VICENTE CAÑAS

con los enawené

con los enawené

He sabido hace poco, que uno de los primeros colaboradores de la organización en la que trabajo actualmente fue un jesuita español, llamado Vicente Cañas, que llegó por aquí en los años 70. La trayectoria de este joven, según dicen, con excelente humor y energía, fue intensa y meteórica. Después de mucha expectativa le pidieron que trabajase como misionero y terminó realizando los primeros contactos con un pueblo indígena llamado Enawené Nawé.  Con ellos pasó 10 años de su vida, los últimos, ya que lo asesinarían los rufianes del lucro por defender los derechos de estas gentes. Hasta hoy nadie ha sido condenado, aunque todo apunte para la participación de madereros y de un delegado policial. Este hombre se fue transformando en enawené hasta ser uno de ellos.  Renació Kiwxí.

Kiwxí era un indio que en otra vida llegó a ser un peninsular de los bandos de Albacete. Un revoltoso y apasionado. Lo único que Kiwxí quería, cuando se llamaba Vicente, era ser torero. Hizo sus primeros pinitos en el arte del capote a escondidas de su padre, con una  confidente tierna que le escondía las travesuras, su hermana. Y le puso ímpetu, le puso garra, pero no sabía él que la vida es gira-mundo antes que cualquier otra cosa y al primer despiste, una vuelta de este carrusel le volteó la mirada. Vicente serenó la espada y abdicó de la “guerra” cuando le inició el buen dios en el arte de inclinarse para aupar pobres.  Vicente fue re-bautizado de Hermano en la orden jesuítica. Malabarista de cazuelas y especierías, servidor de curas, embarcó rumbo al nuevo continente.

Y allí vuelta a girar todo, de punta cabeza como dicen por aquí. El castellano torero, que había trocado el traje de luces por una sotana oscura, terminó deshilachando el disfraz, empezando por el alzacuellos, que dificulta mucho eso de inclinarse para aupar pobres. Y se quedó desnudo. Desnudo amó, desnudo escribió, desnudo cantó, desnudo luchó hasta que en otro vuelco, en la tribu hermosa desvistió el cuerpo.

BELO MONTE

Belo Monte debería ser una montaña bellísima. Pero no, no lo es. Este nombre representa  hoy para muchos  brasileños preocupados con el medio ambiente y la propia sobrevivencia,  caos y destrucción. Belo Monte pretende ser la 3º Hidroeléctrica mayor del mundo, después de la usina de Tres Gargantas (China) e Itaipu (Brasil/Paraguay). Hace parte del famoso Programa de Aceleración del Crecimiento (PAC) del gobierno. Y aunque este gobierno posea, como señala Leonardo Boff,  méritos innegables en la cuestión social, en la cuestión ambiental es de una inconsciencia y de un atraso alucinantes. El gobierno Lula aún vive dentro de una mentalidad para la cual la naturaleza es apenas una reserva de recursos para proyectos faraónicos (sigue Boff) dentro de un modelo de crecimiento ultrapasado. En plena crisis ambiental global en donde se recomiendan obras pequeñas, la valorización de matrices energéticas alternativas basadas en agua, viento, sol y biomasa (y Brasil tiene todo eso), nos confrontamos con este mega proyecto renaciendo de las cenizas. Porque fue en los años 70, en plena dictadura militar cuando se gestó. En 1989, la presión y movilización de los pueblos indígenas, el líder Raoni y  el cantor Sting del grupo The Police,  consiguieron su archivamiento.

Según especialistas este  proyecto es inviable financieramente ya que durante los tres o cuatro meses de sequía que la región sufre al año, únicamente producirá 10% de su potencial. El precio se estima entre 19 y 30 billones de reales (haced las cuestas; 1 euro está a 2,2 reales). Los brasileños  serán quienes terminen  pagando.

Inundarán 51.600 hectáreas de floresta y desviarán casi todo el flujo del río Xingu (hermosísimo afluente del amazonas con aproximadamente 1800 km de extensión). Este desvío dejará sin agua, sin peces ni transporte a las comunidades indígenas y tradicionales a lo largo de una extensión de 130 km. Es muy probable que las florestas tropicales de la región no sobrevivan a semejante cambio.

El impacto ambiental podemos resumirlo en la devastación de una parte de la floresta amazónica y la aniquilación del Xingu.

El impacto social será enorme. Por lo menos 20 mil personas tendrán que salir  obligatoriamente, aunque como manifiestan los líderes indígenas, no hay que pensar sólo en el local donde se quiere construir, sino en la destrucción de todo el entorno, porque otras empresas aparecerán, nuevos latifundios, invasiones de tierra, violencia, drogas, alcoholismo, etc.  Y ellos se preguntan: “para que más energía con tanta destrucción?”

Porque entonces se impone este proyecto? Quien gana con él? Naturalmente las grandes empresas. Actualmente todas ellas están  articuladas y encantadas con los miles de contratos que han ido surgiendo en todo el país gracias al PAC. Según el plano decenal de expansión de energía  del gobierno para 2017 se espera sumar a las 158 grandes hidroeléctricas del país, otras 71 entre las que se encuentra Belo Monte. Si a esto le sumamos las numerosas denuncias de super-facturas e irregularidades, os podéis imaginar en que se convierte este “crecer” desenfrenado. Cuando un gobierno, contra miles de voces, impone de forma tan autoritaria un proyecto que apenas beneficia a unos pocos, uno tiene que preguntarse el  por qué. El gobierno tiene prisa. Está en plena campaña electoral. No hay tiempo que perder con consultas, sentido crítico o participaciones. El gobierno no acepta la voz de su pueblo. Ya decidió.

El gobierno Lula se ha saltado a la torera la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (UNDRIP) que protege el derecho de autodeterminación de los pueblos incluyendo consulta previa e informada. Su compromiso con la Convención 169 de la Organización Internacional del Trabajo que garantiza el derecho de los pueblos a la consulta libre, previa e informada frente a proyectos de desarrollo e infraestructura que generen impactos sobre sus vidas y subsistencia. Además viola la Constitución Federal Brasileña (1988) que garantiza el derecho de los pueblos indígenas de contestar la explotación de recursos hídricos en sus tierras.

Un estudio  realizado por WWF-Brasil publicado en 2007, (lo saco de la carta que 140 entidades internacionales enviaron a Lula repudiando el proyecto),  mostró que hasta 2020 podría reducir la demanda energética prevista en 40% por medio de inversiones en eficiencia energética. La energía economizada sería equivalente a 14 hidroeléctricas de Belo Monte y representaría una economía para el país de 33 billones.

“Belo Monte es técnicamente desaconsejable, exageradamente cara, ecológicamente desastrosa, socialmente perversa, perturbadora de la floresta Amazónica y una grave agresión al  sistema Tierra” declara Leonardo Boff.

El obispo don Erwin Krauther de la Conferencia Nacional de los Obispos Brasileños (CNBB) ha declarado: “Lula entrará en la historia como el gran depredador del Amazonas y el sepulturero de los pueblos indígenas y ribereños del Xingú”.

Sería un error reducir el problema de Belo Monte a nivel local o regional. Vivimos en la globalidad. Todo nos afecta a todos. Las acciones de cada ciudadan@, cada ciudad, cada país tienen un efecto en nuestra propia vida cotidiana. Somos co-responsables.  La presión y apoyos extranjeros, como la que ha dado el director de la película Avatar a os pueblos del Xingú, ha despertado algunas voces bastante reaccionarias  de políticos y periodistas que invocan un nacionalismo ultrapasado. El Amazonas es nuestro, los indios son nuestros, que los gringos se vayan a cuidar de sus jardines.

Frente a todo esto nada más contundente, nada más  verdadero que la declaración  realizada por 62 líderes indígenas en la Carta de los Pueblos, publicada el 14 de abril del presente año, denunciando Belo Monte:

“Sólo cuando el hombre blanco destruya la floresta, mate todos los peces, mate todos los animales y acabe con todos los ríos, percibirá que nadie come dinero”

La vuelta

Han pasado casi seis meses desde la última vez que escribí en este blog. Dejé a medio andar mis impresiones navideñas en Madrid que ahora parecen irrelevantes. Hago una rápida retrospectiva y  me viene a la cabeza el arrasador terremoto de Haiti que movilizó el mundo; el solariego  carnaval  en Río de Janeiro con sus mil cartelitos de “prohibido orinar en la calle” que a más de uno le costó una multa, o detención por resistencia a la autoridad, o lo que es peor, una fuerte contención urinaria. Poco después la Laguna Rodrigo de Freitas que ampara unos de los barrios más bellos y nobles de Río, nos sorprendió escupiéndonos a la cara toneladas de peces muertos que deambularon fantasmalmente durante días entre los millonarios edificios impregnándolos con su olor fétido. Por si eso no bastase llegaron las lluvias imparables, como hacía mucho que no se veían, confinándonos en casas oscuras. Como fue importante en ese momento rescatar el pequeño radio a pilas. Un balance siniestro de víctimas y destierros. Y las conversaciones abrieron espacio prioritario para el cambio climático, el fin del mundo, etc. etc. En fin, una vez más me quedo con la sensación de que mi memoria histórica se la debo en buena medida a los noticiarios.

Pero os cuento que ya no más escribo desde la rutina urbana y carioca de Río de Janeiro. Hace un mes recogí mis pertrechos y puse rumbo a tierras pre-amazónicas donde se traba a cielo abierto uno de los mayores conflictos actuales: el crecimiento imparable de un sistema ansioso e insaciable y  la destrucción inevitable de la naturaleza y los seres que la habitan. Seres estos que no son apenas humanos. Las florestas están llenas de espíritus y almas como nos cuentan los indios y ribereños.

ENpiezo pues esta nueva trayectoria en una ciudad muy caliente y seca, Cuiabá, capital de un Estado (Mato Grosso) que se ha hecho famoso por la producción de soja en gran escala y consecuentemente la destrucción de sus bosques y ríos. Actualmente, y quien ha visto Avatar puede entender bien de lo que estoy hablando, el líder indígena Raoni, con ayuda de Sting (The Police) y el director de la película Cameron,  lanza un grito de guerra por causa de una mega hidroeléctrica, Belo Monte. El gobierno Lula la  impone sin contemplaciones. Belo Monte está siendo llamada en los bastidores de Bello Monstruo y todos aquellos que alertan de los peligros, son enemigos del Estado, ignorantes o gringos queriendo apoderarse de los recursos brasileños. Pero Belo Monte merece un capítulo a parte que contaré otro día.

La noche ha caído, el calor no. Russo (perro viejo y sagrado) y Roma (una cachorra loca y juvenil) están adormecidos a mis pies. Los variados pájaros que transitan esta casa se han recogido también y quien imagino, va a comenzar a espiar osadamente los rincones del patio es un ratón viciado en comida canina. Tortugas grande, medianas y pequeñas llamadas jabutis, mueven las hojas secas en la oscuridad buscando resto de mangos caídos. No hay cerca en esta casa donde habito que no pueda ser transgredida con facilidad. En el centro de la capital urbana, el pequeño terreno resiste con su pedazo de naturaleza. Y yo me encuentro en él.

EL INDIO AISLADO

Rondonia es un estado de Brasil…

Si existiera una justicia justa… aislado no sería un indio que hace agujeros.

Era demasiado joven para soportar la visión del infierno que la vida le tenía preparada. Pero aguantó. No pudo mirar atrás. Sabían bien que cuando los hombres civilizados  se aproximasen con sus armas de escupir fuego, había que salir corriendo y convocar entre jadeo y jadeo al espíritu de las sombras. El único capaz de volverles invisibles.

Posiblemente, días antes, la luna les habría sorprendido con un anaranjado extraño de malos augurios. Y habrían pasado la noche entre rituales y danzas. Para apaciguar el miedo. Estaban cansados.

Los hombres civilizados aparecieron en jauría, con sus perros domesticados para el ataque. Las araras lo gritaron locas. Aquí vienen! corred!, corred!, volad! No les dio mucho tiempo, aunque lo intentaron. Los mataron a todos. Menos a uno. El indio tribu se quedó solo entre muertos. El indio pueblo se tornó aislado.

Vagó las noches y los días por treinta años, construyendo sus chozas  de tierra y paja, escarbando en todas ellas un agujero de 1 metro de longitud y 3 de profundidad. Una cama. Una tumba. Por treinta años conversó con los espíritus, lloró su nostalgia en las márgenes del río, en una región que el hombre civilizado rasgó en el mapa y llamó: “Tierra indígena Tanaru”. Por treinta años vistió la transparencia del aliento de la floresta. Y no le vieron, no le encontraron. Invisible, sobrevivía.

Nos llegó la noticia esta semana. El Indio del agujero, como es conocido, o el indio aislado, si prefieren, único superviviente de un pueblo, puede haber sido herido de bala por alguno de los seis terratenientes que intenta a toda costa robar la tierra indígena Tanaru para poner más ganado. No que quieran robar, su religión cristiana les prohíbe. Quieren producir más para contribuir mejor con la nación. Nación ésta que aspira a ser potencia mundial de alguna cosa. Como todas. Estos hombres hacendados, civilizados, aprecian el sabor de una buena cazada. Imagino yo que igual lo disfrutaron sus padres, abuelos y tatarabuelos. Los colonizadores. El sabor de la aventura y de la determinación. Cercada la pieza, se dispara.

El indio aislado está hace medio siglo enredándose en las ramas de un bosque quejoso que se resiente de hambre y de sed. Se publican cada dos o tres años decretos para protegerle. A él y al bosque. Al bosque y a él. Pero está llegando el tiempo…

Se lo han dicho las hojas con sus siseos. Lo han dibujado los rayos entre las nubes. Lo ha visto en la ausencia de huellas. En el grito angustiado del primate. En el agotamiento precoz de las mariposas. Está llegando el tiempo de la ceguera.  Del error.

Se habrá muerto el indio aislado?   nos preguntamos.

Quedaremos inexorablemente solos sin él.

Pequeña historia inspirada en un artículo que me llegó hoy sobre el intento de asesinato de un indio aislado (que se calcula tenga actualmente cincuenta años), único sobreviviente de su tribu después de que ésta fuese exterminada en los años 70 por terratenientes y productores de ganado que aspiran  a ocupar las tierras .

HENRIQUE EL PEREGRINO

Cuando le conocí los dos rondábamos los treinta años. Yo había llegado al suburbio de Salvador de Bahía para pasar unos días con Bernadette e Lucas, laicos consagrados de la comunidad Bethania, que dedicaban la vida a la asistencia de los más pobre.

Una casa sencillísima en ese calor tropical aplastante le había robado terreno al suelo pantanoso. Al lado, una capilla construida con barro, que inexplicablemente sigue en pié a pesar de la inestabilidad del  terreno  en  el que echó raíces.

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HOMENAJE A PEDRO CASALDÁLIGA “CON LA FUERZA SUBVERSIVA DEL EVANGELIO”

El día 11 de noviembre, la Cámara de Diputados Brasileña realizó un homenaje para el Obispo Benemérito de São Felix de Araguaia (MT), Don Pedro Casaldáliga. Pedro que cuenta con 81 años y convive hace tiempo con el “hermano Parkinson”, como él suele decir. Por indicación del partido político PSOL (disidencia del Partido de los Trabajadores de Lula), recibió La Medalla Del Mérito Legislativo, que desde 1983 homenajea ciudadanos, entidades, campañas, programas o movimientos sociales que ayudan a promover el desarrollo del País. Chico Alencar (diputado cristiano y carioca) realizó un pronunciamiento en el cual transcribió un texto de Júlio Saraiva a “Pedro Casaldáliga, El Obispo Rojo y el Poeta de Araguaia”.

Traduzco para vosotros:

Pedro es piedra, pequeña pero sólida. Sobre ella se irguió la comunidad eclesial de São felix de Araguaia, en Mato Grosso, en el Brasil profundo.

“El conductor del autobús no entendió el portugués confuso del hombrecillo delgado, pantalón viejo, camisa blanca y sandalias de cuero. Aparcó el vehículo en un lado de la carretera para que el hombrecillo bajase. Y después se fue. El hombrecillo sólo quería orinar. El conductor no le entendió y le dejó, ya de noche, en la oscuridad del camino.

Este fue un episodio que le pasó a Pedro Casaldáliga, misionero claretiano (de la Congregación fundada por Santo Antonio María Claret) que había acabado de ser consagrado como obispo de la miserable región de São félix de Araguaia, hasta hoy conturbada con sangrientas luchas por la disputa de tierras. En la época, finales de los setenta, la situación era aún peor; los órganos represivos del gobierno militar, instalado en Brasil en 1964, descubrieron que en aquella región se estaba articulando la lucha armada contra la dictadura.

Esa noche, Pedro Casaldáliga pidió abrigo en la casa de un campesino que aún no le conocía. Al decirle que era obispo, el campesino antes de acogerle sonrió y le dijo, viéndole con aquella ropa: “si usted es obispo, yo soy papa! pero puede entrar”.

Pedro se unió a la lucha del pueblo sencillo y masacrado. Tuvo su extradición solicitada por los terratenientes. Recibió advertencias del Vaticano, que fingió no entender. Fue jurado de muerte diversas veces. El ritual de su consagración episcopal fue diferente de los otros. Dispensó todas las pompas. No se tumbó en una alfombra roja, sino en una estera de mimbre, a orillas del Río Araguaia. En lugar de mitra, usó el sombrero de paja de los pescadores. En lugar del cayado episcopal, un par de remos. El anillo fue enviado a su madre en España y trocado por una modesta alianza de cáscara de coco, el anillo de tucum. ¿Palacio…? Como Palacio monseñor optó por una casita idéntica a las del pueblo local. Escribió un diario, varios poemas y es co-autor, con Pedro Tierra, del texto de la Misa de los Quilombos, musicada por el compositor Milton Nascimento. De Pedro registro finalmente una de sus muchas palabras poéticas, llenas de vida plena:

“ Con un callo por anillo,
Monseñor cortaba arroz.
¿Monseñor “martillo y hoz”?

Me llamarán subversivo.
Y yo les diré: lo soy.
Por mi pueblo en lucha, vivo.
Con mi pueblo en marcha, voy.

Tengo fe de guerrillero
Y amor de revolución.
Y entre Evangelio y canción
Sufro y digo lo que quiero.
Si escandalizo, primero
Quemé el propio corazón
Al fuego de esta Pasión,
Cruz de su mismo Madero.

Incito a la subversión
Contra el Poder y el Dinero.
Quiero subvertir la Ley
Que pervierte al Pueblo en grey
Y al gobierno en carnicero.
(Mi pastor se hizo Cordero.
Servidor se hizo mi Rey.)

Creo en la Internacional
De las frentes levantadas,
De la voz de igual a igual
Y las manos enlazadas…

Y llamo al Orden del mal,
Y al progreso de mentira.
Tengo menos Paz que ira.
Tengo más amor que paz.

…Creo en la hoz y el haz
De estas espigas caídas:
Una Muerte y tantas vidas!
¡Creo en esta hoz que avanza
-bajo el sol sin disfraz
Y en la común Esperanza-
Tan encurvada y tenaz!

La pandemia de la violencia

Llevo un mes y medio viajando como una loca por Brasil, realizando talleres sobre movilización social para el control de la tuberculosis. Una enfermedad antiquísima que mata 5.000 brasileñ@s anualmente. Y de norte a sur, de este a oeste me sorprende la misma advertencia en las  ciudades que visito: “Cuidado, lleva pocas cosas encima que la ciudad está muy violenta”; “mejor coger un taxi”; “Estate alerta que no hay que dejarlo fácil”, etc. De esta forma comienzan una retahíla de episodios vividos por las personas que me van dejando los pelos de punta. Se habrá instalado una paranoia colectiva? Yo que creía que el miedo, la desconfianza y la guerra sólo estaban en Río de Janeiro.

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CHIQUIÑO

- ¡Socorro, socorro mi hijo está muerto!, ¡Dios mío, no respira más¡ ¡Socorro ayúdenme, mi hijo se ha muerto! ¡Por favor, por favor!

¿Cómo se puede incorporar en la palabra escrita la exageración desesperada del grito borracho que la señora María nos llevó aquella noche? ¿La vocalización torcida del alcohol cuando nos intentaba explicar lo que había pasado?, ¿El olor de la nube cargada de aguardiente barato que se mantuvo petrificada delante de ella como un muro que tuviese la función de separarnos? ¿O el escepticismo somnoliento que arrastrábamos Lucas y yo a cada paso que dábamos en dirección al cuchitril?

- Mi comadre y yo estábamos charlando cuando se ha caído al suelo y no se ha levantado más. Le hemos hecho de todo para reanimarlo. Le he abofeteado, abrazado, hasta el boca a boca le hemos hecho la Julia y yo igualito que en la televisión, pero nada, ¡ay dios mío! que está muerto mi niño, muertito, …

¿O la oscuridad endurecida de la caseta a dos velas que encontramos al llegar? ¿La impregnación de la cachaza en las tablas de madera que simulaban levantar cuatro paredes junto al olor compacto de frijoles fríos? ¿O los segundos atemporales que tardamos en ver alguna cosa? ¿La sombra semi-lúcida de nueve años que yacía en el suelo de barro desmayada al lado de Chiquiño? ¿Los rostros fantasmales de la vecina y la madre, la madre y la vecina, ora en pié, ora de rodillas?

- ¿Chiquiño me escuchas? ¿A ver?, pues sí, está respirando normalmente doña Maria. ¿¡Eh Chiquiño!? ¿verdad que estás escuchando?¡Venga hombre dinos algo!

¿Cómo se puede transmitir con la palabra escrita, limitada y corta el deseo de un niño que juega a muerto, agazapado detrás de una tumba imaginaria que le ha convertido en rey? ¿O el disfrute mudo de su cuerpito mentiroso frente a las mil caricias que ha conquistado en este velorio de fantasmas borrachos? ¿O el desfallecimiento ruidoso de la lógica, de la sensatez, cuando hay que sobrevivir al vacío a cualquier costo? Porque si hay que morirse para ser amado, uno se muere. Y si hay que morirse por un beso, uno se muere. Y si hay que morirse por un instante de universo, uno se muere sí señor, como se muere un Chiquiño.

Lucas y yo sin decirnos nada y a un tiempo comenzamos a hacerle cosquillas al susodicho muerto que sin poder remediarlo resucitó de inmediato dando una carcajada.

– Quiero un chocolate tía Lola -las primeras palabras que se le escurrieron bajito por la boca-

– Chiquiño, la próxima vez que quieras un dulce, no tienes, que, morirte, ¿oíste?, vienes, lo pides y punto.

-las últimas palabras cuadradas que despeñé en su oreja-

Porque si hay que morirse…
¿Cómo se puede terminar una palabra?

EL CUENTO QUE LAMENTA

Queridas mías:

Escribo desde este “norte” esclavizado por los espejismos que el “dios-capital” dibuja en el aire todos los días. Ilusiones que se apoyan en el miedo existencial “a lo que vendrá”, que relegaron nuestra Diosa Libertad en pro de la diosa-Security, abortando una y otra vez a nuestra hija más querida. Pobre  Creatividad siempre a puntito de nacer y nunca nace aquí en los “nortes”.

Que tiempos aquellos cuando creíamos que Igualdad, Libertad y Fraternidad serían un colegiado gobernando nuestro nuevo milenio.

Pero que le vamos a hacer, Security, esposa fiel de ese dios-capital, imperialista y trans-nacionalizado termina seduciéndonos a todos. Nuestras diosas fueron desnaturalizadas y como ellas me encuentro en un proceso de muerte y resurrección continua, en un proceso paranoico entre lo real y lo imaginario, entre lo objetivo y subjetivo, en una orgía de resistencias y rendiciones que me agotan el alma.

¿Recuerdan nuestra evolución? (aquí viene la secuencia de la teoría del hombre, tipo: de sapito a sapo, de sapo a lagarto, de lagarto a casi mono, de casi mono a mono, de mono a gorila y de gorila a homo-sapo, y de homo-sapo a…etc, de reyes medievales y súbditos a obreros y empresarios, de obreros y empresarios a vendedores y consumidores olvidadizos).

Hubo una época en la que llegamos a proclamar un gobierno universal con las tres encantadoras diosas que ansiaban con nosotros la felicidad más pura.

Yo aún las evoco…

Libertad con aquellas maneras destartaladas y poéticas de niña desnuda, al lado del mar buscando conchas, enterrando los pies en la piel de la playa, hablando con los bichitos inventados que asomaban la cabeza entre los granos luminosos de tierras saladas. Rompiendo a carcajadas cuando los dedos del mar deslizaban espumosos sobre su cuerpito minúsculo haciéndola volar.

Igualdad con aquella apariencia alta y adulta de decir las cosas pero guardando en el labio superior de la boca una curva sinuosa que homenajeaba  la seducción. Joven mujer de caderas fuertes que equilibraban los opuestos de los laterales humanos. Esa reverencia perfecta entre la derecha y la izquierda de un cuerpo suelto. Mujer de senos transbordantes que balanceaban al aire nutriéndonos a todos.

Franternidad: con aquel aspecto de cuna meciendo el miedo para que durmiese, y adormecía. Mujer de barriga saliente, de abrazo lleno y un nido de ombligo que pocos tienen la suerte de ver. Arrullo en las noches heladas de los inviernos torcidos, que nos invade siempre que gemimos invisibles al margen de un olvido. La Grande Madre de poca tierra que ha parido mil estirpes.

Tres diosas destronadas, presas, torturadas, enterradas por y contra nosotros.

Asumámoslo queridas mías, Security se está comiendo el encanto de la aventura humana. 

Un primer día

La mayor parte de nuestro tiempo la pasamos en el local de trabajo. Tal vez por eso sea tan importante mantener la armonía y  buenas relaciones. ¡Como nos cuesta! Nos dejamos llevar fácilmente por miedos, rabias, codicias, envidias (éstas son las peores) que proyectamos en los otros. Puros espejos ellos, tú y yo. No hay como disfrazarse. Construimos en este pequeño mundo nuestras guerras particulares. Los aliados, los enemigos, los espías, los coleguitas, los idiotas… Pero hay siempre algunos seres invisibles en  nuestros campos de batalla. Tan inmiscuidos estamos en la búsqueda de nuestros intereses particulares, que no nos percatamos de quienes, casi incorpóreos, también sostienen la estructura.

 

El ascensor era de esos que se cierran herméticamente como un gran refrigerador. A Lucia le parecía una tumba. Moría de miedo de quedarse atrapada entre dos pisos y tener que enfrentar el pánico de un sin salida que ciertamente se haría eterno. Tal vez alguna experiencia traumática de la infancia, quien sabe.

 

-         Por favor al décimo –balbució tímidamente-…

 

Entre que estaba nerviosa por ser su primer día de trabajo y entre que el porcentaje de quedarse presa en ese ataúd rodante aumentaría por cien mil, pues, como que la voz le salía aguada. Pero nos sobreponemos a cualquier cosa, y ella no aparentaba la tormenta de pensamientos y emociones que tenía.

Saludos agradables del personal de la empresa. Una bienvenida rápida y manos a la obra que no hay tiempo que perder. Mucho ordenador y poca conversación para empezar. Sabía que era pasajero y había que aprovechar el silencio y la falta de presión para situarse. A las 12:00h hizo una pausa para tomarse un café. Ella no era de esas personas sueltas y espontáneas que inician fácilmente una conversación, así que salió sola. Armada de un cierto recelo, quería cuidarse, no meter la pata. El perfeccionismo la obligaba a observar calladamente el panorama, para saber cómo y cuándo intervenir. Se levantó silenciosamente, salió de la sala y fue hacia la cocina que se encontraba al otro lado.

 

Estaba humeante. Juana limpiaba el filtro de café en la pequeña cocina de la oficina con las ojeras cayéndole por los brazos. El pelo enmarañado. No podía continuar así. Roberto, con dos añitos apenas, se negaba a dormir.  Las dos hijas pre-adolescentes le cuidaban por el día en cuanto ella trabajaba, y claro, hacían de todo para que el chaval las dejase en paz. Llegaba la noche y Juana muerta no pegaba ojo con los lloriqueos del puto niño al cual le escurría a raudales la ausencia de su madre. Juana limpiaba las papeleras, el polvo, los baños, y barría  en cuanto pensaba en Roberto y en la necesidad que tenía de descansar tranquila algunas horas. Tal era el grado de desesperación que le estaba agarrando el pensamiento que llegó a concebir la posibilidad de darle un calmante de los bravos.

 

María apretó el eterno botón. El pelo cincuentón recogido en una coleta. Nada más abrirse la puerta en el décimo piso Lucia  pregunta:

 

-         ¿Baja?

-         Sí – responde María en cuanto Lucia entra y da una ojeada medio disfrazada en el espejo-

-         ¿Cuántas horas pasa usted en esta caja metálica? –le suelta Lucia torpemente?

-         Seis horas al día

-         ¡Madre de dios!

-         Sí. No me siento muy bien. Me duelen los oídos y mi tensión se dispara cuando estoy aquí

-          Bueno, mejórese …  –Lucia sale rápido-

 

El médico le dijo a María que estaba con la tensión alta y que tendría que hacerse pruebas. Eso de balancearse el día entero entre cielo e infierno era contra natura. María estaba pálida. Con miedo. ¿Qué podía hacer? ¿Abandonar el trabajo con el que  vivía, mal que bien, dignamente? ¿Aguantar hasta que le diera un soponcio en el banquito? María cargaba el edificio en la espalda, 22 botones para tocar y una llavecita para acelerar el movimiento de la puerta. Se la veía curvada. La gravedad la estaba achatando.

 

Lucia respiró aliviada en medio de la Avenida Río Branco. Había superado el primer día. Vio por primera vez el sol brillando. Sintió la brisa libertaria palpándole las mejillas en medio del caos urbano. Escuchó las perspectivas de un futuro embriagador que anhelaba. Buen salario, buen status, buena vida. Pero de repente recordó a Juana con sus ojeras y su preocupación constante con los hijos.  Recordó a María con su palidez metida en aquella tumba metálica.  Recordó la vida y desaceleró el paso. Una pregunta en seco le golpeó la frente al lado del semáforo que se acababa de poner rojo: ¿para dónde estoy yendo?