Pontier y Macron: la oportunidad

Era la primera vez que la Conferencia Episcopal Francesa (CEF), invitaba al jefe del Estado. No era la típica visita institucional de la que se espera poco más que la foto de rigor estrechándose la mano, y las mutuas palabras amables. Era un encuentro público en el Collège des Bernardins, en París, lugar de encuentro, debates, foros, arte, cultura; lugar donde Benedicto XVI, en 2008, se dirigió al mundo de la cultura “quisiera hablaros de las raíces de la cultura europea…” lugar emblemático para la Iglesia francesa.

En un encuentro de este calado, quien invita se juega mucho más que el invitado y hay que reconocer que la CEF cuidó hasta el más mínimo detalle y, gracias a ello, han conseguido un gran éxito de comunicación que, en el mundo actual, es muy importante.

Quien crea que un encuentro de este tipo se prepara en una semana, anda muy equivocado. Estoy por asegurar que habrá llevado meses ya que lo de menos habrá sido cerrar agendas. Habrá habido mucho trabajo entre bambalinas, de ese que no se deja ver pero que, al final, parte del éxito o fracaso depende de él. Esto no es un hecho baladí porque pone sobre el tapete los buenos responsables y equipos de Relaciones Institucionales que ambas instituciones, Iglesia y Estado, tienen y la importancia de los mismos ante situaciones como la que nos ocupa y en otras muchas.

MACRON Y AUPETIT L'EXPRESS

La Iglesia de Francia se presentó sin complejos y presentó lo que hace sin artificios a través de quienes se benefician de su gran labor social y pastoral. El Secretario General y Portavoz de los Obispos de la CEF, Mgr. Olivier Ribadeau Dumas presentó a los primeros invitados: Discapacitados físicos, un joven con autismo y a su hermano que le cuida, personas que viven en precariedad salarial alarmante, personas solas, migrantes… todos tuvieron su tiempo para expresar sus necesidades, sus carencias, su fragilidad, sus anhelos, y también sus esperanzas. También lo hicieron los católicos cuyo compromiso es ayudarles.

Seguidamente el arzobispo de Marseille, Georges Pontier, presidente de la CEF, tomó la palabra y pronunció un discurso de esos que te reconcilian con la jerarquía, haciéndose portavoz de todas las preocupaciones que tiene la Iglesia francesa, con claridad, sin hacer uso fraudulento de la filosofía del lenguaje para no herir susceptibilidades. Todo tan claro como la luz de Pascua, tiempo especialmente elegido para el encuentro, porque “nos conduce a una esperanza esclarecedora que nos lleva a una certeza absoluta en la dignidad de cada ser humano creado a la imagen de Dios”, dijo Mgr. Pontier.

Tras el agradecimiento inicial al presidente Macron por haber aceptado el encuentro, dijo una frase como para rebajar la ansiedad de algunos de ambas instituciones: “Este encuentro es inédito y no tiene necesariamente vocación a ser renovado anualmente”.

MACRON BRIGITTE ALETEIA

Aludió a esa ambición común o responsabilidad compartida que es la de contribuir, cada uno desde su espacio, a crear calidad de vida para Francia, porque la grandeza de una sociedad se mide por su capacidad para arropar a los más frágiles. Es, añadió el arzobispo, lo que la califica de más o menos humana.

Apeló a las leyes que se proponen en torno a temas de bioética como punto de partida para una reflexión común: “¿Qué mundo queremos para mañana?” Para, seguidamente, hacerle una propuesta al presidente de la República citando el número 74 de “Caritas in Veritate”, de Benedicto XVI. Con toda naturalidad.

Destacó lo poco razonable que es tener leyes sobre temas vitales para la sociedad como es la familia, pendientes de poner en práctica, cuando algunos ya reclaman otras nuevas e insistió en que no dejarán de expresarse en temas relativos a la persona porque son conscientes de su responsabilidad frente a los más débiles que son, finalmente, quienes más sufren con esas leyes. También mostró la disposición de la CEF para reunirse, a nivel nacional, con representantes de otras religiones para acciones conjuntas.

Aquí llegó un momento del discurso que muestra una forma de ser Iglesia en salida original y valiente. Resulta que los obispos de la Provincia Eclesiástica de Marseille (Aix en Provence, Avignon, Ajaccio, Digne, Fréjus-Toulon, Gap, Nice y Marseille), invitaron a funcionarios de sus diócesis a una corta estancia en Roma para que conocieran de cerca la forma de trabajar en la Santa Sede y encontrarse con el Papa Francisco. Viajaron 310 funcionarios pertenecientes a diversas formaciones políticas y tradiciones religiosas diferentes quienes vivieron estas jornadas de estudio -así las calificó el arzobispo- con verdadero interés. Tampoco faltó una visita a la Embajada de Francia cerca de la Santa Sede para ver de cerca el trabajo y las relaciones entre los dos países. Y añadió Mgr. Pontier: “Las relaciones son posibles en el respeto a cada uno, siempre y cuando se reconozca el derecho de todos a existir, respetando las responsabilidades mutuas”. No se trata de contar, se trata de mostrar y los obispos así lo han hecho.

MACRON JOVEN AUTISTE Y HERMANO LACROIX

Llevó a su discurso el presidente de la CEF la realidad del Islam en Francia y cómo todo lo que puede suponer una preocupación para el Estado lo es también de la Iglesia ya que, al fin y al cabo, todos son parte de Francia; habló de los problemas de los jóvenes, de la economía, en clave de Laudato Si’, de acogida…

Finalizó diciendo: “Aprovecho esta oportunidad, si me lo permite, para lanzar un llamamiento: el de superar los temores que hay en nuestra sociedad francesa y comprometernos con determinación y confianza en un mejor conocimiento mutuo […] Y si es necesario designar un orden de prioridades, propongo comenzar mejorando la suerte de los más frágiles, los más pobres, los vulnerables, porque así es como se construye y profundiza la confianza en la nación”. También dedicó unas palabras al Coronel Arnaud Beltrame, recientemente asesinado al cambiarse por una rehén.

Llegó el turno para el presidente Macron. La expectación estaba servida y no defraudó, aunque pocos se debían esperar algo así.
Hay que reconocer que el inicio de su discurso puso un punto de humor al decir: “Para encontrarnos aquí esta noche, Monseñor, hemos tenido, sin duda, usted y yo, que desafiar, a los escépticos de cada lado”. Para los díscolos, escépticos, raritos, y demás especies que ven solo lo negativo, de ambos lados, marcará un antes y un después; es un discurso de esos que quedarán para la historia.

“Si lo hemos hecho, es indudable que compartimos, de alguna manera, el sentimiento de que el vínculo entre la Iglesia y el Estado se ha deteriorado, y nos importa, a usted y a mí, repararlo”. Algunos interpretaron que los sagrados cimientos de la separación entre la Iglesia y el Estado se resquebrajaban y que la ley que lo así confirma, de 1905, había sido barrida del mapa. En realidad, el cristianismo nunca fue barrido de la escena pública francesa.

French President Emmanuel Macron delivers a speech during a meeting of the Bishops' Conference of France (CEF) at College des Bernardins in Paris, on April 9, 2018. / AFP PHOTO / ludovic MARIN

El discurso del presidente Macron dejó claro que sabía de qué hablaba: De relajar la crispada relación entre Iglesia y Estado; a quién hablaba: A los obispos y católicos franceses de toda tendencia política; y para qué hablaba: Para presentar una idea más abierta de la laicidad, más acorde con los tiempos y, con más sentido común que permita restaurar la relación Iglesia-Estado que él considera dañada. Para Macron la separación Iglesia-Estado es separación, no confrontación.

De ahí un discurso plagado de pensamientos y reflexiones teológicas, bien explícitas, bien implícitas, pero que los anfitriones eran capaces de captar, aunque algunas de ellas fueron tan directas que hicieron revolverse a más de uno: […] “Ese horizonte de la salvación casi ha desaparecido del horizonte de las sociedades contemporáneas, pero es un error, solo está enterrado […] Es la cuestión del sentido del absoluto en nuestras sociedades […] Paul Ricoeur, si me permite citarlo esta noche, encontró las palabras correctas en una conferencia pronunciada en Amiens en 1967: Mantener un objetivo para los hombres, llamémoslo un ideal, un sentido moral, una esperanza, un sentido religioso”. Se presentó como el jefe del Estado que garantiza la libertad para creyentes y no creyentes, pero no como el promotor de una religión de Estado que sustituyera la trascendencia divina por un credo republicano.

Por su discurso pasaron Juana de Arco, los Padres de Europa, los inventores del sindicalismo moderno, el P. Hamel (asesinado cuando celebraba misa), el Coronel Beltrame, Marrou, Pascal, de Gaulle, Robert Schuman, J. Delors, Lubac, Simone Weil… y, cómo no, Paul Ricoeur.
No puede pasar desapercibido que Macron fue, durante diez años asistente editorial de Paul Ricoeur, es decir, que verificaba texto, notas, bibliografía de cuanto escribió en esa época Ricoeur. Eso le permitió conocer al filósofo, pero más importante todavía, al hombre. Macron recuerda ese periodo de su vida con intensidad ya que Rcoeur y él se convirtieron en amigos inseparables.

MACRON Y PONTIER LACROIX

Macron no es un intelectual de cara a la galería. Se inspira en el cristianismo social que bebió junto a Ricoeur quien le presentó a Olivier Mongin, director de la revista Esprit, de cuyo comité editorial formó parte Macron y que había sido fundada por Emmanuel Monuier. Si a esto le sumamos su decisión de bautizarse a los 12 años, obtenemos la imagen de un hombre con unas convicciones profundas bien que para los más rigoristas no deje de ser ‘un cristiano bautizado que hace su vida al margen de eso’, como leí hace poco en internet. En todo caso, en algunos discursos de políticos actuales, se aprecian formas religiosas, pero ¿en cuántos discursos políticos escuchamos hoy en día hablar de “misterio del hombre”, “vocación”, “esperanza”, y “trascendencia”?

Durante más de una hora mostro y demostró que es capaz de hablar el mismo lenguaje de los católicos, que comprende sus preocupaciones, su historia; les pidió su implicación en la política sin renunciar a sus principios y, de forma inteligente, se apoyó en la prudencia del Papa Francisco que “hace de esta virtud aristotélica la del gobernante” y supo deslizar el pensamiento de Benedicto XVI sobre el relativismo. Para sorpresa de algunos, no para quienes hemos visto la exquisita labor de los departamentos de Relaciones Institucionales, citó textualmente algún párrafo de la exhortación “Gaudete et Exsultate” que se había hecho pública unas horas antes.

En las palabras dedicadas al coronel Beltrame, fue especialmente cuidadoso para aunar espíritu cívico y convicción religiosa: “En esta Francia que no escatima su desconfianza hacia las religiones […] cuando llega el momento más intenso, […] la parte del ciudadano y del católico, arden, en el verdadero creyente, en la misma llama”.

Pidió a la Iglesia que hiciera tres dones a la República: el de su sabiduría; el de su compromiso; y el de su libertad.
¿Al final todos contentos y pelillos a la mar? No, ni mucho menos. De hecho, Macron dijo muy claro que en aspectos de bioética la sociedad no coincidía con el pensamiento cristiano y, es más, el Consejo Económico, social y Ambiental, al día siguiente, votó a favor de iniciar los trámites necesarios para desarrollar la ley a favor de la eutanasia. Aunque hay que destacar que, en el último momento, los representantes de las asociaciones de jóvenes, se abstuvieron. En todo caso ha habido un gran avance, un paso de gigante, en el reconocimiento mutuo.

TWITT MACRON

Tras este discurso y este encuentro entre la CEF y el presidente de la República, ¿cómo sentó en el mundo protestante? François Clavairoly, presidente de la Federación Protestante de Francia, encuentra el discurso del presidente Macron en la misma línea que el que pronunció en el Ayuntamiento de París con motivo de la celebración del V Centenario de la Reforma. A los protestantes les pidió ser vigías, centinelas de la República; a los católicos que den lo mejor de sí mismos. Lo valoran como dos propuestas diferentes y complementarias, hechas desde el respeto y poniendo en valor las respectivas convicciones.

“Más importantes que las raíces, es la savia. Estoy convencido que la savia católica debe contribuir ahora y siempre a hacer vivir nuestra nación”. En definitiva, el discurso fue una afirmación del papel que los católicos deben tener al servicio de la dignidad humana.

El 9 de abril, en el Collège des Bernardins, la invitación de la CEF y la aceptación del presidente de la República, puso de manifiesto un sentido de responsabilidad que ya me gustaría a mí para España, aun reconociendo que la realidad de cada país es muy diferente.

Fotografías cortesía de: www.aleteia.fr; www.lexpress.fr; www.lacroix.fr;

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