LOS MACRON EN EL VATICANO

En una visita de Estado lo habitual es ver al máximo representante de un país, sea varón o mujer, junto al máximo representante del país que se visita, sea varón o mujer, protagonizar la visita. Sin embargo, en el viaje de ayer de Emmanuel Macron, presidente de Francia, él y Brigitte, su esposa, fueron protagonistas junto al Papa Francisco.

LE PARISIEN FR

Si bien la visita de Emmanuel Macron al Vaticano era la primera como presidente de Francia, no era esta su primera visita. La Navidad de 2015, cuando era el joven ministro de economía del gobierno francés, decidió pasar las señaladas fiestas en Roma junto a su esposa y asistir, a título privado, a la misa de Navidad en la basílica de San Pedro. Una de las oraciones de petición estaba destinada a los dirigentes políticos para que respetaran la dignidad de la persona y trabajaran por la paz en el mundo. Durante ese viaje entabló amistad con uno de los sacerdotes de la comunidad Emmanuel que es la comunidad encargada de atender una de las iglesias francesas en Roma.

Francia tiene una tradición (las tradiciones suelen tener más valor del que aparentan) que consiste en que el presidente del país, debe visitar Roma, más concretamente el Vaticano, durante el primer año de mandato presidencial. Se ha cumplido la tradición. Tras los últimos presidentes, considerados “bling bling”, la visita de Macron se dibujaba bastante diferente, sobre todo, después del encuentro con la Conferencia Episcopal Francesa, a principios del mes de abril en los Bernardinos de Paris.

¡Et voilà!, ya encontramos a los Macron en Roma. Ajustadísimo el tiempo de estancia y, gracias una vez más, al buen trabajo de los respectivos gabinetes de protocolo (porque el Vaticano tiene protocolo y jefe designado por Francisco, Joseph Murphy), hubo tiempo para todo porque todo era importante.

El día se inició con un pequeño encuentro con la comunidad de San Egidio (en la propia embajada francesa por cuestiones de tiempo), cuyo máximo representante, Andrea Riccardi, es en estos momentos una de las personalidades con más peso ético y moral en lo relativo a la acogida de inmigrantes, refugiados y desplazados y responsable de los famosos “corredores humanitarios” que hasta ahora han demostrado que son válidos y fiables para atender a las necesidades de estas personas. No fue una visita de cortesía ni de foto, aunque las hubo, fue una visita que se enmarcaba en la realidad que está viviendo Europa y que formaba parte de la agenda de un día en el que nuevo gobierno italiano seguía echando gasolina al fuego que ha creado su actitud contra los emigrantes.

A las 10 de la mañana, Emmanuel y Brigitte Macron eran recibidos por Francisco (atrás quedaron los tiempos en los que si un Jefe de Estado no estaba casado por la Iglesia, a la mujer se la ignoraba). Intercambio de regalos: Macron le regaló una edición antigua de “Diario de u cura rural” de G. Bernanos y Francisco le regaló los textos de “Evangelii Gaudium”, “Laudato si”, “Amoris Laetitia” y “Gaudete et Exsultate” y una medalla en bronce de San Martín. Tras las fotos de rigor, cierre de puertas y entrevista privada, larga y, por los gestos que se vieron al despedirse, más que agradable diría que entrañable. No hace falta más que ver las imágenes en las que Francisco sigue con la mirada, bastante rato, al matrimonio Macron por el pasillo en su salida de la audiencia.

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Como es natural solamente han trascendido pequeños apuntes sobre los temas tratados: la contribución de la religión a la promoción humana, los inmigrantes, hacia dónde va el proyecto de Europa, la tensión en el Próximo Oriente, África y sus múltiples conflictos… Aunque una hora da para mucho, cada uno de estos temas daría para semanas de conversación, así que, mientras Francisco y Macron tocaban poco menos que los titulares, el equipo que acompañaba al presidente francés, hablaba de los mismos con Pietro Parolin y demás personal de la Secretaría de Estado. Esto no sale en las fotos pero es donde todo toma forma. Por cierto, como algo más que curiosidad, el regalo para el Cardenal Parolin fue un libro “Inigo” (Iñigo), escrito por François Sureau, abogado y miembro del Consejo de Estado, quien estudió en el Instituto privado San Luis Gonzaga de los jesuitas, y que tiene muchas posibilidades de convertirse en el próximo embajador ante la Santa Sede. Parece que entre jesuitas andaba el encuentro.

Tras la visita al Vaticano llegó otro acto. Emmanuel Macron tomaba posesión como Canónigo de Honor de San Juan de Letrán y fue acompañado en todo momento por su esposa Brigitte. Es cierto que los anteriores presidentes, incluidos los “bling bling”, no habían rechazado la tradición pero sí se habían negado a la ceremonia que conlleva.

Ciertamente es un título honorífico, como que el Rey de España lo sea de Jerusalén, de cuando Enrique de Borbón o de Navarra, protestante de nacimiento, se convirtió al catolicismo sin más convencimiento que el de ser un paso necesario para reinar en Francia y que, según la tradición sentenció su gesto con la famosa frase de “Paris bien vale una misa” y ser conocido como Enrique IV. La cuestión es que desde entonces, los máximos representantes de Francia han llevado este título.
Astutamente no pronunció ningún discurso que pudiera ser interpretado como un ataque a la laicidad de Francia y se limitó a felicitar y desear lo mejor a Monseñor Donatis que, en breve, será creado cardenal: “Estoy realmente emocionado en este momento. Pienso que su emoción será todavía mayor cuando entre en el colegio cardenalicio y se encuentre con quienes ponen su fe al más alto servicio de la Iglesia católica”.

No pronunció discurso alguno y no hacía falta. El discurso se había pronunciado ya en los Bernardinos de Paris. No hacía falta añadir nada más. Una vez finalizada la ceremonia se trasladó el presidente francés a la embajada para atender a los periodistas en una rueda de prensa. Y… ¿qué fue de Brigitte al abandonar San Juan de Letrán?

La esposa de Macron no fue directamente a la embajada. Se dirigió a la iglesia de Trinité-des-Monts, una de las iglesias francesas de Roma. Estaba previsto que fueran los dos pero la agenda no daba para más. En principio se borró esa visita del plan del viaje y finalmente fue Brigitte Macron la encargada de hacerla. Está la iglesia en sí, un colegio, un centro de evangelización para jóvenes, una casa de acogida y un convento del siglo XVI. Desde 2016 está regida por la comunidad Emmnuel.

No fue una simple visita protocolaria; la esposa del Presidente mostró la importancia que esta iglesia tiene en la historia espiritual de Francia en Roma y su compromiso hacia las personas discapacitadas. Visita discreta pero dejó su sello en una jornada que, personalmente, me plantea algunas cuestiones.

– El máximo representante de un Estado laico, no tiene inconveniente en una visita oficial, de manifestar públicamente trato natural, incluso algún gesto muy especial, con la confesión católica.

• ¿Habría en España algún político dispuesto a hacer esto mismo aunque fuera como simple guiño electoral a los católicos españoles?
• ¿Cuántas visitas, hemos visto a la iglesia de Montserrat y Santiago de los Españoles, Iglesia nacional de España en Roma, de los máximos representantes de los sucesivos gobiernos españoles, incluso de los Reyes?
• ¿Cuántas veces se han desplazado esos mismos ilustres visitantes al Pontificio Colegio Español de San José en Roma?
• ¿Cuántas veces les hemos visto, fuera de la visita protocolaria, mantener algún encuentro con alguna institución católica?
• ¿Cuántas veces hemos escuchado alguna declaración, fuera de las palabras habituales de medio cortesía, como consecuencia de la canonización de algún santo español?

– A mitad del pasado febrero, el presidente francés, organizó un encuentro en el Elíseo sobre el tema del final de la vida, dicho sin emplear la filosofía del lenguaje tan de moda actualmente, sobre la eutanasia. Estaban invitados responsables del mundo médico, académico y, por supuesto, representantes religiosos de todas las confesiones. Evidentemente, el arzobispo de París, Monseñor Michel Aupetit, médico antes de ordenarse y especialista en bioética, estaba entre ellos.

• Esta misma semana se ha colado en el congreso español el tema de la eutanasia como si fuera una petición masiva de la sociedad. ¿Hemos visto a algún político pedir un debate previo con especialistas médicos y con representantes de confesiones religiosas?
• ¿Estamos los ciudadanos concienciados de que tenemos voz para hacernos oír? ¿Estaríamos dispuestos a pedir a las autoridades que se abriera un debate serio con todas las instancias, incluidas las religiosas, sobre este tema y otros de gran calado?
• ¿Estaría la Iglesia católica dispuesta a acudir a un debate de este tipo con intención de dialogar y no de manifestar sencillamente de entrada su postura?

La España aconfesional tiene una de las sociedades más religiosas de Europa. Supongo que estas alturas ya no será necesario explicar la diferencia entre creer y ser religioso y, es evidente, que la sociedad española se manifiesta religiosamente en mil circunstancias.

Hace unos treinta años, que no es nada de tiempo para lo que voy a contar, estaba con mi familia en Lyon (tercera ciudad francesa) pasando unos días. Era Sábado Santo y decidimos dar una vuelta. En una calle vimos a la puerta de una iglesia a un sacerdote revestido para celebrar la Vigilia Pascual que estaba a la espera de alguien entrara porque no había nadie más que él en la iglesia. Nos dio tanta pena que decidimos entrar y celebrar allí la vigilia. Repito que,, de esta triste anécdota, hace unos treinta años.

Pues bien, de esta situación se ha pasado a bautizar a más de cuatro mil doscientas personas en la pasada Vigilia Pascual en Francia y a ordenar, este año a ciento veinticinco jóvenes que, por edad, vendrían a nacer el año de mi triste experiencia en Lyon o poco después.

No cabe más que preguntarse, una vez más, ¿qué está pasando en Francia? ¿Qué han hecho sus obispos? Porque aquí la clave tiene que estar en ellos como responsables máximos diocesanos, y tener el valor de empezar a mirar y a averiguar cómo han conseguido, en el corto espacio de tiempo de treinta años, dar la vuelta a la situación para que su Presidente hable de religión y confesiones religiosas y con sus representantes, sin miedo al qué dirán los garantes de la laicidad, sin cargarse esa laicidad y consiguiendo que toda una sociedad esté cambiando.

El viaje de los Macron al Vaticano ha hecho que sienta un poco más de envidia de la que ya siento por lo que está pasando en Francia. Me temo que muchas explicaciones ya no escucharemos porque todo quedó dicho en los Bernardinos de Paris aquel lunes, 9 de abril, por parte del presidente de Francia, Emmanuel Macron, y por parte del presidente de la Conferencia Episcopal Francesa, Georges Paul Pontier.

Los Macron en el Vaticano. ¡Qué buen viaje!

Fotografías cortesía de:
photo.va
leparisien.fr
closer.com

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