En la Iglesia el director es el Papa y tratamos de no desafinar

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Sergio Boetsch Matte, vicario regional de la prelatura del Opus Dei en Chile: 

Creo que hay diferencias entre los carismas, pero estamos unidos al Papa. Yo voy a Schoenstatt a rezar y me siento a gusto. Tengo parientes y amigos que hacen su trabajo en otros movimientos…

Sergio Boetsch Matte tiene 55 años, es alegre, le gusta estar con los jóvenes, estudió en el Saint George y ahora es el vicario regional de la prelatura del Opus Dei en Chile. Su sonrisa es contagiosa y lúcida su capacidad de comunicar lo que considera fundamental: que el Opus Dei, la Obra, es una vía para encontrar a Cristo, tal como lo expone su fundador, San Josemaría Escrivá de Balaguer, en uno de los libros fundamentales para todos los miembros: “Camino”. Lo entrevista Juan Antonio Muñoz en “El Mercurio”

“Lo que pasa es que desconcierta que San Josemaría comience su obra con un capítulo dedicado al carácter del hombre. La formación de la Obra también es así; a uno le hablan mucho del carácter, del amor a Dios y a los demás. Carácter en un sentido profundo, de entrega, de hombría también”, dice, y sus palabras guardan mucha relación con la férrea voluntad que mueve a los fieles del Opus Dei, sometidos desde su creación, hace 80 años, a tantas especulaciones.

-Desde su punto de vista, ¿qué importancia tienen para la Iglesia los 80 años del Opus Dei en el mundo? ¿Cuál ha sido el aporte?

-Primero, 80 años en una persona son muchos. Para una institución como nosotros no es tanto. Estamos aprendiendo. Hay otros que tienen 400 años. El aporte concreto de la Obra es ayudar a que la gente se santifique en el mundo.

-¿Por qué monseñor Escrivá le da tanta importancia al papel del laico? En las casas de la prelatura los cargos de director son llevados por laicos mientras que el sacerdote es un auxiliar espiritual.

-El laico es el cristiano corriente. ¡La Iglesia está hecha de laicos! Los curas en Santiago son 2.500 y los fieles, 5 millones.

-Hoy la Iglesia Católica parece formada por grupos que poco tienen que ver entre sí. Se ha hablado de una Iglesia rota, quebrada por los mismos carismas que hay al interior de ella. ¿El Opus Dei ha sentido roces o tenido conflictos con otras vías de formación como pueden ser Schoenstatt, los Legionarios de Cristo, la Compañía de Jesús…?

-Nunca hemos tenido un roce con nadie. Al comienzo, cuando esto recién comenzó, hubo algo, pero ahora, gracias a Dios, hay una gran unidad. Esto es como un gran concierto. Tiene que haber violines, flautas, trompetas… En la Iglesia el director es el Papa y tratamos de no desafinar. Algunos no me creen, pero yo he enviado gente a otros lados porque era mejor para su forma de ser. Por ejemplo, al actual abad de los benedictinos yo mismo lo mandé para allá, ya que no estaba llamado a estar en medio del mundo. Desde fuera no sé cómo se ve, pero desde adentro no hay roce alguno.

-Desde afuera se percibe tirantez, distancias entre uno y otro.

-Creo que hay diferencias entre los carismas, pero estamos unidos al Papa. Yo voy a Schoenstatt a rezar y me siento a gusto. Tengo parientes y amigos que hacen su trabajo en otros movimientos…

-¿Por qué cuesta que la gente del Opus Dei diga que es de la Obra? ¿Miedo, timidez, reserva…?

-Hoy la gente sí dice que es del Opus Dei. Uno antes no lo pregonaba porque es una cosa personal. Uno nunca anda diciendo yo voy a tal parroquia o ayudo en tal sitio. También los personajes públicos hoy lo dicen con toda tranquilidad.

-¿Existe esa “alegría de ser numerario del Opus Dei”, como escribió Cristóbal Orrego?

-Por supuesto que existe. Yo casi llevo 40 años y he sido muy feliz y lo paso muy bien. Mi familia y mis amigos lo notan.

Pelando papas o dirigiendo una empresa

-¿Es una exigencia la santidad en la Obra?

-No, no como exigencia. Sí, buscar el reino de Dios y su justicia. Todo lo demás es añadidura. “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”. Eso a veces se entiende como justicia con los demás, pero es la justicia con Dios. En la Biblia, “justo” es sinónimo de “santo”.

-¿Puede Dios exigir santidad a sus creaturas?

-La santidad Dios nos la da, es un regalo. No la alcanza nadie por sí solo. En un libro de Sor Faustina, ella dice “qué fácil es ser santo”. Uno se pregunta cómo ella dice esto. Y claro, cuando es un regalo… es posible.

-¿Y la misericordia infinita de Dios no se riñe con esto de “venid a mí los benditos de mi Padre”… ¿Qué pasa con los no benditos?

-Todos son benditos de mi Padre, aunque hay algunos que no quieren aceptar que lo son. En el Evangelio hay una frase que dice: “Tuve hambre y me diste de comer”. Dios quiere que todos se salven, su misericordia llega a todos.

-¿Incluidos herejes e infieles?

-Por cierto, incluidos los herejes y los infieles. La gracia es para todos. Por eso los hombres no podemos juzgar a nadie, porque todos somos benditos de Dios.

-Una mujer del Opus Dei sabe que se puede santificar en medio de los pañales, las ollas, la educación de los hijos, el amor conyugal… ¿Pero eso no lo saben todos los católicos acaso?

-Claro que lo saben. Todos somos llamados a la santidad. El Opus Dei lo que hace es dar los medios; te ayuda a cumplir con eso. El Opus Dei es como una gran catequesis, que enseña a cómo santificarte, a cómo sonreír más en la casa, cómo hacer más compatible el trabajo con la familia. Lo que hacemos es prestar ayuda. Yo como sacerdote les escucho, les digo que tengan paciencia, se desahogan. Y todo está en el Evangelio; no predicamos nada distinto.

-La santificación del trabajo es un elemento central del mensaje del Opus Dei. Dios está en el trabajo y nos encontramos con Él ahí. ¿Este encuentro de la santidad en el trabajo estaría determinado por condiciones como el lugar que se ocupa en el trabajo, el sueldo o el estatus conseguido?

-No. Se puede estar pelando papas o dirigiendo una empresa, lavando ollas o trabajando el campo. Cualquier trabajo humano es noble y es santificable desde el momento en que me encuentro con Dios en él. Mientras uno más sirve, más sabe y más ayuda a los demás. El trabajo que hago yo como sacerdote, el hombre que trabaja en un banco, el minero que trabaja en la mina, cualquier trabajo noble, hecho con las manos o con el intelecto. Lo importante es hacerlo bien, el cariño que uno les pone a las cosas, el amor y el servicio a los demás. Uno puede trabajar solo o por ambición, pero en la Obra buscamos un trabajo trascendente, de servicio y de ofrenda a Dios.

-¿Y la necesidad de alabanza, de que se valore el trabajo de cada cual?

-Todos tenemos cierta tendencia a la alabanza por lo que hacemos, pero eso no está bien. Debemos rectificarlo, corregirlo. Conviene que Cristo crezca y disminuya yo. Siempre debo pensar que lo que voy a hacer le hará bien a alguien.

-¿Y qué sucede según el Opus Dei con la gente que está en huelga y que por motivos sindicales o por problemas con los empleadores no trabaja?

-Trabajará en su casa. Lo que decimos siempre es que no hay que estar ocioso. El ocio hace mucho mal. A mí me tocó estar en huelga en la universidad. Pero yo tenía muchas cosas que hacer. En la Obra a uno lo ocupan altiro. “Ah, tenís tiempo, anda a lavar el auto”, me decían. En la Obra hay muchos jubilados, pero les damos encargos: “Tú podrías llamar a un retiro”. En la Obra aprendí a que siempre que estábamos haciendo algo nos entreteníamos.

Barrenderos en primera fila

-Hay quienes piensan que el Opus Dei tiene intereses de carácter político y aun económico. Y el éxito en el trabajo suele tener como derivados mayor poder y dinero. ¿Puede santificarse una persona que trabaja en el mundo de las finanzas, especulando con dinero, haciendo negocios que benefician a algunos y a otros no?

-Cualquier persona que conoce la Obra sabe que jamás aquí va a ganar plata ni tener poder. Yo mismo no manejo plata. La Obra no busca ayudar a la misma Obra, sino servir a la gente. Eso respecto de lo primero. Y claro que una persona puede santificarse en el mundo de las finanzas si con su trabajo les hace bien a los demás. En ningún caso si por un negocio que hace a otro le va mal.

-Existe la creencia, difundida por cierto, de que los miembros del Opus Dei están vinculados a grupos de poder económico. ¿A qué cree usted que se debe esto?

-El 99 por ciento de la gente que es del Opus Dei es gente común y corriente. Lo que pasa es que hay algunos vinculados a empresas o cargos importantes, y se pone atención en ellos y no en la inmensa mayoría.

-Es famosa la frase de monseñor Escrivá: “Tengo hijos que son barrenderos, y un barrendero puede dar tanta gloria a Dios como un ministro”. ¿Eso es así de verdad al interior de la Obra? ¿Los reciben igual? ¿Están en primera fila los barrenderos?

-¡No en primera, en primerísima fila! Quien conozca la Obra por dentro se dará cuenta de eso de inmediato. Hay que ver dónde están nuestras preocupaciones.

Discriminación: Nada nuevo bajo el sol

-¿Se han tratado ustedes de responder por qué para algunos ser del Opus Dei es motivo de objeción hasta para ejercer cargos públicos? Eso no sucede con quienes están cerca de los jesuitas, de los franciscanos…

-Yo creo que es porque sienten que nosotros nos tomamos muy en serio nuestra fe. También puede ser porque tienen un estereotipo dentro.

-¿Qué pueden esperar de fondo los miembros del Opus Dei de una sociedad supuestamente pluralista como ésta?

-Bueno, hay personas que a veces son poco pluralistas y sectarias. Uno intenta tratarlas con cariño. Lógicamente que hay gente nuestra que ha sufrido; esto es lo mismo que vivieron los primeros cristianos, o sea, nada nuevo bajo el sol. Hay gente que se hace estereotipos de nosotros y cuando nos conoce se dan cuenta de que somos completamente diferentes. La etiqueta en general termina siendo peligrosa. Nosotros tratamos de no discriminar a nadie.

-¿Estaría de acuerdo en que, en determinadas condiciones y circunstancias, “no hay peor negocio que ser del Opus Dei”?

-Ser del Opus Dei es un buen negocio para la vida eterna. Nadie te margina si eres capaz de romper el prototipo que tienen de ti. Tengo amigos masones y no me dicen nada. Convivir a nosotros no nos cuesta.

¿Pérdida de influencia?

-¿Sabe usted cuál es el objetivo del centro biomédico que el Opus Dei acaba de inaugurar en Roma?

-Es una clínica de investigación y de atención médica. El fundador del Opus Dei siempre se apoyó mucho en los enfermos, porque el dolor era comparado con la redención de Cristo. Cuando uno está enfermo necesita una atención personal, de más cariño. San Josemaría quería que se atendiera muy bien a los enfermos y eso es lo que allí se hace. También se hará en la clínica de la Universidad de los Andes que tendremos en Santiago.

-La prensa inglesa acaba de especular sobre una supuesta pérdida de influencia del Opus Dei con el Papa, porque éste no habría continuado con Navarro Valls como vocero y porque no fue a la apertura del centro médico en Roma.

-Son cosas sin sentido. Tenemos muchas palabras bonitas del Papa para nosotros. Conocemos a Benedicto XVI muy bien. Nadie lo dice, pero él acaba de estar tres días en un centro de la Obra en Australia descansando. ¡Tengo un poco de envidia porque el vicario de Australia estuvo a solas tres días con el Papa!

“Tendríamos que rezar más por Juan Ignacio”

-El obispo de San Bernardo, Juan Ignacio González, pertenece a la prelatura. Hay quienes dicen que es uno de los candidatos para suceder a monseñor Errázuriz en el arzobispado de Santiago. ¿Qué significaría para el Opus Dei que el arzobispo de Santiago fuera de la Obra?

-Para él, no para nosotros. Para nosotros como Opus Dei eso no significaría nada, pero para él sería una gran responsabilidad. Tendríamos que rezar más por Juan Ignacio. Como obispo responde al Papa, a la Santa Sede.

-¿Cómo ha sido la experiencia del Opus Dei de tener una parroquia en el centro de Santiago (La Vera Cruz)?

-Ha sido una buena experiencia y hemos logrado una buena atención pastoral. Es una manera de servir a la Iglesia en Santiago que nos pidió monseñor Errázuriz, quien nos tiene mucho cariño. Ahora vamos a levantar una iglesia rectoral en La Pintana, que termina su construcción en diciembre. Es una iglesia donde cabrán 400 personas sentadas. Gente encantadora. Es uno de los gustos más grandes que me he dado este año: es mi chochera.

-Es sabido que las vocaciones a la Obra en Chile van en aumento mientras que las diocesanas y las religiosas bajan. ¿A qué se debe esto según usted?

-Cuando hay ambiente de oración, hay vocaciones. La gente de la Obra es gente contenta, hacemos apostolado. Obviamente en la sociedad de hoy hay menos vocaciones, pero las hay. Por cierto, faltan más

Amigos: “Juntos mirando al frente”

-El apostolado de la Obra es de amistad y confidencia, lo que implica ponerse en el lugar del otro. ¿Es posible eso cuando la ideología y el hecho de tener fe o no tenerla son partes constitutivas de la personalidad?

-San Josemaría decía: “Estoy en completo desacuerdo contigo, pero te quiero mucho”. Como ocurre entre hermanos de repente. Hay que amar a todos, incluso a los enemigos. No hay que pensar igual que el otro, sino amarlo.

-¿De qué manera se materializa el cariño al interior de la Obra? ¿Es algo abstracto o corpóreo?

-Muy corpóreo, de cercanía. La amistad es para nosotros muy importante y la vivimos a diario profundamente.

-C.S. Lewis, en “Los cuatro amores”, dice que es uno de los amores más perfectos.

-Sí. Es en esa misma línea. Dos personas no mirándose uno al otro, sino juntos mirando al frente. Se dicen vamos juntos en esto. Eso es la amistad. Lewis pone por encima de todo la caridad que es el amor a Dios.

“Código Da Vinci” y otros: “Del limón hagamos limonada”

-Hoy se vive en un mundo donde la familia como núcleo estructural de la sociedad es muy cuestionada, ¿cómo observan a los jóvenes de hoy en relación con el proyecto de formar una familia?

-Mi experiencia es que a todos los jóvenes les gusta la familia, les gusta sentirse queridos, les gusta tener un hogar, papá, mamá. Yo siempre les muestro el ideal de la familia: la familia unida. Les explicamos cómo debe funcionar una familia y que la base de todo es el amor. Los jóvenes tienen miedo a que la familia no funcione, pero yo siempre les digo que eso depende de cada uno. El matrimonio de suyo está hecho para durar, como una mano está hecha para estar unida al cuerpo.

-¿Por qué San Josemaría soñaba con que la herencia para sus hijos fueran el amor a la libertad y el buen humor?

-A través del amor a la libertad nos convertimos en creaturas creativas que podemos servir a los demás, y el humor es nuestra alegría de ser del Opus Dei y de estar en este camino.

-¿Es posible para los hijos del Opus Dei mantener el buen humor después de ataques sostenidos como libros y películas del tipo “Código Da Vinci” o sabiendo que un diario electrónico se llama “Opus Gay”?

-Se lo ofrecemos a Dios. Sabemos que es parte de… El Señor ya lo anunció. Hay una frase muy buena: “Del limón hagamos limonada”. Y cómo se hace: poniéndole azúcar. Y cuál es el azúcar, el amor a Dios. San Josemaría decía: “Perdonar, callar, sonreír y rezar”. Hay que perdonar y no guardar rencor a nadie. Además, con este tipo de cosas hay gente que se ha acercado a la Obra para conocerla.

-¿Cómo se responde a situaciones así manteniéndose en el camino de santidad, sin aniquilar al ofensor ni con el pensamiento?

-Rezando mucho. Y no emitiendo juicios ni condenando.

“Hoy la gente sí dice que es del Opus Dei. Uno antes no lo pregonaba porque es una cosa personal. También los personajes públicos hoy lo dicen con toda tranquilidad”.

“Cualquier persona que conoce la Obra sabe que jamás aquí va a ganar plata ni tener poder. Yo mismo no manejo plata. La Obra no busca ayudar a la misma Obra, sino servir a la gente”.

-¿Se han tratado ustedes de responder por qué para algunos ser del Opus Dei es motivo de objeción hasta para ejercer cargos públicos? Eso no sucede con quienes están cerca de los jesuitas, de los franciscanos…

-Yo creo que es porque sienten que nosotros nos tomamos muy en serio nuestra fe. También puede ser porque tienen un estereotipo dentro.

“Cualquier persona que conoce la Obra sabe que jamás aquí va a ganar plata ni tener poder. Yo mismo no manejo plata. La Obra no busca ayudar a la misma Obra, sino servir a la gente”.

En ningún caso si por un negocio que hace a otro le va mal”.

“Claro que una persona puede santificarse en el mundo de las finanzas si con su trabajo les hace bien a los demás.

“Ahora vamos a levantar una iglesia rectoral en La Pintana, que termina su construcción en diciembre. Es una iglesia donde cabrán 400 personas sentadas: es mi chochera”.

-¿Es posible para los hijos del Opus Dei mantener el buen humor después de ataques sostenidos como libros y películas del tipo “Código Da Vinci” o sabiendo que un diario electrónico se llama “Opus Gay”?

-Se lo ofrecemos a Dios. Sabemos que es parte de… El Señor ya lo anunció. Hay una frase muy buena:

“Del limón hagamos limonada”. Y cómo se hace: poniéndole azúcar.

Perfil

Sergio Boetsch Matte nació en 1953, pidió su admisión a la Prelatura en 1969 y fue ordenado sacerdote en 1980. Hizo sus estudios secundarios en el Colegio Saint George y en el Instituto Nacional. Es ingeniero civil de la UC y doctor en Sagrada Teología por la Universidad de Navarra. Desde 1988 trabaja en el gobierno regional del Opus Dei. Se ha desempeñado como profesor de Teología Moral en la UC y en el Seminario San Rafael de Valparaíso; ha sido capellán en residencias universitarias y ha desarrollado una amplia labor pastoral con gente joven en diversos centros de formación del Opus Dei. En la actualidad es el vicario regional del Opus Dei en Chile.

La entrevista completa en el siguiente link: http://diario.elmercurio.com/2008/09/28/reportajes/_portada/noticias/7D919951-76D0-4D61-904B-23039CBC9192.htm?id={7D919951-76D0-4D61-904B-23039CBC9192

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