Dan Brown no tendría nada que hacer

Estamos ante uno de los mayores escándalos de la Iglesia que se acrecienta más, si es que es posible, por venir desde dentro y por la demostración de que está ya en su estructura.

No es el primer escándalo ni puede que el último (aunque sería de desear) al que se enfrenta la Iglesia en sus más de dos mil años de existencia. Este es especialmente nauseabundo por ir, directamente, contra niños y adultos vulnerables.

Los 800 (lo pongo con número porque se ve más) sacerdotes a los que Benedicto XVI echó de la Iglesia por este tipo de delitos, porque no podemos olvidar que estamos ante delitos, parece que han quedado en el olvido. Sin embargo, conviene recordar esta cifra porque, para algunos, parece que no se ha hecho nada o que, se ha empezado a hacer poco, tarde y mal.

Teniendo esto presente, hemos de ser conscientes de que queda mucho por hacer y que no se puede minimizar el escándalo ni las consecuencias, ni pretender lavar la ropa sucia a puerta cerrada. Hasta que llegue la reunión convocada por Francisco en la que ha citado a todos los presidentes de las conferencias episcopales del mundo, de la que a buen seguro algo se añadirá a las normas actuales, no podemos quedarnos parados.

Francisco nos ha pedido ayuda a todos y no se cansa de recomendar que si alguien sabe de algún abuso, denuncie. Solo nos queda por averiguar, al menos en algunas diócesis, dónde y cómo puede hacerse eso.
Mientras esperamos sería bueno ir haciendo un ejercicio algo complicado pero interesante porque no podemos olvidar que, para algunas personas, Dios, Iglesia, jerarquía, curas, evangelio, religión y demás, son un totum revolutum y no es así.

En primer lugar, cada vez que alguien hablara de este tema, en cualquier medio o lugar, debería decir claramente que toda esta pandilla de impresentables de abusadores y encubridores, no son la Iglesia, no la representan y lo mismo que han abusado de niños y de adultos vulnerables, han abusado de la misma Iglesia.

En segundo lugar, y esto será más complicado, habría que empezar a hablar diferenciando la Iglesia de Dios de la de los hombres, porque están tan unidas que muchos creen que es lo mismo. Pero no es así. Si miramos un poco la historia de la Iglesia, vemos que otros escándalos se han dado a través de los siglos, curiosamente todos nacían del abuso de poder y algunos de ellos realmente graves. Sin embargo, la Iglesia superó el trance ¿por qué? Porque la Iglesia de Dios es la que prevalece (pese a todo) y, aunque algunos se empeñen en lo contrario, muchos de sus miembros viven de acuerdo con aquella forma de vida que han elegido y, al final, se manifiestan como el verdadero rostro de la Iglesia.

Pensemos, por ejemplo, en Julio II. Su actividad política, militar y de mecenazgo ocupa la mayor parte de su pontificado en el que tampoco faltó el nacimiento de varios hijos, fruto de su relación con Lucrecia Normanini. Hoy no consideramos que sea un pontífice ejemplar ni un modelo para la Iglesia. Sin embargo, durante su pontificado, existieron personas que sí reflejaban ese rostro verdadero de la Iglesia y que con el tiempo llegaron a santos. Así, nos encontramos san Antonio de Florencia; santa Beatriz de Silva; san Francisco de Paula; san Antonio Primaldo y sus compañeros mártires; santo Tomás Moro y muchos más.

Estos sí fueron el rostro de la Iglesia de verdad no porque llegaran a santos porque, seguramente, habrá otros muchos que no han sido declarados santos oficialmente, sino porque fueron fieles al evangelio y su ejemplo nos ha llegado.

Y, en tercer lugar, ¡a ver si aprendemos a vender lo bueno de una vez! Porque hoy también hay muchas personas en la Iglesia fieles al mensaje del evangelio y me atrevería a decir que tantas como hay fuera de ella.

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Parece que nos da miedo aparecer con los logros de la Iglesia. Que no pasa nada por sacar pecho si somos conscientes de que no lo hacemos por nuestros medios ni para nuestro provecho. Que tenemos unos misioneros, religiosos y laicos, que se quedan ante cualquier peligro cuando las ONG’s de turno se van; que hay un voluntariado entregado sin mirar el reloj o el calendario; que tenemos Manos Unidas y Cáritas, y Ayuda a la Iglesia Necesitada, y obras sociales de las órdenes religiosas…

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Hasta el evangelio nos dice que mostremos las buenas obras: “Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sin para ponerla en el candelero y que alumbre a todos en la casa. Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos” (Mt 5,15).

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Si se nos van los complejos y mostramos el verdadero rostro de la Iglesia, manifestado en el rostro de tantas personas buenas que hay dentro y fuera de ella, Dan Brown no tendría nada que hacer.

Fotografías cortesía de:
www.manosunidas.org
www.ayudaalaiglesianecesitada.org
www.caritas.es

LOS MACRON EN EL VATICANO

En una visita de Estado lo habitual es ver al máximo representante de un país, sea varón o mujer, junto al máximo representante del país que se visita, sea varón o mujer, protagonizar la visita. Sin embargo, en el viaje de ayer de Emmanuel Macron, presidente de Francia, él y Brigitte, su esposa, fueron protagonistas junto al Papa Francisco.

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Si bien la visita de Emmanuel Macron al Vaticano era la primera como presidente de Francia, no era esta su primera visita. La Navidad de 2015, cuando era el joven ministro de economía del gobierno francés, decidió pasar las señaladas fiestas en Roma junto a su esposa y asistir, a título privado, a la misa de Navidad en la basílica de San Pedro. Una de las oraciones de petición estaba destinada a los dirigentes políticos para que respetaran la dignidad de la persona y trabajaran por la paz en el mundo. Durante ese viaje entabló amistad con uno de los sacerdotes de la comunidad Emmanuel que es la comunidad encargada de atender una de las iglesias francesas en Roma.

Francia tiene una tradición (las tradiciones suelen tener más valor del que aparentan) que consiste en que el presidente del país, debe visitar Roma, más concretamente el Vaticano, durante el primer año de mandato presidencial. Se ha cumplido la tradición. Tras los últimos presidentes, considerados “bling bling”, la visita de Macron se dibujaba bastante diferente, sobre todo, después del encuentro con la Conferencia Episcopal Francesa, a principios del mes de abril en los Bernardinos de Paris.

¡Et voilà!, ya encontramos a los Macron en Roma. Ajustadísimo el tiempo de estancia y, gracias una vez más, al buen trabajo de los respectivos gabinetes de protocolo (porque el Vaticano tiene protocolo y jefe designado por Francisco, Joseph Murphy), hubo tiempo para todo porque todo era importante.

El día se inició con un pequeño encuentro con la comunidad de San Egidio (en la propia embajada francesa por cuestiones de tiempo), cuyo máximo representante, Andrea Riccardi, es en estos momentos una de las personalidades con más peso ético y moral en lo relativo a la acogida de inmigrantes, refugiados y desplazados y responsable de los famosos “corredores humanitarios” que hasta ahora han demostrado que son válidos y fiables para atender a las necesidades de estas personas. No fue una visita de cortesía ni de foto, aunque las hubo, fue una visita que se enmarcaba en la realidad que está viviendo Europa y que formaba parte de la agenda de un día en el que nuevo gobierno italiano seguía echando gasolina al fuego que ha creado su actitud contra los emigrantes.

A las 10 de la mañana, Emmanuel y Brigitte Macron eran recibidos por Francisco (atrás quedaron los tiempos en los que si un Jefe de Estado no estaba casado por la Iglesia, a la mujer se la ignoraba). Intercambio de regalos: Macron le regaló una edición antigua de “Diario de u cura rural” de G. Bernanos y Francisco le regaló los textos de “Evangelii Gaudium”, “Laudato si”, “Amoris Laetitia” y “Gaudete et Exsultate” y una medalla en bronce de San Martín. Tras las fotos de rigor, cierre de puertas y entrevista privada, larga y, por los gestos que se vieron al despedirse, más que agradable diría que entrañable. No hace falta más que ver las imágenes en las que Francisco sigue con la mirada, bastante rato, al matrimonio Macron por el pasillo en su salida de la audiencia.

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Como es natural solamente han trascendido pequeños apuntes sobre los temas tratados: la contribución de la religión a la promoción humana, los inmigrantes, hacia dónde va el proyecto de Europa, la tensión en el Próximo Oriente, África y sus múltiples conflictos… Aunque una hora da para mucho, cada uno de estos temas daría para semanas de conversación, así que, mientras Francisco y Macron tocaban poco menos que los titulares, el equipo que acompañaba al presidente francés, hablaba de los mismos con Pietro Parolin y demás personal de la Secretaría de Estado. Esto no sale en las fotos pero es donde todo toma forma. Por cierto, como algo más que curiosidad, el regalo para el Cardenal Parolin fue un libro “Inigo” (Iñigo), escrito por François Sureau, abogado y miembro del Consejo de Estado, quien estudió en el Instituto privado San Luis Gonzaga de los jesuitas, y que tiene muchas posibilidades de convertirse en el próximo embajador ante la Santa Sede. Parece que entre jesuitas andaba el encuentro.

Tras la visita al Vaticano llegó otro acto. Emmanuel Macron tomaba posesión como Canónigo de Honor de San Juan de Letrán y fue acompañado en todo momento por su esposa Brigitte. Es cierto que los anteriores presidentes, incluidos los “bling bling”, no habían rechazado la tradición pero sí se habían negado a la ceremonia que conlleva.

Ciertamente es un título honorífico, como que el Rey de España lo sea de Jerusalén, de cuando Enrique de Borbón o de Navarra, protestante de nacimiento, se convirtió al catolicismo sin más convencimiento que el de ser un paso necesario para reinar en Francia y que, según la tradición sentenció su gesto con la famosa frase de “Paris bien vale una misa” y ser conocido como Enrique IV. La cuestión es que desde entonces, los máximos representantes de Francia han llevado este título.
Astutamente no pronunció ningún discurso que pudiera ser interpretado como un ataque a la laicidad de Francia y se limitó a felicitar y desear lo mejor a Monseñor Donatis que, en breve, será creado cardenal: “Estoy realmente emocionado en este momento. Pienso que su emoción será todavía mayor cuando entre en el colegio cardenalicio y se encuentre con quienes ponen su fe al más alto servicio de la Iglesia católica”.

No pronunció discurso alguno y no hacía falta. El discurso se había pronunciado ya en los Bernardinos de Paris. No hacía falta añadir nada más. Una vez finalizada la ceremonia se trasladó el presidente francés a la embajada para atender a los periodistas en una rueda de prensa. Y… ¿qué fue de Brigitte al abandonar San Juan de Letrán?

La esposa de Macron no fue directamente a la embajada. Se dirigió a la iglesia de Trinité-des-Monts, una de las iglesias francesas de Roma. Estaba previsto que fueran los dos pero la agenda no daba para más. En principio se borró esa visita del plan del viaje y finalmente fue Brigitte Macron la encargada de hacerla. Está la iglesia en sí, un colegio, un centro de evangelización para jóvenes, una casa de acogida y un convento del siglo XVI. Desde 2016 está regida por la comunidad Emmnuel.

No fue una simple visita protocolaria; la esposa del Presidente mostró la importancia que esta iglesia tiene en la historia espiritual de Francia en Roma y su compromiso hacia las personas discapacitadas. Visita discreta pero dejó su sello en una jornada que, personalmente, me plantea algunas cuestiones.

– El máximo representante de un Estado laico, no tiene inconveniente en una visita oficial, de manifestar públicamente trato natural, incluso algún gesto muy especial, con la confesión católica.

• ¿Habría en España algún político dispuesto a hacer esto mismo aunque fuera como simple guiño electoral a los católicos españoles?
• ¿Cuántas visitas, hemos visto a la iglesia de Montserrat y Santiago de los Españoles, Iglesia nacional de España en Roma, de los máximos representantes de los sucesivos gobiernos españoles, incluso de los Reyes?
• ¿Cuántas veces se han desplazado esos mismos ilustres visitantes al Pontificio Colegio Español de San José en Roma?
• ¿Cuántas veces les hemos visto, fuera de la visita protocolaria, mantener algún encuentro con alguna institución católica?
• ¿Cuántas veces hemos escuchado alguna declaración, fuera de las palabras habituales de medio cortesía, como consecuencia de la canonización de algún santo español?

– A mitad del pasado febrero, el presidente francés, organizó un encuentro en el Elíseo sobre el tema del final de la vida, dicho sin emplear la filosofía del lenguaje tan de moda actualmente, sobre la eutanasia. Estaban invitados responsables del mundo médico, académico y, por supuesto, representantes religiosos de todas las confesiones. Evidentemente, el arzobispo de París, Monseñor Michel Aupetit, médico antes de ordenarse y especialista en bioética, estaba entre ellos.

• Esta misma semana se ha colado en el congreso español el tema de la eutanasia como si fuera una petición masiva de la sociedad. ¿Hemos visto a algún político pedir un debate previo con especialistas médicos y con representantes de confesiones religiosas?
• ¿Estamos los ciudadanos concienciados de que tenemos voz para hacernos oír? ¿Estaríamos dispuestos a pedir a las autoridades que se abriera un debate serio con todas las instancias, incluidas las religiosas, sobre este tema y otros de gran calado?
• ¿Estaría la Iglesia católica dispuesta a acudir a un debate de este tipo con intención de dialogar y no de manifestar sencillamente de entrada su postura?

La España aconfesional tiene una de las sociedades más religiosas de Europa. Supongo que estas alturas ya no será necesario explicar la diferencia entre creer y ser religioso y, es evidente, que la sociedad española se manifiesta religiosamente en mil circunstancias.

Hace unos treinta años, que no es nada de tiempo para lo que voy a contar, estaba con mi familia en Lyon (tercera ciudad francesa) pasando unos días. Era Sábado Santo y decidimos dar una vuelta. En una calle vimos a la puerta de una iglesia a un sacerdote revestido para celebrar la Vigilia Pascual que estaba a la espera de alguien entrara porque no había nadie más que él en la iglesia. Nos dio tanta pena que decidimos entrar y celebrar allí la vigilia. Repito que,, de esta triste anécdota, hace unos treinta años.

Pues bien, de esta situación se ha pasado a bautizar a más de cuatro mil doscientas personas en la pasada Vigilia Pascual en Francia y a ordenar, este año a ciento veinticinco jóvenes que, por edad, vendrían a nacer el año de mi triste experiencia en Lyon o poco después.

No cabe más que preguntarse, una vez más, ¿qué está pasando en Francia? ¿Qué han hecho sus obispos? Porque aquí la clave tiene que estar en ellos como responsables máximos diocesanos, y tener el valor de empezar a mirar y a averiguar cómo han conseguido, en el corto espacio de tiempo de treinta años, dar la vuelta a la situación para que su Presidente hable de religión y confesiones religiosas y con sus representantes, sin miedo al qué dirán los garantes de la laicidad, sin cargarse esa laicidad y consiguiendo que toda una sociedad esté cambiando.

El viaje de los Macron al Vaticano ha hecho que sienta un poco más de envidia de la que ya siento por lo que está pasando en Francia. Me temo que muchas explicaciones ya no escucharemos porque todo quedó dicho en los Bernardinos de Paris aquel lunes, 9 de abril, por parte del presidente de Francia, Emmanuel Macron, y por parte del presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, Georges Paul Pontier.

Los Macron en el Vaticano. ¡Qué buen viaje!

Fotografías cortesía de:
photo.va
leparisien.fr
closer.com

Este post no es para hacerle la pelota al director de 21

Que quede claro.

Las casualidades de la vida, o las buenas artes de la Providencia, nos deparan sorpresas inimaginables a lo largo de la vida. Una de estas sorpresas en mi vida fue conocer a Fernando Cordero sscc.

Quise agradecerle un comentario que había hecho, en una revista hermana, a un texto mío y busqué su dirección de correo electrónico. Le escribí, me contestó y ahí empezó todo.
Luego vino este blog, luego colaborar en 21, y siempre en todo, la amistad, el respeto y la confianza. La empatía funcionó y congeniamos bien. Ahí seguimos.

Haber podido celebrar junto a Fernando y todos los que forman parte de 21 su primer siglo de vida, ha sido bonito y entrañable. Visto sobre el papel 100 es un número redondo; 100 años es mucho más que un número redondo.

FOTO FAMILIA

100 años, un siglo, es una franja de tiempo que la mayoría de los mortales no llega a vivir. 21, antes Reinado Social, ha sabido vivir, contribuir a la información religiosa sin complejos, con una denuncia clara de las muchas injusticias, informando en cada momento con arreglo al estilo de ese momento, y ha sabido adaptarse al mundo digital ¡que no es poco!

Las instituciones, las empresas… muestran el estilo de quien está al frente y detrás de ellas. Detrás de 21 está la congregación de los Sagrados Corazones cuya estrella no es su fundador, que es lo corriente en estos casos, sino san Damián de Molokai, el santo de los leprosos. Esa forma de vida entregada hasta compartir la enfermedad de quienes eran sus protegidos, ha forjado el carácter de los religiosos, religiosas, y laicos que conforman hoy la familia de los Sagrados Corazones. Todos empujan y animan con su vida y testimonio para que, entre otras muchas realidades de la Congregación, 21 siga fiel a su misión.

Al frente de 21 está ahora Fernando Cordero, sscc, capitaneando a un grupo de personas tan entusiastas de la comunicación como él mismo. Hombre de su tiempo, periodista de vocación, apasionado de la comunicación, escritor infatigable, profesor comprometido, contagiador del entusiasmo por la palabra y por la Palabra, hombre de humor (como buen gaditano) y empeñado en hacer de 21 un espacio de encuentro sereno, de diálogo profundo desde donde enseñar a la sociedad que la información religiosa puede compartir páginas con temas que, en apariencia, y solo en apariencia, no lo son. Y todo ello en un tono de encuentro reconciliador.

PORTADA CENTENARIO

Gracias Fernando por el tremendo esfuerzo que haces para llegar a todo lo que tienes a tu cargo.

Repito que este post no es para hacerle la pelota al director de 21, aunque haya quien pueda creer lo contrario. Lo que tengo por seguro es que no me escaparé de un tironcillo de orejas por parte de Fernando. En todo caso, será poca cosa. Y se merece este pequeño reconocimiento.

Si nos atenemos al dicho de que “hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad”, puede que con ayuda de esa ciencia y un poco de suerte, con algún achaque, y necesitados de un lifting o planchado general, nos encontremos en la celebración del segundo centenario de 21. Pero no adelantemos acontecimientos. Por el momento acabamos de celebrar los primeros 100 años de la revista, y con toda ilusión damos los primeros pasos camino del mes de mayo del año del Señor (que lo seguirá siendo) de 2118.
Hasta ese momento, ¡gracias, Fernando!

Pontier y Macron: la oportunidad

Era la primera vez que la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), invitaba al jefe del Estado. No era la típica visita institucional de la que se espera poco más que la foto de rigor estrechándose la mano, y las mutuas palabras amables. Era un encuentro público en el Collège des Bernardins, en París, lugar de encuentro, debates, foros, arte, cultura; lugar donde Benedicto XVI, en 2008, se dirigió al mundo de la cultura “quisiera hablaros de las raíces de la cultura europea…” lugar emblemático para la Iglesia francesa.

En un encuentro de este calado, quien invita se juega mucho más que el invitado y hay que reconocer que la CEF cuidó hasta el más mínimo detalle y, gracias a ello, han conseguido un gran éxito de comunicación que, en el mundo actual, es muy importante.

Quien crea que un encuentro de este tipo se prepara en una semana, anda muy equivocado. Estoy por asegurar que habrá llevado meses ya que lo de menos habrá sido cerrar agendas. Habrá habido mucho trabajo entre bambalinas, de ese que no se deja ver pero que, al final, parte del éxito o fracaso depende de él. Esto no es un hecho baladí porque pone sobre el tapete los buenos responsables y equipos de Relaciones Institucionales que ambas instituciones, Iglesia y Estado, tienen y la importancia de los mismos ante situaciones como la que nos ocupa y en otras muchas.

MACRON Y AUPETIT L'EXPRESS

La Iglesia de Francia se presentó sin complejos y presentó lo que hace sin artificios a través de quienes se benefician de su gran labor social y pastoral. El Secretario General y Portavoz de los Obispos de la CEF, Mgr. Olivier Ribadeau Dumas presentó a los primeros invitados: Discapacitados físicos, un joven con autismo y a su hermano que le cuida, personas que viven en precariedad salarial alarmante, personas solas, migrantes… todos tuvieron su tiempo para expresar sus necesidades, sus carencias, su fragilidad, sus anhelos, y también sus esperanzas. También lo hicieron los católicos cuyo compromiso es ayudarles.

Seguidamente el arzobispo de Marseille, Georges Pontier, presidente de la CEF, tomó la palabra y pronunció un discurso de esos que te reconcilian con la jerarquía, haciéndose portavoz de todas las preocupaciones que tiene la Iglesia francesa, con claridad, sin hacer uso fraudulento de la filosofía del lenguaje para no herir susceptibilidades. Todo tan claro como la luz de Pascua, tiempo especialmente elegido para el encuentro, porque “nos conduce a una esperanza esclarecedora que nos lleva a una certeza absoluta en la dignidad de cada ser humano creado a la imagen de Dios”, dijo Mgr. Pontier.

Tras el agradecimiento inicial al presidente Macron por haber aceptado el encuentro, dijo una frase como para rebajar la ansiedad de algunos de ambas instituciones: “Este encuentro es inédito y no tiene necesariamente vocación a ser renovado anualmente”.

MACRON BRIGITTE ALETEIA

Aludió a esa ambición común o responsabilidad compartida que es la de contribuir, cada uno desde su espacio, a crear calidad de vida para Francia, porque la grandeza de una sociedad se mide por su capacidad para arropar a los más frágiles. Es, añadió el arzobispo, lo que la califica de más o menos humana.

Apeló a las leyes que se proponen en torno a temas de bioética como punto de partida para una reflexión común: “¿Qué mundo queremos para mañana?” Para, seguidamente, hacerle una propuesta al presidente de la República citando el número 74 de “Caritas in Veritate”, de Benedicto XVI. Con toda naturalidad.

Destacó lo poco razonable que es tener leyes sobre temas vitales para la sociedad como es la familia, pendientes de poner en práctica, cuando algunos ya reclaman otras nuevas e insistió en que no dejarán de expresarse en temas relativos a la persona porque son conscientes de su responsabilidad frente a los más débiles que son, finalmente, quienes más sufren con esas leyes. También mostró la disposición de la CEF para reunirse, a nivel nacional, con representantes de otras religiones para acciones conjuntas.

Aquí llegó un momento del discurso que muestra una forma de ser Iglesia en salida original y valiente. Resulta que los obispos de la Provincia Eclesiástica de Marseille (Aix en Provence, Avignon, Ajaccio, Digne, Fréjus-Toulon, Gap, Nice y Marseille), invitaron a funcionarios de sus diócesis a una corta estancia en Roma para que conocieran de cerca la forma de trabajar en la Santa Sede y encontrarse con el Papa Francisco. Viajaron 310 funcionarios pertenecientes a diversas formaciones políticas y tradiciones religiosas diferentes quienes vivieron estas jornadas de estudio -así las calificó el arzobispo- con verdadero interés. Tampoco faltó una visita a la Embajada de Francia cerca de la Santa Sede para ver de cerca el trabajo y las relaciones entre los dos países. Y añadió Mgr. Pontier: “Las relaciones son posibles en el respeto a cada uno, siempre y cuando se reconozca el derecho de todos a existir, respetando las responsabilidades mutuas”. No se trata de contar, se trata de mostrar y los obispos así lo han hecho.

MACRON JOVEN AUTISTE Y HERMANO LACROIX

Llevó a su discurso el presidente de la CEF la realidad del Islam en Francia y cómo todo lo que puede suponer una preocupación para el Estado lo es también de la Iglesia ya que, al fin y al cabo, todos son parte de Francia; habló de los problemas de los jóvenes, de la economía, en clave de Laudato Si’, de acogida…

Finalizó diciendo: “Aprovecho esta oportunidad, si me lo permite, para lanzar un llamamiento: el de superar los temores que hay en nuestra sociedad francesa y comprometernos con determinación y confianza en un mejor conocimiento mutuo […] Y si es necesario designar un orden de prioridades, propongo comenzar mejorando la suerte de los más frágiles, los más pobres, los vulnerables, porque así es como se construye y profundiza la confianza en la nación”. También dedicó unas palabras al Coronel Arnaud Beltrame, recientemente asesinado al cambiarse por una rehén.

Llegó el turno para el presidente Macron. La expectación estaba servida y no defraudó, aunque pocos se debían esperar algo así.
Hay que reconocer que el inicio de su discurso puso un punto de humor al decir: “Para encontrarnos aquí esta noche, Monseñor, hemos tenido, sin duda, usted y yo, que desafiar, a los escépticos de cada lado”. Para los díscolos, escépticos, raritos, y demás especies que ven solo lo negativo, de ambos lados, marcará un antes y un después; es un discurso de esos que quedarán para la historia.

“Si lo hemos hecho, es indudable que compartimos, de alguna manera, el sentimiento de que el vínculo entre la Iglesia y el Estado se ha deteriorado, y nos importa, a usted y a mí, repararlo”. Algunos interpretaron que los sagrados cimientos de la separación entre la Iglesia y el Estado se resquebrajaban y que la ley que lo así confirma, de 1905, había sido barrida del mapa. En realidad, el cristianismo nunca fue barrido de la escena pública francesa.

French President Emmanuel Macron delivers a speech during a meeting of the Bishops' Conference of France (CEF) at College des Bernardins in Paris, on April 9, 2018. / AFP PHOTO / ludovic MARIN

El discurso del presidente Macron dejó claro que sabía de qué hablaba: De relajar la crispada relación entre Iglesia y Estado; a quién hablaba: A los obispos y católicos franceses de toda tendencia política; y para qué hablaba: Para presentar una idea más abierta de la laicidad, más acorde con los tiempos y, con más sentido común que permita restaurar la relación Iglesia-Estado que él considera dañada. Para Macron la separación Iglesia-Estado es separación, no confrontación.

De ahí un discurso plagado de pensamientos y reflexiones teológicas, bien explícitas, bien implícitas, pero que los anfitriones eran capaces de captar, aunque algunas de ellas fueron tan directas que hicieron revolverse a más de uno: […] “Ese horizonte de la salvación casi ha desaparecido del horizonte de las sociedades contemporáneas, pero es un error, solo está enterrado […] Es la cuestión del sentido del absoluto en nuestras sociedades […] Paul Ricoeur, si me permite citarlo esta noche, encontró las palabras correctas en una conferencia pronunciada en Amiens en 1967: Mantener un objetivo para los hombres, llamémoslo un ideal, un sentido moral, una esperanza, un sentido religioso”. Se presentó como el jefe del Estado que garantiza la libertad para creyentes y no creyentes, pero no como el promotor de una religión de Estado que sustituyera la trascendencia divina por un credo republicano.

Por su discurso pasaron Juana de Arco, los Padres de Europa, los inventores del sindicalismo moderno, el P. Hamel (asesinado cuando celebraba misa), el Coronel Beltrame, Marrou, Pascal, de Gaulle, Robert Schuman, J. Delors, Lubac, Simone Weil… y, cómo no, Paul Ricoeur.
No puede pasar desapercibido que Macron fue, durante diez años asistente editorial de Paul Ricoeur, es decir, que verificaba texto, notas, bibliografía de cuanto escribió en esa época Ricoeur. Eso le permitió conocer al filósofo, pero más importante todavía, al hombre. Macron recuerda ese periodo de su vida con intensidad ya que Rcoeur y él se convirtieron en amigos inseparables.

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Macron no es un intelectual de cara a la galería. Se inspira en el cristianismo social que bebió junto a Ricoeur quien le presentó a Olivier Mongin, director de la revista Esprit, de cuyo comité editorial formó parte Macron y que había sido fundada por Emmanuel Monuier. Si a esto le sumamos su decisión de bautizarse a los 12 años, obtenemos la imagen de un hombre con unas convicciones profundas bien que para los más rigoristas no deje de ser ‘un cristiano bautizado que hace su vida al margen de eso’, como leí hace poco en internet. En todo caso, en algunos discursos de políticos actuales, se aprecian formas religiosas, pero ¿en cuántos discursos políticos escuchamos hoy en día hablar de “misterio del hombre”, “vocación”, “esperanza”, y “trascendencia”?

Durante más de una hora mostro y demostró que es capaz de hablar el mismo lenguaje de los católicos, que comprende sus preocupaciones, su historia; les pidió su implicación en la política sin renunciar a sus principios y, de forma inteligente, se apoyó en la prudencia del Papa Francisco que “hace de esta virtud aristotélica la del gobernante” y supo deslizar el pensamiento de Benedicto XVI sobre el relativismo. Para sorpresa de algunos, no para quienes hemos visto la exquisita labor de los departamentos de Relaciones Institucionales, citó textualmente algún párrafo de la exhortación “Gaudete et Exsultate” que se había hecho pública unas horas antes.

En las palabras dedicadas al coronel Beltrame, fue especialmente cuidadoso para aunar espíritu cívico y convicción religiosa: “En esta Francia que no escatima su desconfianza hacia las religiones […] cuando llega el momento más intenso, […] la parte del ciudadano y del católico, arden, en el verdadero creyente, en la misma llama”.

Pidió a la Iglesia que hiciera tres dones a la República: el de su sabiduría; el de su compromiso; y el de su libertad.
¿Al final todos contentos y pelillos a la mar? No, ni mucho menos. De hecho, Macron dijo muy claro que en aspectos de bioética la sociedad no coincidía con el pensamiento cristiano y, es más, el Consejo Económico, social y Ambiental, al día siguiente, votó a favor de iniciar los trámites necesarios para desarrollar la ley a favor de la eutanasia. Aunque hay que destacar que, en el último momento, los representantes de las asociaciones de jóvenes, se abstuvieron. En todo caso ha habido un gran avance, un paso de gigante, en el reconocimiento mutuo.

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Tras este discurso y este encuentro entre la CEF y el presidente de la República, ¿cómo sentó en el mundo protestante? François Clavairoly, presidente de la Federación Protestante de Francia, encuentra el discurso del presidente Macron en la misma línea que el que pronunció en el Ayuntamiento de París con motivo de la celebración del V Centenario de la Reforma. A los protestantes les pidió ser vigías, centinelas de la República; a los católicos que den lo mejor de sí mismos. Lo valoran como dos propuestas diferentes y complementarias, hechas desde el respeto y poniendo en valor las respectivas convicciones.

“Más importantes que las raíces, es la savia. Estoy convencido que la savia católica debe contribuir ahora y siempre a hacer vivir nuestra nación”. En definitiva, el discurso fue una afirmación del papel que los católicos deben tener al servicio de la dignidad humana.

El 9 de abril, en el Collège des Bernardins, la invitación de la CEF y la aceptación del presidente de la República, puso de manifiesto un sentido de responsabilidad que ya me gustaría a mí para España, aun reconociendo que la realidad de cada país es muy diferente.

Fotografías cortesía de: www.aleteia.fr; www.lexpress.fr; www.lacroix.fr;

Manuel, el magnífico

Las universidades cuentan con la figura del Rector Magnífico. En la de Zaragoza, Manuel López Pérez, lo fue entre los años 2008 al 2016 dándose, además, la simultaneidad de ser un magnífico Rector.

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Se nos ha ido Manuel a una edad temprana, 72 años, esa edad en la que ciencia y experiencia han coronado la cima y disfrutan de su mutua compañía para beneficio de todos; se nos ha ido un buen creyente para quien no había enfrentamiento entre ciencia y fe, repito y resalto, entre ciencia y fe, por puro convencimiento; se nos ha ido una persona que, en algunas ocasiones, parecía más ingeniero que farmacéutico por su capacidad para crear puentes de entendimiento, de diálogo, de comprensión; se nos ha ido el hombre que no necesitó de leyes ni de cuotas para hacer presentes a las mujeres en su ámbito académico; se nos ha ido Manuel, sencillamente.

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La última vez que nos vimos fue el día 15 de enero pasado. Había pronunciado una conferencia en la que había estado presente Teilhard de Chardin, a quien tú conocías como científico y creyente, y al finalizar, en el momento de las preguntas y comentarios, pediste el micrófono y dijiste que a ti no importaba Teilhard de Chardin, ni ningún otro teólogo de los que había nombrado; dijiste que a ti te importaba, verdaderamente, que la Iglesia reconociera a las mujeres por su ciencia, su saber, su ternura, su dedicación y su capacidad. ¡Ahí es nada, Manuel! Te quedaste tan tranquilo. Ya por la noche, bastante tarde, recibí un whatsApp tuyo profundizando en tu comentario al finalizar la conferencia. Eso, amable lector, no lo voy a compartir. Me lo guardo entre los buenos recuerdos de Manuel.

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Deseo, Manuel, que disfrutes de esa Eternidad que no sabemos cómo es pero que intuimos maravillosa y espero y deseo que, en algún momento de mi vida, al inspirar el aire que necesito para vivir, algo de ti llegue a mí, sobre todo, para hacerme mejor persona.

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Hasta las estrellas, Manuel; hasta la eternidad en ese Dios que nos ama.

Fotos: cortesía de www.unizar.es

Bocuse, la Francia laica y la última cena

El pasado 20 de enero falleció en Francia Paul Bocuse, el famoso chef. No le conocía personalmente, ni he probado nunca su comida. Me basta saber que era uno de los grandes chefs de la cocina francesa que, dicho sea de paso, no es mi favorita. Pero como no escribo hoy en el blog con el ánimo de hacer una crítica gastronómica, los gustos van a quedar a un lado.

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El prestigio del desaparecido chef está fuera de toda duda y sus admiradores, en Francia y del mundo entero, se han contado por miles a lo largo de su vida y así lo han demostrado tras su muerte.

Su fallecimiento me ha hecho pensar en el poco problema que se hace, respecto a las ceremonias que se celebran, en algunos países a la hora de la muerte de alguno de sus insignes ciudadanos, y el problemón y el cruce de declaraciones y las barbaridades por las RRSS y los ríos de tinta que corren en otros ante similar circunstancia.

La laica Francia, la Francia laica que mantiene y hace de la separación entre la Iglesia y el Estado uno de sus emblemas nacionales, no ha tenido el menor inconveniente, y nadie salió a protestar, para celebrar el funeral de Paul Bocuse. Dicho sea de paso, tampoco tiene inconveniente en celebrar funerales públicos por los militares que fallecen en actos de servicio, miembros de los cuerpos de seguridad, franceses pertenecientes al mundo de la cultura, y hasta por cantantes, como el funeral celebrado por el recientemente fallecido Johnny Hallyday.

Nadie ha protestado, ningún medio de comunicación ha creado polémica, ningún insulto se ha vertido en las RRSS, ¿por qué en España seguimos haciendo un problema de esto? Sinceramente creo que tenemos el respeto y la educación como asignaturas pendientes. El sentido común también anda flojo.

He vivido grandes temporadas en Francia. Recuerdo haber visto en muchas de sus iglesias carteles colocados en la puerta advirtiendo que, durante el mes de agosto, no habría misas porque el párroco estaba de vacaciones; también he visto notas de aviso en pleno mes de noviembre y de enero porque el párroco estaba de baja; he visto frialdad e indiferencia total hacia cualquier manifestación de tipo religioso. Recuerdo un año, en Lyon, tercera ciudad de Francia tras París y Marsella, donde el sacerdote estaba a la puerta de la iglesia de Saint Jean invitando a los que pasaban por allí a entrar a celebrar ¡la vigilia Pascual!!!! porque no había nadie que lo acompañara. Entramos mi familia y yo. Fue una celebración entrañable donde el sacerdote improvisó algunas palabras de agradecimiento en español y, mi familia y yo, seguimos la celebración en francés ya que todos entendíamos y algunos lo hablamos con fluidez.

Quiero decir que no es que los franceses se sientan especialmente proclives a este tipo de celebraciones religiosas, pero respetan su cultura de procedencia, su origen religioso aunque no practiquen, aunque no crean. Sinceramente, lo veo como un ejemplo de respeto y de educación. Los envidio.

BOCUSE FUNERAL 2

Si sorprende el hecho en sí de la celebración con arzobispo y ministro del gobierno, no menos sorprendente es la asistencia de cientos de cocineros y chefs de toda Francia y, no exagero, de todo el mundo.

Vista la imagen así, desde arriba, da la sensación de un funeral donde los concelebrantes no caben en torno al altar y se han situado en los bancos. Pero no, no es así. Son los cocineros que acudieron al funeral con las chaquetillas de sus uniformes resplandecientes. Un gesto de homenaje, un gesto de consideración y cortesía hacia su maestro.

Chefs carry the coffin of French Paul Bocuse during a funeral ceremony at the Saint-Jean Cathedral in Lyon, central France, Friday, Jan. 26, 2018. Hundreds of chefs and French dignitaries are gathering in the culinary mecca of Lyon for the funeral of Paul Bocuse, a master chef who defined French cuisine for more than a half-century and put it on tables around the world. (Philippe Desmazes/Pool Photo via AP)

Chefs carry the coffin of French Paul Bocuse during a funeral ceremony at the Saint-Jean Cathedral in Lyon, central France, Friday, Jan. 26, 2018. Hundreds of chefs and French dignitaries are gathering in the culinary mecca of Lyon for the funeral of Paul Bocuse, a master chef who defined French cuisine for more than a half-century and put it on tables around the world. (Philippe Desmazes/Pool Photo via AP)

El funeral debía haberse celebrado en la pequeña localidad de origen de Paul Bocuse, Collonges-au-Mont-d’Or, pero ante la cantidad previsible de asistentes, se decidió celebrarlo en Saint Jean, en la ciudad de Lyon (sí, la misma donde mi familia y yo acompañamos al solitario sacerdote) con la calle cortada para facilitar el acceso, y pantallas de televisión en el exterior para que aquellos que no cabían en la iglesia siguieran la hora y media de celebración.

¿Se puede pensar en algo así en España sin organizar y alimentar una batalla mediática en contra? Lo dicho, envidio a los franceses en esto.

Se rumorea (parece ser que lo había comentado más de una vez) que a Paul Bocuse le habría gustado organizar una cena de despedida con sus amigos, en la que habría servido platos no conocidos hasta esa fecha. La enfermedad borró de su memoria hasta las recetas más sencillas.

Paul Bocuse nous prŽsente son plat du terroir "la Poule demi-deuil" dans les cuisines de son restaurant "L'Auberge du Pont de Collonges" ˆ Collonges au Mont d'Or prs de Lyon.

Paul Bocuse nous prŽsente son plat du terroir “la Poule demi-deuil” dans les cuisines de son restaurant “L’Auberge du Pont de Collonges” ˆ Collonges au Mont d’Or prs de Lyon.

Desconozco si en el Cielo andarán sobrados o no de cocineros y de chefs pero estoy segura que, desde ahora, el gran Bocuse iluminará un poco más el horizonte gastronómico del Paraíso con sus tres estrellas Michelín. Puede que hasta el gran Leonardo da Vinci, teniendo cerca al gran maestro de la cocina francesa, se arrepienta de no haber puesto un jugoso cordero cuando pintó el fresco de la última cena.

la-ultima-cena

¡Bon appétit à tous et bonne éternité, Maître cuisinier!

Creatividad e imaginación en catequesis

La buena intención está asegurada. Lo que ya no tengo tan seguro es que los resultados acompañen a esas buenas intenciones.
Me refiero a las catequesis que impartimos tanto a niños, A jóvenes, como a adultos.
Viendo la otra noche el estreno de la serie ‘Otros mundos’ de Javier Sierra, reciente ganador del premio Planeta, me preguntaba qué pasaría si nosotros perdiéramos el miedo a innovar y a ser creativos en nuestras catequesis.

JAVIER SIERRA PLANETA 2

Que nadie se asuste. No se trata de inventar lo que contamos pero sí cómo lo contamos. Javier Sierra no inventa, se ciñe a la historia y desde ahí pone en marcha su portentosa imaginación y creatividad para mostrarnos esos ‘misterios’ que están a nuestro alrededor y que dejamos que nos miren sin ser mirados.
Sinceramente creo que hay que perder el miedo a innovar porque los niños, los jóvenes y hasta lo adultos de hoy en día no se parecen en nada a los de antes.

DIOCESISDEMALAGA ES

Hacer los materiales más atractivos, con más colores, o introducir un lenguaje propio de las RRSS no es garantía ni está demostrando que tenga más recorrido que el tiempo que dura una catequesis.

Se trata de hacer de otra manera. ¿Qué pasaría si en nuestras catequesis explicáramos, por ejemplo, a leer la biblia de otra forma? Lo digo porque buena parte de ella se escapa ya a nuestra cultura, ya que provenir de la cultura judeocristiana no es lo mismo que haber vivido la cultura de la biblia. Intuyo que, sobre todo, a los jóvenes y a los adultos, les sorprendería descubrir que ciertas claves para entender muchos pasajes de la biblia se encuentran en libros diferentes en el que aparece ese pasaje; o que los nombres de los personajes no están puestos porque sean bonitos; o que las posturas de los cuerpos, sobre todo en los evangelios, juegan un papel fundamental. Son claves que, además de clarificar la comprensión de la lectura, nos adentran en la situación.

XANI NET

Si nuestras catequesis no despiertan las ganas y la curiosidad de profundizar en la fe que profesamos, no sirven para nada.

Valgan estas cuatro frases que el Papa Francisco ha pronunciado en la felicitación de Navidad (por cierto, sin desperdicio) a la Curia vaticana:

– Una fe que no nos pone en crisis es una fe en crisis.
– Una fe que no nos hace crecer es una fe que debe crecer.
– Una fe que no nos interroga es una fe sobre la que debemos preguntarnos.
– Una fe que no nos conmueve es una fe que debe ser sacudida.

Ya que estamos en Navidad, descorchemos la creatividad y brindemos con imaginación. Nuestras catequesis lo agradecerán.

Fotografías cortesía de:
planetadeloslibros.es
diocesisdemalaga.es
Xani.net

Celebremos Acción de Gracias

Una vez celebrado ya el adviento consumista del black friday y que la mayoría de la gente anda liada con la Navidad comercial, los que queremos e intentamos (aunque caigamos en la tentación) celebrar el Adviento cristiano y la Navidad también podemos reclamar otra fiesta que ya suena por almacenes y sectores consumistas. Se trata de Acción de Gracias.
¡Ojo!, no es broma, si no nos ponemos las pilas, se nos comerán el terreno como con Halloween que, aunque no tiene nada que ver con Todos los Santos, los listillos del ámbito consumista casi han conseguido borrar ya nuestra fiesta cristiana del calendario.
¿Por qué reclamo celebrar Acción de Gracias? Primero por lo dicho. Porque de no llevar la iniciativa nosotros, vendrán otros, lo harán y desposeerán de su verdadero significado a esta fiesta. Segundo, porque ¿sabe alguien cuándo se celebra Acción de Gracias en España y cómo se llama aquí esa fiesta? Tal vez sería una forma de conocer aquello que nos es propio.

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Se celebra el 5 de octubre y recibe el nombre de Témporas y son los días, litúrgicamente concentrados en el 5 de octubre, que recogen la acción de gracias y de petición a Dios terminadas las jornadas de recolección y de descanso antes de emprender las actividades habituales.
En realidad las Témporas son la aproximación de la liturgia a la vida cotidiana para encontrar en Dios la fuente de todo don y hoy no tiene que tener, exclusivamente, ese carácter agrícola de su origen. Hoy en esa acción de gracias tienen cabida las actividades empresariales, económicas, culturales, científicas…, que muestran el desarrollo del ser humano. Eso sí, sin olvidar que todo es nuestro, y nosotros somos de Cristo, y Cristo, de Dios (Icor 3, 22-23).
No dejemos que nos quiten nuestras tradiciones, nuestra cultura y nuestra fe. De no estar atentos lo acabaremos pagando caro, muy caro. Celebremos Acción de Gracias, Témporas o como queramos llamarlas, pero celebremos. Y celebremos ya en 2018.

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Y no hace falta que haya pavo para comer ni grandes comilonas. Sería buena ocasión para reducir gastos y compartir con quien menos tiene.

Niños y cementerios

Estar en noviembre y no hablar de cementerios casi sería imperdonable. Sin embargo, algunas veces, una se lleva una sorpresa porque encuentra una escena muy extraña en un cementerio.
El fin de semana anterior a la fiesta de Todos los Santos fui al cementerio de mi ciudad. La puerta por la que accedo normalmente se abre en la zona de las capillas familiares.
Nada más entrar me sorprendió mucho ver a un joven matrimonio acompañado de sus dos hijos, niño y niña. El niño era el mayor y tendría alrededor de 5-6 años, su hermana no creo que llegara a los 4.
Los padres y los niños andaban de la capilla a una cercana fuente donde llenaban los jarrones de agua para depositar las flores. Me llamó tanto la atención que unos padres llevaran a sus hijos al cementerio que, con bastante curiosidad, me paré a una distancia prudencial junto a otra capilla para ver qué hacían.

TORRERO CEMENTERIO

Los padres les hablaban a los niños de sus familiares allí enterrados. En concreto, el padre, le contaba a su hijo que cuando tenía aproximadamente la edad que él tenía ahora, su padre falleció y se fue al cielo y que desde allí lo ha querido y ayudado siempre.
No debía ser la primera vez que los niños acompañaban a sus padres al cementerio ya que el niño recordaba que allí estaban enterrados unos tíos que él no había conocido y que estaban en el cielo desde hacía ¡más de cien años! El padre intentó concretar algo más la fecha pero para el niño muchos años eran, sin la menor duda, más de cien.
Toda la familia participó en la colocación de las flores y en la limpieza del suelo. Cuando terminaron llegó el momento de rezar. Los padres situaron a los niños delante de ellos explicándoles quienes eran los que allí descansaban y comenzaron a rezar pidiendo que Dios los cuidara en el cielo hasta que volvieran a reunirse todos juntos allí.
Cuando terminaron de rezar, la madre, les decía a sus hijos que no había que tener miedo a la muerte porque era ir a otro sitio donde Dios, que nos quiere mucho, nos espera y también están las personas a las que hemos querido.
Parece ser que a la niña lo de Dios se le escapaba un poco así que su madre la cogió en brazos atendiendo lo que la pequeña le decía. No entendí a la niña pero, por la respuesta de la madre, deduje que la niña había preguntado si también estaba el Niño Jesús ya que la madre asintió con la cabeza a la vez que decía que sí, que el Niño Jesús también estaba.

angel y niño

Permanecieron unos momentos en silencio y, cuando el padre se disponía a cerrar la puerta de la capilla, la niña se puso delante y dijo de cantar un villancico porque al Niño Jesús era lo que le gustaba.
Esta decisión de la niña sí debía ser nueva por la cara de sorpresa que pusieron los padres y por la negativa del ‘hermano mayor’. Pero la niña insistió. Los padres comentaron algo, debió ser qué villancico cantaban, y muy bajito entonaron el ‘Noche de paz’ que les debió de parecer el más adecuado para el sitio.
Una vez terminaron el padre cerró la puerta de la capilla, se dieron un abrazo todos y salieron del cementerio tranquilamente.
Fue una escena maravillosa que me hizo pensar en lo extraño que nos parece lo que debería ser normal.
Ahora, a los niños, se les niega que tengan un contacto directo con la muerte porque los puede traumatizar. Sin embargo, no se les priva de ver la televisión donde los actores mueren hoy en una serie para salir mañana en otra, lo que provoca que muchos niños, a la hora de enfrentarse a la muerte de alguien (siempre que no se la disfrace de viaje o algo parecido), reaccionen como si mañana o pasado fuera a volver, porque es lo que están acostumbrados a ver.
Los niños de la escena que vi en el cementerio, tendrán la suerte de crecer sabiendo que la muerte es un paso más de la vida, y que no es el final de todo. En unos pocos años espero que sus padres les hablen de la esperanza para que, cuando llegue el momento de vivir la separación de un ser querido, la vivan como un hasta luego en la certeza de que viviremos un tiempo sin ver a esa persona, pero ni un día sin quererla y sin sentirnos querido por ella.
¡Qué suerte la de estos dos niños por tener unos padres que les hablan de la vida y de la muerte! En realidad les hablan de la vida y de la Vida.

Palabras sencillas, no posverdad

El 11 de octubre de 1962, recién empezado el Concilio Vaticano II, Juan XXIII, por la noche, escuchó las voces de la gente que llenaba la plaza de San Pedro y decidió dedicarles unas palabras improvisadas que han pasado a la historia como “El discurso de la luna”.

Esas palabras no han perdido nada de la frescura y la ternura con las que fueron pronunciadas.
Ahora, 55 años después, damos vueltas y vueltas para decir algo, medimos, calculamos, queremos ser ‘políticamente correctos’, que nada de lo que pensemos o digamos nos cause problemas. Al final, todo muy artificial.

Por eso creo que es bueno recordar aquellas sencillas palabras de Juan XXIII que, improvisadas y todo, calaron tan hondo que todavía hoy se recuerdan.

LUNA

«Queridos hijitos, queridos hijitos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz, pero resume la voz del mundo entero. Aquí, de hecho, está representado todo el mundo. Se diría que incluso la luna se ha apresurado esta noche, observadla en lo alto, para mirar este espectáculo. Es que hoy clausuramos una gran jornada de paz; sí, de paz: “Gloria a Dios y paz a los hombres de buena voluntad” (cf. Lc 2,14).
Es necesario repetir con frecuencia este deseo. Sobre todo cuando podemos notar que verdaderamente el rayo y la dulzura del Señor nos unen y nos toman, decimos: He aquí un saboreo previo de lo que debiera ser la vida de siempre, la de todos los siglos, y la vida que nos espera para la eternidad.
Si preguntase, si pudiera pedir ahora a cada uno: ¿de dónde venís vosotros? Los hijos de Roma, que están aquí especialmente representados, responderían: “¡Ah! Nosotros somos vuestros hijos más cercanos; vos sois nuestro obispo, el obispo de Roma”.
Y bien, hijos míos de Roma; vosotros sabéis que representáis verdaderamente la Roma caput mundi, así como está llamada a ser por designio de la Providencia: para la difusión de la verdad y de la paz cristiana.
En estas palabras está la respuesta a vuestro homenaje. Mi persona no cuenta nada; es un hermano que os habla, un hermano que se ha convertido en padre por voluntad de nuestro Señor. Pero todo junto, paternidad y fraternidad, es gracia de Dios. ¡Todo, todo! Continuemos, por tanto, queriéndonos bien, queriéndonos bien así: y, en el encuentro, prosigamos tomando aquello que nos une, dejando aparte, si lo hay, lo que pudiera ponernos en dificultad.
Fratres sumus. La luz brilla sobre nosotros, que está en nuestros corazones y en nuestras conciencias, es luz de Cristo, que quiere dominar verdaderamente con su gracia, todas las almas. Esta mañana hemos gozado de una visión que ni siquiera la Basílica de San Pedro, en sus cuatro siglos de historia, había contemplado nunca.
Pertenecemos, pues, a una época en la que somos sensibles a las voces de lo alto; y por tanto deseamos ser fieles y permanecer en la dirección que Cristo bendito nos ha dejado. Ahora os doy la bendición. Junto a mí deseo invitar a la Virgen santa, Inmaculada, de la que celebramos hoy la excelsa prerrogativa.
He escuchado que alguno de vosotros ha recordado Éfeso y las antorchas encendidas alrededor de la basílica de aquella ciudad, con ocasión del tercer Concilio ecuménico, en el 431. Yo he visto, hace algunos años, con mis ojos, las memorias de aquella ciudad, que recuerdan la proclamación del dogma de la divina maternidad de María.

Juan-XXIII

Pues bien, invocándola, elevando todos juntos las miradas hacia Jesús, su hijo, recordando cuanto hay en vosotros y en vuestras familias, de gozo, de paz y también, un poco, de tribulación y de tristeza, acoged con buen ánimo esta bendición del padre. En este momento, el espectáculo que se me ofrece es tal que quedará mucho tiempo en mi ánimo, como permanecerá en el vuestro. Honremos la impresión de una hora tan preciosa. Sean siempre nuestros sentimientos como ahora los expresamos ante el cielo y en presencia de la tierra: fe, esperanza, caridad, amor de Dios, amor de los hermanos; y después, todos juntos, sostenidos por la paz del Señor, ¡adelante en las obras de bien!
Regresando a casa, encontraréis a los niños; hacedles una caricia y decidles: ésta es la caricia del papa. Tal vez encontréis alguna lágrima que enjugar. Tened una palabra de aliento para quien sufre. Sepan los afligidos que el papa está con sus hijos, especialmente en la hora de la tristeza y de la amargura. En fin, recordemos todos, especialmente, el vínculo de la caridad y, cantando, o suspirando, o llorando, pero siempre llenos de confianza en Cristo que nos ayuda y nos escucha, procedamos serenos y confiados por nuestro camino.
A la bendición añado el deseo de una buena noche, recomendándoos que no os detengáis en un arranque sólo de buenos propósitos. Hoy, bien puede decirse, iniciamos un año, que será portador de gracias insignes; el Concilio ha comenzado y no sabemos cuándo terminará. Si no hubiese de concluirse antes de Navidad ya que, tal vez, no consigamos, para aquella fecha, decir todo, tratar los diversos temas, será necesario otro encuentro. Pues bien, el encontrarse cor unum et anima una, debe siempre alegrar nuestras almas, nuestras familias, Roma y el mundo entero. Y, por tanto, bienvenidos estos días: los esperamos con gran alegría».

Lo que se dice con el corazón, llega y no necesita ser adornado. Gracias Juan XXIII.