Creatividad e imaginación en catequesis

La buena intención está asegurada. Lo que ya no tengo tan seguro es que los resultados acompañen a esas buenas intenciones.
Me refiero a las catequesis que impartimos tanto a niños, A jóvenes, como a adultos.
Viendo la otra noche el estreno de la serie ‘Otros mundos’ de Javier Sierra, reciente ganador del premio Planeta, me preguntaba qué pasaría si nosotros perdiéramos el miedo a innovar y a ser creativos en nuestras catequesis.

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Que nadie se asuste. No se trata de inventar lo que contamos pero sí cómo lo contamos. Javier Sierra no inventa, se ciñe a la historia y desde ahí pone en marcha su portentosa imaginación y creatividad para mostrarnos esos ‘misterios’ que están a nuestro alrededor y que dejamos que nos miren sin ser mirados.
Sinceramente creo que hay que perder el miedo a innovar porque los niños, los jóvenes y hasta lo adultos de hoy en día no se parecen en nada a los de antes.

DIOCESISDEMALAGA ES

Hacer los materiales más atractivos, con más colores, o introducir un lenguaje propio de las RRSS no es garantía ni está demostrando que tenga más recorrido que el tiempo que dura una catequesis.

Se trata de hacer de otra manera. ¿Qué pasaría si en nuestras catequesis explicáramos, por ejemplo, a leer la biblia de otra forma? Lo digo porque buena parte de ella se escapa ya a nuestra cultura, ya que provenir de la cultura judeocristiana no es lo mismo que haber vivido la cultura de la biblia. Intuyo que, sobre todo, a los jóvenes y a los adultos, les sorprendería descubrir que ciertas claves para entender muchos pasajes de la biblia se encuentran en libros diferentes en el que aparece ese pasaje; o que los nombres de los personajes no están puestos porque sean bonitos; o que las posturas de los cuerpos, sobre todo en los evangelios, juegan un papel fundamental. Son claves que, además de clarificar la comprensión de la lectura, nos adentran en la situación.

XANI NET

Si nuestras catequesis no despiertan las ganas y la curiosidad de profundizar en la fe que profesamos, no sirven para nada.

Valgan estas cuatro frases que el Papa Francisco ha pronunciado en la felicitación de Navidad (por cierto, sin desperdicio) a la Curia vaticana:

– Una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis.
– Una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer.
– Una fe que no nos interroga es una fe sobre la que debemos preguntarnos.
– Una fe que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida.

Ya que estamos en Navidad, descorchemos la creatividad y brindemos con imaginación. Nuestras catequesis lo agradecerán.

Fotografías cortesía de:
planetadeloslibros.es
diocesisdemalaga.es
Xani.net

Celebremos Acción de Gracias

Una vez celebrado ya el adviento consumista del black friday y que la mayoría de la gente anda liada con la Navidad comercial, los que queremos e intentamos (aunque caigamos en la tentación) celebrar el Adviento cristiano y la Navidad también podemos reclamar otra fiesta que ya suena por almacenes y sectores consumistas. Se trata de Acción de Gracias.
¡Ojo!, no es broma, si no nos ponemos las pilas, se nos comerán el terreno como con Halloween que, aunque no tiene nada que ver con Todos los Santos, los listillos del ámbito consumista casi han conseguido borrar ya nuestra fiesta cristiana del calendario.
¿Por qué reclamo celebrar Acción de Gracias? Primero por lo dicho. Porque de no llevar la iniciativa nosotros, vendrán otros, lo harán y desposeerán de su verdadero significado a esta fiesta. Segundo, porque ¿sabe alguien cuándo se celebra Acción de Gracias en España y cómo se llama aquí esa fiesta? Tal vez sería una forma de conocer aquello que nos es propio.

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Se celebra el 5 de octubre y recibe el nombre de Témporas y son los días, litúrgicamente concentrados en el 5 de octubre, que recogen la acción de gracias y de petición a Dios terminadas las jornadas de recolección y de descanso antes de emprender las actividades habituales.
En realidad las Témporas son la aproximación de la liturgia a la vida cotidiana para encontrar en Dios la fuente de todo don y hoy no tiene que tener, exclusivamente, ese carácter agrícola de su origen. Hoy en esa acción de gracias tienen cabida las actividades empresariales, económicas, culturales, científicas…, que muestran el desarrollo del ser humano. Eso sí, sin olvidar que todo es nuestro, y nosotros somos de Cristo, y Cristo, de Dios (Icor 3, 22-23).
No dejemos que nos quiten nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra fe. De no estar atentos lo acabaremos pagando caro, muy caro. Celebremos Acción de Gracias, Témporas o como queramos llamarlas, pero celebremos. Y celebremos ya en 2018.

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Y no hace falta que haya pavo para comer ni grandes comilonas. Sería buena ocasión para reducir gastos y compartir con quien menos tiene.

Niños y cementerios

Estar en noviembre y no hablar de cementerios casi sería imperdonable. Sin embargo, algunas veces, una se lleva una sorpresa porque encuentra una escena muy extraña en un cementerio.
El fin de semana anterior a la fiesta de Todos los Santos fui al cementerio de mi ciudad. La puerta por la que accedo normalmente se abre en la zona de las capillas familiares.
Nada más entrar me sorprendió mucho ver a un joven matrimonio acompañado de sus dos hijos, niño y niña. El niño era el mayor y tendría alrededor de 5-6 años, su hermana no creo que llegara a los 4.
Los padres y los niños andaban de la capilla a una cercana fuente donde llenaban los jarrones de agua para depositar las flores. Me llamó tanto la atención que unos padres llevaran a sus hijos al cementerio que, con bastante curiosidad, me paré a una distancia prudencial junto a otra capilla para ver qué hacían.

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Los padres les hablaban a los niños de sus familiares allí enterrados. En concreto, el padre, le contaba a su hijo que cuando tenía aproximadamente la edad que él tenía ahora, su padre falleció y se fue al cielo y que desde allí lo ha querido y ayudado siempre.
No debía ser la primera vez que los niños acompañaban a sus padres al cementerio ya que el niño recordaba que allí estaban enterrados unos tíos que él no había conocido y que estaban en el cielo desde hacía ¡más de cien años! El padre intentó concretar algo más la fecha pero para el niño muchos años eran, sin la menor duda, más de cien.
Toda la familia participó en la colocación de las flores y en la limpieza del suelo. Cuando terminaron llegó el momento de rezar. Los padres situaron a los niños delante de ellos explicándoles quienes eran los que allí descansaban y comenzaron a rezar pidiendo que Dios los cuidara en el cielo hasta que volvieran a reunirse todos juntos allí.
Cuando terminaron de rezar, la madre, les decía a sus hijos que no había que tener miedo a la muerte porque era ir a otro sitio donde Dios, que nos quiere mucho, nos espera y también están las personas a las que hemos querido.
Parece ser que a la niña lo de Dios se le escapaba un poco así que su madre la cogió en brazos atendiendo lo que la pequeña le decía. No entendí a la niña pero, por la respuesta de la madre, deduje que la niña había preguntado si también estaba el Niño Jesús ya que la madre asintió con la cabeza a la vez que decía que sí, que el Niño Jesús también estaba.

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Permanecieron unos momentos en silencio y, cuando el padre se disponía a cerrar la puerta de la capilla, la niña se puso delante y dijo de cantar un villancico porque al Niño Jesús era lo que le gustaba.
Esta decisión de la niña sí debía ser nueva por la cara de sorpresa que pusieron los padres y por la negativa del ‘hermano mayor’. Pero la niña insistió. Los padres comentaron algo, debió ser qué villancico cantaban, y muy bajito entonaron el ‘Noche de paz’ que les debió de parecer el más adecuado para el sitio.
Una vez terminaron el padre cerró la puerta de la capilla, se dieron un abrazo todos y salieron del cementerio tranquilamente.
Fue una escena maravillosa que me hizo pensar en lo extraño que nos parece lo que debería ser normal.
Ahora, a los niños, se les niega que tengan un contacto directo con la muerte porque los puede traumatizar. Sin embargo, no se les priva de ver la televisión donde los actores mueren hoy en una serie para salir mañana en otra, lo que provoca que muchos niños, a la hora de enfrentarse a la muerte de alguien (siempre que no se la disfrace de viaje o algo parecido), reaccionen como si mañana o pasado fuera a volver, porque es lo que están acostumbrados a ver.
Los niños de la escena que vi en el cementerio, tendrán la suerte de crecer sabiendo que la muerte es un paso más de la vida, y que no es el final de todo. En unos pocos años espero que sus padres les hablen de la esperanza para que, cuando llegue el momento de vivir la separación de un ser querido, la vivan como un hasta luego en la certeza de que viviremos un tiempo sin ver a esa persona, pero ni un día sin quererla y sin sentirnos querido por ella.
¡Qué suerte la de estos dos niños por tener unos padres que les hablan de la vida y de la muerte! En realidad les hablan de la vida y de la Vida.

Palabras sencillas, no posverdad

El 11 de octubre de 1962, recién empezado el Concilio Vaticano II, Juan XXIII, por la noche, escuchó las voces de la gente que llenaba la plaza de San Pedro y decidió dedicarles unas palabras improvisadas que han pasado a la historia como “El discurso de la luna”.

Esas palabras no han perdido nada de la frescura y la ternura con las que fueron pronunciadas.
Ahora, 55 años después, damos vueltas y vueltas para decir algo, medimos, calculamos, queremos ser ‘políticamente correctos’, que nada de lo que pensemos o digamos nos cause problemas. Al final, todo muy artificial.

Por eso creo que es bueno recordar aquellas sencillas palabras de Juan XXIII que, improvisadas y todo, calaron tan hondo que todavía hoy se recuerdan.

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«Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo. Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad” (cf. Lc 2,14).
Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: He aquí un saboreo previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad.
Si preguntase, si pudiera pedir ahora a cada uno: ¿de dónde venís vosotros? Los hijos de Roma, que están aquí especialmente representados, responderían: “¡Ah! Nosotros somos vuestros hijos más cercanos; vos sois nuestro obispo, el obispo de Roma”.
Y bien, hijos míos de Roma; vosotros sabéis que representáis verdaderamente la Roma caput mundi, así como está llamada a ser por designio de la Providencia: para la difusión de la verdad y de la paz cristiana.
En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje. Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo! Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad.
Fratres sumus. La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias, es luz de Cristo, que quiere dominar verdaderamente con su gracia, todas las almas. Esta mañana hemos gozado de una visión que ni siquiera la Basílica de San Pedro, en sus cuatro siglos de historia, había contemplado nunca.
Pertenecemos, pues, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto; y por tanto deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado. Ahora os doy la bendición. Junto a mí deseo invitar a la Virgen santa, Inmaculada, de la que celebramos hoy la excelsa prerrogativa.
He escuchado que alguno de vosotros ha recordado Éfeso y las antorchas encendidas alrededor de la basílica de aquella ciudad, con ocasión del tercer Concilio ecuménico, en el 431. Yo he visto, hace algunos años, con mis ojos, las memorias de aquella ciudad, que recuerdan la proclamación del dogma de la divina maternidad de María.

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Pues bien, invocándola, elevando todos juntos las miradas hacia Jesús, su hijo, recordando cuanto hay en vosotros y en vuestras familias, de gozo, de paz y también, un poco, de tribulación y de tristeza, acoged con buen ánimo esta bendición del padre. En este momento, el espectáculo que se me ofrece es tal que quedará mucho tiempo en mi ánimo, como permanecerá en el vuestro. Honremos la impresión de una hora tan preciosa. Sean siempre nuestros sentimientos como ahora los expresamos ante el cielo y en presencia de la tierra: fe, esperanza, caridad, amor de Dios, amor de los hermanos; y después, todos juntos, sostenidos por la paz del Señor, ¡adelante en las obras de bien!
Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar. Tened una palabra de aliento para quien sufre. Sepan los afligidos que el papa está con sus hijos, especialmente en la hora de la tristeza y de la amargura. En fin, recordemos todos, especialmente, el vínculo de la caridad y, cantando, o suspirando, o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y nos escucha, procedamos serenos y confiados por nuestro camino.
A la bendición añado el deseo de una buena noche, recomendándoos que no os detengáis en un arranque sólo de buenos propósitos. Hoy, bien puede decirse, iniciamos un año, que será portador de gracias insignes; el Concilio ha comenzado y no sabemos cuándo terminará. Si no hubiese de concluirse antes de Navidad ya que, tal vez, no consigamos, para aquella fecha, decir todo, tratar los diversos temas, será necesario otro encuentro. Pues bien, el encontrarse cor unum et anima una, debe siempre alegrar nuestras almas, nuestras familias, Roma y el mundo entero. Y, por tanto, bienvenidos estos días: los esperamos con gran alegría».

Lo que se dice con el corazón, llega y no necesita ser adornado. Gracias Juan XXIII.

Protocolo evangélico

Los viajes del Papa Francisco se analizan desde puntos de vista distintos en las diferentes publicaciones, tanto digitales como de papel, y nos presentan reflexiones que van en la línea de esas publicaciones. Se da mucha importancia a los discursos, homilías, saludos… Con el Papa Francisco también hay que estar muy al tanto de las imágenes ya que, en muchas ocasiones, transmiten tanto o más que sus palabras.

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Hay quien, insistente y machaconamente, repite que el Papa se salta el protocolo, que ese o aquel gesto ha roto el protocolo, que tal intervención estaba fuera de protocolo. No, no es cierto. El Papa Francisco no se salta el protocolo porque el protocolo no puede saltarse, ni romperse. Lo que sucede es que Francisco ha impuesto su protocolo que es, por otra parte, lo que hace todo el mundo cuando ocupa el puesto más alto en una institución. Él le ha dado su aire, su estilo.

Contrariamente a lo que muchos puedan pensar, la Biblia tiene páginas que son auténticas clases de ceremonial y protocolo. Algunos ejemplos: ISam, 9,13, nos informa del orden en empezar a comer; ICro 13, 7-8, nos cuenta la disposición del Arca de la Alianza para su traslado a Jerusalén y el orden de las personas que la acompañaban; Ez 14, 1, en una sencilla frase nos transmite la colocación de los ancianos; Lc 14, 7-11, nos habla de la precedencia a la hora de colocar a los invitados en un banquete; y, finalmente, la Última Cena, (Mc 14,12-14; Mt 26,17-29; Lc 22,7-23) nos dicen dónde se celebró la cena, en el segundo piso, en una sala grande, que era un lugar de honor de la casa, y quienes estaban. Jn 13, 4-5, nos relata el gesto que se tenía con los invitados.

El Papa Francisco impone un protocolo muy evangélico porque, aunque ciertamente es el Jefe del Estado Vaticano, sobre eso, es el pastor de muchos millones de creyentes que es a los que va a visitar. También está encantado de recibir a cuantos no creyentes se acercan.

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Protocolo significa orden, así de sencillo. Y las visitas del Papa están muy ordenadas en sus horarios para poder llegar a todos los sitios que quiere ir. Lo que haga ya en esos sitios, lo ha decidido él antes de la organización del viaje, junto con su equipo de seguridad, la Secretaría de Estado… Si un tradicional discurso es sustituido por un baile, o por un grupo de niños cantando y luego abrazando a Francisco, ¿quién se atreve a decir que eso no es protocolo? No podemos olvidar que Jesús, al ver que los discípulos apartaban a los niños que se acercaban dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí” (Mc 10,14; Mt 19,14) ¿Desde cuándo no ir a visitar un museo o una exposición y, a cambio, ir a visitar la casa de una humilde mujer, Lorenza en este viaje, que se encarga de cuidar a todo el que se acerca por allí, no es protocolo? IRe 17,7, nos relata la visita de Elías a la viuda de Sarepta.

Todo en Francisco es protocolo evangélico. Tal vez un tipo de protocolo que no estamos acostumbrados a ver pero que deberíamos conocer, porque es del que bebe nuestro protocolo de cada día. No olvidemos que nuestra cultura es de tradición judeo-cristiana. Esa es nuestra fuente.

Imágenes cortesía de: www.vidanuevadigital.com y www.eltiempo.com

Barcelona 17 de agosto

Hace unas cuatro horas que se ha producido el atentado de Barcelona. Las RRSS están que echan humo. Pese a todas las peticiones de no difundir imágenes, los primeros en saltarse la petición a la torera son los grandes medios de comunicación. ¿Derecho a la información? Se puede informar sin mostrar los cuerpos y el desasno siendo nunca momento oportuno, este atentado llega en un re causado. Los políticos ya están reunidos.

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Dentro de poco comenzarán los análisis, los comentarios. Los habrá de todo tipo porque, además, no siendo nunca tiempo oportuno para que haya un atentado, éste llega en un momento especialmente sensible para la sociedad.
Sin miedo, sin reproches, sin mirar el color de la piel. Lo único que queda es una reflexión serena, toda la atención a los heridos, a sus familias y una oración especial por los fallecidos y por sus familias.

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Que Dios nos ayude a todos.

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Esta es la escandalosa cifra que un equipo de futbol francés ha pagado por un jugador, Neymar, vía país de dudosa reputación y fama, Qatar.

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222 es el código telefónico para llamar a Mauritania. En este país africano la mitad de la población vive con 1’25$ al día. El 4% de su población está literalmente esclavizada. De 1902 hasta 1960 fue una colonia francesa en la que no se invirtió nada. La esperanza de vida de sus habitantes no supera los 55 años. La mayor parte de la población es analfabeta, principalmente las mujeres.

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Realizan los pocos tratos comerciales mediante la palabra con lo que nunca pueden justificar la propiedad de nada, lo que implica que pueden ser desalojados de una parcela de tierra con toda facilidad. Salvo algunas ciudades costeras, la mayoría no tiene electricidad, ni agua. La sequía y la falta de recursos para gestionar la poca agua que tienen complica la situación.

Casa África es el órgano que mantiene allí España como puente con los mercados de los países del África occidental. Los mauritanos más poderosos (los menos y tal vez mejor no saber la razón de esa situación) tienen bastante contacto con Canarias y viajan allí con frecuencia.

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No nos engañemos. Esto es sólo un espejismo en el drama de un país que, según el Índice de Desarrollo Humano que realiza la ONU, está entre los de peor calidad de vida del mundo. 222 millones de euros, bien gestionados, hubieran servido de mucho en Mauritania. Y quien dice en Mauritania podría decir en otros muchos países del mundo.
Los medios de comunicación han recogido todos los comentarios sobre semejante ‘transacción comercial’ y sobre lo que se podría comprar una persona con 222 millones de euros: casas, flotas de aviones, viajes espaciales, yates de lujo…

Sin embargo, todos los medios repiten, a modo de cantinela, una frase que evidencia la realidad en la que viven, a gusto por lo que se ve, los admirados jugadores de futbol: “Fulanito tendría que pagar una clausula de XXX millones de euros para recobrar su libertad”.

Expuestos al público para ser vendidos y comprados. Siempre pendientes de que una lesión no los deje inservibles y sin valor alguno. Esclavos con millones, pero esclavos al fin que tienen que pagar o someterse a quién paga por ellos para recobrar ¿la libertad?

Fotos:
www.telemadrid.es
www.countryreports.org
www.edition.cnn.com

Los ángeles de Charlie

LOS ÁNGELES DE CHARLIE

Fue la típica serie de televisión a la que con el paso del tiempo convirtieron en película. Sin embargo, no me refiero a estos ángeles por muy famosos que fueran, sino a los que han tenido más que trabajo extra para proteger al bebé Charlie Gard, víctima de una enfermedad genética y, todavía peor, víctima de la decisión del Estado.

Han pasado ya unos días desde que Charlie nos dejó para siempre. En su corta estancia entre nosotros solamente ha conocido del Estado su peor cara, y realmente me pregunto si después de esto y de las muchas muertes de personas mayores en países donde la eutanasia se aplica sin necesidad de consentimiento del paciente o del mayor, la podrá tener buena alguna vez. Ese inhumano Estado, que debería proteger a sus ciudadanos, decidió que Charlie era inservible y le denegó, a través de la decisión de un tribunal de justicia ¿justicia?, el posible tratamiento para el que sus padres pidieron ayuda y, las generosas donaciones de sus conciudadanos hubieran hecho posible, porque Charlie era un caso sin remedio, y como tal fue trasladado a un hospital para terminales. Ni pudo regresar a su casa como querían sus padres, siquiera para morir en un entorno menos frío que el de un hospital.

Sí, ya sé. Hay y habrá muchos ‘Charlies’ en la vida. Sin embargo, este Charlie, al hacerse público su caso, nos ha evitado tener que imaginar que algo así podría pasar porque esto estaba pasando. Charlie se ha convertido en la imagen real del despropósito humano de convertir al Estado en el dueño absoluto de la vida. Por cierto, a la acción de negar cualquier posibilidad de tratamiento, aunque fuera experimental, y condenar a muerte al pequeño Charlie, los amantes de la filosofía del lenguaje lo habrán llamado ‘post aborto natal’. Así lo define el “Journal of Medical Ethics”. ¡Hace falta ser cínicos y cobardes! No se atreven a llamar a las cosas por su nombre.

Charlie ya es el símbolo de los bebés que son más hijos del Estado que de sus padres. Sin embargo, paradojas de la vida, Charlie también es quien nos grita, desde su silencio, dándonos la oportunidad de cambiar de rumbo. Alguien podrá decir que, si el Estado ha tenido la potestad de decidir sobre la vida de Charlie, será porque los ciudadanos se la dieron. Puede, pero si se le dio esa potestad también se le podrá quitar.

Charlie Gard es una persona, una personita que no llegó a identificar la voz de sus padres. Charlie no servía para nada, nunca estaría operativo en ningún campo o actividad, nunca daría nada a la sociedad. Para el Estado Charlie fue algo, no alguien. Y menos todavía un sujeto con derechos.

Los ‘Ángeles de Charlie’ hubieran deshecho semejante entuerto y, con toda seguridad, hubieran encontrado cura para Charlie. Es lo que tienen las series de televisión, las películas y sus guionistas. A nosotros solo nos queda recordar a Charlie y repetirle aquello de ‘cuatro esquinitas tiene mi cama, cuatro angelitos que me la guardan’. Que ellos te guarden pequeño Charlie porque el Estado… ¡ya ves!

Christian Bobin

En la vida siempre hay que dar gracias por los amigos.
Yo antes tenía muchos. Perdón, tengo que escribir mejor la frase.
Antes creía que tenía muchos amigos. En un momento determinado, la vida me hizo el regalo de permitirme descubrir quienes eran mis amigos de verdad, y quienes estaban junto a mí por… ellos sabrán. Ahora no son importantes.

Entre los amigos que conservo, tengo uno que me mantiene al corriente de las últimas novedades editoriales y, además, de vez en cuando, me descubre a un autor que es un tesoro. De esta manera descubrí a Christian Bobin.

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Mi primer contacto con Christian Bobin fue por un libro, que recomiendo a todo el mundo que tenga suficiente sensibilidad, que se titula “El Bajísimo”. No voy a contar el argumento porque no quiero convertir este post en un comentario de libros. En este libro descubrí a un autor que, literalmente, es capaz de escribir poesía en prosa. No en vano ganó con él dos premios: Prix des Deux Magots en 1993 y Grand Prix catholique de littérature.

Posteriormente me encontré con el autor en “Negro Claro”. No me resisto a comentar que es una bellísima metáfora sobre la muerte de su esposa. Ahora estoy disfrutando de “Resucitar”, muy apropiado para el tiempo de Semana Santa que se nos acerca. Lo recomiendo en cualquier época del año.

Christian Bobin es de esos autores que cautivan por la belleza de su prosa, por la profundidad de sus ideas, por la facilidad para exponerla, por esa forma de escribir que hace que el lector se sienta en una personal conversación con él. Es de esos escritores que te ayudan a vivir.

Los temas principales por los que se desarrolla su trabajo son la naturaleza, la vida en general, los sentimientos profundos hacia personas que le han marcado mucho en la vida, y sobre un Dios que, salvo en El Bajísimo, no se asoma de forma evidente y directa, sino como la brisa suave de la que habla Elías en el Antiguo Testamento. Escribe una columna en el bimensual “Le Monde des Religions”, que se llama “La mirada poética”.

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Pese a los premios ganados se mantiene como un escritor muy discreto en lo referente a la vida pública. Nunca aparece en certámenes literarios, raramente en algún programa de televisión, muy seleccionado, siempre solo, no en debate con otros. Quienes le conocen dicen que es amable, atento y lento porque se mueve sin prisa, como si el tiempo no fuera un lujo hoy en día. Porque, tal vez, para él no es un lujo. Su lujo es su vida y la decisión de vivirla como ha decidido hacerlo: en tranquilidad, viviendo cada acontecimiento cuando llega y atendiéndolo como si no hubiera más vida.

Todo esto se refleja en esa literatura de la que es maestro. La literatura de los sentimientos, de los afectos, del dolor, de la paz, de saberse único y no por ello mejor que otros.

Si alguien quiere descubrir un tesoro, que no lo dude. Acérquese a una librería y pregunte por Christian Bobin. No se arrepentirá.

Fotografías cortesía de: www.lemondedesreligions.fr

La parcela cósmica

Seguimos con naufragios muertes en el Mediterráneo; mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas; personas hacinadas en campos de ‘refugiados’ llamando a la puerta europea; la justicia condenando a un ‘robapollos’ y retorciéndose a sí misma para exculpar a unos ‘roba…’; algún recién llegado empeñando en levantar muros y facturándolos al vecino; otros, llegados hace años, sin ver las vallas con concertinas; en muchos barrios de nuestras ciudades la pobreza y la miseria se hacen la competencia. No hace falta estar cada día pendiente de las noticias. Por desgracia varían poco.

Sin embargo, esta semana algo nuevo nos sorprendió. Novedoso para los profanos e ilusionante para los profesionales que leen el universo como si fuera un libro abierto: ¡Un sistema solar con siete tierras y algunas con la posibilidad de tener agua! ¿No es maravilloso?

Al leer la noticia pensé en lo que habría disfrutado Galileo con el descubrimiento y en lo que estará disfrutando, porque en el Vaticano, en la Pontificia Academia para las Ciencias, la noticia les ha entusiasmado.

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De momento el viaje a TRAPPIST-1, que así se llama el astro que da nombre a ese sistema solar, es un poco complicado. Harían falta unos 200 años para recorrer la distancia de los 39 años luz que nos separan, y unos 80 años, ida y vuelta, para recoger algún posible sonido. No disponemos de la tecnología de la nave Enterprise de Star Trek o del Halcón Milenario de Star Wars, pero ¡todo llegará, estoy segura!

Mientras esto llega me pregunto, ¿cómo se incorporan estos descubrimientos en la enseñanza? En la de los colegios e institutos habrá sido ‘tema de la semana’ en ciencias. No sé cómo ni cuándo se incorporarán a los libros de texto.

Pero mi pregunta va más allá. Recuerdo que una vez en catequesis de confirmación me preguntaron: ¿Jesús también salvó a los extraterrestres? Me viene a la mente ahora la pregunta, al ver la noticia de TRAPPIST-1 y pienso: ¿cómo se incorporan estos descubrimientos en la enseñanza de la teología? ¿Cómo se incorpora esto en la catequesis? ¿Le afecta a la espiritualidad?

Soy consciente que el primer párrafo de este post coloca a ‘años luz’ estos interrogantes de otros más apremiantes. Sin embargo, no está de más que nos cuestionemos nuestras enseñanzas, catequesis y espiritualidades. No somos el ombligo del universo. No podemos permitirnos el lujo de seguir viviendo como si sólo nos afectara lo que pasa en nuestra parcela cósmica. La frase del poeta Paul Éluard “Hay otros mundos, pero están es este”, no debe ser interpretada solamente como un bello aforismo.

TRAPPIST 1 EL MUNDO

Ciertamente hay otros mundos y están en este universo de múltiples formas, a distancias astronómicas, y procedentes de aquel instante que unos llaman big-bang, otros evolución de la materia, otros literal y bíblicamente creación de Dios, y la mayoría, afortunadamente, llamamos acto del amor creador y libre de Dios sin oposición ni contradicción con las leyes físicas.

El mundo ya no es como lo aprendimos. Si la física cuántica y la espiritualidad van de la mano, si hasta nuestros bisabuelos decían eso de “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, ¿por qué nos empeñamos en enseñar una teología inamovible en muchos temas, lejana años luz de la realidad que nos circunda?

Un ‘año luz’ es una medida de longitud espacial donde nuestros kilómetros parecerían puntitos imperceptibles. Dejemos que siga siendo eso, una medida de longitud espacial y no la apliquemos a determinadas cuestiones de nuestra parcela cósmica. La pobre ya tiene bastante con aguantar nuestras cortedades ‘milimetricoteológicopastorales’, y seguir sobreviviendo.

Foto cortesía de www.elmundo.es