La “guerra” de crucifijos en una “sociedad enferma”

crucifijo.jpgcanizares.jpg .

Para el cardenal Cañizares “el aborto es el punto emblemático de la enfermedad que padecemos”

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  Cardenal Rouco: “A veces es necesario saber olvidar. No por ignorancia o cobardía, sino en virtud de una voluntad de reconciliación y de perdón verdaderamente responsable y fuerte”.

Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, una nueva “guerra” por la retirada de símbolos religiosos de lugares públicos -en este caso de crucifijos- , un llamamiento del cardenal Rouco para “olvidar” la guerra civil y no reabrir heridas que pueden provocar confrontaciones violentas, en referencia a la recupeación de la memoria histórica; y, finalmente, una homilía del cardenal Cañizares en Toledo durante la que aseveró que la sociedad española está muy enferma, han vuelto a poner de manifiesto, en las últimas horas, que en España el conflictivo tema de las relaciones Iglesia-Estado, las relaciones entre las creencias religiosas y un estado aconfesional y laico, lejos de superarse se recrudece por momentos, y eso sin hablar de las manifestaciones vertidas por los distintos ponentes en el recientemente clausurado X Congreso Católicos y Vida Pública en Madrid, y del que hemos dado puntual información en este blog.

Mientras que se deshoja la margarita de si el cardenal y arzobispo de Toledo, Antonio Cañizares Llovera, recibe el nombramiento para un importante discaterio en Roma, rumor que practicamente ya se ha convertido en noticia, el purpurado renovaba la consagración de toda la diócesis  al Sagrado Corazón de Jesús durante la celebración de la fiesta de Cristo Rey ayer domingo. Durante la homilía, Cañizares afirmó que “celebramos la fiesta de Cristo Rey y renovamos nuestra personal consagración y la de toda la diócesis, que actualiza la de 1930 por España y Toledo, en unas determinadas circunstancias. Fue en estas circunstancias que estamos viviendo donde, hace año y medio, sentí que el Señor nos invitaba a renovar y actualizar esta consagración, como fuente de revitalización eclesial de la comunidad diocesana. Son tiempos recios y difíciles los que atravesamos, y nadie puede prever ni aventurar qué puede deparar el futuro”.

“A la situación de grave crisis económica con todas sus secuelas y compañías, se unen otras crisis más hondas, de las que la económica es un reflejo visible, pero no lo más importante: crisis de sentido de la vida, crisis humana, moral y de valores universales, crisis espiritual y social, crisis del sentido de la verdad, derrumbe de principios sólidos, confusión de conceptos y de los derechos humanos fundamentales no creados por el hombre, relativismo moral y gnoseológico, nihilismo y vacío, disfrute a toda costa y predominio del tener y del bienestar sobre el ser, falta de esperanza, libertades sin norte y pérdida de la verdadera libertad, laicismo ideológico y esencial, etc., están quebrando nuestra sociedad y el verdadero sentido del hombre”, afirmó.

Una nueva cultura

“Se quiere imponer una nueva cultura, un proyecto de humanidad que comporta una visión antropológica radical que cambia la visión que nos da identidad y nos configura, recibida de nuestros antecesores. En el fondo el olvido de Dios, que es olvido y negación del hombre, aunque no se quiera reconocer. Todo esto conduce y nos está haciendo padecer una verdadera situación patológica”.

“Sé que me van a criticar -¿qué importa?-, pero nuestra sociedad está enferma, muy enferma y no podemos ocultarlo: ahí tenemos el crimen abominable del aborto -aunque en este punto, ¿por qué no decirlo? se ha encendido una pequeña luz en nuestros días en el país hermano de Uruguay-; el aborto es como el punto emblemático que pone de relieve la enfermedad que padecemos; junto a él, otros atentados contra la vida: eutanasia, experimentación con embriones, utilización de los mismos para intereses, en el fondo económicos”.

“No son generalizables, cierto, pero no son hechos aislados ni aislables de lo que nos está sucediendo, lo que ha acaecido a propósito de una memoria en la que fue su casa de Santa Maravillas, o la sentencia de supresión en un colegio de Valladolid de los crucifijos, y otros hechos, en los que se denota una cristofobia que, en definitiva, es odio de sí mismos”.

“Estamos padeciendo, agregó, una verdadera enfermedad en nuestra sociedad por el debilitamiento, cuando no destrucción de la familia, que junto con la Iglesia, son “obstáculos” a derribar para imponer el nuevo proyecto de hombre y de sociedad que ciertamente no tiene futuro, porque, en el fondo, resulta ser un proyecto que destruye al hombre”.

También la Iglesia

Junto a los males de la sociedad civil, el cardenal primado reconoció que también la Iglesia se está incapacitando asi misma para evangelizar y dar testimonio: ” No ignoramos, cierto que con no menos dolor, -afirmó- todo lo que en la Iglesia deforma su verdadero rostro por nuestros pecados, por la debilidad en el seguimiento de Jesús, por las deficiencias en el testimonio de Dios como Dios y Señor o de caridad y de identificación con los que sufren pobreza y humillaciones, por asimilar la secularización imperante en una secularización interna que nos corroe, por nuestras divisiones o por una comunión debilitada, por tantas cosas que le impiden y la incapacitan para la evangelizar, suscitar, alimentar la fe, y ser el sacramento, signo eficaz, de la salvación y de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano, que llama a todos a la fe, que suscita la esperanza y abre caminos de futuro, que no son otros que los caminos de la caridad que permanece para siempre”.

“Por eso nos consagramos al Sagrado Corazón de Jesús: para que Él actúe en nosotros y sea nuestro corazón, y los cristianos en Toledo tengamos, como las primeras comunidades un solo corazón y una sola alma….”

Se puede acceder a la homilía completa en este link: http://www.architoledo.org/arzobispo/Cartas%202008/43%20Consagracion%20Homilia.htm

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rouco-en-debate.jpgEl cardenal Rouco y la memoria histórica

El presidente de la Conferencia Episcopal Española (CEE) y cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, aprovechó su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria que finalizará el próximo viernes y que, entre otros asuntos, procederá a la renovación o reelección del cargo de Secretario General que ostenta en estos momentos el obispo auxiliar de Madrid, Juan Antonio Martínez Camino, para denunciar “dos de las preocupaciones que se sienten en este momento de nuestra sociedad”, señaló refiriendose a la Ley de Memoria Histórica y a la actual crisis económica.

” La Iglesia y los católicos vivimos, como es natural, las alegrías y las penas que confortan o que afligen a la sociedad en medio de la cual transcurren nuestras vidas. Quisiéramos compartir especialmente  dos de las preocupaciones que se sienten en este momento de nuestra sociedad.

“1. No son pocos, señaló el presidente de la Conferencia Episcopal,  los que manifiestan una justificada inquietud ante el peligro de un deterioro de la convivencia serena y reconciliada, que hemos logrado ya en nuestra sociedad. La historia de España de los dos últimos siglos ha estado, por desgracia, jalonada por tensiones que más de una vez han desembocado en enfrentamientos fratricidas  El último y el más terrible de todos tuvo lugar en los años treinta del siglo pasado en el contexto de una situación internacional de confrontación entre ideologías totalitarias de diverso signo.

Gracias a Dios, la actual situación internacional y nacional no es la misma. Pero siempre es necesario vigilar para evitar de raíz actitudes, palabras, estrategias y todo lo que pudiera dar pábulo a las confrontaciones que puedan acabar siendo violentas. Es necesario cultivar el espíritu de reconciliación, sacrificado y generoso, que presidió la vida social y política en los años llamados de la transición a la democracia.

A veces es necesario saber olvidar. No por ignorancia o cobardía, sino en virtud de una voluntad de reconciliación y de perdón verdaderamente responsable y fuerte; una voluntad basada en los altos ideales de la paz que se alimenta de la justicia, de la libertad y ¿por qué no decirlo? del perdón y del amor fraterno. Es lo que puede llamarse una auténtica y sana purificación de la memoria.

A los jóvenes hay que liberarlos, en cuanto sea posible, de los lastres del pasado, no cargándolos con viejas rencillas y rencores, sino ayudándoles a fortalecer la voluntad de plena concordia y de amistad, capaz de unir pacíficamente las personas, las familias y las comunidades que integran y conforman la España actual”.

                                                El discurso  completo del cardenal Rouco puede leerse en: http://www.conferenciaepiscopal.es/plenaria/XCII/materiales/DiscursoInaugural.html

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Y finalmente entramos en la “guerra” de los crucifijos a la que estamos asistiendo a raíz de la polémica sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2 de Valladolid , por la que se obliga al colegio público Macías Picavea a retirar los crucifijos de sus aulas y espacios comunes, después de que un grupo de padres así lo demandara desde 2005.

El juez destaca en la sentencia, a la que ha tenido acceso Efe, que el mantenimiento de los símbolos religiosos en este centro educativo conculcaría “derechos fundamentales” consagrados en los artículos 14 y 16.1 de la Constitución, referidos a la igualdad y la libertad de conciencia.

Al parecer, se trata de la primera sentencia que entra en el fondo de la cuestión reivindicada por la Asociación Cultural Escuela Laica de Valladolid, cuyo portavoz, Fernando Pastor, ha expresado a Efe su “alegría inmensa” por lo que considera “un triunfo de la higiene democrática” frente a una realidad “de otro tiempo, preconstitucional, basada en el nacional-catolicismo”.

Esta asociación presentó un recurso contencioso administrativo contra el acuerdo del Consejo Escolar del colegio público Macías Picavea, adoptado el 17 de marzo de 2008, que se decantó por mantener los símbolos religiosos en el centro educativo.

La sentencia alude a la jurisprudencia del Tribunal Constitucional, que recuerda que “el Estado se prohíbe a sí mismo cualquier concurrencia, junto a los ciudadanos, en calidad de sujeto de actos o de actitudes de signo religioso”, y alude a “la laicidad y neutralidad del Estado”.

El juez subraya que en el ámbito educativo el tema de la libertad religiosa es “especialmente sensible” porque “en la fase de formación de la personalidad de los jóvenes la enseñanza influye decisivamente en su futuro comportamiento respecto de creencias e inclinaciones”.

Agrega la sentencia que esta formación religiosa condiciona las conductas de los jóvenes “dentro de una sociedad que aspira a la tolerancia de otras opiniones e ideales que no coincidan con los propios”.

Aunque el juez reconoce que la presencia de estos símbolos no puede considerarse enseñanza de la religión católica ni que supongan un acto de proselitismo, puntualiza que la permanencia de estos objetos “vulnera los derechos fundamentales”.

“La aconfesionalidad implica una visión más exigente de la libertad religiosa, pues implica la neutralidad del Estado frente a las distintas confesiones y, más en general, ante el hecho religioso. Nadie puede sentir que, por motivos religiosos, el Estado le es más o menos próximo que a sus conciudadanos”, resume la sentencia.

La polémica no se ha hecho esperar, mientras unas asociaciones y partidos políticos demandan que la sentencia -que todavía puede ser recurrida- se extienda a todos los colegios públicos, otras asociaciones y partidos defienden lo contrario y coinciden con  la jerarquía eclesiástica en que la presencia del crucifijo forma parte de nuestra cultura y no atenta contra la libertad religiosa de nadie. ¡Las espadas por el momento están en alto!… ya veremos como acaba todo, sin olvidarnos de la polémica por la obligación de la asignatura de Religión dentro del curriculum escolar.

5 Responses to “La “guerra” de crucifijos en una “sociedad enferma””

  1. ¡Qué fuerte!

  2. Don Manuel explique ¿Por qué es muy fuerte?

  3. Esta yuxtaposición de temas deja K.O.
    Y además deja muy triste y desde esta tristeza se puede intentar entender lo que pasa, por ejemplo, en el colegio público Macías Picavea.
    La pregunta que hay detrás de, quitar o no, los crucifijos es ¿por qué se rechazan?. La paloma que simboliza la paz está replicada en los pasillos; en todos los corchos de los colegios figuran niños de diferentes razas cogidos de las manos; sanitarios religiosos o no figuran representados como anticipo de unos derechos que aún no han llegado; las armas están tachadas; los animales, defendidos; la amistad ensalzada como indispensable …
    ¿Qué se proyecta frente a un crucifijo?
    La libertad de culto, puede estar como verdad defendible, pero no sólo es eso; el crucifijo significa los que en su nombre, envueltos en retóricas, ahora, y de forma abusiva, en el pasado, no han estado con los últimos sino con los primeros.
    Un crucifijo comunica que Dios no pudo llegar más abajo para levantarnos, en cambio, algunos de los que colgaron esos crucifijos humillaron a muchos, callaron a sabiendas, aceptaron privilegios y adoraron el becerro del régimen de la conveniencia.
    Este malestar persiste, la retirada de los crucifijos lo desvela.

  4. ¡Que fuerte!, sí ¡que fuerte!, algunos considerandos del juez, aunque como le ocurre a Trastevere no he leido la sentencia completa, como algunas de las afirmaciones de Rouco y de Cañizares. Luego me dice ud que no hable de cruzadas, qué sino hace nuestro cardenal primado permanentemente, eso sí hay que reconocerle coherencia, no se apea del burro aunque le maten, aunque al menos también reconoce las culpas de la Iglesia en la situación.

    Lo de Rouco mejor no hablar, es el doble lenguaje de una jerarquía que todavía se cree como la única voz autorizada existente y posible. Pues no señor, no hay que olvidar, acaso la Iglesia olvida con su permanente fábrica de hacer mártires. Un poquito más de equidad y sobre todo de saber en qué lugar se encuentran. No se puede exigir el derecho para nosotros de rescatar a nuestros mártires del olvido y que el resto del mundo olvide sin ni niquiera saber donde están enterrados sus muertos.

  5. Totalmente de acuerdo con Manuel Herrero y Susana.Pero yo diría MUY FUERTE.Los enfermos son Cañizares y Rouco y toda la jerarquia católica española.No pueden soportar la pérdida de peso de la Iglesia en la sociedad.Que sigan así,se quedarán solos.Sólo se le oye sobre cuestiones políticas.España es un estado laico pese a su especial relación con la Iglesia Católica.¿Porqué no se les oye tambien en cuestiones relativas a la violencia,pobreza,discriminación,desigualdad es decir, al evangelio?La suerte que tienen es que los sacerdotes y la Iglesia de basa les lavan la cara con su compromiso por los demás.

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