Sobre los “Kikos” y la aprobación definitiva de sus Estatutos

kiko-arguello.jpgAnte las noticias que vienen circulando sobre la definitiva aprobación del “Camino”, hemos abierto una nueva página “movimientos y carismas” en la que figuran ya algunos links oficiales del Camino Neocatecumenal.

La noticia, recogida en algunos portales en Intenet, fue adelantada por  ACIprensa, citando una página oficial del Camino en Italia, con la siguiente redacción:

Camino Neocatecumenal anuncia aprobación definitiva de sus estatutos       

ROMA, 22 May. 08 / 04:51 pm (ACI).- En una página del Camino Neocatecumenal en Italia se anunció este jueves que el Papa Benedicto XVI habría aprobado este mismo día los Estatutos definitivos del Camino Neocatecumenal, fundado por el laico español Kiko Argüello en la década de los 60.

Después del tiempo de experimento de los estatutos transitorios aprobados en 2002 por el Papa Juan Pablo II, el Pontífice “ha colocado su propia firma sobre el texto del estatuto del Camino neocatecumenal reconociendo así oficialmente al Camino como uno de los carismas de la Iglesia”, señala el sitio web.

También informa que la noticia sorprendió a Kiko y a Carmen Hernández –co-fundadora– en Israel, desde donde han decidido trasladarse inmediatamente a Roma para “definir los tiempos y la modalidad de la ceremonia oficial de entrega de los Estatutos recién aprobados por el Santo Padre”.

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Anteriormente a esta noticia, y con fecha de 1 de enero de 2006, la Agencia Zenit publicaba una entrevista con Giuseppe Gennarini, responsable del Camino en los Estados Unidos, y que titulaba El Camino Neocatecumenal acoge con entusiasmo las disposiciones de la Santa Sede.

Este es el texo de la entrevista , fechada en Nueva York:  El Camino Neocatecumenal acoge con entusiasmo las disposiciones que ha emanado la Santa Sede sobre la celebración de la misa en el seno de sus comunidades. Las indicaciones son presentadas en una carta, que lleva por fecha el 1 de diciembre, y la firma del cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino, está dirigida a los a los iniciadores y responsables del Camino Neocatecumenal, Kiko Argüello, Carmen Hernández y el padre Mario Pezzi.

Con el fin de comprender la manera en que este documento ha sido recibido por el Camino Neocatecumenal, Zenit ha entrevistado a Giuseppe Gennarini, responsable del Camino en los Estados Unidos y representante del Camino para los medios de comunicación.

–¿Qué valoración hacen desde el Camino de esta carta?

–Giuseppe Gennarini: Es la primera vez que se aceptan algunas variaciones presentes en la forma de celebrar la Eucaristía en el contexto del Camino como adaptaciones lícitas para ayudar a que el hombre contemporáneo pueda recibir mejor la gracia comunicada por los sacramentos.

Es, en mi conocimiento, el único caso que un grupo eclesial recibe un permiso expreso en este sentido por parte de La Santa Sede.

Hasta ahora lo habíamos hecho con un permiso oral de la Congregación, pero no por escrito. De hecho, Juan Pablo II siempre había apoyado esta idea, e incluso la expuso en su Carta Apostólica «Dies Domini», donde hablaba de la posibilidad de que «en consideración de particulares exigencias formativas y pastorales» estas celebraciones de la misa dominical pudieran tener lugar.

–¿Cuáles son las variaciones litúrgicas permitidas por la Congregación al Camino Neocatecumenal?

–Giuseppe Gennarini: La carta del Cardenal Arinze acepta el principio de celebraciones especiales los sábados por la noche para las Comunidades Neocatecumenales. Para poder apreciar mejor la importancia de esta concesión, hemos de tener en cuenta que muchos se han opuesto a esta práctica del camino por considerarla de por si elitista o divisiva (aunque las liturgias del camino son abiertas a todos). A pesar de esto, este principio ha sido aprobado oficialmente. La petición de participar una vez al mes en las celebraciones generales de las parroquias ya se realiza frecuentemente, por ejemplo en el contexto de las solemnidades litúrgicas como la Navidad, la Epifanía, la Institución de la Eucaristía el Jueves Santo, las fiestas patronales, la Asunción, Todos los Santos, la Inmaculada Concepción.

La carta también cita el artículo del Misal Romano sobre moniciones, pero lo convierte de una práctica extraordinaria a una práctica de uso ordinario.

Los «ecos» antes de la homilía también han sido aceptados. Esto es algo completamente nuevo en la Iglesia, por lo que la carta ofrece algunas líneas generales.

La carta permite también que el saludo de la paz tenga lugar antes del ofertorio. Para comprender la magnitud de esta concesión, hay que recordar que sólo unas semanas antes de la fecha de la carta, el prefecto de la Congregación había explicado a cientos de obispos participantes en el Sínodo de la Eucaristía que nadie sería autorizado a cambiar el lugar del signo de la paz. De hecho, algunas conferencias episcopales han pedido esta variación, pero nunca había sido permitido.

Finalmente, el modo de la distribución de la comunión tal y como es realizado actualmente es permitido durante un largo periodo si bien «ad experimentum». Esto demuestra que no se trata de una práctica irreverente sino plenamente legítima como puede constatar cualquiera que participe en una Eucaristía de las comunidades. Esto está escrito en el contexto de la aprobación final del Estatuto del camino Neocatecumenal, que en este momento está aprobados también «ad experimentum». Finalizado este periodo «ad experimentum» la Comisión interdicasterial de las cinco Congregaciones que aprobaron el Estatuto (Consejo para los Laicos, Fe, Clero y Catequesis, Liturgia y Educación Católica) verificará las adecuaciones necesarias.

–¿Por qué es importante celebrar la Misa en pequeños grupos?

–Giuseppe Gennarini: Más del 70 por ciento de los miembros del Camino eran católicos no practicantes. Las celebraciones litúrgicas en el marco de la pequeña comunidad crean un ambiente propicio para acoger a los alejados. En el contexto de una sociedad cada vez más secularizada e individualista y anónima, el camino ofrece en la parroquia un entorno donde las personas, bautizadas o no, pueden redescubrir la fe en un contexto de real comunión. Uno de los problemas de la Iglesia hoy es el carácter anónimo en nuestras parroquias. A través de esta experiencia, por ejemplo, los matrimonios pueden experimentar el perdón y transmitir la fe a sus hijos. Uno de los frutos del Camino es la reconstrucción de la familia a través de esta experiencia comunitaria. De estas familias reconstruidas están naciendo miles de vocaciones para el presbiterado y la vida consagrada, todo ello a través de la celebración de la Eucaristía en pequeñas comunidades de fe. La comunidad salva la familia y, como dice la «Ecclesia de Eucharistia», no existe formación de la comunidad que no tenga su raíz en la celebración de la Eucaristía.

–Algunas noticias de prensa sobre esta carta la presentan como una reprimenda y un rechazo de Benedicto XVI hacia el Camino…

–Giuseppe Gennarini: Nada más lejos de la realidad.

Nuestras relaciones con Benedicto XVI antes de ser Papa, fueron siempre muy buenas. El entonces cardenal Ratzinger conoció el camino en los años setenta y lo introdujo en su patria alemana. Como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, siempre nos ha ayudado y ha citado al camino de una forma extremamente positiva en varios de sus libros.

Benedicto XVI recibió a los iniciadores del camino en noviembre y les confirmó personalmente su apoyo al Camino y su alegría por los grandes frutos que está dando a la Iglesia. Como muestra de su amor hacia los frutos de este Camino, el Santo Padre va a enviar el próximo 12 de enero a doscientas nuevas familias en misión que van a ir a los lugares mas descristianizados del mundo a anunciar el Evangelio.

Sin la intervención del Santo Padre hubiera sido imposible la aprobación de estas variaciones. Nos sentidos plenamente confirmados por Pedro. Quienes quieren poner a Benedicto XVI en oposición con Juan Pablo II están alterando la realidad.

En estos días están saliendo noticias absolutamente carentes de fundamento: quiero recordar que ningún laico de las Comunidades Neocatecumenales ha hecho nunca ninguna homilía en sustitución del sacerdote. Una agencia internacional se contradijo a si misma acusando el Camino al mismo tiempo por «prácticas innovadoras» y por «una visión del mundo muy conservadora».

–En su opinión, ¿por qué ha aprobado el Santo Padre estas variaciones?

–Giuseppe Gennarini: Benedicto XVI ha confirmado la visión de Juan Pablo II dando estos permisos por escrito al camino Neocatecumenal porque es muy consciente de la situación dramática de secularización y de la necesidad de evangelizar.

En las pasadas Jornadas Mundiales de la Juventud, dijo a los obispos alemanes: «la mayoría de la población está sin bautizar y no tiene contacto alguno con la Iglesia y, a menudo, no conoce en absoluto ni a Cristo ni a la Iglesia… ‘Nos hemos convertido en tierra de misión’… En toda Europa, al igual que en Francia, en España y en otros lugares, deberíamos reflexionar seriamente sobre el modo como podemos realizar hoy una verdadera evangelización, no sólo una nueva evangelización, sino con frecuencia una auténtica primera evangelización. … Existe un nuevo paganismo y no basta que tratemos de conservar a la comunidad creyente, aunque esto es muy importante; se impone la gran pregunta: ¿qué es realmente la vida? Creo que todos juntos debemos tratar de encontrar modos nuevos de llevar el Evangelio al mundo actual, anunciar de nuevo a Cristo y establecer la fe».

Esto muestra el gran interés del Santo Padre para encontrar formas y caminos para alcanzar al hombre contemporáneo. Es en este trasfondo como hay que entender estos permisos.

–¿Cuál es el contexto de esta carta?

–Giuseppe Gennarini: Esta carta es un paso muy importante en el proceso de aprobación del camino. En 1997, Juan Pablo II alentó a los iniciadores a examinar la experiencia del Camino después de treinta años y de formalizarla con la elaboración de un estatuto. En este contexto, cinco dicasterios Vaticanos –el Consejo para los laicos, Congregación para la Doctrina de la fe, Congregación para el Clero y la Catequesis, Congregación para la Educación Católica y la Congregación para la Liturgia– han estudiado durante años las diversas actividades del Camino ofreciendo recomendaciones y fundamentalmente confirmando la experiencia de este itinerario catequético.

La praxis del Camino Neocatecumenal siempre ha sido conocida y apoyada por los diversos dicasterios vaticanos. Ya en los años setenta, cuando tras el Concilio Vaticano II se estaba preparando un nuevo Ritual para la iniciación Cristiana de Adultos, la experiencia, entonces naciente, del camino fue alabada como una aplicación práctica de lo que en la curia estaban tratando de crear.

Siempre los iniciadores han mantenido un dialogo con los papas, comenzando con Pablo VI y sobre todo con Juan Pablo II.

–¿Cuáles han sido los resultados de este proceso hasta el momento?

–Giuseppe Gennarini: El contenido catequético del Camino en su itinerario de iniciación cristiana fue estudiado en detalle por la Congregación para la Doctrina de la Fe, entonces dirigida por Benedicto XVI, que lo aprobó con muy pocas modificaciones.

El siguiente paso fue la aprobación de un Estatuto, tarea no fácil porque el camino no es un grupo laico, ni una fraternidad sacerdotal ni una asociación. La Santa Sede se dio cuenta de esta complejidad, y reconoció el camino no como un movimiento o una asociación, sino como un itinerario de formación cristiana valido para transmitir la fe en esta sociedad actual, tanto para renovar la fe de los ya bautizados como para iniciar en a le fe a los paganos.

Tras la aprobación del método y del estatuto, el siguiente paso ha sido el estudio de las adaptaciones litúrgicas presentes en esta realidad litúrgico-catequética, proceso concluido con esta carta.

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 Carta de la Congregación para el Culto Divino al Camino Neocatecumenal
 

Sobre la celebración de la santa misaCIUDAD DEL VATICANO, domingo, 1 enero 2006 (ZENIT.org).- Publicamos la carta que ha dirigido el cardenal Francis Arinze, prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos a los iniciadores y responsables del Camino Neocatecumenal. La carta tiene el tono de un documento normativo, propio de la Congregación.

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Ciudad del Vaticano, 1 de diciembre de 2005

Señor Kiko Argüello,
señora Carmen Hernández
y reverendísimo padre Mario Pezzi:

Como resultado del diálogo llevado a cabo con esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos sobre la celebración de la santísima Eucaristía en las comunidades del Camino Neocatecumenal, en línea con las orientaciones que se desprendieron en el pasado encuentro con ustedes el pasado 11 de noviembre, les comunico la decisión del Santo Padre.

En la celebración de la santa misa, el Camino Neocatecumenal aceptará y seguirá los libros litúrgicos aprobados por la Iglesia, sin omitir ni añadir nada. Además, sobre algunos elementos se subrayan las indicaciones y precisiones que siguen a continuación:

1. El domingo es el «Dies Domini», como ha querido ilustrar el siervo de Dios, el Papa Juan Pablo II, en la carta apostólica sobre el Día del Señor. Por eso el Camino Neocatecumenal debe dialogar con el obispo diocesano para que se refleje también en el contexto de las celebraciones litúrgicas el testimonio de la integración en la parroquia de las comunidades del Camino Neocatecumenal. Al menos un domingo al mes las comunidades del Camino Neocatecumenal deben por tanto participar de la santa misa junto con la comunidad parroquial.

2. Sobre las eventuales moniciones previas a las lecturas deben ser breves. Es además fundamental atenerse a lo dispuesto en la «Institutio Generalis Missalis Romani» (nn. 105 e 128) y en los «Praenotanda» del «Ordo Lectionum Missae» (nn. 15, 19, 38, 42).

3. La homilía, por su importancia y naturaleza, queda reservada al sacerdote o al diácono (Cf. Código de Derecho Canónico., can. 767 § 1). Sobre las intervenciones ocasionales de testimonio por parte de los fieles laicos, sirvan los espacios y modos indicados en la instrucción interdicasterial «Ecclesiae de Mysterio», aprobada de manera específica por el Papa Juan Pablo II y publicada el 15 de agosto de 1997. En tal documento, en el artículo 3, §§ 2 e 3, se lee:

§ 2 – «Es lícita la propuesta de una breve explicación que favorezca la mayor comprensión de la liturgia que es celebrada, y también, excepcionalmente, cualquier eventual testimonio siempre adecuado a las normas litúrgicas y ofrecido con ocasión de la liturgia eucarística celebrada en jornadas particulares (jornada del seminario, o del enfermo…etc.) si es considerado objetivamente conveniente, como ilustrativa de la homilía regularmente pronunciada por el sacerdote celebrante. Esta explicación y testimonios no deben asumir características tales que puedan confundirlos con la homilía».

§3 – «La posibilidad del ‘diálogo’ en la homilía (cfr. «Directorium de Missis cum Pueris», n. 48) puede ser, en alguna ocasión, utilizada por el ministro celebrante como medio expositivo, con el que no se delega a otros el deber de la predicación».

Debe tenerse en cuenta además de forma atenta todo lo expuesto en la Instrucción «Redemptionis Sacramentum», n. 74.

4. Sobre el intercambio de la paz, se concede que el Camino Neocatecumenal pueda continuar con la excepción ya concedida, hasta una ulterior disposición.

5. Sobre el modo de recibir la Santa Comunión, se da al Camino Neocatecumenal un tiempo de transición (no más de dos años) para pasar del modo actual de recibir la Santa Comunión en sus comunidades (sentados, alrededor de una mesa preparada en el centro de la Iglesia en lugar del altar dedicado en el presbiterio) al modo normal para toda la Iglesia de recibir la Santa Comunión. Esto significa que el Camino Neocatecumenal debe caminar hacia el modo previsto en los libros litúrgicos para la distribución del Cuerpo y de la Sangre de Cristo.

6. El Camino Neocatecumenal debe utilizar también las otras plegarias eucarísticas contenidas en el Misal, y no únicamente la plegaria eucarística II.

En definitiva, el Camino Neocatecumenal, en la celebración de la santa misa, debe seguir los libros litúrgicos aprobados, teniendo presente todo lo expuesto en los números 1, 2, 3, 4, 5 y 6.

Agradeciendo al Señor los frutos y bienes otorgados a la Iglesia gracias a las múltiples actividades del Camino Neocatecumenal, aprovecho la ocasión para ofrecer distintos saludos.

+ Francis Card. Arinze Prefecto
Congregatio de Cultu Divino et Disciplina Sacramentorum

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DECRETO DE APROBACIÓN DE LOS ESTATUTOS
DEL CAMINO NEOCATECUMENAL
 El Camino Neocatecumenal se inició en 1964 entre los pobres de las chabolas de Palomeras Altas, en Madrid, por obra del señor Francisco (Kiko) Argüello y de la señorita Carmen Hernández, que, a petición de los mismos pobres con los que vivían, comenzaron a anunciarles el Evangelio de Jesucristo. Con el paso del tiempo, este kerygma se concretó en una síntesis catequética, fundada en la tríada “palabra de Dios-liturgia-comunidad”, que trata de llevar a las personas a una comunión fraterna y a una fe madura.Esta nueva experiencia catequética, surgida en la línea de la renovación suscitada por el concilio ecuménico Vaticano II, fue acogida de forma positiva por el entonces arzobispo de Madrid, monseñor Casimiro Morcillo, el cual estimuló a los iniciadores del Camino a difundirla en las parroquias que lo solicitaran. Esta experiencia de evangelización se difundió gradualmente en la archidiócesis de Madrid y en otras diócesis españolas.En 1968 los iniciadores del Camino Neocatecumenal llegaron a Roma y se establecieron en el Borghetto Latino. Con el permiso del cardenal Angelo Dell’Acqua, entonces vicario general de Su Santidad para la ciudad de Roma y distrito, se comenzó la primera catequesis en la parroquia de Nuestra Señora del Santísimo Sacramento y Santos Mártires Canadienses. A partir de esa fecha, el Camino se ha ido difundiendo en diócesis de todo el mundo e incluso en países de misión.El Camino Neocatecumenal se pone al servicio de los obispos y de los párrocos como itinerario de redescubrimiento del bautismo y de formación permanente en la fe, propuesto a los fieles que deseen reavivar en su vida la riqueza de la iniciación cristiana, recorriendo este camino de conversión y catequesis. Como ha escrito el Santo Padre, en ese proceso también puede servir de ayuda importante “una catequesis posbautismal a modo de catecumenado, que vuelva a proponer algunos elementos del “Ritual de la iniciación cristiana de adultos”, destinados a hacer captar y vivir las inmensas y extraordinarias riquezas y responsabilidades del bautismo ya recibido” (Christifideles laici, 61).El Camino -cuyo itinerario se vive en las parroquias, en pequeñas comunidades constituidas por personas de diversa edad y condición social- tiene como objetivo último llevar gradualmente a los fieles a la intimidad con Jesucristo y transformarlos en sujetos activos en la Iglesia y testigos creíbles de la buena nueva del Salvador en todas partes. Además, el Camino Neocatecumenal es un instrumento para la iniciación cristiana de los adultos que se preparan para recibir el bautismo.El Camino se realiza según las líneas contenidas en el Directorio catequético Camino Neocatecumenal. Orientaciones a los equipos de catequistas (cf. Estatutos, art. 2, 2°), sujeto a la aprobación conjunta de la Congregación para la doctrina de la fe, de la Congregación para el clero, y de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos.En repetidas ocasiones y de diversos modos el Santo Padre se ha dirigido al Camino Neocatecumenal para subrayar la abundancia de frutos de radicalismo evangélico y de extraordinario impulso misionero que produce en la vida de los fieles laicos, en las familias y en las comunidades parroquiales, y la riqueza de vocaciones suscitadas a la vida sacerdotal y religiosa, revelándose como un “itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos actuales” (AAS 82 [1990] 1513-1515).En la audiencia concedida a los iniciadores y a los responsables de las comunidades neocatecumenales esparcidas por el mundo, el 24 de enero de 1997, con ocasión de la conmemoración de los treinta años de vida del Camino, el Santo Padre había solicitado expresamente la elaboración de los Estatutos, “un paso muy importante, que abre la senda hacia su formal reconocimiento jurídico por parte de la Iglesia, dándoos una garantía ulterior de la autenticidad de vuestro carisma” (L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 7 de febrero de 1997, p. 8). Desde ese momento, los iniciadores, acompañados por el Consejo pontificio para los laicos, comenzaron el proceso de elaboración de los Estatutos para reglamentar la praxis y la inserción del Camino Neocatecumenal en el entramado eclesial.El 5 de abril de 2001, con carta autógrafa dirigida al cardenal James Francis Stafford, presidente del Consejo pontificio para los laicos, el Sumo Pontífice, reafirmando dicha exigencia, confirmaba nuevamente la competencia de este dicasterio en la aprobación de los Estatutos del Camino Neocatecumenal y encomendaba a su solicitud el acompañamiento futuro del mismo (cf. L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 27 de abril de 2001, p. 2).Por tanto: Teniendo en cuenta los numerosos frutos espirituales aportados a la nueva evangelización por la praxis del Camino Neocatecumenal -acogido y valorado en sus más de treinta años de vida en muchas Iglesias locales-, señalados al Consejo pontificio para los laicos por numerosas cartas de recomendación de cardenales, patriarcas y obispos;Después de un atento examen del texto de los Estatutos, fruto de un laborioso proceso de colaboración entre los iniciadores del Camino neocatecumenal y el Consejo pontificio para los laicos, que ha contado con la contribución dada en el ámbito de sus competencias respectivas por diversos dicasterios de la Curia romana;Vista la instancia presentada a este dicasterio con fecha 5 de abril de 2002 por el señor Francisco (Kiko) Argüello, por la señorita Carmen Hernández y por don Mario Pezzi, miembros del equipo responsable internacional del Camino Neocatecumenal, para solicitar la aprobación de los Estatutos del Camino Neocatecumenal;A tenor de los artículos 131 y 133, 1 y 2, de la constitución apostólica Pastor bonus sobre la Curia romana, el Consejo pontificio para los laicosDECRETAla aprobación “ad experimentum”, por un período de cinco años, de los Estatutos del Camino Neocatecumenal debidamente autenticados por el dicasterio y depositados en copia en sus archivos, confiando en que las normas de estos Estatutos constituyan líneas-guía firmes y seguras para la vida del Camino y sean un apoyo importante para los pastores en su paternal y vigilante acompañamiento de las comunidades neocatecumenales.Dado en el Vaticano el 29 de junio de 2002, solemnidad de San Pedro y San Pablo, apóstoles, patronos de la ciudad de Roma.
Cardenal James Francis STAFFORD
Presidente
Mons. Stanislaw RYLKO
Secretario

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DISCURSO DEL CARDENAL JAMES FRANCIS STAFFORD sobre la aprobación Estatutos Camino Neocatecumenal, Santa Sede



CONSEJO PONTIFICIO PARA LOS LAICOSDISCURSO DEL CARDENAL PRESIDENTE JAMES FRANCIS STAFFORDhttp://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/laity/documents/rc_pc_laity_doc_20020630_stafford-porto-san-giorgio_sp.htmlMe alegra estar aquí, en Porto San Giorgio, con vosotros, catequistas itinerantes, venidos de todos los continentes y reunidos en oración de alabanza y acción de gracias con motivo de la aprobación de los Estatutos del Camino Neocatecumenal por parte del Consejo pontificio para los laicos. En efecto, el pasado día 28, entregué a Kiko Argüello, Carmen Hernández y don Mario Pezzi el decreto de aprobación de los Estatutos, firmado por mí, como presidente del dicasterio, y por monseñor Stanislaw Rylko, como secretario del mismo, y que lleva fecha del 29 de junio de 2002, solemnidad de San Pedro y San Pablo.Ciertamente, se trata de un acto jurídico, pero de profundo significado eclesial, y es preciso estar muy convencidos de esto. Se equivocaría quien pensara que esa aprobación de los Estatutos es un mero acto burocrático. Por el contrario, representa el cumplimiento de un vivo deseo del Santo Padre, expresado ya desde el encuentro del 24 de enero de 1997 -que vosotros ciertamente recordaréis- y reafirmado en la carta autógrafa que me dirigió el 5 de abril de 2001, con la que confirmaba al Consejo pontificio para los laicos el encargo de llevar a término el delicado proceso de discernimiento y aprobación de los Estatutos como “cita ineludible” para “la existencia misma del Camino”.Mi breve discurso hoy abordará tres puntos principales: en primer lugar, el gran don que el Camino Neocatecumenal representa para la Iglesia; en segundo lugar, el significado del proceso de elaboración de los Estatutos y la importancia de los Estatutos mismos; y, en tercer lugar, cuatro campos que exigen atención especial en la vida del Camino, o sea, la relación con los obispos, los sacerdotes y la parroquia en su conjunto, así como con las demás comunidades eclesiales, y el respeto escrupuloso de la libertad del individuo, con énfasis especial en el “fuero interno”.En repetidas ocasiones el Santo Padre había subrayado ya la abundancia de frutos de conversión, fe madura, comunión fraterna e impulso misionero de las comunidades neocatecumenales, reconociendo el Camino como “un itinerario de formación católica, válida para la sociedad y para los tiempos actuales” (AAS 82 [1990] 1513-1515). Además, no puedo por menos de recordar las palabras que el Papa os dirigió con ocasión del 30° aniversario de vida del Camino: “¡Cuánto habéis avanzado con la ayuda del Señor! El Camino ha experimentado en estos años un desarrollo y una difusión en la Iglesia verdaderamente impresionantes. (…) Como la semilla evangélica de mostaza, treinta años después, se ha convertido en un gran árbol, que ya se extiende a más de cien países del mundo”, subrayando asimismo “la abundancia de los dones que el Señor os ha concedido en estos años a vosotros y, por medio de vosotros, a toda la Iglesia”. Por eso, el Papa, en ese discurso, insertaba este fecundo desarrollo vuestro en el marco del florecimiento de carismas y de nuevos modos de expresión de la Iglesia en cuanto misterio de comunión misionera (cf. Discurso del 24 de enero de 1997, nn. 1-2).Con todo, a este estimulante reconocimiento era preciso darle una respuesta concreta mediante el examen y la consiguiente aprobación de los Estatutos del Camino. La realidad tan consistente como compuesta, constituida por la presencia de las comunidades neocatecumenales en numerosísimas diócesis y parroquias de muchos países diversos, la obra de los catequistas itinerantes y de las familias en misión, la existencia de más de cuarenta seminarios diocesanos “Redemptoris Mater” vinculados a la experiencia del Camino, no podía por menos de contar con una “clara y segura regla de vida” (cf. Juan Pablo II, carta autógrafa del 5 de abril de 2001, n. 2), que se pudiera traducir en la elaboración de unos Estatutos. Encomendándose únicamente a la tradición oral, ¿no se corría el riesgo de indeterminación, dejándolo todo a merced de eventuales arbitrariedades debidas a la falta de referencias ciertas, conocidas y respetadas por todos? Hoy las normas de los Estatutos aprobados por la Santa Sede -como lo dice claramente el decreto- constituyen líneas-guía firmes y seguras para la vida del Camino.La importancia de un Estatuto fue siempre captada muy claramente por los iniciadores del Camino, los cuales, juntamente con algunos colaboradores, han trabajado de forma incansable, en diálogo con nuestro dicasterio, para cumplir el objetivo marcado por el Santo Padre con vistas al bien de la Iglesia y especialmente del Camino Neocatecumenal mismo. Más de cinco años han sido necesarios para el estudio de los diversos y sucesivos borradores de Estatutos, sometidos al Consejo pontificio para los laicos. El diálogo ha sido intenso, a veces incluso difícil, pero siempre ha estado guiado por un elevado sentido de responsabilidad y caridad eclesial. Durante estos años, el Consejo pontificio para los laicos ha actuado siempre en estrecha colaboración con los otros dicasterios de la Curia romana directamente implicados en la cuestión, por razón y en el ámbito de sus respectivas competencias.La Congregación para la doctrina de la fe nos ha enviado diversas observaciones, que han sido debidamente incorporadas al texto definitivo. En estos años han sido numerosos los contactos con prelados y Conferencias episcopales de todo el mundo para la valoración de la experiencia del Camino en ámbito local, diocesano y nacional; asimismo, numerosos patriarcas, cardenales y obispos han escrito al Santo Padre para impulsar el examen y la aprobación de los Estatutos. Por nuestra parte, hemos realizado repetidas consultas con expertos en el campo canónico y no hemos dejado de considerar con atención otros numerosísimos testimonios y observaciones procedentes de personas que conocen de cerca la experiencia del Camino. Este largo proceso de elaboración y examen de los Estatutos ha sido, al mismo tiempo, ocasión providencial y tiempo fuerte de discernimiento de la propuesta y de la experiencia del Camino Neocatecumenal por parte de la Santa Sede, y se concluye con esta “garantía ulterior de la autenticidad de vuestro carisma” (cf. Juan Pablo II, Discurso del 24 de enero de 1997, n. 4; carta autógrafa citada, n. 2), como es la aprobación de los Estatutos.

Los iniciadores del Camino y los que les han ayudado durante este proceso pueden atestiguar el esmero con que el Consejo pontificio para los laicos ha cumplido el mandato del Santo Padre en el ámbito de su competencia, así como la atención y el respeto con que ha actuado para que se respetara íntegramente la realidad del Camino según las líneas propuestas por sus iniciadores. En efecto, nuestro dicasterio no tiene derecho a elaborar e imponer normas a las diversas realidades, las cuales gozan de la libertad de expresar en los Estatutos sometidos a la consideración de la Santa Sede el carisma, las finalidades, la pedagogía, el “estilo” y las modalidades específicas de proceder y actuar que les son propios. Por consiguiente, también en el caso del Camino, la intervención de la autoridad eclesiástica se ha limitado a verificar y asegurar la conformidad de los Estatutos con la doctrina y la disciplina de la Iglesia, para que la experiencia del Camino pueda dar frutos aún mayores “de radicalismo evangélico y de extraordinario impulso misionero que produce en la vida de los fieles laicos, en las familias y en las comunidades parroquiales, y la riqueza de vocaciones suscitadas a la vida sacerdotal y religiosa” (Decreto del Consejo pontificio para los laicos, 29 de junio de 2002), asegurando asimismo que estos frutos buenos se arraiguen cada vez más en la tierra fecunda de la Iglesia católica.

Al mismo tiempo, la Santa Sede ha insistido mucho en algunos aspectos fundamentales, hacia los que ahora quisiera atraer vuestra atención. Las relaciones de los cristianos entre sí se rigen por la gran ley que nos dio san Pablo: “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo” (Ef 5, 21). Este principio doctrinal y moral, arraigado en la dignidad de todo bautizado, rige las relaciones entre todos los cristianos. En la última parte del quinto capítulo de su carta, san Pablo aplica este principio a la relación particular existente en el ámbito de la Iglesia.

Los primeros catequistas en la Iglesia son los obispos, sucesores de los Apóstoles, consagrados por Dios y asistidos por el Espíritu Santo para ser buenos pastores de su grey, al frente de las diversas Iglesias particulares y, por consiguiente, encargados de la delicada y apremiante responsabilidad de anunciar el Evangelio de Cristo, de ser dispensadores de los misterios divinos, de enseñar la verdad de la fe y la doctrina segura, y de presidir a todos los fieles, reunidos en la unidad de la caridad. Así pues, a los obispos, unidos al Santo Padre en el Colegio apostólico, debéis hacer siempre referencia respetuosa y obediente. Nada se ha de hacer sin el obispo. El Estatuto se da a los obispos -como se dice en el decreto- como “apoyo importante” en su “paternal y vigilante acompañamiento de las comunidades neocatecumenales” (cf. Decreto del Consejo pontificio para los laicos, 29 de junio de 2002). El Estatuto es un instrumento al servicio de la comunión y por eso es “instrumento al servicio de los obispos” (cf. art. 5 de los Estatutos). Nos complace recordar y aplicar aquí lo que decía el Santo Padre en su carta encíclica Redemptoris missio, cuando, en el número 72, pedía a los obispos cordialidad y magnanimidad en la acogida de las nuevas realidades presentes en las diócesis y a aquellas un auténtico espíritu de humildad al proponer y seguir su camino, insertándose en el entramado vivo y multiforme de las comunidades cristianas. Es verdad que la aprobación de los Estatutos por parte de la Santa Sede es una invitación y una garantía para que la experiencia del Camino siga desarrollándose en muchas nuevas diócesis, quedando claro que, como dicen los Estatutos mismos, toca a cada obispo “autorizar la actuación del Camino Neocatecumenal en la diócesis” (art. 26) para que proceda en las parroquias donde ha sido expresamente invitado. Por consiguiente, el Estatuto pone en manos del obispo una gran responsabilidad. “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo”: este principio rige las relaciones entre los obispos y todos los que pertenecen al Camino.

La Santa Sede también se ha preocupado de precisar en los Estatutos la importancia que conviene dar a la figura del párroco; de valorar la presencia, en la comunidad neocatecumenal, del presbítero y su función de gobernar, enseñar y santificar; así como de destacar el respeto debido a la vocación de los clérigos y a la disciplina de los religiosos que recorren el Camino.

Ha sido muy bien acogida la fuerte afirmación de la salvaguardia del “fuero interno” de las personas, que no tiende a restringir el “camino” de conversión según la pedagogía propia de la comunidad, sino a garantizar la libre opción de las personas, valorando al mismo tiempo cada vez más el sacramento de la penitencia, según lo que recientemente indicó el Santo Padre en el motu proprio “Misericordia Dei”. Fueron muchas las observaciones incorporadas al texto y en todo ello debo reconocer que los iniciadores del Camino acogieron con obediencia e inteligencia lo que se les propuso, que según ellos corresponde a la verdadera naturaleza y praxis del Camino mismo.

De modo particular, quiero subrayar aquí el aspecto fundamental que representa vuestra plena apertura de espíritu y efectiva disponibilidad a insertaros en las comunidades cristianas parroquiales y diocesanas no sólo al servicio de los que recorren el “Camino”, sino también de toda la comunidad, ofreciendo los dones y los talentos que el Señor os ha dado y, al mismo tiempo, apreciando y valorando todo lo que el Espíritu suscita en la vida de los fieles a través de diversos itinerarios de formación cristiana y de modalidades de expresión de su misterio de santidad y comunión. San Pablo “pone como culmen de sus exhortaciones, que describen una vida impregnada por el Espíritu, la petición dirigida a todos los creyentes de ser sumisos los unos a los otros…Además, los deberes se presentan como deberes recíprocos: “Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo”” (C.S. Keenan).

Encomiendo estos Estatutos a cada uno de vosotros, a la responsabilidad de cada uno ante Dios. Todos sois corresponsables de adecuar vuestra actividad a la regla que se os ha dado, cuyas normas se han de respetar íntegramente. En efecto, los Estatutos han sido examinados y revisados hasta en sus más mínimos detalles: cada expresión tiene un sentido. Deben ser siempre para todos y cada uno de vosotros una guía iluminadora con vistas a un crecimiento fecundo en la Iglesia y para la Iglesia.

Desde luego, no se puede pedir todo a un Estatuto. Al ser un instrumento jurídico, no puede constituir una orientación sistemática y profunda en materia doctrinal, litúrgica y catequética. En efecto, no es casualidad que los Estatutos del Camino remitan explícitamente al Directorio catequístico (“Camino Neocatecumenal. Orientaciones a los equipos de catequistas”) cuyos diversos volúmenes habéis presentado a las Congregaciones competentes y que espera el examen y la aprobación conjunta de la Congregación para la doctrina de la fe, de la Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos, y de la Congregación para el clero. La aprobación de los Estatutos puede ser un apoyo autorizado y útil para el trabajo de revisión que se está llevando a cabo actualmente.

Además, la aprobación de los Estatutos ha sido concedida “ad experimentum” por un período de cinco años, lo cual compromete al Consejo pontificio para los laicos no sólo a cumplir diligentemente el encargo que le encomendó el Sumo Pontífice de “seguir acompañando al Camino también en el futuro” (cf. Juan Pablo II, carta autógrafa citada, n. 3), sino también a continuar el diálogo con los iniciadores del Camino para discernir y verificar la aplicación de los Estatutos en la praxis del Camino mismo.

Lo que realmente importa es que estos Estatutos, aprobados por el Consejo pontificio para los laicos de acuerdo con el deseo del Santo Padre, sean para vosotros motivo de gratitud, alegría, seguridad y esperanza en vuestro camino, así como llamada de la divina Providencia a una responsabilidad cada vez mayor con respecto al don que el Señor os ha dado con vistas a la santificación de las personas, la edificación de las comunidades cristianas, y un creciente impulso de “nueva evangelización” hasta los últimos confines de la tierra para mayor gloria de Dios.

A quien haya conocido el Camino Neocatecumenal le resulta familiar la representación de la cruz gloriosa, que algunos tienen también en su casa. En la catequesis para la convivencia del primer escrutinio, Kiko Argüello proclama: “La cruz gloriosa es el secreto profundo del cristianismo… La cruz es precisamente el camino de nuestra salvación”.

La cruz de Jesús es la que informa el decreto y los Estatutos, cuya aprobación celebramos hoy. El misterio de la cruz, en el que todo cristiano ha sido bautizado, es un único misterio, el misterio del amor del Padre y del Hijo. Hasta el final de su peregrinación terrena, el Hijo se abandonó con amor obediente a Dios: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46).

En estos años, en los que caminaréis juntos en la aplicación de estos Estatutos, os pido que estéis atentos a todas las sendas que llevan a Dios, indicadas por el amor obediente de Aquel que murió en la cruz. La aceptación y aplicación fiel de los Estatutos, así como la obediencia al Santo Padre y a los obispos de la Iglesia son centrales en la recompensa prometida a los que siguen el camino marcado por las bienaventuranzas: “Una medida buena, apretada, remecida, rebosante, será derramada en vuestro regazo” (Lc 6, 38).

El amor obediente exige la pobreza que informa las bienaventuranzas. Mediante el amor obediente seréis llevados cada vez más al misterio de la plenitud de la gloria de Dios revelada en la cruz de Jesús. Aquellos de entre vosotros que caminan por estas sendas benditas serán como niños, como los ángeles, que ven constantemente el rostro de Dios. Vuestra santa sencillez os desvelará la indivisible simplicidad de Dios.

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One Response to “Sobre los “Kikos” y la aprobación definitiva de sus Estatutos”

  1. […] Se trata del movimiento católico más poderoso en el seno de la Iglesia además del que más seguidores suma, el Camino Neocatecumenal tiene cerca de un millón y medio de fieles que se han subido al carro de la evangelización, iniciado por Kiko Argüello. Hablar de este grupo es hablar de su “iniciador”, los seguidores se hacen llamar “kikos” en honor al carismático e iluminado Kiko. Comenzaron su labor evangelizadora en los años 60 pero hasta hace apenas seis años no lograron la aprobación definitiva de sus estatutos. […]

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