Un libro reivindica el honor y la fama del obispo de Calahorra Fidel García

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Un libro de reciente aparición reivindica el buen nombre, el honor y la fama del Fidel García, obispo de Calahorra (La Rioja), que se atrevió a criticar el nazismo en 1942 y sufrió por ello una campaña de desprestigio organizada por la policía política de Franco, que llegó a tildarle de “chulo de putas”, lo cuenta J. de Blas, en una información de la Agencia Efe.

La fotografía está tomada del  portal “Bermemar”: 
 www.bermemar.com/…/obispo_fidel/albumfotos.htm

Logroño.- La obra, titulada “Conspiración contra el Obispo de Calahorra. Denuncia y crónica de una canallada” (EDAF) ha sido escrita por Antonio Arizmendi, ex magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Madrid, quien conoció al prelado por haber vivido hasta su adolescencia en Calahorra, donde su padre fue abogado de la Diócesis.

Arizmendi, en una entrevista concedida a EFE, afirmó que a lo largo de toda su vida ha reclamado en todas las instancias posibles la devolución del la dignidad al obispo calagurritano, un hombre de gran altura intelectual cuyo único delito fue seguir la doctrina del Papa Pío XI, quien en 1937 condenó nazismo en su encíclica “Mit brennender sorge” (Con viva preocupación).

Pasados los años, en plena posguerra española e incendiada Europa por la II Guerra Mundial, con un Régimen de Franco indiscutiblemente pronazi, en 1942, el prelado de Calahorra escribió una “Instrucción Pastoral” en la que condenaba el nazismo y el comunismo, ideologías que calificaba de “errores modernos”.

La Instrucción Pastoral de Fidel García (Soto y Amío, León, 1880) -brillante alumno de la Universidad de Comillas- que llegó a la prelatura en 1921 y representó a España en el Congreso Eucarístico de Chicago de 1926, encendió al Régimen de Franco, que inició una cruel campaña de difamación contra el obispo que no finalizó hasta 1952.

La policía política de la dictadura fue, según el autor del libro, la encargada y responsable de difundir todo tipo de mentiras e infundios sobre el inerme prelado calagurritano que llegó a ser tildado de “rijoso chulo de putas” del burdel de Barcelona conocido entonces con el nombre de “La Coronela”.

Los crueles inventos de los franquistas difundidos boca a boca y a través de publicaciones pronazis, llevados al paroxismo en los en los mentideros del Régimen, llegaron a situar a Fidel García en orgías en Barcelona, burdeles de París o con una morena y una rubia colgadas de sus brazos en Sevilla.

El 28 de agosto de 1952, el arzobispo de Barcelona recibió un “reservadísimo” informe sobre la moralidad de Fidel García, que según el autor del libro, era falso de toda falsedad, e invitó al obispo calagurritano a defenderse de los infundios que contenía.

El prelado, seguramente consciente de su impotencia ante una campaña que había llegado incluso al gran parte del pueblo llano, que disfrutaba con el morbo de las acusaciones, se negó a defenderse de las maldades de que era objeto y renunció a la diócesis en 1953.

A la feroz villanía sucedió el silencio. En 1964 el Servicio de Información Militar (SIM) informa a Franco de que la campaña contra el obispo calagurritano es un montaje de la policía política y otros organismos de las cloacas del Estado franquista.

El dictador, según Antonio Arizmendi, responde con un “esto cuando más tarde se sepa mejor” y ordena que se ofrezca al prelado alguna forma de rehabilitación que oculte el escándalo.

Fidel García, que tenía entonces 85 años, viejo y cansado, rechazó la oferta y, según el autor del libro, prefirió sufrir su destino como un martirio.

Martirizado lo fue, ante la indiferencia de sus colegas obispos de entonces, e ignorado por la Conferencia Episcopal después, según Antonio Arizmendi, quien durante años ha pedido a los prelados españoles la repulsa de las insidias franquistas contra su colega y un gesto de reivindicación de su honor y su fama.

Arizmendi asegura que este vergonzoso asunto ha llegado incluso al Vaticano, cuyo Camarlengo fue durante años el cardenal Eduardo Martínez Somalo, riojano y alumno del seminario de Logroño que el propio Fidel García impulsó y en cuyo sótano está enterrado.

Martínez Somalo fue un seminarista especialmente querido y protegido por Fidel García, dijo a Efe el autor del libro, que será presentado el próximo día 7 en Calahorra.

Fidel García, que tiene dedicada en Logroño una de las calles que limita el seminario, fue el obispo número 160 de la diócesis de Calahorra que ocupó durante casi 33 años y murió sin que nadie limpiara su nombre de la campaña de oprobio con la que fue martirizado.

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Por su parte, Juan G. Bedoya, en El País, narra así los hechos:

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Canallada/obispo/elpepusocdmg/20081026elpdmgrep_3/Tes

“Canallada” a un obispo

 La policía franquista simuló varias visitas de un prelado antinazi a un prostíbulo de Barcelona para obligarlo a retirarse  

JUAN G. BEDOYA 26/10/2008

 Que un obispo famoso en la España de Franco, nacionalcatólica a machamartillo, sea sorprendido en una casa de citas cohabitando “en una cama de las llamadas de matrimonio” con una prostituta produjo “sensación y estupor por la personalidad del hallado” a los policías encargados de redactar el informe, calificado de “reservadísimo”. Ocurrió, según el atestado, el 18 de agosto de 1952. Diez años más tarde, Franco se hizo entregar otro informe, éste del Servicio de Información Militar, reconociendo que todo había sido un montaje, con “dobles del obispo”, para acabar con un prelado incómodo para el régimen franquista por sus doctrinas antinazis. 

Franco ofreció a Fidel García una reparación por el ‘montaje’, y el cardenal Tarancón no quiso remover el escándalo

 A Franco, curado en 1962 de entusiasmos fascistas por razones geopolíticas, le remordía la conciencia aquella canallada y ordenó a su ministro de Justicia, Antonio Iturmendi, que ofreciese al desgraciado prelado la reparación que precisase, siempre que no fuera pública. Éste, ya anciano, rechazó con energía el ofrecimiento. Prefirió continuar “con el martirio hasta la muerte”. El dictador lo habló más tarde con Manuel Fraga, su ministro de Información, que lo cuenta en las Memorias. Para entonces, la mala fama del obispo era vox populi. Paul Preston alude al “lujurioso incidente” en la biografía de Franco, dándolo por cierto. 

El obispo con el que quería acabar la dictadura en 1932 tenía entonces 72 años y se llamaba Fidel García Martínez. Hijo de un humildísimo peón caminero, había nacido en 1880 en Soto y Amío (León) y estudiado en la Universidad Pontificia de Comillas, donde fue el alumno mimado de los jesuitas por su extraordinaria inteligencia. Brillante teólogo y escritor, llega pronto a obispo, con sede en Calahorra. Él mismo aborta, en cambio, su ascenso a la sede primada de Toledo para sustituir en 1931 al cardenal Pedro Segura, pese a la insistencia de Roma, que lo consideró siempre entre los más inteligentes del episcopado. Lo demostró con creces en el Concilio Vaticano II, donde se destacó de entre los prelados españoles, según escribe el historiador Josep M. Piñol en La transición democrática de la Iglesia católica española. Para entonces, Fidel García llevaba retirado con los jesuitas en Deusto (Bilbao) varios años, tras las brutales maquinaciones del franquismo contra él. Murió en 1973, a los 93 años. 

El golpe militar del 18 de julio de 1936 sorprende al obispo Fidel García en Calahorra. Viaja enseguida a Logroño con la idea de mitigar matanzas y represiones. En 1937 publica en su boletín diocesano la encíclica Mit Brennender Sorge (Con ardiente preocupación), con la que Pío XI condena severamente el nazismo. Franco había dado órdenes tajantes de evitar la publicación en los territorios bajo su control de la famosa execración papal contra su socio bélico Adolf Hitler. El prelado de Calahorra fue el único que ignoró las órdenes del caudillo golpista. Para subrayar su combate contra todo totalitarismo ateo, dio un paso más. Publicó una larga y vibrante Instrucción pastoral sobre algunos errores modernos, entre otros el nazismo y el comunismo, y en defensa de “la libertad y la dignidad del hombre frente al Estado”.

Era más de lo que el generalísimo Franco y la Gestapo hitleriana, que campaba en España a sus anchas, podían soportar. Incluso los obispos de la época, en su mayoría entregados al nuevo régimen, consideraron la pastoral de su colega un “gran error”. “¿No decían que era tan listo? ¿A quién se le ocurre meterse en esos temas?”, criticaron. 

Ahí empieza el calvario del obispo de Calahorra. Pese a llevar treinta años en la sede riojana y recibir en ese tiempo varios homenajes de respeto y admiración por “su santidad”, empezaron a circular rumores sobre andanzas por prostíbulos de Barcelona y París y sobre su vida disoluta. La campaña de calumnias arreció en los momentos más críticos del franquismo, aislado internacionalmente y entregado sin condiciones a los alemanes. “Me lo voy a acabar creyendo hasta yo”, confió a varios de sus acongojados colaboradores el paciente prelado.

 “Entre 1950 y 1952 se culminó la canallada”, en palabras del magistrado emérito del Tribunal Superior de Madrid Antonio Arizmendi, que acaba de publicar con el historiador Patricio de Blas un minucioso informe sobre el caso con el título Conspiración contra el obispo de Calahorra. Denuncia y crónica de una canallada (Editorial Edaf). Hijo del abogado de la diócesis de Calahorra cuando Fidel García decidió dimitir, Arizmendi lleva décadas denunciando “la felonía que sufrió el prelado” y ofrece datos, documentos y nombres de una trama en la que aparecen Franco y la Gestapo, los ministros Fraga e Iturmendi, e incluso el yerno de éste, Alfonso Osorio, más tarde vicepresidente del Gobierno con Adolfo Suárez. 

El informe policial “reservadísimo” que se guarda en el archivo de la diócesis de Barcelona (hoy, arzobispado) relata el descubrimiento del supuesto prelado en una “casa non santa” de Barcelona, donde era “un pupilo frecuente con el nombre de don Manolo”. Todas las prostitutas conocían “su jerarquía eclesiástica”. El supuesto prelado fue llevado “al siguiente día ante el obispo de la diócesis, doctor Modrego, ante el que reconoció sus faltas”. ¿Estaba en el secreto del montaje el arzobispo Modrego, franquista redomado? Lo seguro es que su actitud, como mínimo crédula, dolió sobremanera al verdadero Fidel García. La policía concluye relatando “las andanzas mujeriegas anteriores” del supuesto prelado en los mejores hoteles y cabarés de Barcelona y París. El informe relata incluso cómo “efectuaba sus rápidos cambios de personalidad en los retretes de las estaciones”. 

“En esta historia de canallas hay dos montajes igualmente vituperables. El primero, el que culminó en agosto de 1952, es el más infame de los dos. Pero el segundo, el de ‘cuanto más tarde se sepa, mejor’, es el más cobarde porque, además, lo han querido disfrazar de prudencia”, afirma Arizmendi. Incluso ahora, denuncia, los obispos no quieren saber nada de rehabilitar el buen nombre de su ilustre predecesor. Quien peor se portó es el cardenal Tarancón, al que señala como “amigo de Franco”. En carta a Arizmendi, de 14 de febrero de 1982, el famoso prelado dice: “Monseñor Fidel García fue un gran obispo, pero la verdad es que no sé cómo se pueden encauzar las cosas para reivindicar su memoria”. – 

3 Responses to “Un libro reivindica el honor y la fama del obispo de Calahorra Fidel García”

  1. Soy católico no practicante, con esto quiero decir que mi comentario no está sujeto a ninguna clase de simpatía, la conspiración contra el obispo de Calahorra, Fidel Garcia Martinez, nos demuestra una ve más, la catadura de Francisco Franco, elegido como el Dedo de Dios por los prelados de la época.

  2. La catadura de Franco es la propia de un dictador, el nacionalcatolicismo una vergüenza injustificable, y la actitud cobarde de algunos prelados sobre esta y otras cuestiones coqueteando con el poder establecido, inaceptable.

  3. Pero independientemente de que hubiese un especial interés por parte del Régimen de desprestigiar al Obispo, pudiera darse el caso de que frecuentase burdeles ¿verdad?

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