Dagnino: no reconocer a Dios ni a un orden moral previo conduce a “totalitarismos revestidos de democracia”

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En la clausura del X Congreso Católicos y Vida Pública, el cardenal Rouco dice que “todos los enemigos del amor serán derrotados, todo el horizonte despejado. Eso nos toca vivirlo con esperanza”.

“Todo está permitido en el mundo de hoy, excepto proclamar a Dios”, con esta  frase ha descrito el presidente de la ACdP y de la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, Alfredo Dagnino, el contexto de laicismo ideológico en el que se desenvuelve actualmente la sociedad occidental. 

En el acto de clausura del X Congreso Católicos y Vida Pública ‘Cristo, la Esperanza fiable’, organizado por la ACdP y la Fundación Universitaria San Pablo CEU, Dagnino ha reclamado la presencia de lo religioso en la vida pública no sólo para que sea respetado en plenitud “el sacrosanto derecho a la libertad religiosa”, sino como condición imprescindible del Estado de Derecho. 

Así, de igual manera que “no puede ser Dios irrelevante para el hombre, tampoco puede serlo para el Estado”, ha señalado Dagnino. Es más, el reconocimiento de Dios y de las verdades inmutables y prepolíticas que de él penden son la garantía de un sistema democrático.

“Si en la democracia –ha subrayado- no existen verdades y principios últimos, ésta se precipita por la pendiente que conduce a un totalitarismo revestido de democracia formal”. Ésta es una deriva que ya opera en nuestros días, en los que, a falta de la referencia a un orden moral objetivo, “se decide conforme a las mayorías parlamentarias la verdad del hombre”.

Así, ha agregado Dagnino, “todo es negociable, todo admite componenda, nada hay sagrado, ni el derecho a la vida”. En estas condiciones, es el débil el que queda inerme ante los intereses del poder. Por ello, ha recalcado, siempre le serán inconvenientes a los afanes totalitarios el reconocimiento de un Dios y de un orden moral previo. “Un estado totalitario o de mera apariencia democrática no puede permitir un orden moral conforme al que sentirse juzgado”. La conclusión, tal como la ha expresado Dagnino, es que “no es comprensible un Estado ateo, un Estado de Derecho que no contemple la religión ni la moral”. 

Injustamente tratados

No ha dejado Dagnino de referirse a la actual situación de España, “donde los católicos nos sentimos injustamente tratados” y donde son tangibles las consecuencias este laicismo relativista al que insistentemente ha aludido. Entre ellas, la falta de respeto al “sagrado derecho de la vida”, a la familia, a los derechos de los padres sobre la educación de sus hijos, o “el hecho de que no se haga todo lo posible por derrotar al terrorismo y asegurar una conciencia cívica y en paz”. 

A pesar de todas las dificultades descritas, Dagnino también se ha mostrado optimista de cara al futuro ya que, a su parecer, “hemos conseguido que se advierta que el catolicismo español está despertando de su letargo y, poco a poco, las cosas están cambiando”.   

Los enemigos del amor serán derrotados

La última jornada del X Congreso Católicos y Vida Pública, organizado por la Asociación Católica de Propagandistas y la Fundación Universitaria San Pablo-CEU, ha comenzado hoy con la Misa celebrada por el Cardenal-Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela.  

En la homilía, Rouco se preguntó “¿Quién es nuestro pastor?”, explicando brevemente que tras su Resurrección, Jesucristo  “abre el camino e invita al sacrificio de la Cruz, pero sin la incertidumbre de la muerte”.

Una esperanza, según el arzobispo de Madrid, que tiene un fin inevitable ya que “todos los enemigos del amor serán derrotados, todo el horizonte despejado. Eso nos toca vivirlo con esperanza”. 

Para el Cardenal no hay mayor virtud que la Caridad “cuyo fundamento es Dios”, tras unos ejemplos de vidas de Santos, como Santa Teresa de Jesús, para ilustrar esa afirmación, Rouco Varela instó a que “este Congreso tiene que ser una esperanza para España, para nuestra patria”. 

Más de mil cuatrocientas personas han estado participando en el X Congreso Católicos y Vida Pública: “Cristo, la esperanza fiable”. Cifra a la que hay que sumar los más de 4.000 congresistas que han seguido el mismo por Internet, en los dos primeros días, informó hoy el gabinete de comunicación del CEU.

Manifiesto del X Congreso de Católicos y Vida Pública

 Tras el acto de clausuara se procedió a la lectura del Manifiesto de este Congreso que, textualmente dice:

“Con Esperanza

La Fundación Universitaria San Pablo CEU, obra de la Asociación Católica de Propagandistas, organizadora de los Congresos “Católicos y Vida Pública”, al concluir el décimo de éstos, en el que han participado más de mil cuatrocientas personas, siente la necesidad ineludible de manifestar las razones de su esperanza en una sociedad, como la nuestra, aturdida en su prepotente y falaz autosuficiencia.

En la raíz misma de tantas preocupantes crisis, desde la cultura, a la economía, desde la política, a la violencia terrorista, desde la familia, a la escuela y a la Universidad, desde la injusticia, a la falta de respeto a la vida y a la dignidad humana, hay otra crisis mucho más angustiosa: la quiebra moral profunda de los valores cristianos que han generado y vertebrado, durante siglos, nuestra propia identidad como pueblo.

De nada sirven proclamaciones retóricas. Es la hora de la actuación personal concreta y coherente. Sólo podrá cambiar esta sociedad, si cambiamos todos y cada uno de nosotros, cada día.

Este décimo Congreso “Católicos y Vida Pública” ha querido elegir como lema “Cristo, la esperanza fiable”. No “una”, sino “la”; la única esperanza fiable, la única creíble, la única verdadera y auténtica, la única que no engaña ni defrauda.

Desde el exigente realismo de esta esperanza nos sentimos urgidos a ofrecerla a los hombres y mujeres de nuestro tiempo como lo que es: una dura interpelación, no una promesa cómoda y fácil; un compromiso políticamente incorrecto, un consciente y convencido ir contracorriente, sin complejo alguno.

Estamos convencidos, con Benedicto XVI, de la necesidad apremiante de decirle a esta sociedad que “el mal y la muerte no tienen la última palabra, sino que, al final, Cristo vence. ¡Siempre!”

Desde la convicción de que nuestra principal obligación de caridad es decir la verdad, no podemos dejar de denunciar que en la España actual no se respeta el sacrosanto derecho a la vida, ni en las inicuas leyes del aborto y de la eutanasia, ni en los no menos inicuos proyectos del suicidio asistido y de la manipulación abyecta de las fuentes de la vida humana.

En la España actual no se respeta como es debido a la familia y a sus valores, ni el único matrimonio verdadero; no se respeta el inalienable derecho que los padres tienen a educar a sus hijos según sus propias convicciones religiosas y morales.

Desearíamos que en la España actual se hiciera todo lo posible por derrotar y acabar de una vez y para siempre con el terrorismo, y proporcionar así una convivencia segura y honrada.

Es éste un difícil momento de la historia, agravado por la crisis económica, que evidencia las contradicciones de un sistema que no pone al hombre en el centro de toda su actividad. Aún más, nos sentimos2interpelados e impulsados a renovar nuestro esfuerzo y compromiso por el bien común.

Los católicos españoles queremos seguir contribuyendo decisivamente a una libertad en democracia basada en el respeto a la Verdad, a una paz, que es imposible sin justicia y sin perdón, a una definitiva reconciliación entre españoles. Queremos y ofrecemos una mayor atención a los más desfavorecidos.

Queremos trabajar constante y eficazmente con cuantos busquen en la vida menos relativismo y más coherencia, menos consumismo y más solidaridad, menos cesión en los medios de comunicación a lo que degenera y rebaja la dignidad en cualquier ser humano.

Queremos que nuestros hijos y nuestros nietos no tengan que avergonzarse de nosotros y que sin sectarismos intolerables ni manipulaciones mediáticas se respeten la memoria y el legado de todos nuestros mayores, así como la fe católica y los símbolos religiosos.

Permítasenos dirigir esta interpelación, como fruto de este X Congreso “Católicos y Vida Pública”, a todos nuestros conciudadanos verdaderamente dispuestos a unir esfuerzos por una España mejor, a nuestros obispos y sacerdotes, a los padres y madres de familia, a los abuelos, a maestros y profesores, a todos los intelectuales y profesionales honrados, así como a cuantos tienen la responsabilidad de legislar, gobernar y juzgar.

De manera especialmente confiada, dirigimos esta llamada a los jóvenes, en cuyas manos está el futuro.Desde la verdad de nuestra inequívoca identidad católica, manifestamos esperanzadamente nuestra plena disposición a un dialogo abierto a la fe y a la razón en el que podamos participar, desde el mutuo respeto, en un clima de sana laicidad, desde las más diversas posiciones, cuantos tenemos un seguro punto de encuentro en la afirmación de la dignidad de la persona en todas las fases del desarrollo natural de su existencia, en la defensa de los derechos fundamentales radicados en esa dignidad y en los valores propios de una sociedad democrática.

Hoy y siempre nuestra específica y más valiosa aportación a ese diálogo será el anuncio de Cristo mismo como única esperanza fiable, que nos deja en el Evangelio la brújula segura e inequívoca de nuestra propia fundada esperanza, tan alejada de utopías ilusas como de engañosos sucedáneos de la verdad. Así lo hacemos hoy, con gozo y esperanza, desde el más profundo afecto y respeto a todos, al concluir este décimo Congreso Católicos y Vida Pública.

Madrid, 23 de noviembre de 2008.

 

3 Responses to “Dagnino: no reconocer a Dios ni a un orden moral previo conduce a “totalitarismos revestidos de democracia””

  1. Según el arzobispo de Madrid, “todos los enemigos del amor serán derrotados, todo el horizonte despejado. Eso nos toca vivirlo con esperanza”. Ante estas palabras, si vienen secundadas por la íntima creencia de que son ciertas, no cabe más que una profunda alegría.
    Otro punto. Ninguna mayoría tiene que refrendar otra cosa sino la buena convivencia y la distribución equitativa. En ninguna Constitución se contempla que los sufragios decidan la verdad del hombre. No comparto este disgusto por la pertenencia a un Estado laico pues, sólo individuos libres para elegir (lo justo, lo humano o lo cristiano) conformarán un cuerpo social que, día a día, primará las necesidades de los ciudadanos en su contexto y que paralelamente modificará estructuras globales injustas, que sí deberían ser, las destinatarias de nuestra peor bronca.
    Cuando el manifiesto del X Congreso dice: “hay otra crisis mucho más angustiosa: la quiebra moral profunda de los valores cristianos que han generado y vertebrado, durante siglos, nuestra propia identidad como pueblo”, no parece tan malo.
    No parece malo que haya crisis ni quiebra moral de los valores cristianos que no han sido capaces de subvertir el curso de la injusticia en el mundo; los valores cristianos que la Iglesia debería defender son los que la comprometen y enfrentan con los Estados, o cualquier otro grupo de poder – debilitados o corrompidos por intereses económicos-, sin intentar quedar como amigos y con la vocación de resultar la voz más incómoda frente a las injusticias. Durante siglos ha sido nuestra propia identidad como pueblo este fracaso, con lo que es urgente que demos un giro, lo angustioso sería seguir así, autocomplacidos.

  2. No hay tal cosa como un supuesto “orden moral objetivo”. Demasiados cambios a lo largo del tiempo y demasiadas variaciones del concepto de orden y de moral a lo ancho del mundo, para que vayamos a creer a los católicos cuando hablan de un orden moral que ELLOS son encargados de definir. Si creyéramos con Dagnino que la democracia debe sujetarse a ese orden moral que definen los obispos y al dios que ellos dibujan, sí que estaríamos abocados al totalitarismo. Esto ya lo hemos visto antes: lo vimos en aquel régimen totalitario bendecido por los obispos que se llamó franquismo. Ellos lo bautizaron como orden moral.

  3. Sr. Pepe: DIOS SE ESCRIBE CON MAYÚSCULA. Lo demás sin comentarios

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