Paniker. Lo más atractivo de la filosofía de Paniker creo que es su acercamiento a los sentimientos cotidianos.
    Nos dice en su libro “Filosofía y mística”: “…¿Cómo describir esa sensación insoportable que tengo alguna madrugada al levantarme de la cama, cuando me percibo que yo soy yo, la hondura infinita de ser yo, y tengo que hablarme a mí mismo para escapar al vértigo. La infinitud de la conciencia amenaza con hacer estallar la finitud del cerebro…”. Lamento su desaparición y comparto su homenaje sr. Tirado, y por supuesto aplaudo el bello texto.

  3. Magnífico el texto de Tirado. Reconozco que no he leído casi nada de Paniker. Pero ha muerto en un momento en el que el interés general por la Filosofía está en retroceso, en el que los filósofos se han convertido en una especie de rareza a la que nadie hace caso en medio del aluvión de partidos para decidir al campeón de Liga y de Champions. Tiempos infinitamente peores de cómo los describe Tirado al inicio de su texto.Pero Tirado nos ha acercado magníficamente a la figura de Salvador Paniker. Inmenso post.

  4. En los setenta, cuando estudiábamos (los que estudiábamos en esa década), había nombres sagrados -Hesse, Castaneda- y otros semisagrados, más próximos a la divulgación que a la literatura -Sánchez-Dragó, Racionero, Ramiro Calle- que nos hablaban de otras culturas y de la conveniencia de conocerlas para enfrentarnos ética y saludablemente a ese occidente quebradizo en el que respirábamos. Siempre me parecieron impostores, oportunistas, buscadores de ese santo grial moderno que los sabios del marketing llaman “nichos de mercado”. Nunca me he fiado mucho de ellos.

    Pániker tiene mucho que ver con ese grupo de avispados. Pero se merece, quizás, una mirada más respetuosa y detenida. Intentaré esa mirada desde la lectura de las obras que no conozco y la relectura de las que sí llegaron a mis manos. Tengo la impresión, no obstante, de que me va a resultar difícil redimirlo. Redimir al autor, quiero decir. El editor, ¡Qué grande Kairos!, no necesita redención. Un hombre de empresa, capaz de construir semejante leyenda del negocio editorial, no necesita nada para ganarse un sitio de honor en la memoria colectiva de los españoles. Y de los catalanes, dando por hecho ya, qué remedio, que no seamos la misma cosa. Descanse en paz, en todo caso.

Discussion area - Dejar un comentario